MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 41   FEBRERO DEL AÑO 2002    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

Movimiento Sí Colombia

“Necesito menos
maquillaje que Serpa”

Ana C. Ochoa Periodista, Medellín

"El principal desafío para consolidar las tareas sociales del Estado, y la Salud en particular, es poner la economía a crecer en serio para reducir a menos de la mitad el desempleo y el subempleo”

Corría el año 94. "Si resulto elegido" confesaba el candidato Ernesto Samper, "le pediría a la actual canciller Noemí Sanín que permaneciera en su cargo". No se imaginaba el confiado candidato Samper las volteretas de la fortuna y menos que, en una historia de "te abandono por vergüenza", su ex compañera de clases renunciara a cargos y a amistad y se convirtiera en adversaria. Ella era una atractiva figura para acompañar a cualquier político, luego de su éxito como canciller del gobierno de César Gaviria y como promotora de la elección del ex presidente en la OEA. Su imagen estaba lubricada además por el eco que los medios hacían de sus más mínimos movimientos. "La doctora Noemí almorzó con, dijo que... y hasta Shimon Pérez afirmó que ojalá la cara de Colombia fuera la suya", decían. Ella sé "tragó" a la dócil prensa con su sonrisa de todos los dientes y se convirtió, agitando propuestas reformistas, en la reina de las noticias. Apadrinada por una popularidad de desertora de todo -de las élites, de las ideas tradicionales, de Samper, de los partidos, del machismo político y hasta del matrimonio- llegó a las elecciones presidenciales poniendo en jaque a sus contendores con 3 millones de votos. Las épocas han cambiado. Ahora ya ha probado las descalificaciones de algunos medios y los juicios que la definen como frívola o artificial, no obstante seguir siendo para otros la más seria opción de superar tan malos tiempos y una contendora que podría dar la gran sorpresa. Han despertado interés sus propuestas de seguro para el desempleo, su voluntad de trabajar por recuperar la legitimidad del Estado, sus propuestas de solución negociada al conflicto y su visión de sectores como la salud. Las siguientes son algunas reflexiones que hace para EL PULSO, aunque advertimos que varios temas quedan pendientes por falta de espacio.
Estabilidad financiera del Sistema
El futuro del Sistema de Salud y del conjunto de la acción social del Estado podría ser incierto si no ponemos esta economía a crecer. No podemos olvidarnos que la crisis económica de los últimos 5 años le representó al Sistema de Salud menores ingresos del orden de $2 billones, que se han sentido en los bolsillos de pacientes, médicos y hospitales. Por lo tanto, el principal desafío para consolidar las tareas sociales del Estado, y de la Salud en particular, es poner la economía a crecer en serio para reducir a menos de la mitad el desempleo y el subempleo. Ese es el punto medular de mi programa de gobierno, diseñado para generar gradualmente un boom económico, que nos conduzca a crecimientos por encima del 6% rápidamente.
Pero la estabilidad financiera del Sistema de Salud depende también de mejoras internas en sus flujos de recursos. Hay que parar la corrupción, que el Contralor y el Procurador dicen que es mayor que en cualquier otra parte del Estado. Hay que parar la evasión, que impide la expansión del Sistema. Hay que agilizar los mecanismos de pago, simplificando mucho la maraña en que se han convertido.
Déficit en Subcuenta de Compensación
El sistema entrará en dificultades siempre que gaste más de lo que obtiene por ingresos. La cuenta de compensación se comportó en forma admirable en los primeros años de la recesión, cuando todavía alcanzaba a ahorrar recursos. Pero el gobierno decidió gastarse parte de esos recursos en otras actividades y dejó avanzar mucho la evasión y elusión de cotizaciones. La dinámica en los dos últimos años es muy preocupante. Pero no hay que exagerar, estamos lejos de ver un colapso al frente. Vamos a hacer un esfuerzo muy grande para controlar la evasión y para ahorrar recursos.
Cobertura
Por más que sea difícil, tiene que ser posible. La reducción de la mortalidad infantil y el aumento de las coberturas institucionales al parto, especialmente en las zonas más pobres del país (como la Costa Atlántica) fueron posibles, y fue particularmente veloz. Pero atender a los más pobres es mucho mas difícil y quizás costoso que al promedio de los colombianos. Los pobres sufren más desempleo, se enferman más, tienen menos educación para el cuidado de salud y saben procesar menos la información necesaria para afiliarse y recibir oportunamente los servicios. El Sistema, que debe buscar creciente universalidad, no puede olvidarse del tratamiento preferencial que tiene que recibir la población más pobre y vulnerable. Mi prioridad estará en las madres y los niños. Mi meta es que el 100% de los partos sean atendidos institucionalmente, y que el 100% de los niños reciban vacunación y nutrición adecuadas.
Tenemos que ensayar muchas más modalidades para llegarle con eficacia a las poblaciones verdaderamente pobres. La experiencia de los últimos años muestra que no hay recetas universales. En ciertos casos los hospitales públicos son el mejor mecanismo. En otros casos, las brigadas permanentes de salud. En otros, las empresas solidarias. En otros las cooperativas y mutuales. En otros las EPS, aunque muchas de estas han abandonado tristemente el espíritu solidario con el que iniciaron.
Simplificar flujo de recursos
Esto ha hecho muy difícil el buen manejo de las organizaciones de salud. Parte de esa maraña se hereda del viejo Sistema, donde malos métodos de presupuestación generaban déficit estructurales en los hospitales. El método de presupuestación actual tiene muchas deficiencias, y cada año termina por manifestarse en recursos que faltan a lo largo del año. Hay que hacer un gran esfuerzo por modernizarlo, y mi campaña está mirando con mucha atención la experiencia de Bogotá en los últimos dos años.
"Hay que parar la corrupción en salud que, según el Contralor y el Procurador, es la más grande del país”
Otra parte de la maraña se debe a la recesión económica. En todos los sectores productivos, cuando las ventas aflojan y los bancos no prestan, la velocidad de los pagos se disminuye y la cartera se aumenta. Pero la implementación misma del Sistema generó muchos de los problemas. Los recursos públicos pasan por demasiadas manos: Hacienda, Minsalud, las secretarías departamentales, las secretarías municipales, las ARS, los hospitales, los médicos y laboratorios. Parece una cadena sin fin. Ese proceso hay que simplificarlo.
Parte del problema sigue siendo la pésima información del Sistema, y la falta de construcción de reputación financiera de las organizaciones de salud. Una de las funciones básicas del sistema financiero es precisamente servir de mecanismo de amortiguación de los faltantes temporales de liquidez de las unidades de producción y consumo. Pero para poder ejercer esta función, las entidades tienen que ser creíbles. ¿Cuántos hospitales tienen sus balances aprobados y registrados en la Superintendencia de Sociedades? Hay que construir esta reputación. Si continía viviendo como una isla que solo depende de la liquidez del presupuesto, el Sistema de Salud siempre tendrá problemas de liquidez. Su vinculación plena al circuito financiero de la sociedad es un objetivo que buscaré con ahínco.
Reformas a la Ley 100
No voy a renunciar a la ambición de lograr un sistema universal y pluralista de seguridad social para toda la población. A mi me gusta la filosofía solidaria de la ley 100. El descarrilamiento del Sistema se ha debido principalmente a los malos resultados de la economía, al desorden administrativo y a la politización. Y todos estos problemas pueden corregirse. Con una buena economía pueden arreglarse muchas de las cargas financieras del Sistema: con más empleo el régimen contributivo puede expandirse hasta lograr 25 millones de afiliados. Con más recursos fiscales el régimen subsidiado podrá expandirse hasta a15 millones de colombianos pobres. Más que una reforma integral a la Ley 100 lo que creo necesario es una reforma completa a su proceso de implementación, que se desvió de muchos de los principios que alimentaban la Ley. Vamos a consolidar la responsabilidad social y la estabilidad institucional de las EPS. Vamos a construir un sistema moderno para incluir a la población más pobre, y que mejore mucho al actual régimen subsidiado. Vamos a borrar paulatinamente las diferencias tajantes entre los regímenes contributivo y subsidiado. Vamos a fortalecer las acciones de promoción y prevención que hacen parte de una buena salud pública. Vamos a mejorar las condiciones de los buenos hospitales públicos. Vamos a lograr una profesionalización de la gerencia en todo el Sistema y un manejo muy diferente de los trabajadores de la salud, para que se sientan incluidos y gratificados.
Intermediación
Las entidades que hacen una simple intermediación financiera entre los prestadores y los pacientes, y se quedan en el camino con parte de los recursos, no tienen sentido. Si ésta es la intermediación a que se refiere su pregunta, estoy de acuerdo en abolirla.
Pero creo que para una atención del paciente, adecuada, oportuna y con calidad, se requieren funciones de organización de la demanda y del conjunto de proveedores de salud que no pueden dejarse de lado, entre las que la organización de buenos sistemas de información es imprescindible. Por eso, hay que dejar de hablar de intermediarios y aseguradores. Hay que recuperar el espíritu de la Ley 100, de apalancarse en organizaciones que cumplieran una función más eficaz de articulación del Sistema, en beneficio de los pacientes y los trabajadores. Esto es particularmente cierto en el caso del régimen subsidiado, donde los abusos han sido tenaces. Hay que pulir la reglamentación de la ley para que las EPS y las ARS se justifiquen plenamente, por su agregación de valor a la relación médico-paciente, que es la que finalmente importa.
Todo el sistema hay que comenzar a hacerlo girar crecientemente alrededor de la calidad. Esta ha sido, en mi opinión, la gran deficiencia del sistema.
Cierre de hospitales
El país debe tener los hospitales necesarios para atender a toda su población. Hospitales en el sentido moderno del término, que evolucionen con la creciente tecnología ambulatoria y los requerimientos de agilidad de la población trabajadora. El criterio básico es la atención de la población. Si hay hospitales que malgastan recursos, eso hay que corregirlo. Si hay funcionarios que le roban dineros a los hospitales, eso hay que condenarlo y castigarlo.
Enfermedades catastróficas
El país tiene que encontrar un sistema más eficaz para la atención de las enfermedades catastróficas en su Sistema de Salud. Las imágenes en la televisión de esta pobre joven con sida que no fue atendida por ningún hospital publico ni privado en Cartagena, y abandonada por la ambulancia en una alcantarilla antes de morir me han impactado. El país tendría que haberse movilizado más ante esa injusticia. La anterior Ministra de Salud fue acertada en identificar este problema, pero no tuvo suerte en el planteamiento de solución que propuso, pues iba a poner en riesgo al Sistema sin crear un mecanismo que funcionara.
La atención a estas enfermedades tiene dos componentes: uno financiero y otro del modelo de atención. El financiero, a su vez, tiene dos dimensiones. En el régimen contributivo, el actual diseño de la UPC que el FOSYGA reconoce a cada EPS, debe modificarse para considerar en forma más explícita los riesgos epidemiológicos de las poblaciones. Eso evitaría la concentración de unos enfermos en pocas entidades como el ISS. Esto se puede corregir con una resolución del Ministerio, avalada con el Consejo de Seguridad. En el régimen público, hay que construir un seguro para enfermedades catastróficas. La Ley 60 y la Ley 100 previeron en forma muy explicita a los pobres, pero no pusieron mucho énfasis en los pobres en salud, que son los sujetos de estas enfermedades, que pueden empobrecer de por vida. Yo propondría estudiar esta alternativa: ¿por qué no crear, a partir de los recursos actuales, un sistema de aseguramiento público contra enfermedades catastróficas, para los que no estén afiliados al régimen contributivo? En el diseño de un seguro público hay que prever muy cuidadosamente el modelo de atención. La falta de protocolos para un uso racional de los recursos y una atención humana y eficaz, nos puede llevar a la quiebra y a los pacientes al mismo infierno. La tecnología hay que utilizarla como si estuviéramos en país pobre. Y la atención extra-hospitalaria hay que multiplicarla. A medida que la población se envejece, y la transición epidemiológica avanza, este problema de las enfermedades catastróficas se va a aumentar exponencialmente, y el diseño de un buen mecanismo financiero e institucional para enfrentarlo, es una de las mejores oportunidades que tiene un sistema de salud con ímpetu de cambio.
Reforma a la Ley 60
El proyecto de ley de reforma que presentó el Gobierno era verdaderamente malo para el sector. Paralizaba y revertía el proceso de descentralización, interrumpía el proceso de desarrollo de la seguridad social subsidiada y congelaba las acciones de salud pública. Se iba a anular la posibilidad de expansión del sistema de provisión de servicios. Sólo garantizaba iguales recursos a los hospitales. En su discusión en el Congreso, y con la activa participación de nuestro grupo, se corrigieron algunos de los problemas. Los mecanismos de control de la oferta previstos son más racionales. El concepto de redes de hospitales se hizo algo más claro. Y se prevé, después de una transición de dos años, retomar el impulso de universalización de la seguridad social. Aunque se corrigieron algunos de sus errores más críticos, hay que decir que la Ley 175 pasará a la historia sin pena ni gloria. Por tratar de jugar a estatua, se perdió la oportunidad de dar un ímpetu modernizador al Sistema de Salud que tanto lo necesitaba.
Incentivos a nuevas tecnologías
El país tiene que seguirse modernizando. El sector salud va a beneficiarse de los incentivos generales que para todas las empresas sacaré adelante en mi gobierno. Pero también tiene que hacer parte de mi gran esfuerzo, el hacer de la biotecnología uno de los sectores de punta de la economía en el nuevo siglo. Creo la biotecnología será en los próximos 50 años lo que la informática fue en los últimos 20: la mayor fuente de progreso productivo y social.
¿El próximo Ministro de Salud?

¿Ministro, o Ministra? En mi gobierno las mujeres tendrán un rol nunca visto en la conducción de los asuntos del Estado. La mitad de los ministerios serán ejercidos por mujeres, y no me sorprendería que en la cartera de salud también tuviéramos una gran mujer. ¿Qué espero? Una persona integra, ajena al sistema político, que aguante los cuatro años de mi gobierno para sacar adelante una de las más ambiciosas agendas que el país haya registrado. A esas alturas de la campaña tengo una lista de 6 candidatos y candidatas para el Ministerio. No voy a improvisar. Todos tienen experiencia en el Sistema de Salud y conocen a profundidad el funcionamiento de las instituciones. Todos tienen gran capacidad gerencial y, sobre todo, capacidad de liderazgo para sacar adelante los cambios que necesitamos.

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