MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 330 MARZO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
El mes pasado se llevó a cabo en Estrasburgo el Foro europeo de bioética, que reúne cada año a especialistas de diversos horizontes en torno a problemáticas que podrían parecer futuristas, pero que, en realidad, son de suma pertinencia para nuestro mundo actual: la inteligencia artificial, la post humanidad, etc. Aun más, conciernen las directivas de la investigación y los límites de la tecnología.
Este año, el tema, aunque más banal, no es menos ambicioso y reviste una importancia fundamental, sobre todo en estos tiempos de crisis, en los que uno tiene la sensación de que todo se va al carajo. Las conferencias y los coloquios tuvieron como guía el tema de “Salud y sociedad”.
Uno de ellos, de título sugestivo (Soigner le corps, préserver la terre, “Cuidar el cuerpo, preservar la tierra”), me llamó particularmente la atención porque me hizo pensar en esas sabidurías antiguas según las cuales el todo y las partes mantienen vínculos indisolubles.
En el coloquio, los conferencistas partían de una constatación simple: el medio ambiente, el paisaje que nos rodea, no es meramente un decorado, una tela de fondo sobre la que se desarrollan nuestras vidas. Al contrario, es un agente que determina de manera decisiva nuestro comportamiento, nuestras decisiones y, por supuesto, nuestra salud.
En ese contexto, como en una telaraña en la que estamos atrapados, cualquier acción que hagamos sobre ella, tendrá repercusiones sobre nuestro presente y nuestro futuro. Y, puesto que se trata de una red lo bastante grande como para que quepamos todos, incluso las acciones lejanas tienen una influencia sobre nuestro pequeño territorio.
Los últimos años nos lo demostraron con gran crudeza. Las pandemias, como la del Covid-19, el deterioro del medio ambiente, el aumento de las enfermedades respiratorias y cardiovasculares, la aparición de nuevas patologías, la pérdida de la biodiversidad y las zoonosis evidenciaron los vínculos estrechos entre la salud humana, la salud animal y el estado de los ecosistemas. Degradar el medio ambiente equivale, en últimas, a degradarnos a nosotros mismos. Un enfoque centrado solo sobre la salud humana se vuelve entonces parcial y, a la larga, inoperante.
Como lo recordó Michel Samson, director del Instituto de investigación en salud, medio ambiente y trabajo en Francia, el cambio climático no es sólo un problema ecológico. Mas allá del debate abstracto de los científicos y las dudas de algunos políticos recalcitrantes, se encuentra una realidad bien concreta. Personas que sufren de patologías graves y crónicas, enfermedades mentales, malnutrición, entre otras. Se trata entonces sobre todo de una crisis sanitaria a gran escala y, como tal, requiere acciones claras y precisas.
La respuesta, según el mismo especialista, debe ser ante todo ética. Es decir, en relación con la conducta y los deberes del ser humano. Para dar soluciones hay entonces que ampliar la perspectiva. En primer lugar, a nivel global puesto que la contaminación mundial y la emisión de gases con efecto invernadero sobrepasan las fronteras y tienen un impacto mayor sobre las poblaciones y los países más precarios. Y, en segundo lugar, a otras formas de vida.
La tarea no es fácil. Ella implica volver a pensar nuestros modos de producción, de consumo, de transporte, de organización del trabajo y de nuestro modelo de desarrollo.
Para ello, como afirma Thierry Lefrançois, especialista en epidemiologia, hay que rediseñar el concepto de salud, cuya definición inscrita en la OMS, data de 1948 y fue aprobada por apenas sesenta estados, de los ciento treintaicinco que hacen parte actualmente de esa misma organización.
La propuesta más ambiciosa, pero al mismo tiempo concreta, es la llamada One Health, una salud en español. Esta se basa sobre tres pilares interdependientes: la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas.
La salud humana está evidentemente en el centro de las preocupaciones de tal enfoque. En ese punto, su mirada es completamente antropocentrista. El equilibrio del mundo sirve al ser humano. Sin embargo, este no puede ser pensado de manera aislada. Las enfermedades infecciosas emergentes ilustran claramente nuestra interdependencia. Se estima que el 60 % de las enfermedades infecciosas humanas son de origen animal y cerca del 75 % de las enfermedades emergentes provienen de los animales salvajes o domésticos. La vigilancia sanitaria debe entonces integrar las interacciones con los animales no humanos y el entorno en que se desarrolla la vida humana.
La salud animal incluye al mismo tiempo la de los animales domésticos, los animales de explotación y la fauna. Estos pueden tener una influencia decisiva en la aparición y la propagación de enfermedades.
Finalmente, la salud de los ecosistemas representa el tercer aspecto fundamental. Los cambios en el medio ambiente como la deforestación, la urbanización descontrolada, la contaminación y el cambio climático modifican el equilibrio ecológico, punto clave de nuestra supervivencia.
Sin embargo, y a pesar de la urgencia sanitaria, el enfoque One Health presenta varios desafíos. Los sistemas de salud humana, veterinaria y ambiental funcionan de manera separada, con estructuras administrativas, financiamientos y reglas diferentes. Una fragmentación que se opone al sistema holístico necesario a una política de salud integral. Además, implica un cambio radical en las políticas sanitarias puesto que éstas conciernen esencialmente los tratamientos (95%). Solo una ínfima parte está destinada a la prevención.
No obstante, según señaló Jean Sibilia, decano de la facultad de medicina de Estrasburgo, la vida es sobre todo simbiosis. Simbiosis entre el cuark et el bosón de Higgs para formar la materia. Simbiosis entre las células eucariotas y las células procariotas para formar la vida. Solo se necesita un “sobresalto” de salud pública, como el que estamos viviendo, y un sobresalto de inteligencia colectiva, como el que esperamos todos, para que nuestra humanidad vuelva, como en esas sabidurías de antes, a un estado de respeto y comunión con el universo.
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