MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 74  NOVIEMBRE DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Reflexión del mes

“Las palabras inevitablemente se difieren a significados subversivos, porque todas las palabras poseen significados diferentes de los significados que intentaron dar sus autores. 'Differánce' o la desaparición de cualquier presencia ordinaria, es de una vez la condición de posibilidad y la condición de imposibilidad de la verdad. Lo 'Differánce' le permite a uno pensar en un escrito sin presencia, sin ausencia, sin historia, sin causa, sin archia, sin telos, un escrito que incomoda a todos los dialectos, todas las teologías, todas las teleologías y a todas las ontologías"
"La deconstrucción no consiste en pasar de un concepto a otro, sino en derribar y desubicar tanto el orden conceptual como el no-conceptual, con los cuales el orden conceptual está articulado. No hay un centro para el significado, todo es discurso. No hay Verdad; en su lugar, se escuchan una multiplicidad de voces"
Jacques Derrida.
Argelia 1930 - París 8 de octubre de 2004. Profesor, ensayista y filósofo francés, fundador de la «gramatología» y la «deconstrucción". Varios críticos consideran su estilo laberíntico y críptico, casi cercano a lo ilegible. Sus pensamientos causan extrañeza aunque poseen una originalidad indiscutible.

 

Los siete pecados
capitales de la atención
de salud en Colombia
Juan Fernando Uribe A., Urólogo elpulso@elhospital.org.co
La Ley 100 de 1993 es el marco legal que regula la prestación de los servicios de salud en Colombia. Una frase define bien su espíritu: Es un mar de atención con un centímetro de profundidad. Dentro del escenario que generó en la vida del país, existen dos hechos verificables: La lenta muerte de los hospitales y la mala atención de los pacientes.
Los hospitales de Colombia se están muriendo, pero no de muerte natural: el sistema los está matando. Con sevicia, con premeditada lentitud, los está liquidando. Ellos, los hospitales, son el núcleo alrededor del cual se dispensa la salud, como la escuela es el centro de la educación, la iglesia el centro religioso, la estación de policía el centro de autoridad, o la alcaldía el centro de gobierno; los hospitales no son sólo instituciones frías, son parte de la historia de cada municipio y símbolos de algo que no se respeta en Colombia: La vida representada en uno de sus componentes elementales, como es la salud.
Apenas ahora los medios de comunicación están descubriendo que el sistema de salud tiene perversiones imposibles de ocultar, en especial siete que he llamado los "pecados capitales":
La sequía artificial: Quiebra de hospitales por direccionamiento de pacientes. Los hospitales y clínicas ven con sorpresa como complejas y costosas infraestructuras están subempleadas o incluso desocupadas. Los médicos cuentan con citas disponibles y los pacientes que las demandan no logran acceder a ellas; los enfermos parecen "agotarse", como si por arte de magia estuvieran sanos una mayoría a la vez. La escasez artificial de pacientes en las instituciones de salud es producto de bloqueos sistemáticos de las órdenes de atención, de retardo injustificado a los servicios y sobretodo de direccionamiento de pacientes al mejor postor.
Las aves migratorias: Contratos trashumantes al mejor postor. Este es el fenómeno inverso al anterior. Las empresas administradoras de planes de beneficios de salud inundan los hospitales o clínicas con órdenes de servicio, citas y cirugías; se le extrae a la institución los insumos y el trabajo físico de sus empleados, y luego que se agota el ciclo, los pagos comienzan a retardarse y los pacientes "vuelan", remitidos en bandadas a otra institución para cumplir el mismo ritual.
La eutanasia pasiva: Eliminación sutil del paciente costoso con maniobras dilatorias. La Ley 100 que intenta garantizar el derecho a la salud para todos los habitantes de Colombia, no ha mejorado la calidad de la medicina. El enfermo terminal o costoso es eliminado por el sistema en forma pasiva: por la negación sistemática de órdenes, por el cambio, la supresión o suministro incompleto de los tratamientos ordenados o por el retardo sutil en autorizaciones o citas.
La selección perversa: Negación de afiliaciones a pacientes costosos. Los más desprotegidos, los de mayor riesgo de enfermedad o simple y llanamente los más enfermos, no son admitidos en los seguros de salud, quedan signados con preexistencias o períodos de carencia. El sistema prefiere a los sanos, es decir, a los que tienen menor posibilidad de gastarse el presupuesto en costosas atenciones de salud.
El "carrusel de la muerte": Círculos viciosos de la atención. Literalmente un "carrusel de la muerte" es aquel paciente que montado en una ambulancia con una condición grave hace un recorrido angustioso por diferentes instituciones de salud, buscando afanosamente la atención especializada que requiere y no pocas veces hasta la atención básica. Aparte del paciente 'vinculado' que nadie quiere atender y de los pobres sin recursos que no tienen dolientes, existen al menos otros tres casos que son clásicos paseos de la muerte: Las mujeres en trabajo de parto con bebés prematuros que requieren nacer en una institución con incubadoras, los pacientes con problemas neurológicos que requieren cirugía urgente y los pacientes terminales, en especial los de sida, consumidores voraces de recursos médicos, con responsables de astronómicas facturas no siempre bien definidos.
La intermediación voraz. Los administradores actuales de la salud son las "Empresas Promotoras de Salud" o EPS, de tipo estatal o privado, y que se presentan ante los usuarios como los únicos dispensadores de salud, buena o mala, cuando se requiere de una atención médica u odontológica en el territorio colombiano. No es pues el Estado el que da la cara por el derecho elemental a la salud, sino que son las EPS, empresas para las que la salud es un negocio, no un deber constitucional. El Estado delegó el manejo de la salud, ignorando deliberadamente la responsabilidad que le cabría en un área vital para el bienestar de los colombianos y descargando el peso de la atención en organismos que aún perteneciendo al Estado, no son el Estado. Para los pacientes también se genera una trampa a menudo mortal, pues en su transformación a "clientes" han perdido sus derechos de "enfermos", discutibles los primeros, inalienables los segundos.
La cultura del "no pago". Los hospitales de Colombia sufren porque las entidades del gobierno y las EPS encuentran normal no saldar sus cuentas a tiempo, convirtiendo las instituciones de salud en espectros mendicantes y al personal de salud en pobres de solemnidad que laboran todos los días por sus semejantes en un esfuerzo que no solo es remunerado en forma inadecuada, sino que muchas veces ya ni siquiera es remunerado.
El corolario es el siguiente: La salud no produce rentabilidad económica, solo rentabilidad social, es decir, bienestar originado en la satisfacción de una necesidad fundamental del ser humano: estar sano. Entender un concepto sencillo de la convivencia humana como este, es una base necesaria para alcanzar, en parte, la anhelada paz en Colombia .
 
Bioética
¿Médicos con la conciencia atada?

Mario Montoya Toro, MD - elpulso@elhospital.org.co
Es cada vez más preocupante la situación de los médicos frente a ciertas EPS, como consecuencia de la tan nombrada Ley 100, cuya concepción fue quizá bien intencionada, pero cuya elaboración, lo mismo que la reglamentación y la posterior interpretación caprichosa que de ella hacen estas empresas, han llevado a los profesionales de la salud a una situación en la cual se ven muchas veces compelidos a actuar por fuera de los lineamientos de la ética. Muchas veces estos médicos, por ignorancia de las normas éticas tan importantes en el campo de la medicina, actúan de manera no ética, inconscientemente. Pero también puede darse el caso de que a pesar de que el individuo comprenda cuáles deberían ser los límites de su actuación, se vea obligado a sobrepasarlos, por temor a perder un salario menguado, que representa para él, el sustento de su familia.
Este temor a perder el trabajo con tales entidades, es cada vez más grande, ya que parecería que alguien tenga la intención de crear un tipo de médico que pudiera considerarse un obrero de la salud, para lo cual se facilita la creación irresponsable de nuevas facultades de medicina de manera que al masificar los conocimientos profesionales de esta área, la oferta laboral sobrepase las necesidades y por consiguiente abarate hasta niveles verdaderamente vergonzosos la paga de los médicos, la cual ni siquiera puede llamarse hoy correctamente honorarios, sino meramente salario como el de cualquier trabajador.
Por eso no es raro que para proteger su puesto de trabajo, el médico hoy en día tenga que poner en práctica conductas totalmente cuestionables, tales como decir a una persona de 65 años, que una determinada cirugía ya no puede hacerse en su caso porque ha rebasado la edad en la cual se podría hacer ésta sin peligro para su vida, y lo que es peor, a veces se trata de cirujanos que si tuvieran esa misma persona en su consulta particular no vacilarían en decirle que hay que operarla lo más pronto posible. ¿Qué ha llevado a esto a algunos médicos? Lo que ya dijimos: el temor a quedarse en el aire sin posibilidades de trabajo con qué sostener su familia.
Para no citar sino otro caso, se sabe bien que algunas entidades están contratando los médicos con estas premisas: un salario determinado, del cual se deducirá mes por mes el costo de cualquier examen de laboratorio, rayos X, ecografía, etc., cuyo resultado no confirme la sospecha que tenía el médico sobre la enfermedad del paciente, o sea, no confirme el diagnóstico de presunción. Significa esto que se considera que el diagnóstico del médico debe ser absolutamente cierto por aquello que llaman "ojo clínico", puesto que si no es así y se quiere confirmar la sospecha diagnóstica con el examen de laboratorio o de otro tipo, está obligado el médico a haber acertado totalmente en el diagnóstico, lo cual querría decir que el examen de laboratorio sobra y que en medicina todo se va a manejar puramente por el aspecto clínico. No podemos desconocer tampoco la importancia del examen médico que comprende la entrevista suficientemente cordial, clara y larga para que pueda aportar elementos de juicio al médico que le permitan orientarse hacia un diagnóstico, lo cual hoy en día es imposible por el tiempo que le dan para ver a cada paciente. Yo quisiera ver alguien que me demuestre que en 15 o 20 minutos es posible hacer de primera vez una entrevista correcta al paciente, establecer una empatía con él y hacerle un examen físico adecuado para poder aventurarse a un diagnóstico.
Muchas otras situaciones similares a éstas podríamos citar, en las cuales el médico está siendo obligado a actuar en contra de las normas que la ética impone a la práctica médica. Es una verdad dolorosa y no hay a la vista remedio a esta situación. Se ha hablado mucho de reformas de la Ley 100. En el supuesto de que esas reformas estén en camino, ¿serán para mejorarla en bien de la tarea del médico, del respeto de él por si mismo y por el paciente y por su profesión, o irán incluso a empeorar las circunstancias en las cuales se ejerce hoy la profesión contra todo principio de ética?
La independencia del médico para su práctica profesional está destruida a pesar de que vivimos en un país que dice respetar las normas internacionales relacionados con la práctica de la profesión. Releyendo en días recientes algunos temas que tienen que ver con ética médica, encontramos de nuevo aquellos deberes de los médicos en general, comprendidos en el Código Internacional de Ética Médica, aprobado por la Tercera Asamblea General Mundial de la Asociación Médica en Londres en octubre de 1949, uno de cuyos deberes: "El tomar parte en cualquier plan de asistencia médica en la que el médico no tiene independencia profesional," es considerado como contrario a la ética.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.

 











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