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Ajustar,
ajustar, ajustar
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Salta a la vista la urgencia de hacer importantes ajustes al
sistema de seguridad social en salud. Esto, por fin, ha sido admitido
por todos los sectores, incluido el ministerio del ramo del nuevo
gobierno, que da muestras de estar dispuesto a acometer ese importante
trabajo. La necesidad hablaba por sí sola y queda confirmado
que no era obstinación, sino la expresión misma
de lo que a diario se vive en las puertas de los hospitales y
clínicas, a lo largo y ancho del país.
Temas como políticas para el manejo de los procesos de
afiliación, incluido el número único de identificación
personal, la promoción de la afiliación de independientes,
recaudos, compensación, propuestas frente a la calidad
del sistema y al recurso humano, y otros importantes aspectos
que han sido tan sentidos por los pacientes, por todo el personal
de la salud y por los mismos centros asistenciales, conforman
el paquete de la propuesta de ajuste.
Compartimos la temática que está sobre la mesa,
porque la preocupación que hay en ella ha sido la nuestra
desde el mismo momento en que entró a operar la Ley 100.
Del proyecto se desprende que va ganando terreno la reiterada
propuesta de El Pulso de "identificación única
y pagador único", la cual hemos considerado como un
eje importante en el manejo y gobierno del sistema. Ello unificaría
criterios frente al recibo de documentos y facturas, auditorías
e interventorías, identificación de usuarios para
evitar el doble registro, control de pagos para evitar la doble
cancelación y la doble compensación; en resumen,
nuestra propuesta para incorporar a las del gobierno, consiste
en tener un excelente control de los recursos, de su manejo y
de la utilización de la información para optimizarlos.
Por supuesto, lo anterior puede llevarse a cabo en forma descentralizada
e incluso por medio de "agencias" que realizarían
la función a nombre del Estado.
Hasta acá todo está muy bien. Sin embargo, en una
cosa, de carácter fundamental por demás, sí
debemos estar de acuerdo todos. Y es que el inmenso esfuerzo de
la Ley 100, de las EPS, de las IPS, de los médicos, de
los planes y coberturas, en fin, de todos los elementos y recursos
que tienen que ver con la seguridad social, deben ser para brindar
medicina, atención, oportunidades de salud a la gente,
y sólo para eso.
Señor Ministro: en esto Usted no puede permitir esguinces
ni palabras a medias. Y aunque parezca evidente, el título
de que la seguridad social es para la gente, hay que ponerlo de
presente, pues no siempre ni todos piensan así. Con todo
respeto, pero enfáticamente desde aquí, desde El
Pulso, le manifestamos que cualquier ajuste al sistema de seguridad
social en salud, debe partir de la facilidad de acceso de todos
los pacientes, pero muy especialmente de los más pobres.
Este es en realidad el gran problema que hay que solucionar, por
encima de cualquier otro. Aquí esta el punto clave y por
el cual vale la pena un sistema de seguridad social y comprometerse
a hacer cualquier reforma. El esfuerzo no debe partir de nada
diferente, ni tener otro centro distinto.
En el gráfico de flujo de la operación de un sistema
de salud para la gente, debe, obligatoriamente, estar la gente.
Lo demás es accesorio, importante sí, pero menos,
mucho menos que el paciente, su familia y la sociedad mirada desde
la perspectiva del hombre y no desde la perspectiva de la producción,
las utilidades o los procesos.
El Ministerio de Salud no puede ni debe dejar pasar esta oportunidad,
ni dejarse distraer por quimeras. Que la afiliación, que
la compensación, que las glosas, que la capitación
y mil y un asuntos que tanto atormentan, se deben analizar y encontrarles
soluciones para que la gente reciba los servicios que necesita.
Con frecuencia vemos el tiempo perdido y los recursos materiales
malgastados en aspectos que de fondo no buscan aliviar el dolor
y la enfermedad de la gente, sino satisfacer intereses subalternos,
egoístas y de la minoría, mientras a la gente en
los servicios de urgencias y en los consultorios de las clínicas
se les devuelve, muchas veces sin ni siquiera saber cual es su
dolor.
En la salud, estamos en un importante momento Señor Ministro.
El ajuste puede ser definitivo para los pacientes, para la sociedad
entera y también para el actual modelo de salud, que con
sobrada evidencia ya se admite que ha arrojado unos resultados
que están muy por debajo de lo prometido.
Esto lo sabe todo el mundo, ya no es ningún secreto, ni
son palabras desafiantes. Partamos entonces, hoy que podemos hacerlo,
de un modelo que privilegie al ser humano, que lo anteponga a
cualquier otro tipo de interés y a cualquier otro afán.
Esa sería una excelente gestión en el ministerio,
aunque sabemos de antemano que si acoge esta lucha, encontrará
muchos detractores, incluso muy cercanos.
Todos, de una u otra forma, hacemos parte del sistema; somos sus
dueños, digámoslo así, y si existe la oportunidad
de tener algo que de verdad si le dé una adecuada respuesta
a nuestra gente, no podemos tener menos.
El asunto está en manos de pocos y nos compromete a todos.
Compromete a la gente que ha sido perdedora siempre, a la que
sólo puede aspirar a ver desde lejos un engranaje aceitado
de un sistema, pero que no le permite entrar a él, porque,
por supuesto, no está en función de ella. Hay otra
gente, por el contrario, que está satisfecha con lo que
ha venido obteniendo del sistema, en dinero, en posiciones o en
los círculos de poder; pero la gran masa de población
que ha soportando desde siempre, pacientemente, que alguien se
acuerde de ella para poner a su disposición lo que es humano,
y de justicia social, no está nada bien. Y estamos hablando
a favor de la gente común. Que no se interprete que hablamos
ahora en pro de los médicos -asunto que también
hay que considerar en su momento, porque no nos duele que este
actor tan importante pierda su orgullo, pero sí que pierda
la moral-.
Finalmente, no aprovechar esta oportunidad como Dios manda, es
negarle a la gente la posibilidad de recuperar su salud, quizá
para siempre.