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Necesito
menos
maquillaje que Serpa

Ana
C. Ochoa Periodista, Medellín
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"El principal desafío
para consolidar las tareas sociales del Estado, y la Salud
en particular, es poner la economía a crecer en serio
para reducir a menos de la mitad el desempleo y el subempleo
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Corría
el año 94. "Si resulto elegido" confesaba el
candidato Ernesto Samper, "le pediría a la actual
canciller Noemí Sanín que permaneciera en su cargo".
No se imaginaba el confiado candidato Samper las volteretas
de la fortuna y menos que, en una historia de "te abandono
por vergüenza", su ex compañera de clases renunciara
a cargos y a amistad y se convirtiera en adversaria. Ella era
una atractiva figura para acompañar a cualquier político,
luego de su éxito como canciller del gobierno de César
Gaviria y como promotora de la elección del ex presidente
en la OEA. Su imagen estaba lubricada además por el eco
que los medios hacían de sus más mínimos
movimientos. "La doctora Noemí almorzó con,
dijo que... y hasta Shimon Pérez afirmó que ojalá
la cara de Colombia fuera la suya", decían. Ella
sé "tragó" a la dócil prensa
con su sonrisa de todos los dientes y se convirtió, agitando
propuestas reformistas, en la reina de las noticias. Apadrinada
por una popularidad de desertora de todo -de las élites,
de las ideas tradicionales, de Samper, de los partidos, del
machismo político y hasta del matrimonio- llegó
a las elecciones presidenciales poniendo en jaque a sus contendores
con 3 millones de votos. Las épocas han cambiado. Ahora
ya ha probado las descalificaciones de algunos medios y los
juicios que la definen como frívola o artificial, no
obstante seguir siendo para otros la más seria opción
de superar tan malos tiempos y una contendora que podría
dar la gran sorpresa. Han despertado interés sus propuestas
de seguro para el desempleo, su voluntad de trabajar por recuperar
la legitimidad del Estado, sus propuestas de solución
negociada al conflicto y su visión de sectores como la
salud. Las siguientes son algunas reflexiones que hace para
EL PULSO, aunque advertimos que varios temas quedan pendientes
por falta de espacio.
Estabilidad financiera del Sistema
El futuro del Sistema de Salud y del conjunto de la acción
social del Estado podría ser incierto si no ponemos esta
economía a crecer. No podemos olvidarnos que la crisis
económica de los últimos 5 años le representó
al Sistema de Salud menores ingresos del orden de $2 billones,
que se han sentido en los bolsillos de pacientes, médicos
y hospitales. Por lo tanto, el principal desafío para
consolidar las tareas sociales del Estado, y de la Salud en
particular, es poner la economía a crecer en serio para
reducir a menos de la mitad el desempleo y el subempleo. Ese
es el punto medular de mi programa de gobierno, diseñado
para generar gradualmente un boom económico, que nos
conduzca a crecimientos por encima del 6% rápidamente.
Pero la estabilidad financiera del Sistema de Salud depende
también de mejoras internas en sus flujos de recursos.
Hay que parar la corrupción, que el Contralor y el Procurador
dicen que es mayor que en cualquier otra parte del Estado. Hay
que parar la evasión, que impide la expansión
del Sistema. Hay que agilizar los mecanismos de pago, simplificando
mucho la maraña en que se han convertido.
Déficit en Subcuenta de Compensación
El sistema entrará en dificultades siempre que gaste
más de lo que obtiene por ingresos. La cuenta de compensación
se comportó en forma admirable en los primeros años
de la recesión, cuando todavía alcanzaba a ahorrar
recursos. Pero el gobierno decidió gastarse parte de
esos recursos en otras actividades y dejó avanzar mucho
la evasión y elusión de cotizaciones. La dinámica
en los dos últimos años es muy preocupante. Pero
no hay que exagerar, estamos lejos de ver un colapso al frente.
Vamos a hacer un esfuerzo muy grande para controlar la evasión
y para ahorrar recursos.
Cobertura
Por más que sea difícil, tiene que ser posible.
La reducción de la mortalidad infantil y el aumento de
las coberturas institucionales al parto, especialmente en las
zonas más pobres del país (como la Costa Atlántica)
fueron posibles, y fue particularmente veloz. Pero atender a
los más pobres es mucho mas difícil y quizás
costoso que al promedio de los colombianos. Los pobres sufren
más desempleo, se enferman más, tienen menos educación
para el cuidado de salud y saben procesar menos la información
necesaria para afiliarse y recibir oportunamente los servicios.
El Sistema, que debe buscar creciente universalidad, no puede
olvidarse del tratamiento preferencial que tiene que recibir
la población más pobre y vulnerable. Mi prioridad
estará en las madres y los niños. Mi meta es que
el 100% de los partos sean atendidos institucionalmente, y que
el 100% de los niños reciban vacunación y nutrición
adecuadas.
Tenemos que ensayar muchas más modalidades para llegarle
con eficacia a las poblaciones verdaderamente pobres. La experiencia
de los últimos años muestra que no hay recetas
universales. En ciertos casos los hospitales públicos
son el mejor mecanismo. En otros casos, las brigadas permanentes
de salud. En otros, las empresas solidarias. En otros las cooperativas
y mutuales. En otros las EPS, aunque muchas de estas han abandonado
tristemente el espíritu solidario con el que iniciaron.
Simplificar flujo de recursos
Esto ha hecho muy difícil el buen manejo de las organizaciones
de salud. Parte de esa maraña se hereda del viejo Sistema,
donde malos métodos de presupuestación generaban
déficit estructurales en los hospitales. El método
de presupuestación actual tiene muchas deficiencias,
y cada año termina por manifestarse en recursos que faltan
a lo largo del año. Hay que hacer un gran esfuerzo por
modernizarlo, y mi campaña está mirando con mucha
atención la experiencia de Bogotá en los últimos
dos años. |
"Hay que parar la corrupción
en salud que, según el Contralor y el Procurador,
es la más grande del país
|
Otra
parte de la maraña se debe a la recesión económica.
En todos los sectores productivos, cuando las ventas aflojan
y los bancos no prestan, la velocidad de los pagos se disminuye
y la cartera se aumenta. Pero la implementación misma
del Sistema generó muchos de los problemas. Los recursos
públicos pasan por demasiadas manos: Hacienda, Minsalud,
las secretarías departamentales, las secretarías
municipales, las ARS, los hospitales, los médicos y laboratorios.
Parece una cadena sin fin. Ese proceso hay que simplificarlo.
Parte del problema sigue siendo la pésima información
del Sistema, y la falta de construcción de reputación
financiera de las organizaciones de salud. Una de las funciones
básicas del sistema financiero es precisamente servir
de mecanismo de amortiguación de los faltantes temporales
de liquidez de las unidades de producción y consumo.
Pero para poder ejercer esta función, las entidades tienen
que ser creíbles. ¿Cuántos hospitales tienen
sus balances aprobados y registrados en la Superintendencia
de Sociedades? Hay que construir esta reputación. Si
continía viviendo como una isla que solo depende de la
liquidez del presupuesto, el Sistema de Salud siempre tendrá
problemas de liquidez. Su vinculación plena al circuito
financiero de la sociedad es un objetivo que buscaré
con ahínco.
Reformas a la Ley 100
No voy a renunciar a la ambición de lograr un sistema
universal y pluralista de seguridad social para toda la población.
A mi me gusta la filosofía solidaria de la ley 100. El
descarrilamiento del Sistema se ha debido principalmente a los
malos resultados de la economía, al desorden administrativo
y a la politización. Y todos estos problemas pueden corregirse.
Con una buena economía pueden arreglarse muchas de las
cargas financieras del Sistema: con más empleo el régimen
contributivo puede expandirse hasta lograr 25 millones de afiliados.
Con más recursos fiscales el régimen subsidiado
podrá expandirse hasta a15 millones de colombianos pobres.
Más que una reforma integral a la Ley 100 lo que creo
necesario es una reforma completa a su proceso de implementación,
que se desvió de muchos de los principios que alimentaban
la Ley. Vamos a consolidar la responsabilidad social y la estabilidad
institucional de las EPS. Vamos a construir un sistema moderno
para incluir a la población más pobre, y que mejore
mucho al actual régimen subsidiado. Vamos a borrar paulatinamente
las diferencias tajantes entre los regímenes contributivo
y subsidiado. Vamos a fortalecer las acciones de promoción
y prevención que hacen parte de una buena salud pública.
Vamos a mejorar las condiciones de los buenos hospitales públicos.
Vamos a lograr una profesionalización de la gerencia
en todo el Sistema y un manejo muy diferente de los trabajadores
de la salud, para que se sientan incluidos y gratificados.
Intermediación
Las entidades que hacen una simple intermediación financiera
entre los prestadores y los pacientes, y se quedan en el camino
con parte de los recursos, no tienen sentido. Si ésta
es la intermediación a que se refiere su pregunta, estoy
de acuerdo en abolirla.
Pero creo que para una atención del paciente, adecuada,
oportuna y con calidad, se requieren funciones de organización
de la demanda y del conjunto de proveedores de salud que no
pueden dejarse de lado, entre las que la organización
de buenos sistemas de información es imprescindible.
Por eso, hay que dejar de hablar de intermediarios y aseguradores.
Hay que recuperar el espíritu de la Ley 100, de apalancarse
en organizaciones que cumplieran una función más
eficaz de articulación del Sistema, en beneficio de los
pacientes y los trabajadores. Esto es particularmente cierto
en el caso del régimen subsidiado, donde los abusos han
sido tenaces. Hay que pulir la reglamentación de la ley
para que las EPS y las ARS se justifiquen plenamente, por su
agregación de valor a la relación médico-paciente,
que es la que finalmente importa.
Todo el sistema hay que comenzar a hacerlo girar crecientemente
alrededor de la calidad. Esta ha sido, en mi opinión,
la gran deficiencia del sistema.
Cierre de hospitales
El país debe tener los hospitales necesarios para atender
a toda su población. Hospitales en el sentido moderno
del término, que evolucionen con la creciente tecnología
ambulatoria y los requerimientos de agilidad de la población
trabajadora. El criterio básico es la atención
de la población. Si hay hospitales que malgastan recursos,
eso hay que corregirlo. Si hay funcionarios que le roban dineros
a los hospitales, eso hay que condenarlo y castigarlo.
Enfermedades catastróficas
El país tiene que encontrar un sistema más eficaz
para la atención de las enfermedades catastróficas
en su Sistema de Salud. Las imágenes en la televisión
de esta pobre joven con sida que no fue atendida por ningún
hospital publico ni privado en Cartagena, y abandonada por la
ambulancia en una alcantarilla antes de morir me han impactado.
El país tendría que haberse movilizado más
ante esa injusticia. La anterior Ministra de Salud fue acertada
en identificar este problema, pero no tuvo suerte en el planteamiento
de solución que propuso, pues iba a poner en riesgo al
Sistema sin crear un mecanismo que funcionara.
La atención a estas enfermedades tiene dos componentes:
uno financiero y otro del modelo de atención. El financiero,
a su vez, tiene dos dimensiones. En el régimen contributivo,
el actual diseño de la UPC que el FOSYGA reconoce a cada
EPS, debe modificarse para considerar en forma más explícita
los riesgos epidemiológicos de las poblaciones. Eso evitaría
la concentración de unos enfermos en pocas entidades
como el ISS. Esto se puede corregir con una resolución
del Ministerio, avalada con el Consejo de Seguridad. En el régimen
público, hay que construir un seguro para enfermedades
catastróficas. La Ley 60 y la Ley 100 previeron en forma
muy explicita a los pobres, pero no pusieron mucho énfasis
en los pobres en salud, que son los sujetos de estas enfermedades,
que pueden empobrecer de por vida. Yo propondría estudiar
esta alternativa: ¿por qué no crear, a partir
de los recursos actuales, un sistema de aseguramiento público
contra enfermedades catastróficas, para los que no estén
afiliados al régimen contributivo? En el diseño
de un seguro público hay que prever muy cuidadosamente
el modelo de atención. La falta de protocolos para un
uso racional de los recursos y una atención humana y
eficaz, nos puede llevar a la quiebra y a los pacientes al mismo
infierno. La tecnología hay que utilizarla como si estuviéramos
en país pobre. Y la atención extra-hospitalaria
hay que multiplicarla. A medida que la población se envejece,
y la transición epidemiológica avanza, este problema
de las enfermedades catastróficas se va a aumentar exponencialmente,
y el diseño de un buen mecanismo financiero e institucional
para enfrentarlo, es una de las mejores oportunidades que tiene
un sistema de salud con ímpetu de cambio.
Reforma a la Ley 60
El proyecto de ley de reforma que presentó el Gobierno
era verdaderamente malo para el sector. Paralizaba y revertía
el proceso de descentralización, interrumpía el
proceso de desarrollo de la seguridad social subsidiada y congelaba
las acciones de salud pública. Se iba a anular la posibilidad
de expansión del sistema de provisión de servicios.
Sólo garantizaba iguales recursos a los hospitales. En
su discusión en el Congreso, y con la activa participación
de nuestro grupo, se corrigieron algunos de los problemas. Los
mecanismos de control de la oferta previstos son más
racionales. El concepto de redes de hospitales se hizo algo
más claro. Y se prevé, después de una transición
de dos años, retomar el impulso de universalización
de la seguridad social. Aunque se corrigieron algunos de sus
errores más críticos, hay que decir que la Ley
175 pasará a la historia sin pena ni gloria. Por tratar
de jugar a estatua, se perdió la oportunidad de dar un
ímpetu modernizador al Sistema de Salud que tanto lo
necesitaba.
Incentivos a nuevas tecnologías
El país tiene que seguirse modernizando. El sector salud
va a beneficiarse de los incentivos generales que para todas
las empresas sacaré adelante en mi gobierno. Pero también
tiene que hacer parte de mi gran esfuerzo, el hacer de la biotecnología
uno de los sectores de punta de la economía en el nuevo
siglo. Creo la biotecnología será en los próximos
50 años lo que la informática fue en los últimos
20: la mayor fuente de progreso productivo y social. |
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¿El próximo
Ministro de Salud?
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¿Ministro, o Ministra? En mi gobierno las mujeres
tendrán un rol nunca visto en la conducción
de los asuntos del Estado. La mitad de los ministerios serán
ejercidos por mujeres, y no me sorprendería que en
la cartera de salud también tuviéramos una
gran mujer. ¿Qué espero? Una persona integra,
ajena al sistema político, que aguante los cuatro
años de mi gobierno para sacar adelante una de las
más ambiciosas agendas que el país haya registrado.
A esas alturas de la campaña tengo una lista de 6
candidatos y candidatas para el Ministerio. No voy a improvisar.
Todos tienen experiencia en el Sistema de Salud y conocen
a profundidad el funcionamiento de las instituciones. Todos
tienen gran capacidad gerencial y, sobre todo, capacidad
de liderazgo para sacar adelante los cambios que necesitamos.
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