MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 96   SEPTIEMBRE DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Salud mental:
una necesidad universal
Ricardo Restrepo Guzmán, MD - Corresponsal en Boston, Estados Unidos elpulso@elhospital.org.co
Basta mirar las estadísticas alrededor del mundo para darnos cuenta de la urgencia de encontrar soluciones a muchas enfermedades que no se ven pero se sienten. Cuatrocientos millones de personas las sufren y la gran mayoría sin una atención básica a su problema. Son enfermedades que para muchos siguen siendo de menor importancia: son los trastornos de la salud mental. En Colombia, poco a poco nos enfocamos en estos temas y la comunidad ya empieza a darse cuenta que atender una consulta psiquiátrica no es ningún pecado. Pero todavía el recelo y el silencio evitan afrontar una realidad, pues permanece la gran preocupación del que dirán. Quizás usted que lee esta columna sabrá que en su familia, sus amistades y su propio entorno social existen prioridades en salud mental que deben ser atendidas; pero quizá no sabe cómo hacerlo o existen limitaciones a una buena atención en muchos niveles.
Al revisar un excelente artículo editorial del American Journal of Psychiatry de agosto 2006, decidí reproducir algunos apartes, que comento en relación con nuestra realidad colombiana. Su título: “Más allá de la evidencia: El argumento moral para la salud mental internacional”.
- El problema. Día a día los trastornos en salud atribuidos a problemas neurológicos, mentales y abusos de sustancias aumentan: Hacia el año 2000 equivalían a 12.3%, para 2020 serán aproximadamente de 14.7%.
Este aumento será observado claramente en países en desarrollo como el nuestro; en nuestros países hay una enorme brecha entre la necesidad y los servicios que se pueden prestar. Para colmo, la salud mental continúa siendo un tema de salud pública relegado al ostracismo. Sabiendo de su necesidad, es de suma importancia iniciar una campaña que reclame el lugar que la salud mental merece. En este caso, los argumentos morales en salud deberían ser suficientes para iniciar cambios en políticas de la misma e implementar las intervenciones necesarias.
- No hay salud sin salud mental. La salud mental esta íntimamente ligada con todas las prioridades a nivel de salud pública global. Brevemente, ejemplos que lo demuestran: El abuso de alcohol y otras sustancias es factor de riesgo mayor para tener un comportamiento sexual que acarrea problemas; personas con VIH/sida tienen alto riesgo para tener un deterioro a nivel cognitivo y sufrir de depresión; estrés y trastornos de ansiedad predisponen al infarto del miocardio y éste a su vez conlleva a un aumento en el riesgo de desarrollar depresión. La depresión en madres es asociada a una falta de estimulación en la niñez, lo que paralelamente implica trastornos del desarrollo y problemas mentales en el futuro del niño; la violencia y la depresión son frecuentemente precedidas por abuso de sustancias y trastornos de personalidad. El argumento es que sin salud mental no hay salud. Por esto, los programas que tengan intervenciones decididas en el aspecto físico, deben involucrar metas claras y concretas en salud mental.
- Los trastornos mentales son tratables. La eficacia y el costo-beneficio en poblaciones como la nuestra han sido demostrados con tratamientos localmente posibles en enfermedades como depresión, esquizofrenia y abuso de sustancias. En la salud mental se puede hacer uso de tratamientos con bajo costo que son técnicamente sencillos. Considerando el argumento moral, se sustentaría que es una falta de ética negar tratamientos efectivos, aceptados y costeables, a personas que sufren trastornos mentales.

La persona con trastornos mentales está expuesta a violaciones de todo tipo: esta historia se repite día a día alrededor del mundo.

- Pagar por nuevos medicamentos psiquiátricos. Como bien se sabe, países de nuestra América y otros continentes decidieron producir versiones genéricas de medicamentos patentados, debido a cierta flexibilidad en el sistema internacional de patentes médicas. En 2005, esta situación cambió por medio del Tratado Internacional de Derechos de Propiedad Intelectual de Comercio, donde se decidió que ningún medicamento patentado después de 2005 estaría disponible a menos que el precio fuera regulado por la compañía que tiene su patente. Pero como toda regla tiene su excepción, ciertas enfermedades pueden salirse de este patrón implementado; en este tratado, si algún gobierno considera que ciertas enfermedades son de alto riesgo o son emergencias nacionales, esta ley puede no ser aplicada. La enfermedad mental no está incluida en estas categorías, pero el argumento moral para que lo sea, es que el paciente necesita tener la capacidad de costear sus tratamientos; la enfermedad mental debe ser excluida de este tratado internacional que impide expandir el uso de un tratamiento adecuado, y las instituciones prestadoras de servicios de salud necesitan ampliar la gama de fármacos disponibles.
- Prevenir la fuga de cerebros. Según la Organización Mundial de la Salud -OMS-, hay una inequidad tremenda en la distribución de clínicos en salud mental alrededor del mundo; una pequeña porción de esta mano de obra vive en regiones donde reside el 90% de la población. Pese a esta inequidad la demanda de especialistas en países desarrollados aumenta, empeorando el problema en países en desarrollo. Considerando que la gran mayoría de estos profesionales o cerebros fugados son educados en instituciones públicas en sus países de origen, el argumento moral se basaría en la obligación ética por parte de países desarrollados en facilitar el regreso de ese profesional, y a su vez incentivar la cooperación con naciones en desarrollo para construir solidez en el sistema de salud mental internacional.
Hoy tenemos toda la evidencia para comprobar que la salud mental es un derecho y no un privilegio.
- Violación de Derechos Humanos. Es reconocido que la persona con trastornos mentales está expuesta a violaciones de todo tipo: esta historia se repite día a día alrededor del mundo. Actualmente, los pacientes son abandonados, pierden todo contacto con una realidad debido a su aislamiento y en raras ocasiones tienen acceso a un profesional de la salud. Estos mismos pacientes están sujetos a efectos colaterales de medicaciones, que ameritan una constante supervisión que no existe. Muchas veces el hacinamiento les impide tener lo mas mínimo de dignidad. En otros casos, se utilizan tratamientos como la terapia electro-convulsiva, en forma inadecuada.
En nuestros países todavía vemos como, debido a la ignorancia, la mejor manera de dar atención a estos pacientes es el encadenamiento y las celdas improvisadas, similares a las de un secuestro. El estigma de sufrir un trastorno mental lleva al desempleo, a la falta de poder concluir los estudios, a dificultades en el matrimonio o a la imposibilidad de establecer un vínculo de pareja, de vivir independientemente, y muchas veces, a una falta total de atención médica por parte de la compañía de salud. Sectores de nuestra sociedad todavía violan los derechos del individuo que sufre de algún trastorno psiquiátrico. El argumento moral nos lleva aquí a pensar en la necesidad de que los hospitales reciban un apoyo económico y técnico, para ayudar a desarrollar programas comunitarios y crear conciencia acerca de la salud mental. A su vez, habría que asegurarse de tener calidad en los servicios, con un monitoreo a los derechos fundamentales del individuo.
El argumento es que sin salud mental no hay salud.
- Cambios sociales y salud mental. La globalización trajo consigo cambios económicos y sociales de gran proporción, pero no todos se han visto beneficiados por éstos. En Colombia, la población campesina y periférica de nuestras ciudades ha sido muchas veces excluida de estos cambios. Ello, sumado a problemas de fondo como el desplazamiento, la violencia y el legado de la cultura del narcotráfico, hacen que el dinero que debería invertirse en prevenir este problema, sea destinado a la consecuencia del mismo. Suicidio, alcoholismo y otros abusos de sustancias, sumados a problemas de otro tipo como depresión, ansiedad, psicosis y trastornos de la alimentación, son ligados íntimamente a nuestra identidad de colombianos.
El argumento moral es que la salud mental no debería ser un lujo. Por esto, los trastornos de salud mental deben incluirse en programas dirigidos a todo tipo de población, sin exclusión alguna. Los indicadores en salud mental deben utilizarse para evaluar el impacto social de los cambios sufridos en esta era de la globalización. Está dentro de cada uno de nosotros definir los límites de lo posible e imposible, pero en salud mental, cada colombiano podrá emprender la gran aventura de creer que los cambios se inician en nuestro interior. Es allí donde radica la posibilidad de propiciar una transformación en nuestra sociedad. Hoy tenemos toda la evidencia para comprobar que la salud mental es un derecho y no un privilegio.
 
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