MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 330 MARZO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
La epilepsia es una enfermedad cerebral crónica no transmisible que afecta a cerca de 50 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Aunque en la mayoría de los casos las crisis pueden controlarse con tratamiento farmacológico, existe un grupo de pacientes para quienes los medicamentos no son suficientes. En estos casos, el abordaje especializado y la evaluación de terapias avanzadas, como la cirugía de epilepsia, pueden marcar una diferencia significativa en la calidad de vida.
Esta condición neurológica se manifiesta mediante crisis recurrentes causadas por descargas eléctricas anormales en el cerebro, que pueden generar movimientos involuntarios, pérdida de la conciencia, alteraciones del lenguaje o sensaciones y percepciones inusuales. Puede presentarse a cualquier edad, aunque es más frecuente en la infancia y en los adultos mayores, etapas en las que confluyen factores de riesgo como infecciones graves, traumatismos craneoencefálicos o eventos cerebrovasculares. Sus causas incluyen tanto condiciones prevenibles como alteraciones genéticas que afectan la actividad eléctrica cerebral.
El manejo inicial de la epilepsia se basa en medicamentos anticonvulsivos; sin embargo, un grupo de pacientes no logra un control adecuado de las crisis, aun cuando los fármacos han sido correctamente indicados y administrados a dosis apropiadas.
“El tratamiento inicial de la epilepsia se basa en medicamentos anticonvulsivos, con los que cerca del 70 % de los pacientes logra controlar sus crisis. Sin embargo, alrededor del 30 % no responde adecuadamente, incluso con fármacos bien indicados y en dosis correctas. En estos casos hablamos de epilepsia farmacorresistente, definida tras el fallo de al menos dos medicamentos, y es cuando deben evaluarse otras alternativas como dietas específicas, dispositivos de estimulación cerebral y, especialmente, la cirugía de la epilepsia”, explica la doctora Yamile Calle López, neuróloga del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
La epilepsia no controlada no solo implica la persistencia de las crisis, sino también un mayor riesgo de complicaciones como deterioro cognitivo, problemas de memoria, lesiones por caídas, quemaduras, ahogamientos e incluso la muerte súbita asociada a epilepsia (SUDEP).
Por esta razón, los especialistas insisten en que la cirugía de epilepsia no debe entenderse como una medida extrema, sino como una alternativa terapéutica que se evalúa de manera rigurosa cuando el tratamiento farmacológico no logra controlar la enfermedad.
No todos los pacientes con epilepsia son candidatos a cirugía. La indicación depende de criterios clínicos claros y de una evaluación exhaustiva que permita identificar riesgos, beneficios y expectativas realistas.
“Los pacientes que se consideran inicialmente candidatos a algún procedimiento quirúrgico en epilepsia deben cumplir criterios muy claros: que la epilepsia esté bien diagnosticada y que ya haya recibido al menos dos tratamientos con medicamentos anticrisis, bien indicados y a dosis adecuadas, sin lograr control”, señala la doctora Calle.
“Todas las epilepsias farmacorresistentes deberían remitirse a un estudio prequirúrgico desde el momento del diagnóstico, para evaluar si el paciente es candidato a una cirugía, ya sea resectiva o de neuroestimulación”, agrega.
En el Hospital San Vicente Fundación Medellín, esta valoración se realiza mediante un proceso altamente especializado. El paciente es evaluado por un equipo multidisciplinario que incluye neurólogos, epileptólogos, neurocirujanos, neuropsicólogos, psiquiatras y expertos en imágenes diagnósticas. El estudio contempla resonancia magnética cerebral, electroencefalogramas prolongados, evaluaciones neuropsicológicas y pruebas avanzadas para localizar con precisión el origen de las crisis. Con esta información, el caso se analiza en junta médica para definir la mejor estrategia terapéutica.
“Es una decisión muy concienzuda, que requiere múltiples ayudas diagnósticas y que siempre se toma en junta médica de epilepsia”, enfatiza la especialista.
“Cuando la resonancia coincide con la monitorización electroencefalográfica y las pruebas neuropsicológicas muestran que la cirugía es segura, se puede realizar una cirugía resectiva y retirar el tejido cerebral afectado”, explica Calle.
“En epilepsias como la del lóbulo temporal, las cirugías resectivas pueden lograr que hasta el 80 % de los pacientes queden libres de crisis”, añade.
Cuando la cirugía resectiva no es viable —por la localización de la lesión o la presencia de múltiples focos—, la neuroestimulación se convierte en una alternativa terapéutica. “En Colombia contamos con estimulación del nervio vago y estimulación cerebral profunda, cada una con indicaciones específicas”, aclara la neuróloga.
Más allá de los datos clínicos, el impacto de la cirugía de epilepsia se refleja en historias como la de Olga Patricia Vélez, quien convivió durante más de 20 años con crisis epilépticas recurrentes.
“Hace 20 años empecé a sufrir epilepsia. Me mandaron medicamentos que al principio funcionaron, pero con el tiempo dejaron de hacer efecto y las crisis eran cada vez más frecuentes”, relata.
La enfermedad afectó profundamente la dinámica familiar. “Teníamos que estar pendientes de ella todo el tiempo, porque no sentía ninguna señal antes de convulsionar”, cuenta su hija, Yurley Andrea.
En 2023, una crisis severa mientras cocinaba le provocó una quemadura en una mano. Este episodio permitió profundizar en el estudio de su enfermedad y se identificó una epilepsia focal causada por esclerosis hipocampal, susceptible de tratamiento quirúrgico. El 21 de septiembre de 2024 fue sometida a una cirugía de epilepsia.
Desde entonces, no ha vuelto a presentar crisis, ha reducido progresivamente el uso de medicamentos y ha retomado actividades cotidianas. “Esta cirugía le dio a mi mamá una nueva oportunidad de vida”, concluye su hija.
El tratamiento no termina en el quirófano. Tras la cirugía, los pacientes reciben seguimiento neurológico y neuropsicológico continuo. “A los seis meses se realizan nuevas evaluaciones para valorar memoria, atención y otras funciones cognitivas, y definir si se requieren terapias de rehabilitación”, explica la doctora Calle.
El ajuste de medicamentos es gradual. “Durante el primer año no se realizan cambios. Si el paciente permanece sin crisis, comenzamos a reducirlos lentamente. Algunos logran suspenderlos; otros continúan con dosis más bajas”, detalla.
Y concluye: “La enfermedad no define al paciente. La epilepsia es una condición crónica con tratamiento, y lo más importante es buscar atención especializada para alcanzar la mejor calidad de vida posible”.
La cirugía de epilepsia es un ejemplo de cómo la atención especializada, el trabajo multidisciplinario y la tecnología aplicada con criterio clínico pueden cambiar el curso de una enfermedad compleja. En el Hospital San Vicente Fundación Medellín, el enfoque integral y centrado en el paciente reafirma el compromiso con ofrecer alternativas terapéuticas oportunas, seguras y basadas en la evidencia, que contribuyan a mejorar la calidad de vida de quienes conviven con epilepsia farmacorresistente.
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