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Una vida para
responder a una pregunta
Juan
Carlos Arboleda Zapata - elpulso@lhospital.org.co |
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Cuando el 18 de abril
de 1955 a la 1:25 a.m. Einstein pronunció sus últimas
palabras: He terminado aquí, no sólo
cerraba su vida. Parecía dejar unos puntos suspensivos
para que la humanidad entera y la comunidad científica
en particular continuaran con su trabajo, que hacía
mucho había desbordado los intereses científicos
y navegaba, así como él hizo incontables veces,
por las ya tumultuosas condiciones de la modernidad que ayudó
a construir.
Si la realidad depende de la medición como plantea
Neils Born, el universo que vio nacer a Einstein en 1879 en
Ulm, era diferente del que percibimos hoy, porque no sólo
la física y la astronomía fueron otras a partir
de 1905 cuando publica en la revista Anales de Física
sus primeros 5 trabajos, sino que la manera de hacer ciencia,
el método para acceder al conocimiento y la explicación
de ese universo que siempre ha intrigado al hombre, cambió
radicalmente cuando Eintein destruye el orden tranquilizante
y de relojería de 
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Newton, produce un cambio
de paradigma y da al hombre una nueva dimensión como
ser: ya no sería el reflejo de la divinidad creadora,
sino una simple manifestación física de la energía.
En el principio era el todo
¿Cuántas veces
se ha dicho que los primeros años de un niño
son fundamentales para su desarrollo futuro? En Einstein fue
la base absoluta de lo que sería su vida. Se ha hablado
mucho y colocado como ejemplo a ese Albert niño que
tardó años en decir sus primeras palabras; sin
embargo, pese a los conceptos tradicionales, Albert, retraído
y silencioso, se preparaba para jugar con las leyes de la
física. Su hermana Maía relata como Einstein
le confesó que aquélla demora para hablar no
obedecía a la torpeza sino a un esfuerzo de concentración
y aprendizaje que él realizaba para pronunciar las
palabras que escuchaba de los mayores de manera perfecta:
no quería balbucear (como hacen todos los niños),
sino que deseaba la perfección. Esto lo llevó
a repetirse mentalmente muchas veces los sonidos que los mayores
trataban infructuosamente de hacerle repetir y sólo
los dejaba salir cuando eran iguales. Había comenzado
a desarrollar su tenacidad científica.
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La imaginación
es mas importante que el conocimiento
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Fueron sus padres, Hermann
y Pauline, quienes motivaron gracias al apoyo incondicional
la creatividad y producción intelectual que caracterizó
la vida de Einstein, cuando al cumplir los 6 años le
regalan una brújula, la Geometría de Euclides
y su madre lo matricula para estudiar violín: queda
marcada la que será una vida dedicada a la belleza,
la bondad y la verdad. Pero esa influencia se extendió
y decidieron respaldarlo cuando desde niño manifiesta
su rechazo explícito a la escuela y al sistema educativo
por ser demasiado autoritario, dice no al servicio militar
(comienza su odio al militarismo) y decide no tener religión
y defender su libertad intelectual. Todo esto se lo cuenta
a sus padres, y ellos lo apoyan y lo envían a los 16
años a Suiza para evitarle el servicio militar.
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La pregunta
Al llegar, un día mientras
recorre una campiña suiza, Einstein en medio de una
de sus meditaciones juveniles, se pregunta: ¿Cómo
vería yo el mundo si viajara montado en un rayo de
luz y viajara a su velocidad?. A sus 16 años
no sabe ni tiene la respuesta, pero NUNCA olvida la pregunta
y allí comienza su exploración de las preguntas
fundamentales que le ocuparán el resto de sus días.
Quizá comienza con esa fantasiosa idea de cabalgar
sobre la luz, la estructuración de su método
científico, los experimentos mentales, que también
transformaría posteriormente grandes ramas de la filosofía
como la teoría del conocimiento, y se convertirían
en una herramienta válida del trabajo científico.
Pero la irrupción en el mundo de la ciencia se produce
en 1905, cuando terminados sus estudios en el Politécnico
de Zurich y
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siendo empleado de
tercera categoría en la oficina de patentes de Berna,
envía algunos escritos personales al considerado entonces
como gurú de la física y padre de la cuántica,
Max Planck, y éste, asombrado por la claridad y dimensión
de sus contenidos declara: Este hombre es un genio,
y los publica en la revista Anales de Física. Había
nacido la teoría especial de la relatividad. Todo cambia
para Einstein: lo invitan al Congreso Mundial de Física
en Bruselas, y como en sus teorías, todo comienza a
desarrollarse a velocidad vertiginosa, se convierte en profesor
universitario, dicta conferencias en todo el mundo, publica
regularmente, gana el premio Nóbel de Física
y descubre que la fama lo rodea. Como defensa ante el monstruo
del reconocimiento público, inicia su transformación
personal, se viste de manera poco llamativa, encorva su figura
mirando hacia el piso para evitar ser reconocido y se refugia
en su yo interior para buscar en lo más profundo de
sus meditaciones por medio de trances de concentración,
las soluciones a las preguntas que lo inquietaban.
Humano, demasiado humano
Einstein dio permanentemente
un ejemplo humanista por sus posiciones filosóficas,
su trabajo por la paz, su intervención contra la guerra
y para que se atajara a Alemania (su patria) y a Hitler en
su pretensión de imponer una supremacía racial
que consideraba atentatoria contra la humanidad; su actitud
estética, su amor a la música y al arte, la
sencillez con que vivía (sus aspiraciones salariales
al ser contratado por la Universidad de Princeton, eran lo
necesario para tener tres comidas al día), la
manera como vestía y se expresaba, lo hizo un personaje
demasiado humano. Hizo observaciones sobre sistemas educativos
que violentaban y ponían normas autoritarias y arbitrarias,
proponiendo en cambio una mirada más libre, serena
y más relativa sobre el mundo. Insistía en que
la ciencia y descubrimientos científicos tenían
que ser tratados con gran ética, porque sino la ciencia
era capaz de destruir el mundo, por cuanto por sí misma
no da bases éticas (muestra principios y leyes cuya
aplicación dependerá de la conciencia del hombre).
No se acostumbra presentarlo como filósofo, pero sus
teorías obligaron a revisar gran parte de la filosofía,
que hubo de adaptarse a los descubrimientos de la relatividad.
Se esforzó en mostrar la necesidad de la paz y propone
un gobierno mundial (anticipo de la ONU), que tuviera el dominio
exclusivo de las armas y trabajara por la supervivencia de
la especie, el respeto al ser humano, a la libertad y a la
inteligencia. Se le ofreció la presidencia de Israel,
pero la declinó para no tener que tratar con políticos.
Einstein, Freud, Nietzsche y Marx cambiaron el derrotero del
mundo a principios del siglo XX, pero fueron más allá
al quitar al hombre el piso sobre el cual cimentaba sus conocimientos
y la razón de su existencia: Freud a través
del psicoanálisis muestra que el inconsciente es el
dominante de la conducta humana, que lo que tenemos de consciente
y de control sobre nuestros actos es mínimo frente
a la fuerza del inconsciente, un duro golpe al narcisismo
del hombre que derrumba el piso de la razón; Nietzsche
subvierte todos los valores como una legalidad de la historia,
llega el nihilismo como una tragedia pero a la vez como una
posibilidad de dar a luz a un nuevo hombre y plantea la muerte
de Dios, y nos deja sin el piso espiritual; luego, Einstein
destruye la seguridad propia de la existencia física
y del universo como se concebía, con absolutos del
espacio-tiempo donde todo lo que existe es sólo una
manifestación de la energía y somos sólo
una de sus posibilidades. Habíamos llegado a la modernidad,
y tal vez el aporte de Einstein era el justo y necesario;
de allí que simplemente el 18 de abril de 1955 a la
1:25 a.m. Einstein dijera: He terminado aquí.
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Hace 100 años
que todo se volvió relativo
En 1905, Albert Einstein publica
sus primeros trabajos, que darían base a la teoría
de la relatividad especial; han transcurrido 100 años
y sus teorías no solo afectaron la física: fueron
parte de un cambio completo de paradigma, y así como
los conceptos de Copérnico y Galileo tardaron décadas
en ser asimilados, Einstein y la teoría de la relatividad
continúan siendo vigentes pero asequibles apenas a
un puñado de eruditos, aunque en el imaginario popular
todos hemos aprendido que todo es relativo.
Creemos aún que los objetos caen por la fuerza de la
gravedad (Newton), cuando los mueve el transcurrir del tiempo;
pensamos que al universo lo
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conforman tres dimensiones
(x,y,z), cuando es un continuo indisoluble entre el espacio
y el tiempo; percibimos el tiempo como invariable cuando en
realidad se atrasa dependiendo del movimiento; sentimos que
existimos como cuerpos físicos y materia, cuando somos
una manifestación de energía.
Hasta 1905, el concepto del universo se basaba en que era
finito, se limitaba a la Vía Láctea y flotaba
sostenido por el éter. Para el mundo científico,
la física estaba casi terminada a fines del siglo XIX,
y cuando Einstein aparece, los científicos dicen que
sólo hay unos pequeños problemas prontos a ser
resueltos, problemas pequeños pero colosales: probar
si realmente el éter existía y explicar la naturaleza
térmica y lumínica del cuerpo negro; poner eso
en ecuaciones era muy complicado en ese momento.
Einstein entra a la física siendo un muchacho, cuando
publica sus 5 trabajos iniciales, y de inmediato despeja el
horizonte de la física: presenta la teoría de
la relatividad especial, da la explicación del cuerpo
negro, prueba la no existencia del éter, aclara el
movimiento de las partículas que consolida las teorías
molecular y atómica, y analiza los efectos fotoeléctricos,
lo que daría el premio Nóbel en 1921. Einstein
entra al mundo de la ciencia como un creativo para abrir el
horizonte de algo que se creía cerrado y terminado.
El impacto de la teoría de la relatividad (así
llamada porque enuncia que el único movimiento importante
es el relativo) en la cultura, tuvo que ver más con
el nombre de la teoría, ya que en su momento solo la
comprenden 4 o 5 físicos; curiosamente, la gente entendió
(aún ahora) que en el universo hay una relatividad
de las cosas y Einstein nunca quiso decir eso, por el contrario:
él quiso decir que realmente muy pocas cosas son relativas,
pues la idea clave en la teoría de la relatividad es
que aunque todos vemos el mundo distinto, las leyes que rigen
el funcionamiento del universo son las mismas para todos.
Ese es el corazón de la teoría especial y general
de la relatividad.
Somos energía
Descubrir que la velocidad
de la luz es una constante nos lleva a mirar el universo desde
una fórmula determinista: hay un límite para
entender el universo macroscópico y nos lo da la velocidad
de la luz; y el hecho de que la teoría especial de
la relatividad haya llevado al descubrimiento de la relación
masa-energía con la famosa E= mc2, Einstein hace uno
de los aportes más sorprendentes del siglo XX: que
todo es energía, que es suficiente romper el átomo
como la estructura mínima de la materia para desencadenar
una gran energía. La ecuación esta robándole
un secreto primordial a la naturaleza: desde ese momento,
el universo no se verá como materia concentrada en
forma de estrellas, soles, montañas y seres vivos,
sino que se verá bajo la perspectiva de la energía,
donde todo es energía en movimiento. La naturaleza
física de las cosas se verá distinta.
Cuando Copérnico desplaza la tierra del centro del
universo, se golpeó el narcisismo del hombre: ya la
tierra y el hombre no serían el centro del universo;
después de Einstein ya no tendríamos patrones
absolutos en el espacio y el tiempo, porque él nos
muestra un espacio-tiempo continuo, en donde se encuentra
esta cosa que se llama el universo. Éste es el legado
de Einstein: una nueva visión de la realidad, de lo
muy pequeño a lo inmensamente grande. Una visión
en la que el propio espacio se ha convertido en una malla
elástica que se estira y deforma y donde el transcurso
del tiempo depende de la velocidad a la que nos movemos. Por
ello, no es aventurado decir que los cambios que ha sufrido
el mundo en los últimos 100 años han sido los
más importantes de toda la historia y ningún
otro científico personifica mejor estos avances que
Albert Einstein.
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Fuentes: Jorge Páez,
Astrofísico, Director del Centro de Investigaciones
Espaciales CINESPA de Costa Rica; William Lalinde, Director
de la Sociedad Julio Garavito; Francisco Frutos Alfaro, Astrofísico,
Rerum Natura de la Universidad de Lindau Alemania, Premio
Hispanoamericano de física; Jorge Iván Zuluaga,
Astrofísico, profesor del Instituto de física
de la Universidad de Antioquia; Gabriel Jaime Gómez,
Director del Planetario de Medellín; Alonso Sepúlveda,
Instituto de Física de la Universidad de Antioquia;
Simposio Internacional Albert Einstein organizado
por el Planetario de Medellín.
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