Se ha dicho que la verdad es un diamante, no sólo por
la belleza, la pureza y la transparencia, sino por la cantidad
de aristas que tiene.
Se afirma que, para el hombre, la vitamina A es más tóxica
que el Glifosato y la comparación, así tal cual,
es cierta puesto que la sustancia ejerce su acción nociva
inhibiendo una enzima que está presente en las plantas,
pero ausente en los animales. El Glifosato es un excelente fumigante
y el efecto en las plantas, en todas las plantas, cultivos lícitos
e ilícitos, aparece entre dos y siete días después
de su aplicación. La formulación comercial está
combinada con otra sustancia que potencializa su acción
y el compuesto resultante sí es tóxico para los
animales y el hombre. Afirman los expertos que para los humanos,
este compuesto es 22 veces más tóxico de lo que
es el Glifosato puro, para las ratas. No es tan inocuo, entonces.
Los estudios farmacológicos dan cuenta completa de mecanismos
de acción, metabólitos, sitios de interferencia,
enzimas bloqueadas y demás fases del proceso de tóxico.
Sobre sus características, poder y demás efectos,
se sabe bastante y con toda objetividad.
No obstante que el Glifosato se conoce desde tiempo atrás
y se usa comúnmente en agricultura, la asociación
mental entre glifosato y cultivos ilícitos es inmediata.
Pero su poder herbicida es sólo un aspecto de las razones
para su uso. El Gobierno ve la erradicación de cultivos
ilícitos como un compromiso internacional que tiene el
país y como un aporte a la solución de la problemática
del narcotráfico. Y para ello eligió el Glifosato.
La erradicación, rociando esta sustancia desde el aire,
es un método y un elemento de lucha contra los cultivos,
como también es, pero menos eficiente, la erradicación
manual y el simple convencimiento de las bondades que pueda tener
el programa de sustitución de cultivos, tarea por demás
difícil.
Pero por supuesto que el asunto, por sus implicaciones, no es
sencillo. Concomitantemente con rociar vía aérea
extensas zonas, hay toda una problemática que hace que
la erradicación de cultivos ilícitos sea un asunto
de mucha actualidad, de gran importancia y de mucha complejidad.
Allí está presente la pobreza y el minifundio, la
productividad de la tierra y la destrucción de bosques
y su biodiversidad, el comercio y la generación de dinero,
entre otros asuntos, que hacen que el tema genere gran polémica.
Hablando de dinero, se afirma que una hectárea dedicada
al cultivo ilícito produce como mínimo entre tres
y diez veces más que puesta a producir alimentos.
El fuerte componente político del tema del uso de Glifosato,
no se restringe sólo a la toxicidad inmediata de un producto
químico, sino a lo que su utilización implica en
otros campos como el social y el económico.
Independiente de la política del Gobierno y de los acuerdos
o compromisos internacionales, en lo local queda siempre flotando
la preocupación por la utilidad futura de la tierra, por
la lesión a la fauna y a los habitantes. Sin embargo la
acción de rociar Glifosato con aviones, da cuenta de lo
vasto de los cultivos y de la complejidad del problema. Y es claro,
nadie fumigaría con un avión una simple matita de
rosas. El Gobierno tiene que ser consciente de las implicaciones
de su decisión, puesto que por todas las vías, prensa,
funcionarios públicos, Congreso y demás, se ha puesto
de presente el peligro y la gravedad del daño al hombre
y al suelo.
Lo que sí es claro, es que el Glifosato es un herbicida
de amplia utilización en el mundo, pero no por eso su uso
deja de ser riesgoso, y rociado desde el aire, mucho más.
Esto, más el hecho de que se programen nuevas acciones
para los próximos cuatro meses apoyados en que no hacerlo
sería ver producir y distribuir cientos de kilos del alcaloide,
pone a pensar que sin duda la situación es muy compleja.
Estas son unas de las tantas aristas de la problemática
del uso del herbicida. La verdad es un diamante.