MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 88  ENERO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Una vida para
responder a una pregunta

Juan Carlos Arboleda Zapata - elpulso@lhospital.org.co
Cuando el 18 de abril de 1955 a la 1:25 a.m. Einstein pronunció sus últimas palabras: “He terminado aquí”, no sólo cerraba su vida. Parecía dejar unos puntos suspensivos para que la humanidad entera y la comunidad científica en particular continuaran con su trabajo, que hacía mucho había desbordado los intereses científicos y navegaba, así como él hizo incontables veces, por las ya tumultuosas condiciones de la modernidad que ayudó a construir.
Si la realidad depende de la medición como plantea Neils Born, el universo que vio nacer a Einstein en 1879 en Ulm, era diferente del que percibimos hoy, porque no sólo la física y la astronomía fueron otras a partir de 1905 cuando publica en la revista Anales de Física sus primeros 5 trabajos, sino que la manera de hacer ciencia, el método para acceder al conocimiento y la explicación de ese universo que siempre ha intrigado al hombre, cambió radicalmente cuando Eintein destruye el orden tranquilizante y de relojería de
Newton, produce un cambio de paradigma y da al hombre una nueva dimensión como ser: ya no sería el reflejo de la divinidad creadora, sino una simple manifestación física de la energía.
En el principio era el todo
¿Cuántas veces se ha dicho que los primeros años de un niño son fundamentales para su desarrollo futuro? En Einstein fue la base absoluta de lo que sería su vida. Se ha hablado mucho y colocado como ejemplo a ese Albert niño que tardó años en decir sus primeras palabras; sin embargo, pese a los conceptos tradicionales, Albert, retraído y silencioso, se preparaba para jugar con las leyes de la física. Su hermana Maía relata como Einstein le confesó que aquélla demora para hablar no obedecía a la torpeza sino a un esfuerzo de concentración y aprendizaje que él realizaba para pronunciar las palabras que escuchaba de los mayores de manera perfecta: no quería balbucear (como hacen todos los niños), sino que deseaba la perfección. Esto lo llevó a repetirse mentalmente muchas veces los sonidos que los mayores trataban infructuosamente de hacerle repetir y sólo los dejaba salir cuando eran iguales. Había comenzado a desarrollar su tenacidad científica.
“La imaginación es mas importante que el conocimiento”
Fueron sus padres, Hermann y Pauline, quienes motivaron gracias al apoyo incondicional la creatividad y producción intelectual que caracterizó la vida de Einstein, cuando al cumplir los 6 años le regalan una brújula, la Geometría de Euclides y su madre lo matricula para estudiar violín: queda marcada la que será una vida dedicada a “la belleza, la bondad y la verdad”. Pero esa influencia se extendió y decidieron respaldarlo cuando desde niño manifiesta su rechazo explícito a la escuela y al sistema educativo por ser demasiado autoritario, dice no al servicio militar (comienza su odio al militarismo) y decide no tener religión y defender su libertad intelectual. Todo esto se lo cuenta a sus padres, y ellos lo apoyan y lo envían a los 16 años a Suiza para evitarle el servicio militar.
La pregunta
Al llegar, un día mientras recorre una campiña suiza, Einstein en medio de una de sus meditaciones juveniles, se pregunta: “¿Cómo vería yo el mundo si viajara montado en un rayo de luz y viajara a su velocidad?”. A sus 16 años no sabe ni tiene la respuesta, pero NUNCA olvida la pregunta y allí comienza su exploración de las preguntas fundamentales que le ocuparán el resto de sus días. Quizá comienza con esa fantasiosa idea de cabalgar sobre la luz, la estructuración de su método científico, los experimentos mentales, que también transformaría posteriormente grandes ramas de la filosofía como la teoría del conocimiento, y se convertirían en una herramienta válida del trabajo científico.
Pero la irrupción en el mundo de la ciencia se produce en 1905, cuando terminados sus estudios en el Politécnico de Zurich y
siendo empleado de tercera categoría en la oficina de patentes de Berna, envía algunos escritos personales al considerado entonces como gurú de la física y padre de la cuántica, Max Planck, y éste, asombrado por la claridad y dimensión de sus contenidos declara: “Este hombre es un genio”, y los publica en la revista Anales de Física. Había nacido la teoría especial de la relatividad. Todo cambia para Einstein: lo invitan al Congreso Mundial de Física en Bruselas, y como en sus teorías, todo comienza a desarrollarse a velocidad vertiginosa, se convierte en profesor universitario, dicta conferencias en todo el mundo, publica regularmente, gana el premio Nóbel de Física y descubre que la fama lo rodea. Como defensa ante el monstruo del reconocimiento público, inicia su transformación personal, se viste de manera poco llamativa, encorva su figura mirando hacia el piso para evitar ser reconocido y se refugia en su yo interior para buscar en lo más profundo de sus meditaciones por medio de “trances de concentración”, las soluciones a las preguntas que lo inquietaban.
Humano, demasiado humano
Einstein dio permanentemente un ejemplo humanista por sus posiciones filosóficas, su trabajo por la paz, su intervención contra la guerra y para que se atajara a Alemania (su patria) y a Hitler en su pretensión de imponer una supremacía racial que consideraba atentatoria contra la humanidad; su actitud estética, su amor a la música y al arte, la sencillez con que vivía (sus aspiraciones salariales al ser contratado por la Universidad de Princeton, eran “lo necesario para tener tres comidas al día”), la manera como vestía y se expresaba, lo hizo un personaje demasiado humano. Hizo observaciones sobre sistemas educativos que violentaban y ponían normas autoritarias y arbitrarias, proponiendo en cambio una mirada más libre, serena y más relativa sobre el mundo. Insistía en que la ciencia y descubrimientos científicos tenían que ser tratados con gran ética, porque sino la ciencia era capaz de destruir el mundo, por cuanto por sí misma no da bases éticas (muestra principios y leyes cuya aplicación dependerá de la conciencia del hombre).
No se acostumbra presentarlo como filósofo, pero sus teorías obligaron a revisar gran parte de la filosofía, que hubo de adaptarse a los descubrimientos de la relatividad. Se esforzó en mostrar la necesidad de la paz y propone un gobierno mundial (anticipo de la ONU), que tuviera el dominio exclusivo de las armas y trabajara por la supervivencia de la especie, el respeto al ser humano, a la libertad y a la inteligencia. Se le ofreció la presidencia de Israel, pero la declinó para no tener que tratar con políticos. Einstein, Freud, Nietzsche y Marx cambiaron el derrotero del mundo a principios del siglo XX, pero fueron más allá al quitar al hombre el piso sobre el cual cimentaba sus conocimientos y la razón de su existencia: Freud a través del psicoanálisis muestra que el inconsciente es el dominante de la conducta humana, que lo que tenemos de consciente y de control sobre nuestros actos es mínimo frente a la fuerza del inconsciente, un duro golpe al narcisismo del hombre que derrumba el piso de la razón; Nietzsche subvierte todos los valores como una legalidad de la historia, llega el nihilismo como una tragedia pero a la vez como una posibilidad de dar a luz a un nuevo hombre y plantea la muerte de Dios, y nos deja sin el piso espiritual; luego, Einstein destruye la seguridad propia de la existencia física y del universo como se concebía, con absolutos del espacio-tiempo donde todo lo que existe es sólo una manifestación de la energía y somos sólo una de sus posibilidades. Habíamos llegado a la modernidad, y tal vez el aporte de Einstein era el justo y necesario; de allí que simplemente el 18 de abril de 1955 a la 1:25 a.m. Einstein dijera: “He terminado aquí”.
Hace 100 años que todo se volvió relativo
En 1905, Albert Einstein publica sus primeros trabajos, que darían base a la teoría de la relatividad especial; han transcurrido 100 años y sus teorías no solo afectaron la física: fueron parte de un cambio completo de paradigma, y así como los conceptos de Copérnico y Galileo tardaron décadas en ser asimilados, Einstein y la teoría de la relatividad continúan siendo vigentes pero asequibles apenas a un puñado de eruditos, aunque en el imaginario popular todos hemos “aprendido” que todo es “relativo”. Creemos aún que los objetos caen por la fuerza de la gravedad (Newton), cuando los mueve el transcurrir del tiempo; pensamos que al universo lo
conforman tres dimensiones (x,y,z), cuando es un continuo indisoluble entre el espacio y el tiempo; percibimos el tiempo como invariable cuando en realidad se atrasa dependiendo del movimiento; sentimos que existimos como cuerpos físicos y materia, cuando somos una manifestación de energía.
Hasta 1905, el concepto del universo se basaba en que era finito, se limitaba a la Vía Láctea y flotaba sostenido por el éter. Para el mundo científico, la física estaba casi terminada a fines del siglo XIX, y cuando Einstein aparece, los científicos dicen que sólo hay unos pequeños problemas prontos a ser resueltos, problemas pequeños pero colosales: probar si realmente el éter existía y explicar la naturaleza térmica y lumínica del cuerpo negro; poner eso en ecuaciones era muy complicado en ese momento.
Einstein entra a la física siendo un muchacho, cuando publica sus 5 trabajos iniciales, y de inmediato despeja el horizonte de la física: presenta la teoría de la relatividad especial, da la explicación del cuerpo negro, prueba la no existencia del éter, aclara el movimiento de las partículas que consolida las teorías molecular y atómica, y analiza los efectos fotoeléctricos, lo que daría el premio Nóbel en 1921. Einstein entra al mundo de la ciencia como un creativo para abrir el horizonte de algo que se creía cerrado y terminado. El impacto de la teoría de la relatividad (así llamada porque enuncia que el único movimiento importante es el relativo) en la cultura, tuvo que ver más con el nombre de la teoría, ya que en su momento solo la comprenden 4 o 5 físicos; curiosamente, la gente entendió (aún ahora) que en el universo hay una relatividad de las cosas y Einstein nunca quiso decir eso, por el contrario: él quiso decir que realmente muy pocas cosas son relativas, pues la idea clave en la teoría de la relatividad es que aunque todos vemos el mundo distinto, las leyes que rigen el funcionamiento del universo son las mismas para todos. Ese es el corazón de la teoría especial y general de la relatividad.
Somos energía
Descubrir que la velocidad de la luz es una constante nos lleva a mirar el universo desde una fórmula determinista: hay un límite para entender el universo macroscópico y nos lo da la velocidad de la luz; y el hecho de que la teoría especial de la relatividad haya llevado al descubrimiento de la relación masa-energía con la famosa E= mc2, Einstein hace uno de los aportes más sorprendentes del siglo XX: que todo es energía, que es suficiente romper el átomo como la estructura mínima de la materia para desencadenar una gran energía. La ecuación esta robándole un secreto primordial a la naturaleza: desde ese momento, el universo no se verá como materia concentrada en forma de estrellas, soles, montañas y seres vivos, sino que se verá bajo la perspectiva de la energía, donde todo es energía en movimiento. La naturaleza física de las cosas se verá distinta.
Cuando Copérnico desplaza la tierra del centro del universo, se golpeó el narcisismo del hombre: ya la tierra y el hombre no serían el centro del universo; después de Einstein ya no tendríamos patrones absolutos en el espacio y el tiempo, porque él nos muestra un espacio-tiempo continuo, en donde se encuentra esta cosa que se llama el universo. Éste es el legado de Einstein: una nueva visión de la realidad, de lo muy pequeño a lo inmensamente grande. Una visión en la que el propio espacio se ha convertido en una malla elástica que se estira y deforma y donde el transcurso del tiempo depende de la velocidad a la que nos movemos. Por ello, no es aventurado decir que los cambios que ha sufrido el mundo en los últimos 100 años han sido los más importantes de toda la historia y ningún otro científico personifica mejor estos avances que Albert Einstein.
 
Fuentes: Jorge Páez, Astrofísico, Director del Centro de Investigaciones Espaciales CINESPA de Costa Rica; William Lalinde, Director de la Sociedad Julio Garavito; Francisco Frutos Alfaro, Astrofísico, Rerum Natura de la Universidad de Lindau Alemania, Premio Hispanoamericano de física; Jorge Iván Zuluaga, Astrofísico, profesor del Instituto de física de la Universidad de Antioquia; Gabriel Jaime Gómez, Director del Planetario de Medellín; Alonso Sepúlveda, Instituto de Física de la Universidad de Antioquia; “Simposio Internacional Albert Einstein” organizado por el Planetario de Medellín.
 
 



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