MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 18    No. 236 MAYO DEL AÑO 2018    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Relaciones impropias entre los médicos y la industria farmacéutica

Francisco Rossi. Director. Fundación Ifarma - elpulso@sanvicentefundacion.com

A ningún paciente le gustaría saber que su médico ha hecho un cambio en el medicamento que venía tomando porque fue invitado a un congreso en un paraíso turístico o, porque le hicieron varios regalos - esferos, tablets, computadores portátiles, recetarios etc, etc- y porque solamente si receta los medicamentos que promocionan los laboratorios en esos congresos y con esos regalitos, lo van a volver a invitar y le van a seguir llegando regalitos.

¿Acaso influyen los congresos en paraísos turísticos y los regalos, en la prescripción?

La respuesta es un sí contundente. Categórico. Contundente por todos los estudios que se han hecho sobre el tema antes y después, que muestran una tendencia favorable a prescribir los productos promocionados entre los médicos que fueron a los congresos y recibieron regalos. No Gracias, la plataforma española de los médicos que abogan por una prescripción con independencia - http://www.nogracias.eu/ - muestra en su página muchos estudios que lo confirman. Incluso uno que ha sido titulado “La ilusión de invulnerabilidad” según el cual, un alto porcentaje de médicos encuestados consideran que esos regalos y congresos no modifican su prescripción, pero sí la de sus colegas.

Un sí categórico e inapelable, si uno mira las estadísticas de inversiones en promoción y publicidad y los aumentos en la prescripción y en las ventas. En el caso del particular sistema de salud de Colombia y siguiendo los datos del SISMED, tenemos una larga colección de anécdotas sobre “desplazamiento” de las prescripciones hacia los productos de alto costo, los No Pos, los que se pueden recobrar.

Cuando IFARMA, MISION SALUD y el CIMUN solicitamos una licencia obligatoria para el Imatinib, debimos esperar 2 años para tener una respuesta, que no fue la licencia pero sí un control al precio como consecuencia de una declaración de interés público. Los solicitantes quedamos razonablemente satisfechos pues la reducción del precio hasta niveles “que simulaban las condiciones de competencia” era casi equivalente al efecto de la licencia, pero poco después pudimos observar que los médicos habían “desplazado” sus prescripciones hacia el linotinib y el dasatinib, dos productos “substitutos” del imatinib pero sin control de precios, sin licencias y sin competencia.

Las evaluaciones hechas en el marco del proyecto DIME del Banco Interamericano de Desarrollo sobre el manejo de las insulinas, mostraron que, en Colombia, un muy alto porcentaje de diabéticos “migraron” a las insulinas análogas –especialmente glargina- porque era un producto No Pos. Cuando se incluyó en el Plan de Beneficios ya fue imposible regresar al uso de las alternativas anteriores, más seguras, más eficaces y más económicas. Y, de nuevo, los médicos fueron el “vehículo” de tan exitosa estrategia comercial.

Eso para no hablar de todos los carteles que aparecen periódicamente, que se caracterizan por pagos por pacientes inexistentes. Pero nuestro problema más importante no son los pacientes que no existen. Son los que existen y reciben prescripciones ligadas a estrategias comerciales y no a sus necesidades sanitarias.

La Ley Estatutaria, la que ha consagrado la salud como derecho fundamental, también ha consagrado la autonomía médica. Pero ¿puede hablarse de autonomía médica cuando los médicos son condicionados de la manera que hemos descrito al momento de elegir un medicamento para un paciente?

El año pasado, en los Estados Unidos de Donald Trump, se publicó un reportaje de periodismo de investigación, con un escándalo por la epidemia de muertes por abuso de opiodes. Estas muertes se pudieron ligar a las campañas de la familia Sakcler, dueños de Purdue Pharmaceuticals, que además obtuvo registro sanitario y autorización de venta sin control especial para sus productos estrella, especialmente el oxicontyn®. Y la principal estrategia de ventas fue el patrocinio de congresos y regalos para los médicos. A juicio del periodista –que no ha sido refutado- estas prescripciones inducidas causaron más muertes que las debidas a las guerras de Corea y Vietnam juntas.

Algunos analistas políticos, izquierdistas sin duda, han sostenido que los esfuerzos por revivir la “guerra” contra las drogas –ilegales- por parte de la administración Trump, es una maniobra para esconder esta epidemia de muertes por el uso –bajo prescripción médica- de drogas legales.

La noticia recorrió el mundo, pero pocas organizaciones médicas, en Estados Unidos o en el resto del mundo, han levantado una voz de contrición. Un llamado a la reflexión. Muchos medios de comunicación en el mundo –y en Colombia- hicieron eco a la noticia con más o menos indignación. Pero nada ha sucedido en los Estados Unidos respecto a estas relaciones –inapropiadas para decir lo menos- entre la industria y los médicos. La plataforma No Gracias en España y Médicos sin Marca en Colombia, hicieron un llamado de atención pero con pocas repercusiones. Y Purdue Pharmaceuticals sigue siendo una respetable compañía cuyos dueños figuran entre los filántropos más reconocidos en su patria, y ciertamente entre los donantes a las campañas políticas de los congresistas de bolsillo de la Industria Farmacéutica.

Uno podría resignarse. Al fin y al cabo los Estados Unidos están lejos y si ellos eligieron a Trump con sus mecanismos “democráticos” que carguen con sus culpas. Pero no es el caso. La plataforma No Gracias advierte que, al parecer, los ejecutivos de ventas de Purdue Pharmaceuticals están buscando la manera de continuar en Europa y en América Latina lo que tantas ganancias les dejó en casa. Campañas sobre la “sub utilización” de opiodes, cursos sobre manejo de estos productos y sobre todo, campañas promocionales con los médicos. Advertidos quedamos.

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