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Cambios en la oferta de servicios
De manera similar, la oferta de servicios ha presentado cambios
importantes, tanto en términos de cantidad como de
calidad. En el primer caso, se ha contado con una serie de
proyectos de expansión de naturaleza pública
y privada, bien sea para atender las demandas locales con
un portafolio de servicios más amplio al existente
antes de la reforma, o bien, para competir en las ciudades
y centros urbanos con el nuevo esquema de contratación
con EPS y ARS. En el segundo caso, se han emprendido ajustes
en la infraestructura y obras nuevas para ajustar la prestación
de servicios a los estándares de calidad. Aunque no
se cuenta con cifras consolidadas, parece que creció
más la oferta privada que la pública, aunque
en esta última se puede concentrar un exceso de capacidad
instalada frente a la demanda y la competencia del sector
privado.
Descentralización
En cuanto a la municipalización de la salud, si bien
la Ley 60 buscaba que todos los municipios manejaran autónomamente
el sector, en el año 2001 eran 522 los municipios que
habían cumplido los requisitos para ser certificados,
lo cual representa un 49% de los municipios del país.
Se destaca que los municipios más descentralizados
son en gran medida medianos y grandes, con una mayor infraestructura
a su cargo.
Pese a que el esquema descentralizado tiene bondades, lo cierto
es que con mayores recursos desde los municipios y la pérdida
en las economías de escala en los departamentos y hospitales
regionales, el país se vio sometido al incremento de
los costos de administración y prestación de
los servicios de salud, lo cual obligó a dos reformas
en sentido contrario al inicial: la Ley 617 de 2000 y la reforma
constitucional de 2001, que buscaban contener las transferencias
a municipios y presionar en ellos un cambio estructural para
reducir los costos locales del sistema, en particular mediante
una reestructuración de los hospitales.
La libertad de elegir
La estructura de la oferta de EPS y ARS, con monopolio u oligopolio
en buena parte del país, limita el conjunto de posibilidades
de elección de estas entidades. Esta elección,
además, puede verse influenciada por la falta de información
de parte de los afiliados y la participación del empleador
o la autoridad local en el proceso de afiliación. En
cuanto a la elección del prestador, una encuesta reciente
de la Defensoría del Pueblo revela que esta posibilidad
disminuye a medida que los usuarios requieren servicios más
especializados: el 39% de los encuestados manifestaron que
no les fue posible elegir su médico general, el 62%
no pudo escoger un médico especialista, el 63% no consiguió
elegir la IPS al momento de practicarse una cirugía
y el 68% no tuvo la oportunidad de seleccionar la IPS para
las imágenes diagnósticas prescritas.
Financiamiento y gasto: el esfuerzo
de la sociedad
El aumento en las cotizaciones y las transferencias gubernamentales,
entre otros recursos públicos, significaron un aumento
importante del gasto en salud, desde el 7% hasta el 9% del
Producto Interno Bruto (PIB). El comportamiento reciente,
en el marco de la crisis económica, enseña un
congelamiento de recursos, lo cual se encuentra aparejado
con un estancamiento de la cobertura.
En el caso del régimen contributivo, la situación
financiera se ha tornado preocupante en los últimos
años y es así como el Consejo Nacional de Seguridad
Social en Salud reconoció que la vigencia del año
2001 ha sido la más crítica en lo que
ha transcurrido del nuevo sistema de salud (CNSSS, 2002:19).
Es importante destacar que el déficit en el régimen
contributivo se ha cubierto en los últimos tres años
con los resultados positivos de los primeros años y
aún se poseen recursos para sortear un poco más
de déficit. Además, para amortiguar la situación
de 2002, se aumentó la UPC en 4%, lo cual significa
una reducción real de 2%, y se redujo la asignación
de recursos para la cuenta de promoción y prevención
del 0.5% al 0.16% del Ingreso Base de Cotización.
En el caso del régimen subsidiado, luego del impulso
inicial que se caracterizó por los aportes derivados
del Fosyga y de las transferencias municipales, ha presentado
cambios en su financiación que implican una mayor dependencia
de la transformación de recursos y de los aportes de
las entidades territoriales, lo cual se relaciona con el menor
crecimiento de la cobertura. En los últimos años,
la preocupación sobre la financiación ha tomado
fuerza y en 2000, el Consejo Nacional de Seguridad Social
señaló con preocupación que el aumento
de la cobertura presenta serias limitaciones financieras,
como la disminución de los aportes del presupuesto
nacional, la evasión de aportes en el régimen
contributivo y las dificultades con la transformación
de subsidios de oferta a demanda.
Inflación: ¿un quiebre
de tendencia?
Un resultado interesante que parece ofrecer la reforma colombiana
se refiere a la reducción de la brecha existente entre
la inflación en salud y la inflación general,
lo cual podría ser un efecto de la adopción
del esquema de capitación (Unidad de Pago por Capitación
-UPC-) y el papel que juegan las EPS para contener costos
a través de mecanismos de contratación. En efecto,
aunque la variación del IPC salud ha estado siempre
por encima de la variación del IPC total, al diferenciar
los períodos 1988-1992 (antes de la reforma) y 1998-2002
(después de la reforma), se destaca que mientras en
los primeros cinco años la relación entre el
IPC salud y el IPC total ascendió a 1.21, en los otros
cinco años esta relación bajó a 1.13.
Cobertura del seguro de salud
Dadas las condiciones de empleo que predominan en el país,
así como las medidas de ajuste fiscal que se concretan
a partir de la reforma al sistema de transferencias, el futuro
financiero y las posibilidades de aumentar la cobertura en
ambos regímenes se encuentran muy comprometidos. Por
una parte, el club de los cotizantes seguirá estancado,
debido a la dinámica del empleo y a la regulación
existente en materia de afiliación de los informales
e independientes. Por otra parte, en el régimen subsidiado
se aprecia un agotamiento de las posibilidades de aumentar
la cobertura y posiblemente ella se reduzca en el marco del
ajuste fiscal que vulnera los recursos del sector salud.
Información reciente permite señalar que, en
el caso del régimen contributivo, todo sigue igual
y si bien el gobierno plantea una proyección realista,
con un incremento en el cuatrienio que apenas supera el 10%
de la población afiliada en 2002, se aprecia que hay
un reconocimiento sobre el hecho de que la creación
de empleo no crece al mismo ritmo de la afiliación
(acaso esta última, empleando la propia información
del gobierno, solo absorbe un 30% del empleo nuevo) y que
la cobertura acá seguirá estancada. En cuanto
al régimen subsidiado, aunque se presenta un ligero
crecimiento en la cobertura, hace falta precisar la cobertura
real al descontar ciertos efectos estadísticos y algunas
dificultades sobre la afiliación en este régimen.
Acceso: la eficacia del seguro
Frente al panorama que ofrece la cobertura del seguro, en
especial con la incorporación de población al
régimen subsidiado, hay un cierto consenso entre los
investigadores de que las evidencias no muestran un efecto
claro de la reforma sobre la equidad en la utilización
de los servicios, dudando además sobre los efectos
de las cuotas moderadoras y los copagos, los cuales podrían
estar restringiendo el acceso a los servicios más allá
de lo deseado. Algunos estudios, por su parte, han sugerido
que la adopción del seguro para los pobres no ha implicado
un aumento significativo de la demanda por servicios de salud,
aunque se reconoce un efecto favorable principalmente en atención
materna e infantil.
Salud pública
Los efectos de la reforma sobre la salud pública son
indeterminados y no se cuenta con un balance sobre el particular.
A manera de hipótesis, se plantea que se ha dado una
provisión insuficiente que pudo resultar de la fragmentación
de los planes de beneficios y la dilución de responsabilidades
entre varios agentes, con incentivos poco claros para el suministro
o la producción de acciones de salud pública.
En otros términos, la reforma implicó una mayor
confianza en la demanda, de modo que en cierta forma se abandonó
o relajó el impulso que desde la oferta pública
se daba a estos programas, además de que se descentralizó
la provisión.
La situación más preocupante se refiere a la
vacunación: la aplicación del esquema completo
de vacunas (BCG, DPT tres dosis y polio tres dosis), para
niños de 12 a 23 meses, cayó del 83% en el primer
año al 71% en el segundo y al 66% en el último.
Se cuestiona, entonces, por qué si bien la vacunación
mereció una mayor institucionalización con la
reforma, como parte regular de la atención médica,
se hayan obtenido resultados negativos.
También se cuenta con algunos hechos positivos que,
en general, responden a un efecto de la cobertura del seguro,
aunque existe una diferencia notoria entre lo que sucede entre
la población del régimen contributivo y la del
subsidiado. Por ejemplo, el uso de control prenatal pasó
de 83% de las mujeres embarazadas en 1990 a 91% en 2000, pero
esta cobertura en el último año sube al 100%
en el régimen contributivo, mientras que en el régimen
subsidiado se ubica en 64% y entre las mujeres no afiliadas
en 56%.
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