MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 74    NOVIEMBRE DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

Hospitales mentales:
emboscados por el sistema

Juan Carlos Arboleda Zapata - Periodista elpulso@elhospital.org.co

Aunque es difícil cuantificar el déficit de los hospitales mentales en Colombia, es claro que su situación presenta agravantes que no tienen otras instituciones, en lo que ha sido considerado por sus directores como una adversidad en el sistema, que podría solucionarse con un cambio en la política de salud o desde la misma legislación, pero no con más reestructuraciones (equivalentes a mayores despidos de personal y reducción en la capacidad instalada), sino con soluciones que permitan funcionar adecuadamente ante un problema al que el país ha dado la espalda: la salud mental de los colombianos.

Cifras vaticinan próxima crisis
La crisis financiera de los hospitales mentales en el país, si bien aún no es tan dramática como las de otros hospitales, va por un camino que pone en aprietos su existencia.
El Hospital Psiquiátrico San Isidro del Valle del Cauca está en punto de equilibrio gracias a medidas adoptadas por su administración, pero el presupuesto asignado para el año 2005 de $4.900 millones es menor frente al del 2004 de $17.000 millones, reducción que se da pese a ser el único hospital mental del país que consiguió la certificación de calidad bajo norma ISO 9001:2000; el San Camilo de Bucaramanga, que atiende pacientes de los Santanderes, sur del Cesar y Magdalena, con infraestructura de 300 camas, presenta un déficit alrededor de $3.500 millones; el Centro de Rehabilitación Integral del Atlántico, CARI, tuvo recorte de $2.000 millones, con el agravante de que el 40% de sus pacientes proceden de Barranquilla, ciudad con la cual no existe ningún tipo de contrato, generando un faltante en tesorería, ya que prácticamente subsidia la atención de estos pacientes.
En el Hospital Mental de Risaralda en el año 2002 se hizo una reestructuración que redujo en 50% su planta de personal y congeló el gasto. La situación está saneada, pero pese al convenio con el Ministerio de la Protección Social que se suponía era obligación para ambas partes, de mantener el gasto bajo y por lo menos garantizar los mismos recursos que ingresaron en el año 2002, en los lineamientos del departamento a finales de octubre, aparece rebaja del presupuesto para el próximo año de $400 millones. "El problema presupuestal de los hospitales mentales no es insalvable", según la doctora Adriana Patiño, directora del Hospital, pues cálculos realizados muestran que sus presupuestos son de unos $60.000 millones anuales: "No es un costo tan alto a nivel nacional y debe salir de algún sitio, lo deberían garantizar mínimo por oferta y en los entes territoriales".
La raíz del problema
El problema de fondo de los hospitales psiquiátricos en Colombia no está en la falta de presupuesto sino en la estructura del sistema que impide conseguirlo, por cuanto la salud mental no está incluida dentro del régimen subsidiado y apenas está someramente cubierta en el contributivo, lo que hace más difícil la situación. Para el año entrante el panorama se complica al hacer cumplir la Ley 715, pues con el cambio de oferta a demanda, la salud mental quedará 'volando'. "Como la salud mental no figura en el POS subsidiado, nunca vamos a poder cobrar por demanda; entonces toca siempre seguir trabajando por oferta", recalca la doctora Patiño.
En la práctica, el problema es bastante grave, como lo describe el doctor Oscar Rosales Rodríguez, director del CARI del Atlántico: "Por ley tenemos que brindar la atención en urgencias, pero después es un problema grave que se autorice la orden de hospitalización ya que, ¿ante quién se hace la presentación de la factura y su cobro? ¿Cómo se estabiliza a una persona con un episodio sicótico en 24 horas? El porcentaje estándar de hospitalización es de 15 a 20 días para aliviar o disminuir un episodio, son 15 días que logramos un impacto social que no se ve reflejado en quien lo paga".
Para los hospitales de salud mental, 'vinculados' y subsidiados vienen siendo el mismo paciente; la red pública tiene a su cargo la población sin afiliación, pero al no estar la salud mental en el POS subsidiado, también recibe estos pacientes, sin que las ARS reconozcan el servicio y el Estado tampoco lo haga, por aparecer estas personas como beneficiarios del subsidiado. Para el doctor Harold Alberto Suárez, director del Psiquiátrico San Isidro del Valle, es una situación absurda por cuanto "a nosotros por ley nos hacen transformación de recursos de oferta a demanda, tenemos que atender población subsidiada que tiene recursos de ese régimen, completamente gratis; es decir, como si fuera población pobre vulnerable y los hospitales mentales estamos presentando excedentes de facturación sin posibilidad de cobro, bastante significativos".
La situación parece una serpiente que se muerde la cola pero que se va devorando inexorablemente, tal vez hacia su desaparición, ya que como lo señala el doctor Rosales del CARI, en la medida que haya más personas afiliadas al régimen subsidiado, hay menos dinero en el Sistema General de Participaciones para 'vinculados', con una enorme paradoja: si la Ley 100 hubiera sido efectiva y todos los colombianos tuvieran un 100% de la cobertura, nadie se podría hospitalizar ni recibir tratamiento psiquiátrico especializado, al no estar incluido dicho tratamiento en el sistema.
El doctor César Aldemar González, director del Hospital San Camilo de Bucaramanga y presidente de la Asociación Colombiana de Hospitales Mentales, señala cómo los problemas son estructurales: "Solo dependemos de dos fuentes de financiación, régimen contributivo y transferencias de la Nación, llámese Sistema General de Participaciones o rentas cedidas, que disminuyeron este año debido a la crisis hospitalaria".
Hospitales de puertas giratorias
Otro aspecto en el cual coinciden todos los directores de hospitales mentales del país, es que sus instituciones se han convertido en hospitales de puertas giratorias por la falta total de una política de salud mental; el esfuerzo que se hace en ofrecer una atención de urgencias, consulta especializada, hospitalización y programas como el hospital-día, se pierde en el momento en que el paciente sale del hospital, porque no hay constituidas unas políticas ni redes de apoyo al enfermo mental, situación que han informado los directores al viceministro de salud, Eduardo Alvarado. Cuando el paciente es dado de alta, la falta de recursos para promoción y prevención (P y P), la ausencia de acciones del Plan de Atención Básica (PAB) y la falta de compromiso de las ARS, que no tienen obligación por ley, hacen que el proceso de recaídas sea muy alto (más de 8 hospitalizaciones por paciente por año), incrementando las pérdidas para el sistema y para la sociedad en general.
Esta situación de recaída del paciente psiquiátrico se ve agravada por la obsolescencia de los medicamentos existentes en los listados del POS y su suministro. Según el doctor Harold Suárez, las ARS con un elemento de tipo técnico-jurídico, no están dando la medicación y "delegan" esta responsabilidad de medicación a los entes territoriales. Además, el vademécum es muy reducido, como lo ratifica la doctora Olga Albornoz Salas, presidenta de la Asociación Colombiana de Psiquiatría: "En anti-sicóticos de segunda generación no
tenemos incluido sino un medicamento, la clozapina, que ni siquiera es de primera línea; medicamentos como los de tratamiento para trastorno obsesivo compulsivo no están cubiertos; en anti-depresivos solo tenemos uno, la fluoxetina. El paciente mental está completamente desprotegido". Habría entonces que considerar la opinión del director del CARI: "Si le miramos el costo-beneficio y no el costo en dinero, es mucho mejor ampliar y actualizar el listado, porque evitamos la recaída y mejoramos la resocialización de los pacientes". Resta esperar entonces, que la salud mental de los colombianos y las instituciones que le sirven de apoyo, los hospitales mentales, entren en la agenda de los "asuntos pendientes por resolver" del actual gobierno.

 
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