MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 212 MAYODEL AÑO 2016    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Crisis social, el desequilibrio de lo básico


La crisis de salud en Colombia
es ahora una emergencia social

Natalia Ospina Vélez, Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com

Más allá de las cifras y de las deudas, la liquidación y el cierre parcial de algunos servicios de instituciones prestadoras de salud afectan el bolsillo y hasta las emociones de pacientes, familias enteras y profesionales del sector.
Cuando de hacer zoom al panorama actual de la salud se trata, basta con mirar alrededor para identificar la angustia generalizada. ¿En qué EPS voy a quedar? ¿Seguiré recibiendo mi tratamiento?
¿Podré continuar en citas con especialista? Preguntas como esas abundan entre los usuarios que ven todavía como incierto el futuro de sus servicios de salud.
Más allá de una crisis económica, vale la pena enfatizar que, con las proporciones que hoy alcanza la situación, esta es una crisis social, de salud pública, pues la miope previsión administrativa de los prestadores de salud ha dejado a un amplio número de usuarios sin dónde consultar, provocando periodos de desatención con las correspondientes consecuencias y dificultades para la población.
“Aquí los únicos afectados no solo son los enfermos sino el grupo familiar completo. Hay impacto en la población activa desde el punto de vista productivo, porque con el ausentismo laboral y las incapacidades, el impacto económico en las familias se eleva, porque no pueden acceder a los servicios y deben incrementar los gastos de bolsillo. Todo esto pasa a un colectivo y esas condiciones de desatención van generando crisis social, empiezan a presentarse problemas de salud pública porque encontramos desatención en las maternas, en la población pediátrica que son prioridad no solo para el Plan Nacional de Salud sino por lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)”, señala Carlos Alberto Restrepo Molina, director general de la Clínica Universitaria Bolivariana.
Y es que, en esos sobrecostos, muchas familias se han visto obligadas a vender algunos de sus activos, de su patrimonio para acceder, a través de servicios particulares, a los tratamientos, a los medicamentos y a la atención oportuna de su salud. Esta es una alternativa para quienes tienen posibilidades económicas y entonces ¿la población con recursos más limitados qué? ¿Qué pasará con ellos?
Un efecto dominó
Esta, sin duda, es la mejor manera para describir el paso de una crisis, exclusivamente, económica a una social como la de hoy. La dificultad para acceder a los servicios de salud provoca un incremento en la carga de enfermedad, los pacientes llegan a instituciones de alto nivel buscando el servicio de urgencias, este último por la cantidad de pacientes colapsa, las instituciones deben facturar los servicios prestados, los mismos que no son pagados, por lo tanto, no hay capital para operar las instituciones, viene el cierre paulatino de servicios, se quedan personas sin trabajo, hay retardo en el pago a proveedores y salarios al recurso humano, si esto no es una crisis social, entonces ¿qué es?
“Actualmente, en el Valle de Aburrá, hay instituciones que llevan cuatro meses sin cancelar el salario a sus trabajadores, entonces, son cuatro meses que la gente se atrasa para pagar el arriendo, para pagar sus deudas, tienen que hacer maromas para mercar y eso se repite con los proveedores, que son vitales para la prestación de servicios de salud”, advierte Luis Alberto Martínez Saldarriaga, director ejecutivo de Aesa, Asociación de Hospitales Públicos de Antioquia.
Esta última es una de las caras de esta situación que, pocas veces, sale a luz pública: el desempleo de médicos, enfermeras, odontólogos, trabajadores administrativos y demás personal de la salud. Recuerda Martínez Saldarriaga que, muchos de ellos, la navidad pasada no recibieron primas y prestaciones como aguinaldos, lo que genera dramas familiares y sociales que también deben visibilizarse.
En Colombia la salud no es un derecho fundamental
Bajo esa idea, la antropóloga Lilibeth Rengifo, le suma un ingrediente más a esta crisis social, la misma para la que critica al estado por ofrecer soluciones asistenciales e inmediatistas.
“Cuando se genera una situación de cierre, a la comunidad lo único que le queda es esperar, mientras tanto, algunos se anotan al Sisbén o se quedan sin salud, la población está acostumbrada a esas cosas, entonces, lo que hacen es buscar servicios privados, van a los centros de salud barriales o donde el farmaceuta y eso genera zozobra de que en Colombia la salud no es un derecho fundamental. De la canasta familiar del colombiano tiene que salir de todo: pagar salud, educación, se afecta todo. Lo más grave es que el aumento de ingresos de los hogares es mínimo frente a los egresos. La salud es un negocio, no un derecho primordial, si no hay con qué pagarlo no se atiende. Las EPS siempre están en pro de la ganancia”.
¿Dónde queda entonces ese derecho fundamental a la salud validado por la Ley Estatutaria donde se plantea que los colombianos vamos a tener un modelo de seguridad social integral? ¿Qué ocurrió con esas posibilidades de que el usuario pueda acceder a servicios de salud según sus necesidades? ¿Quién responde?
El país no aguanta más
Hasta cuándo, es la pregunta que muchos se hacen, pero para la que aún no se tiene la respuesta. No se sabe cuánto tiempo más habrá que esperar o qué deberá ocurrir para hallar la solución a la crisis social y económica de la salud en el país. Sin embargo, coinciden los expertos en afirmar que hasta tanto no se reconozca que hay una crisis los avances no serán significativos.
“En cualquier situación crítica que se presente, en cualquier sector, lo primero es reconocer que hay una crisis y el gobierno nacional la sigue desconociendo. En los comunicados de prensa, a raíz de la rendición de cuentas, el gobierno plantea que tenemos un mejor sistema de salud y que ya tenemos una recuperación financiera, y peor mentira no puede haber. Dicen, por ejemplo, que quienes salieron de Saludcoop y Caprecom son mejor atendidos hoy, y eso es una mentira, entonces, desconociendo una crisis poco se aporta a la solución”, señala el director de Aesa.
Y es que para lograr resultados es necesaria la intervención de varios actores: los usuarios, los prestadores del servicio y los aseguradores. Así lo explica Restrepo Molina, “El usuario debe ser responsable, consultar oportunamente y no descuidar su autocuidado. Los prestadores de servicios debemos hacer un ejercicio del uso racional de los recursos del sistema porque son limitados y desde el aseguramiento, hay que hacer todos los esfuerzos en la gestión del riesgo de la población asignada, de manera que puedan tomarse acciones que permitan disminuir la carga de enfermedad”.
Pero mientras todo esto ocurre ¿será necesario contar las vidas que cobra la desatención de los servicios de salud? Si las instituciones siguen cerrando paulatinamente sus servicios ¿dónde se atenderán los enfermos? En definitiva, en Colombia, la salud requiere más que un SOS.
 
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