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La salud es un determinante de la vida de los individuos
y de toda sociedad. Y salud es un campo muy vasto. Y tiene
todo que ver con la vida, y para preservar ésta,
con la medicina; de ahí la semejanza de estos términos:
vida, salud, medicina
todos parecen remitirnos al
mismo sentido, sin necesidad de entrar a desentrañar
sus significados y raíces. Y no se puede hablar de
salud sin que ello evoque ineludiblemente la vida; ni mucho
menos se puede hablar de medicina sin que ello implique
la salud y la vida.
Pero el devenir de la ciencia, de la política, de
las estadísticas, nos deja hoy a comienzos de este
siglo, con un campo de la salud más vasto aún.
Se superó el concepto de que salud no es sólo
carecer de enfermedades: según la Organización
Mundial de la Salud, es el completo estado de bienestar
físico, mental y social, de unos individuos marcados
por la familia, por el entorno social y por su medio ambiente;
más aún, en los años 70's los canadienses
le agregaron como componentes a la salud: factores de estilo
de vida, biología humana y sistema organizativo de
la salud. Luego en los 80's se amplió el concepto
con la asimilación de salud a bienestar expresado
por la esperanza de vida, el malestar, la incapacidad, la
participación en la atención de la salud,
la conducta de salud y social, el comportamiento interpersonal,
la reserva, la satisfacción interna y externa, lo
genético, la población y la herencia. Y en
el año 2000, Health Canadá y la Organización
Panamericana de la Salud extendieron el concepto de salud
a 5 componentes: la capacidad individual y colectiva, el
entorno físico, el ambiente socioeconómico,
los hábitos personales y los servicios de salud.
Así las cosas, y sin entrar a desglosar cada uno
de estos últimos componentes que conforman ese universo
de todo lo que hace parte de la salud, lo más que
debe tenerse es humildad, cuando de entrar a hablar de salud
se trata. Menos entonces puede pretenderse que un ciudadano
común con formación académica, así
ésta haya sido relevante, pueda convertirse en experto
y dominador del tema, considerando todas las variables del
tema salud.
Sin embargo, pese a esta salvedad, ahora que los candidatos
a la presidencia de la república presentan sus propuestas
de salud, difícilmente se aprecia un cuerpo doctrinal
completo para salud; los candidatos afirman estar comprometidos
con muchos asuntos: que la cobertura universal, que un ministerio
o dos, que salud pública si, que más vigilancia
y control, que menos corrupción, que mejor uso de
los recursos, que más calidad, que más equilibrio
en el sistema de salud, que enfrentar o superar tal o cual
enfermedad en particular, que si o no a los hospitales,
que el Seguro Social sigue o se cierra, que la internacionalización,
que los recursos humanos y su justa valoración dentro
del sistema de salud
en fin, hasta la Constitución
Nacional hace parte del discurso.
Pero en medio de todo, pareciera que una vez más,
el bosque no deja ver los árboles. Tantos y tan dispersos
asuntos, no parecen tomar forma en un cuerpo doctrinal seriamente
estructurado, como debiera ser rigurosamente frente a salud;
a fin de cuentas: ¿del estado de salud de los asociados
no depende el grado de desarrollo humano y social de la
Nación? ¿De estas propuestas no se debe desprender
la visión de lo que será la política
en salud en los próximos 4 años? ¿Pecan
por desconocimiento, irresponsabilidad o ligereza los candidatos,
cuando se concentran en unos u otros aspectos y dejan por
fuera otros más absolutamente indispensables cuando
de planear el logro de la salud individual y colectiva se
trata? ¿O, qué otros intereses y prioridades
pasarían una vez más por encima del noble
propósito de ofrecer y garantizar un estado de salud
adecuado a la población colombiana?
No es de sentarse a llorar, pero sí de lamentar que
un eje central de la vida social nacional como es la salud,
reconocido como lo más social de lo social, vaya
a quedar otra vez sin propuestas serias y completas en los
próximos cuatro años, denotando una vez más,
que antes que nada, para avanzar hacia el logro de ese estado
de salud que toda la humanidad persigue, lo primero que
se requiere es voluntad política frente al tema.
Más que de promesas incumplidas o por cumplir, se
necesita que se entienda que salud, como meta, como tema,
como estrategia, es el componente trascendental a la hora
de definir las futuras políticas públicas
y prioridades del país. Ignorarla o no atenderla
como se debe, sería rayar en la más absurda
necedad y desconocer su valor intrínseco para que
siga existiendo la vida, y que exista en calidad y abundancia.
Queda la decisión en manos de los colombianos, de
decidir a cuáles de estas propuestas en salud le
van a apostar en el futuro próximo. ¿Salud
para todos en 2006 - 2010? ¡Es el sueño! Y
no se puede claudicar en alcanzarlo, porque ahí sí:
la vida, la salud, la medicina, quedarán al vaivén
de lo que buenamente deparen el azar, la política,
la economía
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