MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 265 OCTUBRE DEL AÑO 2020 ISNN 0124-4388
elpulso@sanvicentefundacion.com
Para las personas de mi generación es familiar la historia del escritor y filósofo ingles J.R.R Tolkien, “El señor de los anillos”, esta historia ocurre durante la tercera edad del sol en la tierra media. Se trata de un lugar poblado por hombres, pero también por otras razas como los hobbits, los elfos y los enanos, así como por muchas otras criaturas reales y fantásticas.
La novela narra el viaje de Frodo Bolsón, hobbit de la Comarca, para destruir “el anillo único”, que controla el resto de los anillos (3 de los elfos, 7 de los enanos, 9 de los hombres). El anillo único fue creado por y para Saurón, el señor oscuro, quién desea recuperarlo porque en el reside la principal fuente de su poder.
Esta historia está inspirada en el mito Ateniense de Giges, mencionado por Platón en el libro II de la República. Giges es un pastor al servicio del rey de Lidia, quién durante una gran tempestad ve abrirse la tierra y de sus entrañas brota un caballo de bronce, en su interior un cadáver con un anillo de oro en uno de sus dedos. Posteriormente descubre las propiedades mágicas del anillo, el cual al girar su engaste hace invisible a su portador.
Giges se ve tentado ante el poder del anillo, inicialmente lo usa para pequeñas travesuras, pero posteriormente se vale de el para obtener fortuna, riquezas y placeres; al final en actos delictivos como robos, asesinatos, etc.
Esta historia no solo ha servido de inspiración al señor de los anillos, sino que previamente también a H. G. Wells en su obra “El Hombre Invisible”, originalmente publicada en la revista Pearson’s Magazine en 1897. Se trata de la historia de Griffin, un científico que teoriza que si se cambia el índice refractivo de una persona para coincidir exactamente con el del aire, y su cuerpo no absorbe ni refleja la luz, entonces no será visible. Griffin logra llevar a cabo este proceso consigo mismo, pero luego no puede volver a ser visible, llegando perder la razón y cometer actos atroces. Tanto la obra de Tolkien como la de Wells han sido llevadas en varias ocasiones al cine.
En la República el hermano de Platón, Galucón, sostiene que todas las personas por naturaleza son malas, y que sólo son justas por miedo al castigo de la ley o por obtener algún beneficio por ese buen comportamiento. Si fuéramos “invisibles” a la ley como Giges con el anillo, seríamos injustos por naturaleza. Además, sostiene que los hombres solo hacen el bien para ser vistos, que cuando tienen ocasión del anonimato obran el mal.
Este mito ha tenido gran influencia en la filosofía, ya que da a entender que el ser humano hace el bien hasta que puede hacer el mal, cuando “se hace invisible”, y puede acceder a cosas que no son suyas, dicho de otra forma se corrompe irremediablemente, según este supuesto, la persona no sería libre.
La respuesta de Platón a Glaucón no se hace esperar, sostiene que la injusticia destruye el alma, desfigura al hombre. En sus propias palabras: “La práctica de la justicia es en sí misma lo mejor para el alma, considerada en su esencia, y que ésta ha de obrarse justamente tenga o no tenga el anillo de Giges”.
Platón termina su argumentación con el mito de Er, un guerrero virtuoso que después de su muerte viaja al inframundo, posterior a su travesía se le concede regresar al mundo de los vivos y narrar el significado de la trascendencia, la importancia de la virtud y de la justicia por encima de la vanidad de ser visto.
Posteriormente Marco Tulio Cicerón, jurista y político romano, retoma la discusión:
“Ahora bien, si un sabio tiene este mismo anillo, no pensará que le está permitido pecar en algo más que si no lo tuviera, porque los hombres de bien buscan las obras honestas, no las ocultas”.
Para Saulo de Tarso en su carta dirigida a los creyentes de Roma, la ley es un espejo en donde el hombre ve su propio rostro para corregir sus errores. Si solo busca ser justo por la ley se convierte en esclavo de ella y de quienes lo ven, por eso invita a la búsqueda de la virtud como bien supremo, siempre estamos delante de quién todo lo ve.
¿Te comportarías tú así?, haciendo algo por las riquezas, por el poder, por el dominio, por el placer, si estuvieras seguro de que nadie lo iba a saber, y ni siquiera sospechar, si iba a quedar siempre oculto a los ojos de Dios y de los hombres.
¿Te comportarías tú así?
EL PULSO como un aporte a la buena calidad de la información en momentos de contingencia, pública y pone a disposición de toda la comunidad, los enlaces donde se pueden consultar de manera expedita todo lo relacionado con el Covid-19-
Tel: (4) 516 74 43
Cel: 3017547479
diana.arbelaez@sanvicentefundacion.com