MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 335 AGOSTO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
La seguridad del paciente no comienza cuando ocurre un evento adverso. Comienza mucho antes: cuando un equipo identifica un riesgo, cuando un profesional escucha una dificultad en la atención, cuando un paciente o su familia aporta una experiencia y cuando una institución decide convertir esa información en una oportunidad para cambiar.
Esa manera de entender la seguridad hace parte del trabajo que desarrolla el Hospital San Vicente Fundación Rionegro, institución que recibió el VIII Galardón Nacional Hospital Seguro, en la categoría Excelencia en Seguridad del Paciente, otorgado por la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC) durante el XVI Congreso Internacional de Hospitales y Clínicas, realizado en el marco de Meditech 2026.
El reconocimiento fue otorgado a seis instituciones de salud del país, luego de un proceso que incluyó la revisión de los informes de postulación, visitas de campo y la valoración de un jurado internacional. Por ello, más que distinguir un resultado puntual, el galardón reconoce la existencia de prácticas, procesos y una cultura organizacional orientada a anticipar riesgos, prevenir eventos adversos y aprender de la experiencia.
Para Juan Pablo Tamayo Gutiérrez, coordinador de Gestión de la Excelencia del Hospital San Vicente Fundación Rionegro, uno de los elementos esenciales para avanzar en seguridad del paciente está en escuchar a quienes viven de cerca los procesos de atención.
Su experiencia muestra que las transformaciones no necesariamente comienzan con grandes intervenciones. Pueden surgir de una situación concreta, de una necesidad identificada por los equipos y de la decisión de buscar una respuesta.
“También eso nos ayudó para poder minimizar el riesgo de caídas en los pacientes y nos llevó incluso a otro premio, que fue el Premio Internacional a la Cultura de Seguridad del Paciente.
La reflexión pone en evidencia una idea central: la seguridad se construye desde la realidad cotidiana de la atención. Identificar un riesgo es apenas el primer paso. El verdadero impacto está en comprender por qué ocurre, escuchar a quienes están involucrados y encontrar maneras de modificar las condiciones que pueden poner en riesgo al paciente.
El trabajo alrededor de la prevención de caídas es un ejemplo de este enfoque. Una situación específica se convierte en una oportunidad para revisar prácticas, implementar estrategias y generar aprendizajes que trascienden el caso inicial.
Y es precisamente ahí donde una acción concreta adquiere una dimensión mayor: cuando deja de ser una respuesta aislada y empieza a formar parte de una cultura de seguridad.
Hablar de seguridad del paciente suele asociarse con protocolos, indicadores, tecnologías y procesos altamente estructurados. Todos son importantes, pero la experiencia del Hospital San Vicente Fundación Rionegro muestra otra dimensión: la capacidad de identificar pequeñas oportunidades de mejora y convertirlas en cambios sostenibles.
La prevención del riesgo de caídas ilustra cómo una necesidad concreta puede movilizar a los equipos y generar transformaciones en la atención. El propósito no se limita a evitar un evento adverso; implica comprender los factores que lo pueden provocar y actuar antes de que ocurra.
Este tipo de iniciativas también permite que la organización aprenda. Cada riesgo identificado, cada incidente analizado y cada estrategia implementada puede convertirse en conocimiento para mejorar los procesos.
Por eso, cuando Tamayo habla de “pequeñas estrategias”, el concepto no significa acciones menores. Se refiere a intervenciones que, desde lo cotidiano, pueden generar efectos relevantes cuando existe una organización capaz de escucharlas, evaluarlas y llevarlas a la práctica.
El resultado es una cultura en la que la seguridad no depende exclusivamente de una persona o de un área, sino que se convierte en una responsabilidad compartida.
El camino recorrido por el Hospital San Vicente Fundación Rionegro también evidencia que el fortalecimiento de la seguridad del paciente puede trascender las fronteras de la institución.
Las estrategias desarrolladas para minimizar riesgos contribuyeron a que el Hospital fuera reconocido previamente con el Premio Internacional a la Cultura de Seguridad del Paciente, según explica Tamayo. Ahora, el VIII Galardón Nacional Hospital Seguro representa un nuevo reconocimiento a ese trabajo.
La coincidencia entre ambos reconocimientos resulta significativa: no se trata únicamente de haber desarrollado una estrategia exitosa, sino de demostrar la capacidad institucional para incorporar la seguridad en la manera de pensar y hacer la atención.
El galardón de la ACHC, además, implica haber superado un proceso de evaluación que incluyó diferentes fuentes de evidencia y la mirada de un jurado internacional. En ese sentido, constituye un reconocimiento externo a un proceso que se construye diariamente dentro del Hospital.
En la experiencia del Hospital San Vicente Fundación Rionegro, escuchar no es solamente una acción asociada a la humanización. También es una herramienta para gestionar riesgos.
Los profesionales conocen de primera mano las dificultades que pueden aparecer durante la atención. Los pacientes y sus familias aportan una perspectiva diferente sobre su experiencia. Integrar esas voces permite identificar oportunidades que pueden no ser evidentes desde los procedimientos o indicadores.
De ahí que la afirmación de Juan Pablo Tamayo adquiera especial relevancia: “Lo fundamental es escuchar a la gente que se necesita y cómo podemos cambiar”.
Esta idea resume una forma de trabajar en la que la mejora no parte exclusivamente de una decisión administrativa, sino de la capacidad de la organización para reconocer aquello que puede hacerse mejor y actuar sobre ello.
Así, la cultura de seguridad se construye en múltiples niveles: en una estrategia para prevenir una caída, en la revisión de un proceso, en el análisis de un riesgo, en la conversación con un equipo o en la experiencia compartida por un paciente.
El VIII Galardón Nacional Hospital Seguro no representa un punto de llegada. Por el contrario, plantea el desafío de sostener y profundizar las prácticas que hicieron posible este reconocimiento.
La seguridad del paciente exige una actitud permanente de revisión: los riesgos cambian, las necesidades de los pacientes evolucionan y los procesos asistenciales deben adaptarse continuamente.
Por eso, el valor del galardón está también en lo que representa hacia adelante. Reconoce lo alcanzado, pero al mismo tiempo impulsa al Hospital a continuar identificando oportunidades, fortaleciendo sus equipos y convirtiendo los aprendizajes en nuevas acciones de mejora.
Para el Hospital San Vicente Fundación Rionegro, este reconocimiento destaca el valor del trabajo de quienes, desde diferentes roles, participan en la atención y contribuyen a hacerla más segura.
Es, en última instancia, el reconocimiento a una idea sencilla, pero profunda: la excelencia en salud no se construye únicamente haciendo bien las cosas, sino preguntándose permanentemente qué puede hacerse mejor, escuchando a quienes están en el camino y convirtiendo cada aprendizaje en una oportunidad para cuidar mejor.
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