 |
|
|
 |
|
|
 |
|
Y siempre
fue así y eso tú lo sabes,
que la libertad sólo
existe, cuando no es de nadie
|
|
Carlos Varela, canta-autor
cubano
|
En un
anaquel del Archivo General de la Nación -en la Sección
República, Fondo Libros, Manuscritos y Leyes Originales
de la República, tomo 136, folios 69-71-, reposa un manuscrito
de 1851 que contiene la Ley de Manumisión o de Abolición
de la esclavitud: 155 años después, el polvo cubre
la firma de José Hilario López, el presidente
que luego de múltiples presiones y dilaciones, expidió
una ley que más que conceder la libertad de los esclavos,
evidenciaba el cambio de modelo económico; pero también
sigue cubierta de olvido, la lucha por la identidad y el deseo
de igualdad de los afrocolombianos, descendientes de los miles
de esclavos, hombres y mujeres, que desarraigados llegaron a
enriquecer las arcas de los primeros miembros de las élites
de la Nueva Granada.
La ley por sí misma no generó condiciones reales
para la abolición de la esclavitud: 155 años después
de promulgarse, con otros mecanismos, en otras condiciones,
otros territorios y dinámicas políticas, persisten
formas de esclavitud, estigmatización, segregación
y descalificación; la ley fue una figura política
y estratégica que no eliminó el sistema esclavista,
sino que lo cambió por una nueva forma de servidumbre:
nacía el trabajo asalariado. Puede que ahora el cepo
no esté y el látigo no resuene sobre las espaldas,
pero hay otra serie de situaciones excluyentes de orden étnico,
y el estigma con que se inculca la relación hacia los
afrocolombianos, sigue vigente.
La expedición de la ley no significó un real y
efectivo igualamiento de las condiciones de vida de los afrodescendientes
con el resto del pueblo colombiano. En su momento, la ley de
abolición dio una libertad sin herramientas para ejercerla,
lo que es dar casi nada; se declaró la libertad pero
no se dio educación ni salud ni trabajo, y los negros
convertidos en hombres libres quedaron peor que antes, compitiendo
en un mercado laboral en total desigualdad, para seguir ocupando
el ultimo lugar de la pirámide; quizá el único
cambio, fue un sentimiento interno: se podían sentir
humanos pese al decreto de la Iglesia de la no existencia de
su alma; se sentían libres, aunque fuera para morirse
de hambre.
Una historia de negros contada por
blancos
Los libros oficiales cuentan del altruismo de unos dirigentes,
la caridad cristiana de unos hacendados y terratenientes, las
buenas intenciones de unos defensores de las libertades, y calles,
colegios y plazas de muchos municipios llevan nombres de 'desinteresados'
abolicionistas; sin embargo, la verdad dista mucho de ese manojo
de bondades. Cuando se decidió abolir la esclavitud en
Colombia, estaban cambiando las condiciones de producción
en todo el mundo y resultaba más caro sostener un esclavo
que tener un obrero, modalidad que el nuevo capitalismo decidió
utilizar; la abolición fue un acto muy bien pensado y
sobre todo desde el bolsillo. El esclavo, en el momento en que
se da la liberación, era una carga para el esclavista:
según documentos de la época, un esclavo llegaba
a costar 300 pesos y la inversión sólo se recuperaba
luego de 15 años de trabajo, y había que alimentarlo
toda la vida junto a su mujer e hijos, y sostenerlo terminada
su vida útil, e incluso, enterrarlo cuando muriera; de
este modo, constituía una carga que comparada con la
productividad obtenida con el esclavo, ya no era rentable.
Si bien desde las campañas de independencia, Simón
Bolívar había adquirido el compromiso de liberar
los esclavos a cambio de la colaboración de Haití
y de la participación masiva de esclavos para nutrir
los ejércitos libertadores, los esclavistas no querían
hacerlo pese a la realidad que mostraba que los negros escapaban
permanentemente, registrándose fenómenos de cimarrones
desde 1600 (mientras la reacción oficial se limitaba
a leyes y persecuciones). Cuando finalmente se plantea la liberación,
confluyen la necesidad de los terratenientes de reducir la carga
económica que representaba sostener los esclavos, con
los deseos de la creciente clase comerciante que requería
personas con salarios que se convirtieran en nuevos compradores,
razón que los llevó a presionar por la abolición.
Y lograron doble beneficio: se deshicieron de la carga e hicieron
negocio, ya que la ley estableció un pago por cada esclavo
liberado. |
|
La libertad,
Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los
hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los
tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad,
así como por la honra, se puede y debe aventurar la
vida.
Miguel de Cervantes Saavedra
|
El negocio
tuvo de todo, menos altruismo. Fue vender un negro que ya no
les servía como fuerza de producción y tampoco
lo querían, obteniendo una ganancia. El articulo segundo
de la ley de Abolición determinaba: Ningún
esclavo menor de cuarenta i cinco años será avaluado
en más de mil i seiscientos reales si fuere varón,
i de mil i doscientos reales si fuere hembra: i ningún
esclavo mayor de cuarenta i cinco años será avaluado
en más de mil i doscientos reales si fuere varón,
i de ochocientos reales si fuere hembra. Posteriormente
establecía cómo a los propietarios se les expedirían
certificados para ser cambiados por los valores consignados.
Negocio redondo dirían los economistas: esclavos que
costaban 300 pesos, eran vendidos por mas de mil, luego de años
de explotarlos, logrando una reducción de costos de mano
de obra. Se comprende por qué el grito del momento en
las clases dirigentes era: ¡QUE VIVA LA ABOLICIÓN!
Un paseo por la historia de la ignominia
La esclavitud no fue exclusiva de la conquista americana
ni de los negros: siempre que un pueblo conquistó a otro,
esclavizó al vencido; además, la mayor parte de
la historia, la esclavitud fue un sistema de producción
socio-económico: incluso en América hubo esclavos
chinos en cultivos de caña y tabaco, o en Estados Unidos
para la construcción del ferrocarril. En el caso de la
población procedente de África, hubo circunstancias
agravantes por el desarraigo forzado de sus tierras y de su
cultura, que los invisibilizó por más de tres
siglos, negándoles sus raíces: fueron traídos
'secuestrados', sin sus elementos físicos, y lo intangible
se les prohibió recurriendo a la institución más
temida de la época, la Inquisición, que les prohibió
sus creencias religiosas y los obligó a mimetizarlas
con las cristianas, produciendo el sincretismo tan evidente
en Cuba y Brasil.
A la Nueva Granada llegaron africanos de más de 80 culturas
distintas que se mezclaron, y el choque psicológico fue
enorme cuando cada individuo, sin comprender las causas de su
captura, se enfrentaba con cuestiones tan simples y profundas
como: 'no entiendo al del lado, dicen que soy católico,
que me bautice, que me case, que la monogamia, que escriba y
que no hable, que me ponga pantalón, que me siente, que
coma con cubiertos', haciendo que su imaginario de civilización
desapareciera.
El comercio de esclavos duró más de 400 años
y su traslado desde África al continente americano implicó
más de 54.000 viajes de barcos negreros; en cada viaje
hacinaban entre 250 y 500 individuos, aprovechando cada centímetro
útil del navío, y se calcula que el 26% del total
de africanos embarcados no llegaban a América.
La justificación de la esclavitud partía de la
necesidad de contar con una fuerza de trabajo, y para hacer
más eficaz el forzamiento físico, se tenía
el Manual del Inquisidor, introducido desde 1610 para amansar
los espíritus: su aplicación debía conducir
a la asimilación de las prácticas monoteístas,
monogámicas y monolingües de los amos. La religión
y la ciencia fueron puestas al servicio de la estabilidad económica:
en 1531, Bartolomé de las Casas envía una carta
al Consejo de Indias en la cual se oponía a la esclavitud
de los aborígenes, y sugirió traer esclavos
negros o moros para no causar perjuicio a los indígenas.
Esta solicitud era concordante con el concepto de que los negros,
llamados etíopes -por las altas temperaturas africanas-
fueran considerados como hombres de rostro quemado,
lo que ratificaba el clero al añadir -según sus
dictámenes 'científicos'- que por su clima, África
sólo podía engendrar monstruos. |
 |
El rango de monstruos
atribuido a los africanos desde la geografía clásica
medieval, fue la base para clasificarlos como una sub-especie
humana. La idea se validó desde la iglesia católica,
con filósofos como San Agustín, que al preguntarse
¿cómo seríamos si no fuéramos como
somos? y sobre la humanidad de la gente del África, concluyó
que esos monstruos sí existían. La teoría
fue reforzada desde la teología católica, según
la cual los negros llevaban a cuestas el
 |
|
pecado, fruto de transgresiones cometidas por Cam contra
Noé, lo que justificaba su esclavitud como castigo
para la descendencia del hijo impertinente; a interpretación
de la Iglesia del fragmento bíblico (Génesis
9:18-29), suponía que el color negro de Cam y sus descendientes
era la manifestación epidérmica de la suciedad
del alma. Por esto, en el 'Tribunal de la Santa Inquisición'
casi todos los procesos involucraban africanos o sus descendientes,
y mientras las autoridades civiles sometían militarmente
a esclavos fugados, la Iglesia controlaba cuerpos y saberes.
Para el clero y la sociedad letrada y católica, la
maldición de Noé a su hijo Cam, de ser esclavo
de sus hermanos, era 'palabra de Dios'. Este argumento justificó
el cautiverio y la esclavitud, pues el pecado de Cam trasladado
a sus descendientes (la raza negra), rompió el vínculo
que los ataba a la historia de la cristiandad, 'única
historia legítima de la humanidad', y los alejó
de 'la santidad indispensable para lograr la salvación';
por tanto, sus prácticas y creencias fueron definidas
como idolatría por inquisidores y misioneros.
¡Libertad, libertad!
Cuando se da la abolición de la esclavitud
en Colombia, la población negra era mayoritaria: siempre
hubo más negros que criollos o españoles, lo
que llevó a que en un cruce de correspondencia entre
Santander y Bolívar, se discutiera que la 'carne de
cañón' debía ser 'negra' e incluso que
Bolívar solicitara el envío de 5.000 negros
para formar las primeras filas de los ejércitos, dada
la preocupación que al alcanzar la independencia se
repitiera el fenómeno de Haití, donde liderados
por Toussaint Louverture los negros lograron el ascenso al
poder, convirtiéndolo en el primer Estado negro del
planeta.
Al ser liberada la población negra, comienza un tortuoso
camino que llega hasta hoy. Luego de obtener el pago por cada
esclavo, éstos son echados a la calle, y bajo la premisa
'ustedes ya son libres', se los quitan de encima. Al perder
su modus vivendi, los negros optan por irse a tierras baldías
e inhóspitas, y comienza una población 'masiva'
de la costa pacifica, parte de los llanos y de la costa atlántica,
lugares donde pueden tener una vida más o menos independiente
y una economía de subsistencia. Al dispersarse en las
regiones más apartadas, no se convierten en un movimiento
social (lo que Bolívar temía) que intente acceder
a las esferas de poder, y quedan marginados de la vida del
país; a la vez, al Estado no le interesan esas zonas
por su difícil acceso, y la posición fue simple:
'que esos negros se queden allá, no hay problema',
situación que se mantiene y explica el abandono de
amplias regiones de Cauca, Chocó y demás zonas
con predominio negro. Quienes no se fueron para zonas inhóspitas
se convirtieron en gente marginada en las afueras de las ciudades
que se vendían por cualquier peso, a la vez que dieron
origen -gracias al mestizaje progresivo- al proletariado de
la industria colombiana.
Actualmente, las poblaciones afrodescendientes viven mayoritariamente
en regiones sin agua potable, energía, educación
ni hospitales; solo 0,1 % acceden a educación superior
y 0,1 % están en puestos públicos o privados
importantes. Y aunque tengan formación académica,
¿dónde están los empleos? Subsiste un
prejuicio racial para contratarlos, haciendo que sus caminos
de ascenso social sean la policía, el magisterio o
el deporte. En la pirámide étnica, los negros
siempre son últimos, y esa pirámide no se ha
invertido; desde el Estado la exclusión es igual: con
otros objetivos y estrategias, la estigmatización subsiste
desde lo más evidente hasta lo sutil; una prueba es
que luego de la ley de abolición de esclavitud en 1851,
sólo hasta la Constitución de 1991 y la Ley
70/93, se volvió a legislar reconociendo a la población
negra ciertos derechos. Y preocupa que el actual gobierno,
con una nueva ley, les desconozca posesión de tierras
y otros logros.
Pieles negras, máscaras blancas
El proceso de exclusión al que fue sometida
la población negra generó que muchos de ellos
vivan un fenómeno de 'auto-blanqueamiento' como mecanismo
de ascenso o aceptación social, y se tengan entonces
afrocolombianos que son 'pieles negras y máscaras blancas'.
Ese blanqueamiento incluye una faceta física, donde
las personas negras buscan pareja blanca o por lo menos más
'clara', pues entre más blanqueados sean sus hijos,
más posibilidades sociales tienen, una situación
que responde no sólo a una defensa desde lo psicológico
sino desde lo real, para enfrentar los prejuicios. Es blanquear
físicamente lo mentalmente hecho a lo largo de la historia:
pensar como el blanco para que éste lo acepte, aunque
sea parcialmente, en el juego social. Este mecanismo se deriva
de la imposición de la necesidad de un ascenso social
y como respuesta al estigma de que 'lo negro es malo' y hay
que ser como el blanco (situación evidente desde el
lenguaje y el diálogo coloquial: 'aguas negras', 'un
día negro', 'un trabajo para negros', y un etc. interminable),
realidad que va calando y se va arraigando.
Libre, en el término amplio de la palabra, la población
afrodescendiente aún no lo es. Cuando una persona por
fuera de su contexto social y espacial tiene limitaciones,
vive con la preocupación de cómo va a ser recibido
por su color, independiente de su calidad de ser humano; tiene
que actuar no desde su identidad de negro sino como los otros
esperan que actué, su identidad se neutraliza y por
lo tanto no actúa libremente, se reprime, para que
no le digan 'negro tenía que ser'. Una persona que
vive consciente e inconscientemente limitada no puede actuar
libremente, y por tanto, no es libre.
Colofón
Podría sonar descabellado pensar que la historia
de la liberación de la población esclava de
Colombia sigue repitiéndose; sin embargo, no deja de
erizar la piel el extrapolar los hechos a los albores del
siglo 21. Esclavitud: mano de obra de grilletes transformada
en servidumbre remunerada y disfrazada de libertad; y cuando
el sistema amenaza una nueva crisis, 'flexibilización
laboral' llamada eufemísticamente 'modernización
y reestructuración'. ¡Eureka! La historia si
se repite.
Fuentes
Pedro Morán, antropólogo y docente Universidad
de Antioquia; Ramiro Delgado, Vicedecano Ciencias Sociales;
Marta Lucía Villafañe, Coordinadora Colección
Historia Universidad de Antioquia; Revista Actualidad Étnica;
Unesco, Etnias de Colombia; Luz Adriana Maya Restrepo, profesora
asociada de Historia, Universidad de los Andes; Archivo General
de la Nación.
|
| |
|
 |
|
|
|