MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 97  OCTUBRE DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Cuando la libertad es una condena a las cadenas de la exclusión
Juan Carlos Arboleda Zapata - elpulso@elhospital.org.co
“Y siempre fue así y eso tú lo sabes,
que la libertad sólo existe, cuando no es de nadie”
Carlos Varela, canta-autor cubano
En un anaquel del Archivo General de la Nación -en la Sección República, Fondo Libros, Manuscritos y Leyes Originales de la República, tomo 136, folios 69-71-, reposa un manuscrito de 1851 que contiene la Ley de Manumisión o de Abolición de la esclavitud: 155 años después, el polvo cubre la firma de José Hilario López, el presidente que luego de múltiples presiones y dilaciones, expidió una ley que más que conceder la libertad de los esclavos, evidenciaba el cambio de modelo económico; pero también sigue cubierta de olvido, la lucha por la identidad y el deseo de igualdad de los afrocolombianos, descendientes de los miles de esclavos, hombres y mujeres, que desarraigados llegaron a enriquecer las arcas de los primeros miembros de las élites de la Nueva Granada.
La ley por sí misma no generó condiciones reales para la abolición de la esclavitud: 155 años después de promulgarse, con otros mecanismos, en otras condiciones, otros territorios y dinámicas políticas, persisten formas de esclavitud, estigmatización, segregación y descalificación; la ley fue una figura política y estratégica que no eliminó el sistema esclavista, sino que lo cambió por una nueva forma de servidumbre: nacía el trabajo asalariado. Puede que ahora el cepo no esté y el látigo no resuene sobre las espaldas, pero hay otra serie de situaciones excluyentes de orden étnico, y el estigma con que se inculca la relación hacia los afrocolombianos, sigue vigente.
La expedición de la ley no significó un real y efectivo igualamiento de las condiciones de vida de los afrodescendientes con el resto del pueblo colombiano. En su momento, la ley de abolición dio una libertad sin herramientas para ejercerla, lo que es dar casi nada; se declaró la libertad pero no se dio educación ni salud ni trabajo, y los negros convertidos en hombres libres quedaron peor que antes, compitiendo en un mercado laboral en total desigualdad, para seguir ocupando el ultimo lugar de la pirámide; quizá el único cambio, fue un sentimiento interno: se podían sentir humanos pese al decreto de la Iglesia de la no existencia de su alma; se sentían libres, aunque fuera para morirse de hambre.
Una historia de negros contada por blancos
Los libros oficiales cuentan del altruismo de unos dirigentes, la caridad cristiana de unos hacendados y terratenientes, las buenas intenciones de unos defensores de las libertades, y calles, colegios y plazas de muchos municipios llevan nombres de 'desinteresados' abolicionistas; sin embargo, la verdad dista mucho de ese manojo de bondades. Cuando se decidió abolir la esclavitud en Colombia, estaban cambiando las condiciones de producción en todo el mundo y resultaba más caro sostener un esclavo que tener un obrero, modalidad que el nuevo capitalismo decidió utilizar; la abolición fue un acto muy bien pensado y sobre todo desde el bolsillo. El esclavo, en el momento en que se da la liberación, era una carga para el esclavista: según documentos de la época, un esclavo llegaba a costar 300 pesos y la inversión sólo se recuperaba luego de 15 años de trabajo, y había que alimentarlo toda la vida junto a su mujer e hijos, y sostenerlo terminada su vida útil, e incluso, enterrarlo cuando muriera; de este modo, constituía una carga que comparada con la productividad obtenida con el esclavo, ya no era rentable.
Si bien desde las campañas de independencia, Simón Bolívar había adquirido el compromiso de liberar los esclavos a cambio de la colaboración de Haití y de la participación masiva de esclavos para nutrir los ejércitos libertadores, los esclavistas no querían hacerlo pese a la realidad que mostraba que los negros escapaban permanentemente, registrándose fenómenos de cimarrones desde 1600 (mientras la reacción oficial se limitaba a leyes y persecuciones). Cuando finalmente se plantea la liberación, confluyen la necesidad de los terratenientes de reducir la carga económica que representaba sostener los esclavos, con los deseos de la creciente clase comerciante que requería personas con salarios que se convirtieran en nuevos compradores, razón que los llevó a presionar por la abolición. Y lograron doble beneficio: se deshicieron de la carga e hicieron negocio, ya que la ley estableció un pago por cada esclavo liberado.
“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.
Miguel de Cervantes Saavedra
El negocio tuvo de todo, menos altruismo. Fue vender un negro que ya no les servía como fuerza de producción y tampoco lo querían, obteniendo una ganancia. El articulo segundo de la ley de Abolición determinaba: “Ningún esclavo menor de cuarenta i cinco años será avaluado en más de mil i seiscientos reales si fuere varón, i de mil i doscientos reales si fuere hembra: i ningún esclavo mayor de cuarenta i cinco años será avaluado en más de mil i doscientos reales si fuere varón, i de ochocientos reales si fuere hembra”. Posteriormente establecía cómo a los propietarios se les expedirían certificados para ser cambiados por los valores consignados. Negocio redondo dirían los economistas: esclavos que costaban 300 pesos, eran vendidos por mas de mil, luego de años de explotarlos, logrando una reducción de costos de mano de obra. Se comprende por qué el grito del momento en las clases dirigentes era: ¡QUE VIVA LA ABOLICIÓN!
Un paseo por la historia de la ignominia
La esclavitud no fue exclusiva de la conquista americana ni de los negros: siempre que un pueblo conquistó a otro, esclavizó al vencido; además, la mayor parte de la historia, la esclavitud fue un sistema de producción socio-económico: incluso en América hubo esclavos chinos en cultivos de caña y tabaco, o en Estados Unidos para la construcción del ferrocarril. En el caso de la población procedente de África, hubo circunstancias agravantes por el desarraigo forzado de sus tierras y de su cultura, que los invisibilizó por más de tres siglos, negándoles sus raíces: fueron traídos 'secuestrados', sin sus elementos físicos, y lo intangible se les prohibió recurriendo a la institución más temida de la época, la Inquisición, que les prohibió sus creencias religiosas y los obligó a mimetizarlas con las cristianas, produciendo el sincretismo tan evidente en Cuba y Brasil.
A la Nueva Granada llegaron africanos de más de 80 culturas distintas que se mezclaron, y el choque psicológico fue enorme cuando cada individuo, sin comprender las causas de su captura, se enfrentaba con cuestiones tan simples y profundas como: 'no entiendo al del lado, dicen que soy católico, que me bautice, que me case, que la monogamia, que escriba y que no hable, que me ponga pantalón, que me siente, que coma con cubiertos', haciendo que su imaginario de civilización desapareciera.
El comercio de esclavos duró más de 400 años y su traslado desde África al continente americano implicó más de 54.000 viajes de barcos negreros; en cada viaje hacinaban entre 250 y 500 individuos, aprovechando cada centímetro útil del navío, y se calcula que el 26% del total de africanos embarcados no llegaban a América.
La justificación de la esclavitud partía de la necesidad de contar con una fuerza de trabajo, y para hacer más eficaz el forzamiento físico, se tenía el Manual del Inquisidor, introducido desde 1610 para amansar los espíritus: su aplicación debía conducir a la asimilación de las prácticas monoteístas, monogámicas y monolingües de los amos. La religión y la ciencia fueron puestas al servicio de la estabilidad económica: en 1531, Bartolomé de las Casas envía una carta al Consejo de Indias en la cual se oponía a la esclavitud de los aborígenes, y sugirió “traer esclavos negros o moros para no causar perjuicio a los indígenas”. Esta solicitud era concordante con el concepto de que los negros, llamados etíopes -por las altas temperaturas africanas- fueran considerados como “hombres de rostro quemado”, lo que ratificaba el clero al añadir -según sus dictámenes 'científicos'- que por su clima, África sólo podía engendrar monstruos.
El rango de monstruos atribuido a los africanos desde la geografía clásica medieval, fue la base para clasificarlos como una sub-especie humana. La idea se validó desde la iglesia católica, con filósofos como San Agustín, que al preguntarse ¿cómo seríamos si no fuéramos como somos? y sobre la humanidad de la gente del África, concluyó que esos monstruos sí existían. La teoría fue reforzada desde la teología católica, según la cual los negros llevaban a cuestas el

pecado, fruto de transgresiones cometidas por Cam contra Noé, lo que justificaba su esclavitud como castigo para la descendencia del hijo impertinente; a interpretación de la Iglesia del fragmento bíblico (Génesis 9:18-29), suponía que el color negro de Cam y sus descendientes era la manifestación epidérmica de la suciedad del alma. Por esto, en el 'Tribunal de la Santa Inquisición' casi todos los procesos involucraban africanos o sus descendientes, y mientras las autoridades civiles sometían militarmente a esclavos fugados, la Iglesia controlaba cuerpos y saberes.
Para el clero y la sociedad letrada y católica, la maldición de Noé a su hijo Cam, de ser esclavo de sus hermanos, era 'palabra de Dios'. Este argumento justificó el cautiverio y la esclavitud, pues el pecado de Cam trasladado a sus descendientes (la raza negra), rompió el vínculo que los ataba a la historia de la cristiandad, 'única historia legítima de la humanidad', y los alejó de 'la santidad indispensable para lograr la salvación'; por tanto, sus prácticas y creencias fueron definidas como idolatría por inquisidores y misioneros.
¡Libertad, libertad!
Cuando se da la abolición de la esclavitud en Colombia, la población negra era mayoritaria: siempre hubo más negros que criollos o españoles, lo que llevó a que en un cruce de correspondencia entre Santander y Bolívar, se discutiera que la 'carne de cañón' debía ser 'negra' e incluso que Bolívar solicitara el envío de 5.000 negros para formar las primeras filas de los ejércitos, dada la preocupación que al alcanzar la independencia se repitiera el fenómeno de Haití, donde liderados por Toussaint Louverture los negros lograron el ascenso al poder, convirtiéndolo en el primer Estado negro del planeta.
Al ser liberada la población negra, comienza un tortuoso camino que llega hasta hoy. Luego de obtener el pago por cada esclavo, éstos son echados a la calle, y bajo la premisa 'ustedes ya son libres', se los quitan de encima. Al perder su modus vivendi, los negros optan por irse a tierras baldías e inhóspitas, y comienza una población 'masiva' de la costa pacifica, parte de los llanos y de la costa atlántica, lugares donde pueden tener una vida más o menos independiente y una economía de subsistencia. Al dispersarse en las regiones más apartadas, no se convierten en un movimiento social (lo que Bolívar temía) que intente acceder a las esferas de poder, y quedan marginados de la vida del país; a la vez, al Estado no le interesan esas zonas por su difícil acceso, y la posición fue simple: 'que esos negros se queden allá, no hay problema', situación que se mantiene y explica el abandono de amplias regiones de Cauca, Chocó y demás zonas con predominio negro. Quienes no se fueron para zonas inhóspitas se convirtieron en gente marginada en las afueras de las ciudades que se vendían por cualquier peso, a la vez que dieron origen -gracias al mestizaje progresivo- al proletariado de la industria colombiana.
Actualmente, las poblaciones afrodescendientes viven mayoritariamente en regiones sin agua potable, energía, educación ni hospitales; solo 0,1 % acceden a educación superior y 0,1 % están en puestos públicos o privados importantes. Y aunque tengan formación académica, ¿dónde están los empleos? Subsiste un prejuicio racial para contratarlos, haciendo que sus caminos de ascenso social sean la policía, el magisterio o el deporte. En la pirámide étnica, los negros siempre son últimos, y esa pirámide no se ha invertido; desde el Estado la exclusión es igual: con otros objetivos y estrategias, la estigmatización subsiste desde lo más evidente hasta lo sutil; una prueba es que luego de la ley de abolición de esclavitud en 1851, sólo hasta la Constitución de 1991 y la Ley 70/93, se volvió a legislar reconociendo a la población negra ciertos derechos. Y preocupa que el actual gobierno, con una nueva ley, les desconozca posesión de tierras y otros logros.
Pieles negras, máscaras blancas
El proceso de exclusión al que fue sometida la población negra generó que muchos de ellos vivan un fenómeno de 'auto-blanqueamiento' como mecanismo de ascenso o aceptación social, y se tengan entonces afrocolombianos que son 'pieles negras y máscaras blancas'. Ese blanqueamiento incluye una faceta física, donde las personas negras buscan pareja blanca o por lo menos más 'clara', pues entre más blanqueados sean sus hijos, más posibilidades sociales tienen, una situación que responde no sólo a una defensa desde lo psicológico sino desde lo real, para enfrentar los prejuicios. Es blanquear físicamente lo mentalmente hecho a lo largo de la historia: pensar como el blanco para que éste lo acepte, aunque sea parcialmente, en el juego social. Este mecanismo se deriva de la imposición de la necesidad de un ascenso social y como respuesta al estigma de que 'lo negro es malo' y hay que ser como el blanco (situación evidente desde el lenguaje y el diálogo coloquial: 'aguas negras', 'un día negro', 'un trabajo para negros', y un etc. interminable), realidad que va calando y se va arraigando.
Libre, en el término amplio de la palabra, la población afrodescendiente aún no lo es. Cuando una persona por fuera de su contexto social y espacial tiene limitaciones, vive con la preocupación de cómo va a ser recibido por su color, independiente de su calidad de ser humano; tiene que actuar no desde su identidad de negro sino como los otros esperan que actué, su identidad se neutraliza y por lo tanto no actúa libremente, se reprime, para que no le digan 'negro tenía que ser'. Una persona que vive consciente e inconscientemente limitada no puede actuar libremente, y por tanto, no es libre.
Colofón
Podría sonar descabellado pensar que la historia de la liberación de la población esclava de Colombia sigue repitiéndose; sin embargo, no deja de erizar la piel el extrapolar los hechos a los albores del siglo 21. Esclavitud: mano de obra de grilletes transformada en servidumbre remunerada y disfrazada de libertad; y cuando el sistema amenaza una nueva crisis, 'flexibilización laboral' llamada eufemísticamente 'modernización y reestructuración'. ¡Eureka! La historia si se repite.
Fuentes
Pedro Morán, antropólogo y docente Universidad de Antioquia; Ramiro Delgado, Vicedecano Ciencias Sociales; Marta Lucía Villafañe, Coordinadora Colección Historia Universidad de Antioquia; Revista Actualidad Étnica; Unesco, Etnias de Colombia; Luz Adriana Maya Restrepo, profesora asociada de Historia, Universidad de los Andes; Archivo General de la Nación.

 



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