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Ningún actor del sistema de salud, incluyendo al
gobierno, desconoce que son tímidos los avances en
la reglamentación de la Ley 1438, pretendida 'reforma'
al sistema y supuesto remedio para sacarlo del estado de
postración agravado en los dos últimos años.
Estamentos consultados por el Ministerio de la Protección
Social en foros y mesas de trabajo coinciden en la precariedad
de los resultados, donde sólo es visible un esfuerzo
en el establecimiento del giro directo de recursos a prestadores,
pese a no ser tan directo, a su lentitud y parcialidad.
Los principales aspectos cuestionados en esta marcha a media
máquina de la reglamentación, son el considerable
atraso en el cronograma, que en varios casos llega a 7 meses,
y conlleva el perjudicial aplazamiento de los puntos más
urgentes y neurálgicos, como Atención Primaria
en Salud, Redes Integradas de Servicios y Plan Decenal de
Salud Pública.
A más de esto, están las fallas del borrador
del decreto reglamentario de Juntas y Comités Técnico-Científicos,
unánimemente criticado por las trabas que impone
al acceso a la salud esa dualidad de instituciones, el entredicho
de la acción de tutela, el fantasma de las prestaciones
excepcionales que sigue rondando -como si se reviviera la
fallida emergencia social-, los nuevos peligros contra la
autonomía médica, los vacíos en los
puntos sobre defensa y participación del usuario,
y la persistencia de normas regulatorias que mantienen la
posición dominante de las aseguradoras.
El gobierno, a la par que reconoce el déficit en
el cumplimiento del cronograma, defiende los avances, sobredimensionando
el alcance del giro directo y ponderando normas expedidas
que tocan aspectos secundarios de la 1438. Las EPS representadas
en Acemi y Gestarsalud respaldan las disposiciones oficiales,
se aferran al viejo esquema de intermediación financiera
y desmienten los cuestionamientos que les hacen por inviabilidad.
Y los prestadores siguen aguantando, pero no pocos a punto
de claudicar.
Entonces, mientras el ideal de la norma se perfila lentamente,
la realidad del sistema golpea a todos los actores, hasta
poner en vilo su pervivencia. Si por el lado de los aseguradores
llueve, por el de los prestadores no escampa
la diferencia
está en que al parecer hay voluntad política
del gobierno para atender la crisis de los primeros, pero
cierto grado de sordera para escuchar el clamor sostenido
de los segundos.
Más todos a una, siguen esperando del gobierno las
soluciones prometidas en la 1438
que no llegan. Y
si bien todavía la desesperanza no es generalizada,
ya se escuchan voces de Indignados con el sistema
de salud y resurgen otras que hace años advirtieron
del colapso inminente. Al parecer, se va consolidando el
consenso de que ya llegamos al límite, de que el
sistema de salud ya tocó fondo, y que la única
opción es la reforma definitiva y estructural, una
reforma de verdad-verdad, porque a la 1438 ya se le pasó
el cuarto de hora sin cumplir las expectativas.
¿Qué nos traerá entonces 2012? Los
escenarios no son halagüeños. Y todos los actores
pendemos de un hilo delgado. ¿Será que por
fin triunfará la fuerza de la realidad y se emprenderá
la reforma que tanto necesita el sistema? Pago por ver
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