REAL-BILITACIÓN
Imprinting
Alejandro Londoño - elpulso@sanvicentefundacion.com
Texto tomado de “Diarios de estudio” escrito por el médico Abrenuncio Domicó.
El fenómeno de improntación solo ocurre en periodos críticos y por corto tiempo. Él obra fijando comportamientos, gustos, miedos, habilidades y hasta los más oscuros deseos. Corría el año mil nueve nueve nueve, y mi obsesión era tal con el conocimiento, que en ocasiones comer y dormir no hacía parte de mis hábitos. Solía con tozudez intentar agotar un tema buscando desde su tímido comienzo, hasta sus causas últimas. Mis ojos se me hundían en la cara, el ceño se me fruncía como una arruga, mis carnes eran ya historias idas y en mi mirada solo podía leerse el desvarío. La razón se me pintaba como promesa última de todo aquello que imposible era para el hombre. Era un método sin falla, la expresión de una luz indeleble con la potencia de un cohete. Nada se le escabullía, permitía leer y entender el misterio que escondido en los fondos de la caverna, con su venida se hacía explícito. No había pérdida en su compañía y era capaz de teñir de vigilia hasta la más ambigua noche. Me hice hidalgo del conocimiento y primo hermano del ya finado Alonso Quijano. En mi delirio, nunca vi gigantes en vez de molinos, pero me sentí seguro de ser dueño de los secretos más oscuros que se guardaban en la hermética anatomía. Me sentía poseído por un espíritu tutor que me susurraba al oído aquello que estaba velado para cualquier ojo o aparato humano. Veía el reptar de las células y lograba escuchar sus conversaciones más intimas. Mi furor era tal, que me cegaba a todo contexto y teatro en el que vivía el hombre. La lupa de mi mirada se hacía tan potente, que mis ojos se perdían en las partes más pequeñas de un cuerpo y olvidaba que el hombre es una anatomía porosa que se comunica con el universo a través de un lenguaje íntimo. Hice caso omiso a todos los que con amor intentaron protegerme de mi mismo y avanzaba en un feroz vértigo que no me permitía advertencias ni consejos. El citado fenómeno de aprendizaje ocurrió una fría madrugada, luego de que a las tres me despertara una angustia punzante y que en mi arrebato Fáustico, me rompiera el ñato dedo de mi pie izquierdo cuando intentaba atarugarme de textos médicos. El mensaje fue eficaz e indeleble “el sueño de la razón produce monstruos”
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