En enero pasado, la prensa nacional
registró varios casos de rabia humana en Santa Marta,
así como las primeras reacciones institucionales; una
situación grave porque es previsible, pero que en realidad
se viene repitiendo en varias regiones del país. Sin
embargo, la experiencia enseña que las primeras impresiones
son insuficientes, sobre todo las de los periódicos,
porque no se concentran en buscar las causas sino los culpables.
Por eso a pesar que han pasado dos meses y la rabia ya no es
noticia frente a las muertes de niños por desnutrición
en el Chocó, ésta si es una fuente muy grande
de avisos y aprendizaje. Es decir: quienes se dedican al estudio
de estos problemas por interés científico o porque
tienen responsabilidades organizacionales, no pueden olvidarlo,
ni dejarlo en el nivel noticioso de explicación.
Sería bueno, por ejemplo, aprender de la experiencia
canadiense en el caso del SARS (Síndrome Respiratorio
Agudo Severo), enfermedad que sorprendió a ese país
hace varios años con consecuencias letales y de forma
inesperada para ellos, en ese momento. Este brote no solo ofendió
su prestigio y la confianza de los canadienses en su sistema
de vigilancia epidemiológica: también demostró
lo vulnerables que son los países ante las epidemias.
No obstante, los canadienses reaccionaron con un nivel de obsesión
y meticulosidad ejemplar, que fortaleció su sistema de
salud. La base de su actuar fue una discusión amplia
y pública de los problemas, tanto que aún están
descritos en Internet con lujo de detalles todos los acontecimientos,
que también se han recreado en programas de televisión.
Para que no se repita.
Nosotros los colombianos, sin embargo, somos pasivos en estos
temas, quizá porque estamos asediados por emergencias.
Es comprensible, porque se trata de cosas vergonzosas y con
consecuencias legales, pero inaceptable porque tenemos mucho
aún que mejorar. Vamos al tema.
Caso de rabia en Santa Marta
Los antecedentes y hechos son simples: a) Santa Marta
hace parte de una zona de riesgo en rabia y existen antecedentes
de varios brotes, entre otras cosas porque puede darse la transmisión
por vampiros; b) la rabia y los accidentes rábicos son
de notificación obligatoria, individual e inmediata;
c) la rabia humana es una enfermedad con una letalidad del 100%,
pero prevenible con vacunación oportuna y lavado de las
heridas; d) las entidades territoriales tienen la obligación
de atender diligentemente y contra reloj este tipo de situaciones,
porque en el caso de un accidente rábico el tiempo es
el peor enemigo.
Los hechos del brote de rabia por su parte son dramáticos,
según informan algunos funcionarios entrevistados. Casi
5 años de administraciones distritales en Santa Marta,
recibiendo la platica del Plan de Atención
Básica -PAB- y del régimen subsidiado para promoción
de la salud, sin atender el problema de la rabia, en una zona
reconocida de riesgo. Existe también un caso especialmente
crítico de un paciente mordido, atendido por el médico,
sin que presuntamente, se tomaran las medidas inmediatas y obligatorias
de atención y notificación. También, y
lo que más grave, muchos avisos del Instituto Nacional
de Salud -INS- y del Ministerio de la Protección Social,
exigiendo acción sin que pasara nada. Todo falló.
Este conjunto de hechos obliga a varias reflexiones. Primero:
¿Qué pasa con el personal de la salud que se le
olvida, o lo que es peor si se demuestra, omite las medidas
inmediatas y necesarias en un caso de éstos?. ¿Dónde
está el error? ¿Estamos enseñando adecuadamente
en las universidades sobre la notificación epidemiológica
y la atención inmediata de éste y otros asuntos?
Y las instituciones donde trabajan estos profesionales, ¿hacen
auditoría y reporte de estos hechos y toman medidas cuando
sus profesionales no cumplen? Todos estos gerentes
de un año o año y medio, capacitados desde hace
10 años, iniciados en finanzas y costos, hábiles
para buscar el equilibrio financiero, ¿velan por la salud
pública o por lo menos, saben cómo hacerlo porque
conocen las medidas epidemiológicas? Es un gran interrogante
y quizá acá se asoma un vacío enorme. Es
indispensable recordar que todos los profesionales de la salud
tienen obligaciones de notificación y vigilancia epidemiológica.
Si un médico por ejemplo viera hoy un caso de peste bubónica,
difteria o de gripa aviar, tendría que ir inmediatamente
a avisar; la rabia no es la excepción.
Sobre lo que debe decirse de las autoridades distritales ni
qué hablar: es para sentarse a llorar. Pero, si es cierto
que esto pasaba hace años y no se tomaron medidas eficaces,
el Ministerio también debe mirar entre sus cuadros directivos
y operativos que pasó. Me refiero a medidas diferentes
de las comunicaciones, como medidas de intervención.
Entre otras cosas porque si no existen recursos legales para
intervenir hoy en día, entonces la reforma de la Ley
9ª de 1979 es urgente, sea para que se legisle lo más
importante y se den facultades extraordinarias al gobierno o
para que se entre al debate en pleno. Este punto también
llama la atención sobre la eliminación de los
programas verticales y la utilidad de los programas integrados
o integrales que los sustituyeron. Quizá en temas como
estos si se requiere más verticalidad y la descentralización
no está tan bien afinada.
Finalmente, que bueno sería que en manos de las universidades,
el INS o el Ministerio se tomara este caso de la rabia como
ejemplo de estudio público y profundo, así como
se viene introduciendo una discusión metódica
en el tema de mortalidad materna. Reconozco que se han tomado
medidas, pero no se está aprovechando lo suficiente de
la crisis para aprender de ella. Casos como el de la rabia debería
generar circulares como las que se dan a las aerolíneas
cuando un determinado aparato muestra alguna falla. Debíamos
contarle a todo el personal de salud qué pasó,
por qué y qué se debería hacer. Ojalá
tuviéramos una crónica analizada en Internet,
que con pelos y señales explique qué pasó
y cómo hay qué hacer. Para que no se repita. |