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Pala:
llegar tarde
para escribirle a la vida
Laura
Montoya Carvajal , Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com
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Pala hoy es un enamorado
de la palabra. Muy joven, creyó que iba a ser un médico
y si hoy ejerciera, tal vez sería ortopedista. Pero ha
cambiado: vive en Medellín, cuando antes no veía
la hora de irse de allí, trabaja con la música
cuando antes no la consideraba un posible oficio y ahora está
dando a conocer su primer libro. Yo soy un tipo que he
llegado tarde a todo, es una de las definiciones que da
de sí mismo.
Lo dice porque sus resoluciones lo encontraron con las manos
puestas en otras cosas. |
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Atendiendo un parto en
la clínica León XIII, cuando cursaba el noveno
semestre de medicina, decidió que no quería
ser médico. No peleé con la medicina.
Creo que es preciosa, solo que es una novia que exige una
dedicación que yo no estaba dispuesto a darle. Yo soy
muy sibarita, muy buena vida, y yo no nací para trabajar
los fines de semana. Así de sencillo, dice.
Medicina la empezó porque su educación con los
jesuitas le dictaba que el trabajo no era para el placer,
así que aunque desde pequeño en Yarumal, donde
nació, ya rasgueaba acordes en la guitarra y de joven
en Medellín estos ya tenían aires de nueva trova
cubana, le pareció que la medicina era la forma de
ganarse la vida. Aun así, luego de esa epifanía
durante el parto, como la llama él, terminó
el pregrado con la idea de que al graduarse se dedicaría
a la música, y se fue a estudiarla a Cuba
Estoy seguro de que si me hubiera quedado aquí
habría ejercido la medicina un poquito: cuando me fui,
rompí radicalmente con la medicina, así que
cuando regresé ya era músico y no médico,
explica el graduado del Instituto Superior de Artes de La
Habana.
El músico, que antes que Pala fue Carlos Palacio, tiene
ya ocho discos. Con el primero aun no hace las paces, porque
considera que su principio fue muy pretencioso, cuando salió
pensando en grandes premios, sellos discográficos y
en sonar en la radio comercial. Recuerda que una conversación
con el manager Frank Martínez, cuando le envió
uno de sus trabajos, le hizo ver hacia dónde debía
redirigir la mirada.
- 'Tus letras las entiende el 10% del público. Bájale
a las letras', dijo Frank
- Yo no soy cantante, no soy guitarrista, lo único
en lo que me siento realmente bueno es en escribir textos
¿a vos te parece sensato que yo renuncie a lo único
que sé hacer bien?'
- ¡Claro que no! Entonces, el manager no soy yo
y el medio no es Miami ¿Qué estás haciendo
aquí?', le contestó Frank y eso le cambió
la vida.
Más que el éxito absoluto, era escribir canciones.
Con el paso de los años me he vuelto más
políticamente incorrecto, me preocupa mucho menos si
a alguien le gusta la canción. En una red de
circulación con artistas nacionales e internacionales
a través de la Fundación Barrio Colombia, Pala
ha podido difundir su material y viajar a otros países
a cantar sus palabras. Los cantautores hoy trabajamos
en nichos chiquitos: ya no llenamos estadios, pero podemos
tener una carrera digna, llenando salitas de 200 a 400 personas
y eso es más de lo que yo esperé. Con
los años, Pala ha constatado que de la música
se puede vivir, con trabajo, persistencia, tiempo y talento.
Este cantautor cuestiona a quienes piensan que en la música
y en otros oficios artísticos los réditos son
inmediatos, como lo venden los realities.
El cantautor actual
De caminar acompañado han surgido discusiones
respecto al lugar del cantautor hoy, después de las
canciones con política y discurso que hacían
los que portaban esa denominación en los años
60. Cargamos con el estigma. Yo entré a la guitarra
porque quería ser Silvio, adoro Cuba, y aun así
exijo mi derecho a que no me pongan una bandera política
antes de subirme a cantar, explica el músico.
Por eso ha escrito tanto a lo común como a lo particular.
Con el paso de los años escribo menos canciones
de amor, porque hace 20 años vivo con una mujer que
me encanta, y esas canciones salen muy bien y con muy buena
salud cuando uno está despechado, dice. No
tengo duda de que yo no sería un músico si no
fuera por Piedad. Es la mujer más espléndida
que he conocido, asegura.
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Tengo una relación
muy bipolar con Medellín.
La amo tanto como la detesto. Yo he dicho, medio
en broma medio en verdad, que soy paisa pero no ejerzo.
Esa médula del paisa conservador, godo, tradicional,
católico, ventajoso e insolidario me ha
enfermado toda la vida.
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Pala le ha cantado
a otras preocupaciones y obsesiones: las libertades individuales,
en general en contra de la religión católica,
el llamamiento al disfrute vital como la certeza de que no hay
nada después de la muerte por lo que haya que remorderse,
y desmitificar el momento de fallecer, son algunos de los elementos
que enumera.
El canto a las ciudades que ha querido, también han marcado
su trabajo, Medellín está entre las últimas
a las que les dedicó sus versos. Tengo una relación
muy bipolar con Medellín. La amo tanto como la detesto.
Yo he dicho, medio en broma medio en verdad, que soy paisa pero
no ejerzo. Esa médula del paisa conservador, godo, tradicional,
católico, ventajoso e insolidario me ha enfermado toda
la vida. Al irse juró que no iba a volver, pero
hoy dice que se ha tragado las palabras, pues ya lleva siete
años en la ciudad que, afirma, es muy buena para el desarrollo
de proyectos artísticos.
Un último giro lo venía persiguiendo desde la
infancia, en la que su papá le regaló más
libros que discos, y los músicos que admiró fueron
los que cantaban usando bien la palabra. Creo que soy
músico porque no tengo la disciplina para el ejercicio
de escritura de largo aliento. Hace algunos años y con
mayor asiduidad, vengo escribiendo textos que no son para cantar.
El libro Pasacintas, editado por Noviembre, es el primero que
publica.
Este músico se la pasa en medio de una sala llena de
libros, fotografías y el asedio de cuatro gatas que recorren
y reposan en este espacio. Pala ahora está estudiando
un tercer pregrado, esta vez Filología en la Universidad
de Antioquia. Cree que después del lanzamiento de su
último disco Alamar, el año pasado, descansará
un tiempo de los trabajos musicales para dedicarse al libro:
Me veo en pocos años como un viejito ermitaño
corrigiendo textos, escribiendo en el computador en mi finquita
en Rionegro, cada vez más lejos de la música y
más cerca de la palabra escrita. Creo que no son dos
mundos excluyentes. Lo que más me gusta de la música
es poder ponerle palabras. |
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Coaching Ontológico,
la reingeniería del ser
Hernando
Guzmán Paniagua , Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com
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El coaching ontológico,
entrenamiento o reingeniería del ser,
cobra hoy suma importancia en el progreso personal, empresarial
y social, y como opción válida para la transformación
del mundo. |
En el siglo V A.C.
Sócrates dialogaba con sus discípulos y les
hacía preguntas esenciales, para aflorar el conocimiento
que permanecía oculto en cada mente. En su Mayéutica,
está la semilla del Coaching ontológico. En
los años 70´s del siglo 20, Timothy Gallwey postuló
que el peor enemigo de un deportista era su propia mente.
Se señala a este norteamericano como inventor del Coaching,
o a Thomas J. Leonard, quien sentó las bases científicas,
pero al concepto aportan diversas ciencias y pensadores.
Alquimia de física cuántica, biología
del conocimiento, pensamiento sistémico, filosofía,
lingüística, psicología (constructivismo,
logoterapia, Gestalt) y management moderno. Desde el Húngaro,
kocsi (carreta), hasta el Castellano coche,
Coaching es lo que transporta a alguien de donde está
a donde quiere estar. Aparte del coaching ejecutivo y empresarial,
arma de productividad, se resalta aquí el ontológico
por su rentabilidad humana, social y espiritual.
Para Pablo Buol, el Coaching Ontológico es una
disciplina que aporta una manera diferente de interpretar
a los seres humanos, su modo de relacionarse, de actuar y
de alcanzar los objetivos que se proponen para sí mismos,
para sus empresas y para la sociedad. Es soltar las
amarras de lo seguro-conocido y aventurarse en
lo no explorado.
El ser humano integral
El coaching ontológico tiende a un ser
humano integral. Quienes lo buscan, preguntan: ¿qué
puedo hacer con mi vida?, declaró a El Pulso
el psicólogo cognitivo José Rentería,
máster en programación neurolingüística.
Son profesionales -dijo- que logran buenos ingresos
para casarse, criar a sus hijos y pagar su carro, y luego
no pueden esquivar el llamado real de la vida: ¿a qué
vine yo a este mundo? El coaching es valioso para ver un futuro
más parecido a lo que quieren ser y no a lo que quieren
tener.
Además precisó: Las grandes fallas de
inteligencia emocional que tratamos son de autorregulación,
de autoconocimiento, de entusiasmo, el me cuesta motivarme,
de empatía, el siento que no me quieren,
de liderazgo: el susto ante grupos grandes, de comunicación
asertiva: relaciones interpersonales, resolución de
conflictos, perdón, merecimiento.
Vivimos en una cultura inmersa en la queja, en lo que
nos falta. Con el coaching ontológico hay diálogos
distinto para hallar qué tenemos y qué debemos
aportar para lograr nuevos resultados, señaló
la psicóloga Nora Villegas, exgerente de recursos humanos
de Susalud, y Coach Ontológica de la Escuela Internacional
de Newfield Network (Chile). Esta ciencia -anotó-
parte de seres humanos integrales, con emoción, cuerpo
y lenguaje e inicia procesos para sanar las historias de violencia,
dolor y miedo que nos paralizan.
Si vivo en el miedo a que me atraquen -dijo- a quedarme
sin trabajo, a que muera un familiar, si reniego por esa historia,
nada distinto pasa. Pero si pienso: ¿cómo me
cuido, cómo me formo para no perder mi trabajo?, me
hago cargo del miedo, explicó la Coach.
Paralelo al personal, hay que crear un proyecto de vida
colectivo, expresó el Coach José Rentería.
Si le vamos a jugar a una paz duradera, efectiva, hay
que activar el viejo concepto del sentido común. Sin
sentido común no hay paz. Paz es lo que yo doy para
que tú, yo y todos estemos bien, la paz es interdependiente,
no una para la casa, otra para el trabajo y otra para mí,
es cantar todos la misma tonada.
En este punto, la Coach Nora Villegas planteó que no
se trata de esperar que todos hagamos lo mismo, si cada uno
en su día a día aporta algo en función
de otros seremos una comunidad al servicio de donde
vivimos. Tampoco es esperar a que la ciudad se descontamine
sola; es qué hago yo con el reciclaje, cómo
aporto a una ciudad sostenible para mí y mis descendientes.
Es crear consciencia de que somos parte del problema y también
de la solución. |
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