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En el 2017 las expectativas para el sector de la salud,
el educativo y otros componentes sociales, están
cifradas en la forma en que el Gobierno Nacional y el Congreso
de la República definan el nuevo mecanismo de ajuste
fiscal. Además, en la forma en que calculen y distribuyan,
en lo sucesivo, los recursos en atención a la Ley
715 de 2001 y 1176 de 2007, y a lo dispuesto en los actos
legislativos 01 de 2001 y 04 de 2007, relacionados con las
transferencias de recursos para la ejecución de políticas
en materia de gasto público expresadas por los entes
territoriales (departamentos, distritos, municipios) en
sus planes sectoriales, locales y de desarrollo.
Un cambio contrario a sus necesidades y demandas públicas,
implicaría recortes en asistencia de los programas
y con ello, disminución de coberturas y atenciones,
lo que indefectiblemente se traduciría en pérdida
de calidad de vida para sus comunidades.
El Sistema General de Participaciones (SGP) administra los
recursos que la Nación transfiere a las entidades
territoriales para lograr financiación de los servicios
a su cargo en educación, salud, agua potable y los
definidos en las Leyes 715 de 2001 y 1176 de 2007.
Los cálculos iniciales del Gobierno Nacional daban
cuenta de que el crecimiento de las transferencias dispararían
el déficit en las finanzas de la Nación; para
determinar el monto de los recursos del SGP para transferir
a las regiones, se partió del asignado en el año
2001, que fue de 10 billones 962 millones de pesos. El profesor
Darío Restrepo demostró que las entidades
territoriales recibieron menos recursos desde el año
2002 a 2008 con una pérdida acumulada de 17.56 billones.
Si bien en cada uno de los debates se mejoró la propuesta
inicial del gobierno, los recursos aprobados siguen siendo
insuficientes y se encuentran muy lejos de lo establecido
en el Acto Legislativo 01 de 2001 en su parágrafo
transitorio: un crecimiento del 4%, el 3.5% y el 3%, con
algún incremento por el crecimiento del Producto
Interno Bruto (PIB) por encima del 4%, y unos recursos adicionales
para educación que no constituyen base de liquidación
para el año siguiente.
Notamos que se mantiene una distribución lesiva a
las entidades territoriales si se tiene en cuenta que el
Gobierno Nacional tuvo previsto un crecimiento de los Ingresos
Corrientes de la Nación por encima del 5% en el marco
fiscal de mediano plazo del 2007. Según nuestros
cálculos, con el Acto Legislativo 04 de 2007, el
Sistema General de Participaciones dejó de recibir
78.61 billones de pesos de 2006 en el periodo comprendido
entre 2008 y 2016, al no aplicarse lo dispuesto en el parágrafo
transitorio número 3 del Acto Legislativo 01 de 2001.
Ya un primer cambio afectó dramáticamente
las finanzas territoriales en la distribución de
los recursos del SGP en el año 2015, referente al
componente de prestación de servicios a la población
pobre, en las actividades no cubiertas con subsidios a la
demanda que estaban en el 24,47% y que pasaron a 10%. Esto
implicó que solo para el departamento de Antioquia
se diera una disminución de casi $90.000 millones,
por lo que la atención a estos pacientes se hizo
compleja, enrareciéndose ostensiblemente la prestación
de servicios en salud.
Un cambio en la metodología de asignación
y distribución de recursos para los entes territoriales
a partir del nuevo esquema que se adoptará mediante
reforma constitucional, deberá consultar las reales
necesidades del sector salud, máxime que las dos
reformas constitucionales anteriores menguaron sensiblemente
las finanzas territoriales y con ello el financiamiento
de la salud que hoy padece tales desequilibrios fiscales.
Se suma también que la pretensión inicial
del incremento del presupuesto nacional, que era de $4,5
billones, fue menor; dado el aumento de solo $800.000 millones
($22.2 billones en presupuesto para 2017). Para el año
2017 el incremento de la Unidad de Pago por Capitación
(UPC) fue incrementada en 8.02%, sin embargo, al cierre
de esta edición, no se conoce la variación
del IPC (Índice de Precios al Consumidor) general
y del grupo salud, con lo cual el desfinanciamiento y desequilibrio
económico en el aseguramiento tendrá un mayor
impacto en las ya disminuidas finanzas del sector que cada
vez reclama mayores recursos dada la brecha real entre un
gasto en salud mayor y un ingreso por UPC deficitario que
no recoge la carga de la enfermedad, la caracterización
epidemiológica y el creciente y expansivo costo médico.
No quisiéramos pensar que, al cierre de esta edición,
tuviéramos que decir "El Señor nos coja
confesados en el sector salud", porque los recursos
van a ser menores y con ello más muertos en el país.
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