MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 60   SEPTIEMBRE DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Elkin Lucena Quevedo, pionero
de la reproducción asistida en Colombia
Tras las huellas de la vida
Carmen Elisa Chaves Soto Periodista elpulso@elhospital.org.co
Un médico, nieto de médicos, biznieto de pioneros, solo sabe vivir tras los pasos del éxito. Para él esa palabra se escribe con la P mayúscula de la primera bebé probeta en Colombia, el primer hijo sano de madre hemofílica y de pasos hacia los misterios y posibilidades de la reproducción asistida, la clonación y la investigación genética.
Como si se tratara de una relación especial con la vida, un compromiso histórico y social mayor que el del resto de los seres humanos o la obsesa persistencia de los investigadores, algunos médicos solo saben ser pioneros. Sin embargo, cuando una familia crea muchos seres de este tipo, es obligatoria la pregunta sobre el por qué. En Elkin Lucena Quevedo, el líder de la reproducción asistida en Colombia, sin duda se trata de genes, educación y una rebeldía permanente.

Su bisabuelo, José Ignacio Quevedo, médico de cabecera del general Santander, realizó la primera cesárea exitosa en América Latina y la tercera en el mundo. Unos años después sus descendientes continuaron la búsqueda: Juana Quevedo fue la primera mujer en ejercer la medicina en Colombia, formada por su padre, pues las universidades locales no recibían aún a las féminas, y su hermano Tomás operó por primera vez en el mundo un tumor cerebral con diagnóstico y localización previos.
Años después, luego de más de veinte médicos y muchos hitos más, Elkin Lucena Quevedo logró el primer nacimiento probeta en América Latina, Diana Carolina Méndez Romero, quien cumplió su mayoría de edad en enero pasado. No contento con eso, en 1995 logró el primer nacimiento, en el mundo, de un niño sano hijo de madre portadora del gen de la hemofilia, con la ayuda del diagnóstico genético preimplantación.
Y para seguir con la lista, con su equipo de trabajo del Centro Colombiano de Fertilidad y Esterilidad, Cecolfes, inventó hace unos pocos meses una técnica de reproducción por transferencia de oocitos microinyectados a las Trompas de Falopio, denominada Ttomi, y con ella está logrando resultados en parejas que no habían podido tener hijos de ninguna otra forma.

Rebelde tras las causas
Escogió la ginecología frente a la urología por una razón meramente monetaria, él lo reconoce. Pero varios años después, un poco cansado de la rutina diaria de su especialidad y buscando nuevos caminos, asumió los riesgos económicos, abandonó consultorio y prestigio y decidió dedicarse a la investigación. Fue esa rebeldía propia la que casi le cuesta también no poder recibirse como ginecólogo, pues intentó transformar la mentalidad jesuita en la Javeriana y fue expulsado del Hospital San Ignacio con carta a todas las universidades para que no fuera recibido en ninguna de ellas.
Luego de recorrer varias ciudades del país buscando un cupo para concluir su residencia, solo le faltaban seis meses, le dio por asomarse al Hospital Militar de Bogotá, donde el decano de estudios le dijo que pese a la carta y las acusaciones de subversivo era bien recibido allí. “Entré a trabajar e hicimos una linda labor, terminé mi residencia, fui instructor y luego profesor durante varios años y me botaron también de allí porque me alié con mis antiguos maestros para que les reconocieran sus prestaciones, las cosas legales a las que tenían derecho”.
“Después ejercí durante unos diez años y llegado un momento pensé que estudiar tanto para atender partos no tenía sentido, me entró la goma de la infertilidad y comencé. Fue un momento de crisis en el que pensé que el conocimiento tenía que dar para más, una crisis interior, pero la decisión era grave porque estaba ganando platica y estaba consiguiendo mi primera casa con el Banco Central Hipotecario. Ya estaba casado y tenía mis dos hijos, Carolina, que hoy es embrióloga, una mujer muy brillante, y Andrés, que hace lo mismo que yo, biomedicina reproductiva.”
Pese a los temores, Elkin Lucena no tuvo más alternativa que atender sus impulsos, rebeldía natural o la intuición profunda de los pioneros: pocos años después estaba nuevamente en la mira de todo el país por hacer inseminaciones con semen de donante. “Ahí si fue la debacle, se me vinieron encima todos los colegas, la iglesia, que Lucena está poniéndole semen de otros hombres a las mujeres. Eso fue un escándalo tremendo, pero aguantamos y un día me fui para París, teníamos 17 embarazos con semen de donante y me fui con un colega a presentarlos cuando los franceses presentaban 4 o 5 mil casos. Nosotros felices nos volvimos, tomamos champaña y sobre todo hicimos nuestro debut con inseminación y Colombia empezó a pensar que no era tan pecaminoso ni tan horrible el asunto”.
Y entonces nació Louise Browm, la primera bebé probeta en el mundo y la vida de Lucena, sus búsquedas profesionales, fueron impactadas fundamentalmente. Pocos años después el logró repetir la idea. También lo marcó mucho la ovejita Dolly y generó tantas preguntas en su equipo que empezaron rápidamente a trabajar en clonación con animales y ya tienen una preñez en cerdos. “Con la clonación se fueron desarrollando otras actividades, como el estudio y la investigación en las células madres, en las células troncales en los embriones, el tratamiento de enfermedades fundamentales en los humanos como el Alzheimer, y los pasos que están por venir, la creación de animales transgénicos, animales que llevan un gen o una información genética en su ADN para crear órganos para trasplantes en seres humanos. Y ahí se va desarrollando una obsesión y cada vez que uno se acuesta aparece una idea, una solución, otra pregunta, y uno se va obsesionando y obsesionando, porque la idea es que esto no va a acabar nunca.”
Temor de Dios
Pero cuando un ser humano habla tan fácilmente de asuntos que están en el límite, tal vez reservados a los dioses, aparece, tímida, la pregunta. ¿Y alguna vez se siente temor? La respuesta, serena. “Eso se te vuelve un reto, pero a medida que uno va profundizando y profundizando en los temas de la vida, si le da a uno un poquito de miedo. Sin embargo también se va madurando mucho, a mí me provoca hacer muchas cosas, me provocaría hacer un clon humano, ¿pero es viable hacerlo? Probablemente algún día será viable, pero ahora no lo vamos a hacer. Uno tiene que mantener la mente muy clara, autocontrol, mientras llegan las leyes, llegan los diseños, control de uno y del equipo de trabajo, porque en un momento dado se te puede salir de mano y ponerse a hacer pendejadas”.
Y tal vez para contrariar las ideas que rondan a Elkin Lucena Quevedo en torno de quienes como él se acercan al misterio de la vida, enfatiza su fe en Dios. “Yo creo en ese tipo, es fabuloso, yo peleo con él a ratos y le digo no me joda más, déjeme sacar adelante este experimento, y no me sale, el verá cuando me lo va a dejar hacer. Yo creo que Dios es una directriz clarísima en nuestro
trabajo, en todas las disciplinas, pero sobre todo en lo que nosotros hacemos, porque nosotros ayudamos a crear la vida, nosotros no hacemos vida, ayudamos a crearla que es muy distinto”, y concluye, “pero chinita, también tiene que aclarar que no soy impoten- te y me tomo mis traguitos de vez en cuando”
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