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Salud
mental:
una necesidad universal
Ricardo
Restrepo Guzmán, MD - Corresponsal en Boston, Estados
Unidos elpulso@elhospital.org.co |
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Basta
mirar las estadísticas alrededor del mundo para darnos
cuenta de la urgencia de encontrar soluciones a muchas enfermedades
que no se ven pero se sienten. Cuatrocientos millones de personas
las sufren y la gran mayoría sin una atención
básica a su problema. Son enfermedades que para muchos
siguen siendo de menor importancia: son los trastornos de la
salud mental. En Colombia, poco a poco nos enfocamos en estos
temas y la comunidad ya empieza a darse cuenta que atender una
consulta psiquiátrica no es ningún pecado. Pero
todavía el recelo y el silencio evitan afrontar una realidad,
pues permanece la gran preocupación del que dirán.
Quizás usted que lee esta columna sabrá que en
su familia, sus amistades y su propio entorno social existen
prioridades en salud mental que deben ser atendidas; pero quizá
no sabe cómo hacerlo o existen limitaciones a una buena
atención en muchos niveles.
Al revisar un excelente artículo editorial del American
Journal of Psychiatry de agosto 2006, decidí reproducir
algunos apartes, que comento en relación con nuestra
realidad colombiana. Su título: Más allá
de la evidencia: El argumento moral para la salud mental internacional.
- El problema. Día a día los trastornos en salud
atribuidos a problemas neurológicos, mentales y abusos
de sustancias aumentan: Hacia el año 2000 equivalían
a 12.3%, para 2020 serán aproximadamente de 14.7%.
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Este
aumento será observado claramente en países en
desarrollo como el nuestro; en nuestros países hay una
enorme brecha entre la necesidad y los servicios que se pueden
prestar. Para colmo, la salud mental continúa siendo
un tema de salud pública relegado al ostracismo. Sabiendo
de su necesidad, es de suma importancia iniciar una campaña
que reclame el lugar que la salud mental merece. En este caso,
los argumentos morales en salud deberían ser suficientes
para iniciar cambios en políticas de la misma e implementar
las intervenciones necesarias.
- No hay salud sin salud mental. La salud mental esta íntimamente
ligada con todas las prioridades a nivel de salud pública
global. Brevemente, ejemplos que lo demuestran: El abuso de
alcohol y otras sustancias es factor de riesgo mayor para tener
un comportamiento sexual que acarrea problemas; personas con
VIH/sida tienen alto riesgo para tener un deterioro a nivel
cognitivo y sufrir de depresión; estrés y trastornos
de ansiedad predisponen al infarto del miocardio y éste
a su vez conlleva a un aumento en el riesgo de desarrollar depresión.
La depresión en madres es asociada a una falta de estimulación
en la niñez, lo que paralelamente implica trastornos
del desarrollo y problemas mentales en el futuro del niño;
la violencia y la depresión son frecuentemente precedidas
por abuso de sustancias y trastornos de personalidad. El argumento
es que sin salud mental no hay salud. Por esto, los programas
que tengan intervenciones decididas en el aspecto físico,
deben involucrar metas claras y concretas en salud mental.
- Los trastornos mentales son tratables. La eficacia y el costo-beneficio
en poblaciones como la nuestra han sido demostrados con tratamientos
localmente posibles en enfermedades como depresión, esquizofrenia
y abuso de sustancias. En la salud mental se puede hacer uso
de tratamientos con bajo costo que son técnicamente sencillos.
Considerando el argumento moral, se sustentaría que es
una falta de ética negar tratamientos efectivos, aceptados
y costeables, a personas que sufren trastornos mentales. |
La persona con
trastornos mentales está expuesta a violaciones
de todo tipo: esta historia se repite día a
día alrededor del mundo.
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- Pagar por nuevos
medicamentos psiquiátricos. Como bien se sabe, países
de nuestra América y otros continentes decidieron producir
versiones genéricas de medicamentos patentados, debido
a cierta flexibilidad en el sistema internacional de patentes
médicas. En 2005, esta situación cambió
por medio del Tratado Internacional de Derechos de Propiedad
Intelectual de Comercio, donde se decidió que ningún
medicamento patentado después de 2005 estaría
disponible a menos que el precio fuera regulado por la compañía
que tiene su patente. Pero como toda regla tiene su excepción,
ciertas enfermedades pueden salirse de este patrón implementado;
en este tratado, si algún gobierno considera que ciertas
enfermedades son de alto riesgo o son emergencias nacionales,
esta ley puede no ser aplicada. La enfermedad mental no está
incluida en estas categorías, pero el argumento moral
para que lo sea, es que el paciente necesita tener la capacidad
de costear sus tratamientos; la enfermedad mental debe ser excluida
de este tratado internacional que impide expandir el uso de
un tratamiento adecuado, y las instituciones prestadoras de
servicios de salud necesitan ampliar la gama de fármacos
disponibles.
- Prevenir la fuga de cerebros. Según la Organización
Mundial de la Salud -OMS-, hay una inequidad tremenda en la
distribución de clínicos en salud mental alrededor
del mundo; una pequeña porción de esta mano de
obra vive en regiones donde reside el 90% de la población.
Pese a esta inequidad la demanda de especialistas en países
desarrollados aumenta, empeorando el problema en países
en desarrollo. Considerando que la gran mayoría de estos
profesionales o cerebros fugados son educados en instituciones
públicas en sus países de origen, el argumento
moral se basaría en la obligación ética
por parte de países desarrollados en facilitar el regreso
de ese profesional, y a su vez incentivar la cooperación
con naciones en desarrollo para construir solidez en el sistema
de salud mental internacional. |
Hoy tenemos toda
la evidencia para comprobar que la salud mental es un
derecho y no un privilegio.
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- Violación
de Derechos Humanos. Es reconocido que la persona con trastornos
mentales está expuesta a violaciones de todo tipo: esta
historia se repite día a día alrededor del mundo.
Actualmente, los pacientes son abandonados, pierden todo contacto
con una realidad debido a su aislamiento y en raras ocasiones
tienen acceso a un profesional de la salud. Estos mismos pacientes
están sujetos a efectos colaterales de medicaciones,
que ameritan una constante supervisión que no existe.
Muchas veces el hacinamiento les impide tener lo mas mínimo
de dignidad. En otros casos, se utilizan tratamientos como la
terapia electro-convulsiva, en forma inadecuada.
En nuestros países todavía vemos como, debido
a la ignorancia, la mejor manera de dar atención a estos
pacientes es el encadenamiento y las celdas improvisadas, similares
a las de un secuestro. El estigma de sufrir un trastorno mental
lleva al desempleo, a la falta de poder concluir los estudios,
a dificultades en el matrimonio o a la imposibilidad de establecer
un vínculo de pareja, de vivir independientemente, y
muchas veces, a una falta total de atención médica
por parte de la compañía de salud. Sectores de
nuestra sociedad todavía violan los derechos del individuo
que sufre de algún trastorno psiquiátrico. El
argumento moral nos lleva aquí a pensar en la necesidad
de que los hospitales reciban un apoyo económico y técnico,
para ayudar a desarrollar programas comunitarios y crear conciencia
acerca de la salud mental. A su vez, habría que asegurarse
de tener calidad en los servicios, con un monitoreo a los derechos
fundamentales del individuo. |
El argumento
es que sin salud mental no hay salud.
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- Cambios sociales
y salud mental. La globalización trajo consigo cambios
económicos y sociales de gran proporción, pero
no todos se han visto beneficiados por éstos. En Colombia,
la población campesina y periférica de nuestras
ciudades ha sido muchas veces excluida de estos cambios. Ello,
sumado a problemas de fondo como el desplazamiento, la violencia
y el legado de la cultura del narcotráfico, hacen que
el dinero que debería invertirse en prevenir este problema,
sea destinado a la consecuencia del mismo. Suicidio, alcoholismo
y otros abusos de sustancias, sumados a problemas de otro tipo
como depresión, ansiedad, psicosis y trastornos de la
alimentación, son ligados íntimamente a nuestra
identidad de colombianos.
El argumento moral es que la salud mental no debería
ser un lujo. Por esto, los trastornos de salud mental deben
incluirse en programas dirigidos a todo tipo de población,
sin exclusión alguna. Los indicadores en salud mental
deben utilizarse para evaluar el impacto social de los cambios
sufridos en esta era de la globalización. Está
dentro de cada uno de nosotros definir los límites de
lo posible e imposible, pero en salud mental, cada colombiano
podrá emprender la gran aventura de creer que los cambios
se inician en nuestro interior. Es allí donde radica
la posibilidad de propiciar una transformación en nuestra
sociedad. Hoy tenemos toda la evidencia para comprobar que la
salud mental es un derecho y no un privilegio. |

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