|
Nadie ofrece tanto como
el que no va a cumplir
Francisco de Quevedo (1580-1645)
Escritor español.
2017 será un año cargado de incertidumbres
políticas y económicas por donde se le mire,
tanto en el plano global, continental y local. El mundo
está pendiente de cómo va a concretarse el
inquietante discurso de campaña del recién
posesionado presidente de Estados Unidos, cómo será
la salida de Gran Bretaña de la Comunidad Económica
Europea, qué pasará con los radicalismos musulmanes,
entre otras preocupaciones.
En el continente aún estamos pendientes de la explosiva
situación política de nuestro inestable vecino
Venezuela, lo que seguramente deparará agrias sorpresas,
además los vaivenes de la economía mexicana,
ahora que su vecino del norte le cierra puertas, impactarán
hacia abajo en muchos países latinoamericanos; Argentina
y Brasil acusando crisis económicas en ciernes y
el resto del continente decidiendo entre derechas e izquierdas
del siglo XXI. Por último, a nivel local, para no
desentonar con la megatendencia mundial, la implementación
de los acuerdos entre la guerrilla y el Gobierno en un país
polarizado, en medio de un año preelectoral, ofrece
enormes interrogantes. El rápido decaimiento de la
economía siembra preocupación, el destape
de ollas de corrupción y el acelerado incremento
de los cultivos de coca, además de muchos otros signos,
hacen preguntarse si vamos por buen camino; a pesar de estar
en medio de coros celestiales que dicen no pasa nada,
el escenario es de gran incertidumbre nacional.
¿Y la salud de los colombianos? ¿Y el nuevo
derecho fundamental a la salud que tanto se ha prometido?
En febrero de 2015 el Presidente de la República
durante el lanzamiento de la Ley Estatutaria de Salud, señaló
con bombos y platillos: La historia de la salud se
partió en dos, anunciando drásticos
cambios para que los colombianos tengan más y mejores
servicios. Indicó con gran alborozo: Se acaba
el paseo de la muerte. Se acaban las excusas para interrumpir
tratamientos a los pacientes. Se acaban los abusos en precios
de medicamentos. Se le devuelve al cuerpo médico
su autonomía y los pacientes ya no estarán
más limitados a un POS.
Exactamente dos años después de tan ostentosos
anuncios, parece que la situación objetiva del Sistema
de Salud no mejora, ni en términos de acceso de la
población a los servicios de salud, ni en condiciones
financieras del sector, ni en términos de mejores
indicadores de salud pública. O cómo explicar
que la población deba interponer una acción
de tutela cada 3 minutos y medio para acceder a servicios
de salud, a los que tiene derecho según la Defensoría
del Pueblo; o que la billonaria cartera hospitalaria siga
creciendo como espuma y sólo se responda con más
anuncios; o que el presupuesto asignado para la salud en
2017 (224,4 billones) sea insuficiente y ponga en riesgo
la financiación del régimen subsidiado; o
que indicadores tan sensibles, como los de atención
del cáncer en Colombia -y este es sólo un
ejemplo- muestren que el proceso de atención y resultados
médicos arroja índices que reflejan serios
problemas de oportunidad.
Es en 2017 cuando la Ley Estatutaria de Salud, que ahora
hace parte íntegra de la Constitución por
la vía del llamado Bloque de Constitucionalidad,
vendría a tener plenos efectos según el Ministerio
de Salud; y es cuando deben implementarse todas las acciones
para cumplir con los mandatos estatutarios a los cuales,
no debe olvidarse, tienen derecho todos los colombianos
sin importar su condición social, religiosa, económica
o política.
Persisten los paseos de la muerte, aún se interrumpen
los tratamientos a los enfermos, todavía no acaban
los abusos con los pacientes ni se arregla el gran problema
de cartera de hospitales que agonizan en todo el país.
Y con preocupación se observa que algunas de las
regulaciones que se avecinan, como por ejemplo las que establecen
nuevos criterios para la prescripción de tecnologías
de salud y la autonomía médica; más
que para dar cumplimiento al nuevo mandato constitucional,
parecieran diseñadas para construir interminables
laberintos a los pacientes cuando verdaderamente necesitan
servicios por fuera del POS, un obstáculo para las
prestadoras y para los médicos y las entidades.
No hay duda, en medio de gran incertidumbre, 2017 será
prueba de fuego para tanta promesa.
|