MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 335 AGOSTO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
El Ministerio de Salud y Protección Social y la Universidad de Antioquia presentan al país los resultados de la Encuesta Nacional de Salud Mental (ENSM) 2025, la cual se configura como uno de los estudios más amplios realizados en Colombia sobre esta materia.
Los hallazgos evidencian, entre otros aspectos, importantes brechas de género en salud mental. La morbilidad psiquiátrica afecta al 10,8 % de las mujeres, frente al 5,7 % de los hombres. Asimismo, el estudio destaca la situación de los adolescentes, al identificar que uno de cada 20 adolescentes en Colombia ha tenido ideas suicidas y que las mujeres presentan una frecuencia dos veces mayor de ideación suicida frente a los hombres de su misma edad.
“La ENSM 2025 nos brinda un panorama detallado sobre la situación de la salud mental en Colombia. Los resultados nos permiten identificar brechas, reconocer necesidades y focalizar esfuerzos donde más se requieren, con el propósito de garantizar una atención integral y mejorar el bienestar de todas y todos los colombianos”, señaló el entonces ministro de Salud y Protección Social, Guillermo Alfonso Jaramillo.
Uno de los principales aportes de la ENSM 2025 es mostrar que la salud mental debe entenderse desde una perspectiva integral. No se trata únicamente de identificar la existencia de un trastorno, sino de reconocer los factores que pueden afectar el equilibrio emocional de las personas.
En este sentido, los investigadores advierten que situaciones como la violencia, la discriminación, la pobreza, la presión académica, los conflictos familiares, el aislamiento social y la falta de redes de apoyo pueden impactar significativamente el bienestar de los adolescentes, incluso cuando no existe un diagnóstico psiquiátrico establecido.
Por ello, la atención en salud mental requiere un cambio de enfoque: pasar de una respuesta centrada exclusivamente en la crisis a una estrategia basada en la promoción del bienestar, la construcción de entornos protectores y la identificación temprana de factores de riesgo.
En otras palabras, sentirse emocionalmente bien está relacionado con mucho más que la ausencia de una enfermedad. También depende de los vínculos personales, las oportunidades, la seguridad, el sentido de pertenencia y las condiciones sociales en las que transcurre la vida cotidiana.
La adolescencia es una etapa de profundas transformaciones físicas, emocionales y sociales. Durante estos años se consolidan la identidad, la autonomía, las relaciones interpersonales y las herramientas necesarias para enfrentar los desafíos de la vida adulta.
Sin embargo, también es un periodo de mayor sensibilidad frente a situaciones como la ansiedad, la depresión, la baja autoestima, la presión social y los sentimientos de desesperanza.
De acuerdo con la ENSM 2025, los trastornos emocionales representan una de las principales afectaciones en esta población. No obstante, uno de los mayores desafíos continúa siendo la distancia entre quienes experimentan síntomas y quienes logran acceder a una valoración y atención profesional.
En este contexto, las barreras para reconocer las señales de alerta, buscar ayuda y recibir acompañamiento especializado siguen siendo un reto para el sistema de salud. La detección temprana resulta fundamental para evitar que los problemas emocionales se profundicen y terminen afectando la vida familiar, académica y social de los adolescentes.
Entre los hallazgos que generan mayor preocupación se encuentran la ideación suicida y las conductas autolesivas, manifestaciones que reflejan situaciones de sufrimiento emocional y que requieren respuestas oportunas desde diferentes escenarios: la familia, las instituciones educativas, los servicios de salud y la comunidad.
Estas situaciones pueden estar relacionadas con factores como trastornos depresivos, ansiedad intensa, experiencias traumáticas, violencia, aislamiento social o ausencia de redes de apoyo.
Por esta razón, los especialistas insisten en que la prevención no debe limitarse a la intervención durante una crisis. Es necesario construir espacios donde los adolescentes puedan expresar lo que sienten, pedir ayuda y encontrar acompañamiento sin temor al juicio o al estigma.
La ENSM 2025 confirma que la salud mental está estrechamente relacionada con las condiciones sociales en las que crecen los adolescentes.
Factores como la discriminación escolar, los antecedentes familiares de enfermedad mental, las experiencias traumáticas y la exclusión social pueden aumentar la vulnerabilidad emocional y dificultar la búsqueda de apoyo.
De esta manera, los entornos donde predominan el rechazo, la violencia o la falta de acompañamiento pueden convertirse en escenarios que afectan el bienestar psicológico. Por ello, abordar la salud mental también implica trabajar desde la inclusión, la equidad y la garantía de derechos.
Frente a este panorama, la Asociación Colombiana de Salud Pública (ACSP) hizo un llamado a transformar los avances normativos en acciones concretas que permitan garantizar una atención integral, humanizada y continua.
La organización recordó que la salud mental es un derecho fundamental y que su garantía requiere más que ampliar la cobertura. Implica fortalecer la promoción del bienestar, reducir el estigma, mejorar la calidad de los servicios, asegurar talento humano suficiente y consolidar redes comunitarias de apoyo.
Colombia cuenta con un marco normativo fortalecido, entre ellos la Ley 1616 de 2013, la Ley Estatutaria 1751 de 2015, las leyes 2460 y 2518 de 2025, el Decreto 729 de 2025, que adoptó la Política Nacional de Salud Mental 2025-2034, y la Resolución 347 de 2026, relacionada con la prevención y atención de la conducta suicida mediante el denominado “Código Dorado”.
Sin embargo, la ACSP advierte que las normas, por sí solas, no garantizan el derecho. Para lograr resultados efectivos se requiere implementación, financiación, seguimiento, capacidad territorial y evaluación permanente de las acciones.
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