MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 9    No. 104  MAYO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

En enero pasado, la prensa nacional registró varios casos de rabia humana en Santa Marta, así como las primeras reacciones institucionales; una situación grave porque es previsible, pero que en realidad se viene repitiendo en varias regiones del país. Sin embargo, la experiencia enseña que las primeras impresiones son insuficientes, sobre todo las de los periódicos, porque no se concentran en buscar las causas sino los culpables. Por eso a pesar que han pasado dos meses y la rabia ya no es noticia frente a las muertes de niños por desnutrición en el Chocó, ésta si es una fuente muy grande de avisos y aprendizaje. Es decir: quienes se dedican al estudio de estos problemas por interés científico o porque tienen responsabilidades organizacionales, no pueden olvidarlo, ni dejarlo en el nivel noticioso de explicación.
Sería bueno, por ejemplo, aprender de la experiencia canadiense en el caso del SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo), enfermedad que sorprendió a ese país hace varios años con consecuencias letales y de forma inesperada para ellos, en ese momento. Este brote no solo ofendió su prestigio y la confianza de los canadienses en su sistema de vigilancia epidemiológica: también demostró lo vulnerables que son los países ante las epidemias. No obstante, los canadienses reaccionaron con un nivel de obsesión y meticulosidad ejemplar, que fortaleció su sistema de salud. La base de su actuar fue una discusión amplia y pública de los problemas, tanto que aún están descritos en Internet con lujo de detalles todos los acontecimientos, que también se han recreado en programas de televisión. Para que no se repita.
Nosotros los colombianos, sin embargo, somos pasivos en estos temas, quizá porque estamos asediados por emergencias. Es comprensible, porque se trata de cosas vergonzosas y con consecuencias legales, pero inaceptable porque tenemos mucho aún que mejorar. Vamos al tema.
Caso de rabia en Santa Marta
Los antecedentes y hechos son simples: a) Santa Marta hace parte de una zona de riesgo en rabia y existen antecedentes de varios brotes, entre otras cosas porque puede darse la transmisión por vampiros; b) la rabia y los accidentes rábicos son de notificación obligatoria, individual e inmediata; c) la rabia humana es una enfermedad con una letalidad del 100%, pero prevenible con vacunación oportuna y lavado de las heridas; d) las entidades territoriales tienen la obligación de atender diligentemente y contra reloj este tipo de situaciones, porque en el caso de un accidente rábico el tiempo es el peor enemigo.
Los hechos del brote de rabia por su parte son dramáticos, según informan algunos funcionarios entrevistados. Casi 5 años de administraciones distritales en Santa Marta, recibiendo la “platica” del Plan de Atención Básica -PAB- y del régimen subsidiado para promoción de la salud, sin atender el problema de la rabia, en una zona reconocida de riesgo. Existe también un caso especialmente crítico de un paciente mordido, atendido por el médico, sin que presuntamente, se tomaran las medidas inmediatas y obligatorias de atención y notificación. También, y lo que más grave, muchos avisos del Instituto Nacional de Salud -INS- y del Ministerio de la Protección Social, exigiendo acción sin que pasara nada. Todo falló.
Este conjunto de hechos obliga a varias reflexiones. Primero: ¿Qué pasa con el personal de la salud que se le olvida, o lo que es peor si se demuestra, omite las medidas inmediatas y necesarias en un caso de éstos?. ¿Dónde está el error? ¿Estamos enseñando adecuadamente en las universidades sobre la notificación epidemiológica y la atención inmediata de éste y otros asuntos? Y las instituciones donde trabajan estos profesionales, ¿hacen auditoría y reporte de estos hechos y toman medidas cuando sus profesionales no cumplen? Todos estos “gerentes” de un año o año y medio, capacitados desde hace 10 años, iniciados en finanzas y costos, hábiles para buscar el equilibrio financiero, ¿velan por la salud pública o por lo menos, saben cómo hacerlo porque conocen las medidas epidemiológicas? Es un gran interrogante y quizá acá se asoma un vacío enorme. Es indispensable recordar que todos los profesionales de la salud tienen obligaciones de notificación y vigilancia epidemiológica. Si un médico por ejemplo viera hoy un caso de peste bubónica, difteria o de gripa aviar, tendría que ir inmediatamente a avisar; la rabia no es la excepción.
Sobre lo que debe decirse de las autoridades distritales ni qué hablar: es para sentarse a llorar. Pero, si es cierto que esto pasaba hace años y no se tomaron medidas eficaces, el Ministerio también debe mirar entre sus cuadros directivos y operativos que pasó. Me refiero a medidas diferentes de las comunicaciones, como medidas de intervención. Entre otras cosas porque si no existen recursos legales para intervenir hoy en día, entonces la reforma de la Ley 9ª de 1979 es urgente, sea para que se legisle lo más importante y se den facultades extraordinarias al gobierno o para que se entre al debate en pleno. Este punto también llama la atención sobre la eliminación de los programas verticales y la utilidad de los programas integrados o integrales que los sustituyeron. Quizá en temas como estos si se requiere más verticalidad y la descentralización no está tan bien afinada.
Finalmente, que bueno sería que en manos de las universidades, el INS o el Ministerio se tomara este caso de la rabia como ejemplo de estudio público y profundo, así como se viene introduciendo una discusión metódica en el tema de mortalidad materna. Reconozco que se han tomado medidas, pero no se está aprovechando lo suficiente de la crisis para aprender de ella. Casos como el de la rabia debería generar circulares como las que se dan a las aerolíneas cuando un determinado aparato muestra alguna falla. Debíamos contarle a todo el personal de salud qué pasó, por qué y qué se debería hacer. Ojalá tuviéramos una crónica analizada en Internet, que con pelos y señales explique qué pasó y cómo hay qué hacer. Para que no se repita.
 
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