MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 333 JUNIO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
La digitalización del sistema de salud en Colombia se presenta como una apuesta de modernización, pero su avance está marcado por una contradicción de fondo: mientras se fortalecen los marcos normativos y las herramientas tecnológicas, persisten brechas estructurales que impiden una implementación homogénea en el sector.
En este contexto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea que la salud digital es un eje transformador para sistemas más equitativos, resilientes y centrados en las personas. Este enfoque busca no solo modernizar la prestación de servicios, sino cerrar brechas de acceso, mejorar la calidad de la atención y fortalecer la toma de decisiones basada en evidencia. En esa misma línea, la iniciativa “Evidencia e Inteligencia para la Acción en Salud” promueve el uso de la ciencia y la transformación digital para avanzar hacia la cobertura universal, con énfasis en inclusión, interoperabilidad y protección de datos.
Asimismo, el organismo enfatiza que “la digitalización de los sistemas de información es esencial para mejorar la calidad, precisión e interoperabilidad de los datos sanitarios”. Sin embargo, el principal reto no está en el diseño de las políticas, sino en la capacidad real de implementación en sistemas atravesados por brechas tecnológicas e institucionales.
En ese marco se ubica la adopción de la CIE-11, definida por la OMS como “un cambio integral que requiere gobernanza de datos, inversión tecnológica y programas de formación masiva”. En Colombia, su implementación fue adoptada mediante la Resolución 1442 de 2024 y avanza de manera gradual.
El Ministerio de Salud y Protección Social explicó que, con relación al CIE-11, la transición debe realizarse de manera progresiva, “reconociendo la necesidad de periodos de capacitación, ajuste tecnológico e integración de sistemas de información”. Este ajuste evidencia la distancia entre la ambición normativa y la capacidad operativa. Mientras algunas instituciones avanzan en la adopción de herramientas digitales, otras enfrentan limitaciones de infraestructura y conectividad.
En América Latina, la transformación digital en salud avanza en medio de sistemas fragmentados y presiones asistenciales que han puesto la interoperabilidad en el centro del debate.
En Colombia, la Ley 2015 de 2020 estableció la Historia Clínica Electrónica Interoperable, mientras que las Resoluciones 866 de 2021 y 1888 de 2025 definieron su implementación. Esta última adoptó el Resumen Digital de Atención (RDA) como estándar nacional de intercambio de información clínica.
El objetivo es permitir la consulta de la información del paciente en distintos niveles de atención, reducir la duplicidad de exámenes y mejorar la continuidad del servicio. Sin embargo, su implementación depende de la capacidad tecnológica de las instituciones, la conectividad y la estandarización de los sistemas.
En esa línea, el Ministerio de Salud y Protección Social publicó la Resolución 019 del 29 de mayo de 2026, para integrar el acceso a medicamentos a la historia clínica electrónica mediante un entorno interoperable.
La propuesta incorpora el Resumen Digital de Atención para la dispensación de medicamentos y servicios complementarios, en una primera fase centrada en medicamentos financiados con recursos de la UPC en el ámbito ambulatorio.
El Ministerio señaló que “permitirá contar con información oportuna y estandarizada sobre el ciclo completo de las tecnologías en salud, desde la prescripción realizada por el profesional de la salud hasta la entrega efectiva al usuario, fortaleciendo así la capacidad de seguimiento institucional sobre el acceso efectivo a los tratamientos”.
Además, precisó que el proceso será “gradual, coordinado y acompañado técnicamente”, con el fin de evitar interrupciones en la atención.
Pese a los avances, persisten barreras de conectividad, acceso a dispositivos y habilidades digitales. La Universidad Nacional Abierta y a Distancia de Colombia (UNAD) señala que “muchas instituciones no cuentan con los recursos tecnológicos ni humanos para garantizar la calidad de la telesalud”.
A su vez, la OMS advierte que “sin procesos de digitalización robustos, se interrumpe la continuidad de estadísticas vitales y se pierden oportunidades en salud pública”.
A esto se suma la brecha digital en poblaciones mayores. El Departamento Nacional de Planeación estima que cerca de 1.8 millones de adultos mayores viven en hogares con pobreza digital, lo que implica limitaciones de acceso, conectividad y habilidades tecnológicas.
Esta exclusión también tiene impactos económicos: destinan en promedio un 15 % más de sus ingresos y alrededor de 12 horas adicionales al mes en desplazamientos para trámites que otros realizan en línea.
En este mismo sentido, organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe argumentan que las personas mayores son el grupo más aislado del entorno digital, debido a factores como tecnofobia, limitaciones físicas y falta de acompañamiento.
En Colombia y otros países del sur global, la brecha digital no se limita al acceso a internet, sino que también involucra la participación ciudadana y la capacidad de incidencia en los entornos digitales.
Según el artículo Salud digital sin exclusión: ¿qué derechos se pierden cuando no sabes hacer clic?, publicado por la Universidad de los Andes, estas reflexiones hacen parte del MOOC (Massive Open Online Course o Curso Online Masivo y Abierto), “Derechos y salud en la era digital: protección e incidencia”, una iniciativa académica orientada a fortalecer el conocimiento sobre los derechos en los entornos digitales de salud. En ese contexto, Cindy Zapata, integrante del Grupo Asesor Comunitario del programa, advierte que “la aceleración digital está avanzando más rápido que la protección a los derechos humanos”.
En la misma publicación y dentro del desarrollo de este MOOC, Camilo Restrepo, terapeuta ocupacional, señala que muchos usuarios desconocen “en dónde se están alojando sus datos” cuando utilizan servicios digitales de salud.
El artículo también recoge el análisis del Banco Mundial sobre las persistentes brechas de conectividad entre las zonas urbanas y los territorios rurales y periféricos.
En este escenario, Catalina González, investigadora del Centro para los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Universidad de los Andes y líder académica del curso, destaca que la tecnología, por sí sola, no resuelve las desigualdades existentes.
En conjunto, la digitalización del sistema de salud en Colombia avanza como una apuesta de modernización, pero su impacto sigue condicionado por brechas tecnológicas, institucionales y sociales que evidencian que la transformación digital no depende solo de la normativa, sino de la capacidad real del sistema para garantizar acceso equitativo, interoperabilidad efectiva y uso inclusivo de la información en salud.
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