DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 223 ABRIL   AÑO 2017    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Pala:
llegar tarde
para escribirle a la vida
Laura Montoya Carvajal , Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com

Pala hoy es un enamorado de la palabra. Muy joven, creyó que iba a ser un médico y si hoy ejerciera, tal vez sería ortopedista. Pero ha cambiado: vive en Medellín, cuando antes no veía la hora de irse de allí, trabaja con la música cuando antes no la consideraba un posible oficio y ahora está dando a conocer su primer libro. “Yo soy un tipo que he llegado tarde a todo”, es una de las definiciones que da de sí mismo.
Lo dice porque sus resoluciones lo encontraron con las manos puestas en otras cosas.
Atendiendo un parto en la clínica León XIII, cuando cursaba el noveno semestre de medicina, decidió que no quería ser médico. “No peleé con la medicina. Creo que es preciosa, solo que es una novia que exige una dedicación que yo no estaba dispuesto a darle. Yo soy muy sibarita, muy buena vida, y yo no nací para trabajar los fines de semana. Así de sencillo”, dice.
Medicina la empezó porque su educación con los jesuitas le dictaba que el trabajo no era para el placer, así que aunque desde pequeño en Yarumal, donde nació, ya rasgueaba acordes en la guitarra y de joven en Medellín estos ya tenían aires de nueva trova cubana, le pareció que la medicina era la forma de ganarse la vida. Aun así, luego de esa epifanía durante el parto, como la llama él, terminó el pregrado con la idea de que al graduarse se dedicaría a la música, y se fue a estudiarla a Cuba
“Estoy seguro de que si me hubiera quedado aquí habría ejercido la medicina un poquito: cuando me fui, rompí radicalmente con la medicina, así que cuando regresé ya era músico y no médico”, explica el graduado del Instituto Superior de Artes de La Habana.
El músico, que antes que Pala fue Carlos Palacio, tiene ya ocho discos. Con el primero aun no hace las paces, porque considera que su principio fue muy pretencioso, cuando salió pensando en grandes premios, sellos discográficos y en sonar en la radio comercial. Recuerda que una conversación con el manager Frank Martínez, cuando le envió uno de sus trabajos, le hizo ver hacia dónde debía redirigir la mirada.
- 'Tus letras las entiende el 10% del público. Bájale a las letras', dijo Frank
- ’Yo no soy cantante, no soy guitarrista, lo único en lo que me siento realmente bueno es en escribir textos ¿a vos te parece sensato que yo renuncie a lo único que sé hacer bien?'
- ’¡Claro que no! Entonces, el manager no soy yo y el medio no es Miami ¿Qué estás haciendo aquí?', le contestó Frank y eso le “cambió la vida”.
Más que el éxito absoluto, era escribir canciones. “Con el paso de los años me he vuelto más políticamente incorrecto, me preocupa mucho menos si a alguien le gusta la canción”. En una red de circulación con artistas nacionales e internacionales a través de la Fundación Barrio Colombia, Pala ha podido difundir su material y viajar a otros países a cantar sus palabras. “Los cantautores hoy trabajamos en nichos chiquitos: ya no llenamos estadios, pero podemos tener una carrera digna, llenando salitas de 200 a 400 personas y eso es más de lo que yo esperé”. Con los años, Pala ha constatado que de la música se puede vivir, con trabajo, persistencia, tiempo y talento. Este cantautor cuestiona a quienes piensan que en la música y en otros oficios artísticos los réditos son inmediatos, como lo venden los realities.
El cantautor actual
De caminar acompañado han surgido discusiones respecto al lugar del cantautor hoy, después de las canciones con política y discurso que hacían los que portaban esa denominación en los años 60. “Cargamos con el estigma. Yo entré a la guitarra porque quería ser Silvio, adoro Cuba, y aun así exijo mi derecho a que no me pongan una bandera política antes de subirme a cantar”, explica el músico.
Por eso ha escrito tanto a lo común como a lo particular. “Con el paso de los años escribo menos canciones de amor, porque hace 20 años vivo con una mujer que me encanta, y esas canciones salen muy bien y con muy buena salud cuando uno está despechado”, dice. “No tengo duda de que yo no sería un músico si no fuera por Piedad. Es la mujer más espléndida que he conocido”, asegura.
“Tengo una relación muy bipolar con Medellín.
La amo tanto como la detesto. Yo he dicho, medio
en broma medio en verdad, que soy paisa pero no ejerzo.
Esa médula del paisa conservador, godo, tradicional,
católico, ventajoso e insolidario me ha
enfermado toda la vida”.
Pala le ha cantado a otras preocupaciones y obsesiones: las libertades individuales, en general en contra de la religión católica, el llamamiento al disfrute vital como la certeza de que no hay nada después de la muerte por lo que haya que remorderse, y desmitificar el momento de fallecer, son algunos de los elementos que enumera.
El canto a las ciudades que ha querido, también han marcado su trabajo, Medellín está entre las últimas a las que les dedicó sus versos. “Tengo una relación muy bipolar con Medellín. La amo tanto como la detesto. Yo he dicho, medio en broma medio en verdad, que soy paisa pero no ejerzo. Esa médula del paisa conservador, godo, tradicional, católico, ventajoso e insolidario me ha enfermado toda la vida”. Al irse juró que no iba a volver, pero hoy dice que se ha tragado las palabras, pues ya lleva siete años en la ciudad que, afirma, es muy buena para el desarrollo de proyectos artísticos.
Un último giro lo venía persiguiendo desde la infancia, en la que su papá le regaló más libros que discos, y los músicos que admiró fueron los que cantaban usando bien la palabra. “Creo que soy músico porque no tengo la disciplina para el ejercicio de escritura de largo aliento. Hace algunos años y con mayor asiduidad, vengo escribiendo textos que no son para cantar”. El libro Pasacintas, editado por Noviembre, es el primero que publica.
Este músico se la pasa en medio de una sala llena de libros, fotografías y el asedio de cuatro gatas que recorren y reposan en este espacio. Pala ahora está estudiando un tercer pregrado, esta vez Filología en la Universidad de Antioquia. Cree que después del lanzamiento de su último disco Alamar, el año pasado, descansará un tiempo de los trabajos musicales para dedicarse al libro: “Me veo en pocos años como un viejito ermitaño corrigiendo textos, escribiendo en el computador en mi finquita en Rionegro, cada vez más lejos de la música y más cerca de la palabra escrita. Creo que no son dos mundos excluyentes. Lo que más me gusta de la música es poder ponerle palabras”.
 


Coaching Ontológico,
la reingeniería del ser
Hernando Guzmán Paniagua , Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com

El coaching ontológico, entrenamiento o reingeniería del ser,
cobra hoy suma importancia en el progreso personal, empresarial
y social, y como opción válida para la transformación del mundo.
En el siglo V A.C. Sócrates dialogaba con sus discípulos y les hacía preguntas esenciales, para aflorar el conocimiento que permanecía oculto en cada mente. En su Mayéutica, está la semilla del Coaching ontológico. En los años 70´s del siglo 20, Timothy Gallwey postuló que el peor enemigo de un deportista era su propia mente. Se señala a este norteamericano como inventor del Coaching, o a Thomas J. Leonard, quien sentó las bases científicas, pero al concepto aportan diversas ciencias y pensadores.
Alquimia de física cuántica, biología del conocimiento, pensamiento sistémico, filosofía, lingüística, psicología (constructivismo, logoterapia, Gestalt) y management moderno. Desde el Húngaro, “kocsi” (carreta), hasta el Castellano “coche”, Coaching es lo que transporta a alguien de donde está a donde quiere estar. Aparte del coaching ejecutivo y empresarial, arma de productividad, se resalta aquí el ontológico por su rentabilidad humana, social y espiritual.
Para Pablo Buol, el Coaching Ontológico es “una disciplina que aporta una manera diferente de interpretar a los seres humanos, su modo de relacionarse, de actuar y de alcanzar los objetivos que se proponen para sí mismos, para sus empresas y para la sociedad”. Es soltar las amarras de “lo seguro-conocido” y aventurarse en lo no explorado.
“El ser humano integral”
“El coaching ontológico tiende a un ser humano integral. Quienes lo buscan, preguntan: ¿qué puedo hacer con mi vida?”, declaró a El Pulso el psicólogo cognitivo José Rentería, máster en programación neurolingüística. “Son profesionales -dijo- que logran buenos ingresos para casarse, criar a sus hijos y pagar su carro, y luego no pueden esquivar el llamado real de la vida: ¿a qué vine yo a este mundo? El coaching es valioso para ver un futuro más parecido a lo que quieren ser y no a lo que quieren tener”.
Además precisó: “Las grandes fallas de inteligencia emocional que tratamos son de autorregulación, de autoconocimiento, de entusiasmo, el “me cuesta motivarme”, de empatía, el “siento que no me quieren”, de liderazgo: el susto ante grupos grandes, de comunicación asertiva: relaciones interpersonales, resolución de conflictos, perdón, merecimiento.
“Vivimos en una cultura inmersa en la queja, en lo que nos falta. Con el coaching ontológico hay diálogos distinto para hallar qué tenemos y qué debemos aportar para lograr nuevos resultados”, señaló la psicóloga Nora Villegas, exgerente de recursos humanos de Susalud, y Coach Ontológica de la Escuela Internacional de Newfield Network (Chile). “Esta ciencia -anotó- parte de seres humanos integrales, con emoción, cuerpo y lenguaje e inicia procesos para sanar las historias de violencia, dolor y miedo que nos paralizan”.
“Si vivo en el miedo a que me atraquen -dijo- a quedarme sin trabajo, a que muera un familiar, si reniego por esa historia, nada distinto pasa. Pero si pienso: ¿cómo me cuido, cómo me formo para no perder mi trabajo?, me hago cargo del miedo”, explicó la Coach.
“Paralelo al personal, hay que crear un proyecto de vida colectivo”, expresó el Coach José Rentería. “Si le vamos a jugar a una paz duradera, efectiva, hay que activar el viejo concepto del sentido común. Sin sentido común no hay paz. Paz es lo que yo doy para que tú, yo y todos estemos bien, la paz es interdependiente, no una para la casa, otra para el trabajo y otra para mí, es cantar todos la misma tonada”.
En este punto, la Coach Nora Villegas planteó que no se trata de esperar que todos hagamos lo mismo, si cada uno en su día a día aporta algo en función de otros “seremos una comunidad al servicio de donde vivimos. Tampoco es esperar a que la ciudad se descontamine sola; es qué hago yo con el reciclaje, cómo aporto a una ciudad sostenible para mí y mis descendientes. Es crear consciencia de que somos parte del problema y también de la solución”.



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