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Crisis social, el desequilibrio
de lo básico
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La crisis de salud en Colombia
es ahora una emergencia social
Natalia
Ospina Vélez, Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com
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Más
allá de las cifras y de las deudas, la liquidación
y el cierre parcial de algunos servicios de instituciones prestadoras
de salud afectan el bolsillo y hasta las emociones de pacientes,
familias enteras y profesionales del sector.
Cuando de hacer zoom al panorama actual de la salud se trata,
basta con mirar alrededor para identificar la angustia generalizada.
¿En qué EPS voy a quedar? ¿Seguiré
recibiendo mi tratamiento?
¿Podré continuar en citas con especialista? Preguntas
como esas abundan entre los usuarios que ven todavía
como incierto el futuro de sus servicios de salud. |
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Más allá
de una crisis económica, vale la pena enfatizar que,
con las proporciones que hoy alcanza la situación, esta
es una crisis social, de salud pública, pues la miope
previsión administrativa de los prestadores de salud
ha dejado a un amplio número de usuarios sin dónde
consultar, provocando periodos de desatención con las
correspondientes consecuencias y dificultades para la población.
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Aquí
los únicos afectados no solo son los enfermos sino el
grupo familiar completo. Hay impacto en la población
activa desde el punto de vista productivo, porque con el ausentismo
laboral y las incapacidades, el impacto económico en
las familias se eleva, porque no pueden acceder a los servicios
y deben incrementar los gastos de bolsillo. Todo esto pasa a
un colectivo y esas condiciones de desatención van generando
crisis social, empiezan a presentarse problemas de salud pública
porque encontramos desatención en las maternas, en la
población pediátrica que son prioridad no solo
para el Plan Nacional de Salud sino por lineamientos de la Organización
Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana
de la Salud (OPS), señala Carlos Alberto Restrepo
Molina, director general de la Clínica Universitaria
Bolivariana.
Y es que, en esos sobrecostos, muchas familias se han visto
obligadas a vender algunos de sus activos, de su patrimonio
para acceder, a través de servicios particulares, a los
tratamientos, a los medicamentos y a la atención oportuna
de su salud. Esta es una alternativa para quienes tienen posibilidades
económicas y entonces ¿la población con
recursos más limitados qué? ¿Qué
pasará con ellos?
Un efecto dominó
Esta, sin duda, es la mejor manera para describir el
paso de una crisis, exclusivamente, económica a una social
como la de hoy. La dificultad para acceder a los servicios de
salud provoca un incremento en la carga de enfermedad, los pacientes
llegan a instituciones de alto nivel buscando el servicio de
urgencias, este último por la cantidad de pacientes colapsa,
las instituciones deben facturar los servicios prestados, los
mismos que no son pagados, por lo tanto, no hay capital para
operar las instituciones, viene el cierre paulatino de servicios,
se quedan personas sin trabajo, hay retardo en el pago a proveedores
y salarios al recurso humano, si esto no es una crisis social,
entonces ¿qué es?
Actualmente, en el Valle de Aburrá, hay instituciones
que llevan cuatro meses sin cancelar el salario a sus trabajadores,
entonces, son cuatro meses que la gente se atrasa para pagar
el arriendo, para pagar sus deudas, tienen que hacer maromas
para mercar y eso se repite con los proveedores, que son vitales
para la prestación de servicios de salud, advierte
Luis Alberto Martínez Saldarriaga, director ejecutivo
de Aesa, Asociación de Hospitales Públicos de
Antioquia.
Esta última es una de las caras de esta situación
que, pocas veces, sale a luz pública: el desempleo de
médicos, enfermeras, odontólogos, trabajadores
administrativos y demás personal de la salud. Recuerda
Martínez Saldarriaga que, muchos de ellos, la navidad
pasada no recibieron primas y prestaciones como aguinaldos,
lo que genera dramas familiares y sociales que también
deben visibilizarse.
En Colombia la salud no es un derecho fundamental
Bajo esa idea, la antropóloga Lilibeth Rengifo, le suma
un ingrediente más a esta crisis social, la misma para
la que critica al estado por ofrecer soluciones asistenciales
e inmediatistas.
Cuando se genera una situación de cierre, a la
comunidad lo único que le queda es esperar, mientras
tanto, algunos se anotan al Sisbén o se quedan sin salud,
la población está acostumbrada a esas cosas, entonces,
lo que hacen es buscar servicios privados, van a los centros
de salud barriales o donde el farmaceuta y eso genera zozobra
de que en Colombia la salud no es un derecho fundamental. De
la canasta familiar del colombiano tiene que salir de todo:
pagar salud, educación, se afecta todo. Lo más
grave es que el aumento de ingresos de los hogares es mínimo
frente a los egresos. La salud es un negocio, no un derecho
primordial, si no hay con qué pagarlo no se atiende.
Las EPS siempre están en pro de la ganancia.
¿Dónde queda entonces ese derecho fundamental
a la salud validado por la Ley Estatutaria donde se plantea
que los colombianos vamos a tener un modelo de seguridad social
integral? ¿Qué ocurrió con esas posibilidades
de que el usuario pueda acceder a servicios de salud según
sus necesidades? ¿Quién responde?
El país no aguanta más
Hasta cuándo, es la pregunta que muchos se hacen,
pero para la que aún no se tiene la respuesta. No se
sabe cuánto tiempo más habrá que esperar
o qué deberá ocurrir para hallar la solución
a la crisis social y económica de la salud en el país.
Sin embargo, coinciden los expertos en afirmar que hasta tanto
no se reconozca que hay una crisis los avances no serán
significativos.
En cualquier situación crítica que se presente,
en cualquier sector, lo primero es reconocer que hay una crisis
y el gobierno nacional la sigue desconociendo. En los comunicados
de prensa, a raíz de la rendición de cuentas,
el gobierno plantea que tenemos un mejor sistema de salud y
que ya tenemos una recuperación financiera, y peor mentira
no puede haber. Dicen, por ejemplo, que quienes salieron de
Saludcoop y Caprecom son mejor atendidos hoy, y eso es una mentira,
entonces, desconociendo una crisis poco se aporta a la solución,
señala el director de Aesa.
Y es que para lograr resultados es necesaria la intervención
de varios actores: los usuarios, los prestadores del servicio
y los aseguradores. Así lo explica Restrepo Molina, El
usuario debe ser responsable, consultar oportunamente y no descuidar
su autocuidado. Los prestadores de servicios debemos hacer un
ejercicio del uso racional de los recursos del sistema porque
son limitados y desde el aseguramiento, hay que hacer todos
los esfuerzos en la gestión del riesgo de la población
asignada, de manera que puedan tomarse acciones que permitan
disminuir la carga de enfermedad.
Pero mientras todo esto ocurre ¿será necesario
contar las vidas que cobra la desatención de los servicios
de salud? Si las instituciones siguen cerrando paulatinamente
sus servicios ¿dónde se atenderán los enfermos?
En definitiva, en Colombia, la salud requiere más que
un SOS. |
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