MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 74    NOVIEMBRE DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Controversia en el
manejo de la investigación clínica

Ricardo Restrepo Guzmán, MD - Boston, Estados Unidos elpulso@elhospital.org.co
En los últimos meses ha surgido una controversia en relación con la prescripción de antidepresivos de la familia SSRI (Inhibidores de la Recaptación de Serotonina) en la población juvenil, al punto que el concepto mismo de la investigación clínica ha sido cuestionado con respecto de la eficacia y seguridad de cualquier medicamento prescrito.
Recientemente, un panel independiente de la agencia reguladora de alimentos y medicamentos en Estados Unidos (FDA: Food and Drug Administration), dio un voto de 25-0 para reafirmar que los antidepresivos pueden aumentar los riesgos de suicidio e ideas suicidas en la población infantil. Por un voto de 15-8, este mismo panel sugirió incluir esta información y resaltarla en la etiqueta de precauciones con un color negro. Esta medida deberá hacerse efectiva en cada medicamento antidepresivo de la familia SSRI utilizado en menores de 18 años.
Muchos médicos nos estamos cuestionando ahora si el sistema que conduce estudios en investigación clínica es el más acertado, o si solo estamos recibiendo los resultados que las compañías farmacéuticas desean mostrar. Hoy hablamos de antidepresivos, pero este concepto se podría aplicar a muchos otros productos en el mercado.
¿Qué sabemos?
¿Sabemos todo, un poco o nada de las medicaciones que prescribimos? En abril de este año, Jon Jureidi, MD jefe del Departamento de Psicología y colaboradores en el Hospital Women's and Children's Hospital in North Adelaide, Australia, publicaron un artículo en el British Medical Journal, revisando la eficacia y efectividad de los antidepresivos en adolescentes y niños. En esta revisión incluían datos de investigaciones clínicas y a su vez datos no publicados que fueron dados a conocer por el Comité de Seguridad en Medicinas del Reino Unido. Las conclusiones fueron directas y preocupantes, pero infortunadamente muchas de ellas fueron tomadas a un nivel personal. En ellas se reportaba: "el mejoramiento en el grupo control es notable, beneficios adicionales de la medicación son dudosos y los efectos secundarios han sido minimizados". La conclusión fue que "los antidepresivos no podían ser medicaciones recomendadas confiablemente en el tratamiento de la depresión infantil". El autor del artículo recomienda tener "una interpretación más razonable y balanceada de los datos suministrados en la literatura médica dominada por la industria, en referencia a la depresión infantil". Ya que el doctor Jureidi es presidente de una organización que cuestiona el mercado farmacéutico y sus estrategias de divulgación de la información médica, muchos argumentaron que su artículo era "malintencionado". La controversia continuó. Dos semanas después, la revista Lancet publicó una revisión sistemática de los SSRI (grupo de antidepresivos) en el tratamiento de la depresión infantil, en el cual tomaban como base la revisión de información publicada y no publicada. Este estudio también encontró discrepancias y reportó que la información publicada era significativamente más favorable a la no publicada. Y así el perfil de riesgo-beneficio de la medicación favorecía a la medicación.
Esto generó más atención a la forma como las medicaciones son aprobadas. Compañías como GlaxoSmithKline, Merck, Forest Labs y Pfizer, se vieron en la obligación de compartir con el público la información publicada y no publicada, mejorando el acceso a la información y estableciendo parámetros en los cuales se haga conciencia del riesgo y las precauciones que se deben tener en cuenta frente a estas medicaciones.
Acciones
En el pasado mes de septiembre en Wahingston DC., en audiencia pública, un panel de expertos discutió los resultados de 15 estudios clínicos, incluyendo información no publicada. Este mismo panel escuchó a padres de familia cuyos hijos habían cometido suicidio mientras eran tratados con antidepresivos, y a padres que daban crédito al inmenso beneficio de la medicación por el cual sus hijos estaban vivos. En marzo de 2004, después de un análisis elaborado a nivel estadounidense, la FDA recomendó que las compañías farmacéuticas cambiaran las etiquetas de los medicamentos, incorporando y enfatizando en las precauciones la necesidad de mantener un seguimiento paso a paso para detectar exacerbación de ideas suicidas en el paciente pediátrico y adolescente. Estas mismas medidas ya se habían tomado en diciembre de 2003 en el Reino Unido, y los médicos ya habían sido prevenidos de no prescribir antidepresivos de la familia SSRI, excepto Prozac para depresión en pacientes menores.
Riesgo/Beneficio
Después de esta controversia, es necesario aclarar que todo debe evaluarse con moderación: el mensaje debe ser de análisis individual en cada paciente tratado. No es cuestión de intimidarse y de descontinuar abruptamente tratamientos. Razones muy válidas indican que la depresión incrementa el riesgo de un primer intento suicida alrededor de 14 veces; este desorden afecta de 3 a 5% de niños y jóvenes en los Estados Unidos. Más de 500.000 niños deprimidos intentan suicidarse cada año; de éstos, aproximadamente 2.000 logran concretarlo. Este número ha disminuido aproximadamente 25% desde principios de los 90. De 5.000 jóvenes participantes en diferentes estudios, ninguno cometió suicidio; investigaciones muestran que entre 30-40% de jóvenes con depresión no responden a una medicación inicial, por lo cual el clínico se ve en la obligación de utilizar otro tipo de medicamento que puede marcar la diferencia.
La APA (American Psychiatric Association) recomienda no restringir el uso de estos antidepresivos, lo que difiere de la escuela británica en la cual a los médicos no se les recomienda tener otras opciones excepto Prozac (fluoxetina) para el tratamiento del grupo en mención. Según la presidencia de la APA, los resultados que muestran que la medicación activa puede duplicar el riesgo de eventos suicidas requiere nuestra atención, pero no debe oscurecer la evidencia indiscutible de la eficacia que los antidepresivos SSRI tienen en el tratamiento de la depresión en jóvenes, incluyendo por supuesto el suicidio.
Este dato se confirma en el ultimo estudio realizado llamado TADS (Treatments for Adolescents with Depressión Study) financiado por el NIMH (National Institute of Mental Health), en el cual se demuestra que de 439 jóvenes con depresión, el 71% respondieron a la combinación de fluoxetina y CBT (Cognitive Behavioral Therapy = Terapia Cognitiva-Comportamental). Otro porcentaje de 30% no mejoró bajo estas medidas y por eso la psiquiatría seguirá en búsqueda de respuestas para el tratamiento de la enfermedad mental. Recordemos que el tratamiento a tiempo puede prevenir un deterioro en el campo social, académico y de salud integral en ese joven. Paciente, familia y médico deben crear un equipo de trabajo en beneficio del joven que se enfrenta a esta difícil, pero no intratable enfermedad .
 
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