MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 262 JULIO DEL AÑO 2020 ISNN 0124-4388
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El 17 de Abril, un mes y diez días después de conocerse el primer caso positivo en el país, tras un silencio epidemiológico inquietante, con quince muestras de pacientes sospechosos o provenientes de países epidémicos las cuales habían sido negativas a pesar de tener muchos casos positivos cercándonos por las dos fronteras de los vecinos países, y de decenas de turistas españoles, italianos y franceses que visitaron Leticia durante los meses precedentes, el Instituto Nacional de Salud reportó finalmente el primer PCR positivo para Sars Cov-2 en Leticia.
Muy temprano, en los siguientes días, se evidenció que la incidencia de casos, comparada con el resto del país, era preocupantemente alta. Todo parecía indicar que por alguna razón, la pandemia se ensañaría primero con el Amazonas. Las alarmas se dispararon desde el INS y el Ministerio del Interior.
Durante los siguientes treinta días estalló un brote epidémico veinte veces mayor que en el resto del país hasta ese momento. Simultáneamente ocurría lo mismo en todas las ciudades amazónicas situadas a la misma latitud de Leticia y comunicadas por el gran río amazonas. Mirando hacia atrás, alrededor de seis semanas antes de que se dispararan el número de casos en el Atlántico o en el Chocó, ya estaba ocurriendo en Leticia y en las riberas del río Amazonas.
El departamento del Amazonas es muy particular por múltiples hechos; es el departamento más extenso del país, hace parte de una triple frontera, la mayoría de su extensión está constituida por áreas declaradas parques naturales y/o resguardos indígenas, estos últimos habitados por más de veinte etnias diferentes.
La sistemática e histórica corrupción de los políticos y gobernantes departamentales sumada al actual sistema de gestión de la salud, supeditado a las reglas del mercado que favorecen a los administradores del dinero a expensas de los pacientes y de los prestadores del servicio, constituyen un serio agravante de la situación.
Con una población de 80.000 habitantes, y alrededor del 60% de ella concentrada en el 2,3% del territorio; en Leticia y las riberas del río Amazonas, con una infraestructura de salud en ruinas sin ninguna cama de cuidados intensivos y con un equipo de médicos que el 20 de abril presentó renuncia masiva ante la falta de condiciones de trabajo frente a la pandemia, y que refiriéndose a las medidas tomadas por las directivas del hospital, argumentaron: “no podemos ser partícipes de las decisiones arbitrarias y las no garantías al personal, en cambio debemos procurar proteger nuestra vida y las de los demás”.
Como resultado de todo ello, durante los dos meses siguientes el gobierno nacional implementó medidas adicionales al confinamiento obligatorio decretado a partir del 25 de Marzo. Entre ellas; la intervención del hospital por parte de la Superintendencia Nacional de Salud, el toque de queda los fines de semana, la visita del Ministro de Salud a Leticia, la apertura de investigaciones por contratos irregulares al gobernador y a algunos secretarios del gabinete, el envío de un avión de la fuerza aérea para el traslado de pacientes críticos a Bogotá, el desplazamiento de 1.000 soldados para cerrar las fronteras y, el refuerzo con profesionales de salud al hospital local.
Entre el 6 y el 30 de Mayo el número de casos positivos por PCR aumentó de 200 a 1.800 y el departamento, con una población que representa el 0,16% de la de Colombia, llegó a poner el 7% de la mortalidad nacional por Covid-19.
Hace ya mucho tiempo que los profesionales que habían enviado se devolvieron, el avión sólo permaneció algunos días en Leticia, una cuarta parte de los soldados se contagiaron, el resultado de las investigaciones al gobernador así como los que surjan de la intervención de la Superintendencia están por verse, pero aún los médicos de los nueve centros de salud que cubren el 97% del departamento, y dependen del hospital, siguen sin con qué trabajar ni los irregulares contratos de adecuación del hospital desde hace tres meses aún no han culminado.
Por fortuna la curva de casos acumulados presenta un aplanamiento desde junio en todas las poblaciones ribereñas del río Amazonas, de Perú al Brasil, incluyendo las colombianas.
Quedan muchas preguntas cuyas respuestas podrían ser muy útiles al enfrentar la pandemia en otras regiones; ¿por qué se inició antes y con tal fuerza en ciudades ribereñas del río Amazonas?, ¿qué proporción de la población se infectó realmente?, ¿se presentará un nuevo pico en corto tiempo?, ¿qué hizo que la curva se aplanara simultáneamente a lo largo del Amazonas si las medidas y la magnitud de las mismas fue diferente en los distintos países?, ¿será que el gobierno, además de tomar fotos de visitas de ministros, de aviones parqueados o de soldados vestidos de blanco para mostrar ante los medios que sí asumen el manejo de la emergencia, estaría interesado en hacer un análisis retrospectivo de lo que hasta ahora pasó en el Amazonas y pueda ser útil en otras regiones donde hasta ahora está comenzando a agravarse la situación?
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