MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 333 JUNIO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388

elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter icono twitter icono twitter

Tecnología: innovar con criterio, decidir con evidencia

La forma en que se prestan y organizan los servicios de salud está cambiando rápidamente como consecuencia de la implementación de nuevas tecnologías en salud. El análisis de datos, los dispositivos conectados, la inteligencia artificial y otras herramientas digitales ya hacen parte de la práctica cotidiana en diferentes escenarios asistenciales. Es, entonces, ahora un momento para evaluar si la incorporación de dichas tecnologías aportan valor, cómo deben utilizarse y bajo qué criterios pueden contribuir a obtener mejores resultados en salud, una experiencia excepcional de los pacientes, el bienestar del talento humano y al fortalecimiento de los sistemas de salud.

La implementación de dichas innovaciones tecnológicas en el sector, durante décadas, estuvieron asociadas principalmente al desarrollo de equipos médicos. Hoy, buena parte de la transformación digital gira alrededor de los datos; por ejemplo, cada consulta, examen, hospitalización o interacción digital genera información que, bien gestionada, puede ayudar a prevenir enfermedades, identificar riesgos, mejorar la eficiencia de los servicios y orientar políticas públicas sustentadas en evidencia.

Sin embargo, también hay que aclarar que contar con más datos implica nuevos retos y responsabilidades. Es estructural tener un modelo de gestión de la información que parta de un gobierno del dato y la incorporación de buenas prácticas asociadas a la gerencia de la información. Todo esto no significa que no haya sesgos futuros y que los intervalos de confianza no se vean afectados, lo que sí se podrá fortalecer es la toma de mejores decisiones o, por lo menos, mejor sustentadas.

En medio de esta transformación, algunos retos estructurales son las dificultades relacionadas con la interoperabilidad de los sistemas, la calidad de los registros y la seguridad de la información. Por tal motivo, sigue siendo necesario fortalecer las capacidades analíticas que permitan convertir esos datos en conocimiento útil para la toma de decisiones, pero con la incorporación de estándares superiores de calidad.

Una transición que ya marca la atención

Entre todas estas innovaciones, la inteligencia artificial concentra buena parte de la atención. Sus aplicaciones en la interpretación de imágenes médicas, la identificación temprana de riesgos, el apoyo al diagnóstico y la automatización de procesos administrativos muestran un potencial significativo. Sin embargo, también abren interrogantes sobre la transparencia de los algoritmos, los posibles sesgos en los modelos, la responsabilidad profesional y la protección de los datos personales.

Para Colombia, esta discusión tiene una relevancia particular. Las brechas de acceso, las desigualdades territoriales y las dificultades históricas del sistema han llevado a depositar grandes expectativas en las soluciones tecnológicas. Sin embargo, ninguna herramienta resolverá por sí sola problemas estructurales que requieren decisiones institucionales, inversión y capacidad de gestión. La tecnología puede contribuir a cerrar brechas, pero no reemplaza la necesidad de fortalecer la infraestructura y garantizar condiciones adecuadas para la prestación de los servicios.

A ello se suma un desafío ineludible: la regulación. El avance de la inteligencia artificial exige reglas claras que protejan a los pacientes y generen confianza en el uso de estas herramientas. La protección de datos, la transparencia de los algoritmos, la reducción de sesgos y la equidad en el acceso forman parte de una agenda que no puede posponerse. La innovación debe avanzar de la mano de principios éticos, evidencia científica y mecanismos de supervisión efectivos.

La formación del talento humano también será determinante. Los profesionales de la salud necesitarán desarrollar nuevas competencias para interactuar con tecnologías cada vez más complejas, comprender sus alcances y reconocer sus limitaciones. La inteligencia artificial no sustituirá el criterio clínico, pero sí transformará la manera en que este se ejerce.

La transformación digital ya no es una promesa de futuro. Está redefiniendo la prevención, el diagnóstico, el tratamiento y la gestión de los servicios de salud. La discusión de fondo no es si el sector debe innovar, sino cómo hacerlo de manera responsable. Detrás de cada dato hay una persona, y detrás de cada decisión tecnológica debería existir un objetivo claro: contribuir a una atención más segura, más humana, más equitativa y más efectiva para todos.


Dirección Comercial

Autor

Andrea Ochoa Restrepo

+57 320 7936934