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Protección
Social:
¿Ministerio o función?
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El Ministerio de
la Protección Social está compuesto por dos
mundos: el complejo y conflictivo mundo de la relaciones del
trabajo, y el no menos fácil y laberíntico mundo
de la salud. Cualquiera de los dos, independientemente, requiere
de energía desbordante, alto umbral a la fatiga y un
alto nivel de ocurrencia y atrevimiento. Cada uno independientemente,
y por supuesto con mayor razón en conjunto, deben responder
prioritariamente a lo que atañe con el bien común;
y solos, y con más razón acompañados
el uno del otro, deben contribuir decididamente al mejoramiento
de la sociedad a través del recto cumplimiento de sus
funciones. En esto, que es lo fundamental, no pueden dejar
dudas ni propiciar conceptos aplazados ni dejar opiniones
pospuestas a la espera quién sabe de qué. La
fusión de los ministerios se hizo pensando en un mayor
impacto en las condiciones de salud y en propiciar un mejor
estar de la gente. No se hizo, no pudo haberse hecho, pensando
en ahorrar unos pesos a un costo superior. De tal manera que
un año después de su creación, es tiempo
suficiente para saber si se ha obtenido o no mayor bien común,
y si se ha alcanzado o no la intención de cumplir con
todas sus funciones de manera oportuna, serena y acertada.
El bien común no es algo para divagar ni es título
aromático para detrás de él no encontrar
nada. El bien común debe ser mirado como una realidad
y también como un concepto. Como una realidad que puede
y debe ser constatable, y como concepto se debe remitir a
lo ético, en el sentido de que lo suyo tiene que ver
en un todo y por todo con acciones de contribución
al progreso y al mejoramiento de los más altos intereses
de la sociedad.
El compromiso del Ministerio de la Protección Social
es tal, que de manera muy ponderada y serena debe evaluar
si su fusión sí ha respondido a lo que debe
ser en términos de lo expresado arriba, y también
en lo que quedó expresado en su motivación:
...generación de empleo y de protección
de los individuos más vulnerables de la sociedad...,
según palabras del ministro Diego Palacio Betancourt
en el Editorial del Boletín número 1 de Protección
Social. Claro que para trabajar en la ampliación de
cobertura de salud y seguridad social, en el desarrollo del
programa de subsidios al desempleo y en los demás programas
muy importantes por cierto, no se requiere la fusión
de los ministerios.
Para no correr el riesgo de caer en la sentencia de que el
que mucho abarca poco aprieta, el gobierno está a tiempo
de evaluar -seguro que lo hará-, si los beneficios
obtenidos sí justifican que se mantenga la fusión.
Esto hay que hacerlo sólo a la luz de las necesidades
de la gente. Puede haber un sistema de Protección Social
como lo desea el Señor Presidente Álvaro Uribe
y el Señor Ministro Diego Palacio, sin que exista una
fusión de dependencias. Ella no es condición
indispensable para la construcción de un Estado Comunitario
que brinde oportunidades a todos los colombianos.
En esta tribuna, como el gobierno, también somos partidarios
de tener un sistema, pero a la vez creemos que se deben desconcentrar
las funciones y asignar cada cartera a su respectivo ministro.
Ya lo expresamos antes: las dos esferas tienen un ámbito
de acciones y unas responsabilidades supremamente grandes,
y eso de por si ya justifica ponerle a cada una su propio
doliente. De otro lado, la protección social como tal,
es una función que primariamente es del resorte y competencia
exclusiva del primer mandatario. Pensemos, y veremos que lo
fundamental de la tarea y del éxito de un gobierno
es la protección social, y todas, absolutamente todas
las acciones de los gobiernos, deben estar encaminadas a ello.
La protección social es la función reina de
un buen gobierno y no debe ser una dependencia burocrática
sino una política, pero mientras exista tal Ministerio,
él debe ser el ministerio rey de los ministerios, puesto
que toda acción y toda tarea del gobierno debe girar
alrededor del hombre.
En consecuencia, nos comprometemos a decir: sí a la
protección social y no a la concentración exagerada
de funciones que dé pie, como ya sucedió, a
que se dejen de lado tareas que luego hay que atender con
carácter de urgencia, y a costo muy, muy alto. |
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