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Concepto de un conflicto
Ricardo
Restrepo Guzmán, MD - Corresponsal en Nueva York, Estados
Unidos elpulso@elhospital.org.co-
elpulso@elhospital.org.co |
| El comportamiento
individual juega un papel fundamental en la carga mundial de
las enfermedades reflejadas en nuestra sociedad. La mayoría
de problemas en salud como diabetes, cáncer, hipertensión,
entre otros, son exacerbados por nuestros hábitos y comportamientos.
Estas enfermedades podrían evitarse si el ser humano
tuviera la capacidad de cambiar el uso del tabaco, el abuso
del alcohol y excesos en alimentación. |
Históricamente,
el sector salud cumple una serie de funciones con el fin de
asegurar a la población un estado de salud que le permita
desarrollar plenamente sus potencialidades. El entorno en que
se desenvuelve el sistema es continuamente modificado por cambios
en los condicionantes demográficos, económicos,
sociales y geográficos, que ejercen una importante modulación
sobre las necesidades y percepciones de salud de la población.
Este entorno estuvo o está expuesto a cambios radicales
en la estructura de la salud en Latinoamérica, y más
específicamente en nuestra región a causa de un
conflicto. Cualquier tipo de cambio conllevará adaptación
de la oferta de servicios a necesidades emergentes, en este
caso generada por la incertidumbre en nuestras fronteras.
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El concepto
de salud cada vez es entendido y analizado desde ópticas
más integrales, generándose toda una corriente
de pensamiento que privilegia los logros en calidad de vida
y no sólo en sobrevida. En los estudios de percepción
de la población, por ejemplo, se observa que se tiende
a considerar como problemas graves algunas enfermedades que
afectan mayormente el bienestar, a pesar de que no produzcan
necesariamente un gran número de muertes. Lo contrario
ocurriría en caso de una ruptura de relaciones entre
países latinoamericanos, en donde el epicentro sería
Colombia y la disminución en nuestra calidad de vida
sería catapultada por otro conflicto político-militar,
en donde la salud de nuestra población se vería
afectada no solo por secuelas físicas sino psíquicas.
Los análisis de la situación de salud de una población
desarrollaron indicadores que dan cuenta del fenómeno
de la muerte, y que también incorporan aspectos relacionados
con la funcionalidad y la calidad de vida. Dentro de estos indicadores
promovidos desde 1993 por el Reporte de Desarrollo Mundial del
Banco Mundial en asocio con la Organización Mundial de
la Salud (OMS), están: los años de vida ajustados
por calidad (AVAC, sigla en inglés QALYs: Quality Adjusted
Life Years), que combina la cantidad y la calidad de vida. Y
años de vida ajustados por discapacidad (AVAD, sigla
en inglés DALYS: Discapacity Adjusted Life Years), que
combina los impactos del tiempo vivido con discapacidad con
el tiempo perdido por mortalidad prematura. Según Murria
y López, son medidas de la salud en la población
que combinan mortalidad y morbilidad, en un indicador.
Recientemente, otros números e indicadores movilizaron
nuestro país hacia un plan de acción basado en
la economía del comportamiento. Al ser testigos de lo
sucedido entre los mandatarios de nuestros países latinoamericanos
a raíz del problema fronterizo, confirmamos que no solo
los cambios en la anatomía y fisiología son los
únicos elementos que pueden afectar a nuestra población.
Este episodio confirmó que como seres, sentimos y evidenciamos
problemas emocionales que pueden convertir nuestros conflictos
internos y personales en la peor enfermedad creada por el hombre:
la guerra.
La idea de un conflicto no es sólo aquella imaginada
por el hombre para entenderse a sí mismo. Por esto la
importancia de comprender en lo posible el comportamiento animal
para descifrar las causas del por qué somos territoriales,
temerosos, agresivos o egoístas en nuestro accionar.
Así como cualquier tipo de trauma afecta nuestro desarrollo,
el daño causado a ese Ego presidencial fue golpeado y
su recuperación depende del tiempo y del análisis
interior, para entender por qué se libró una batalla
verbal que estuvo muy cerca a esa enfermedad llamada guerra.
Esperemos que un proceso dinámico y no pasajero, con
metas claras, sea el compromiso de quienes nos gobiernan, consigo
mismos y con su gente. Esto podría lograrse a través
de un espacio donde el tratamiento esté basado en una
relación de confianza, permitiendo una comunicación
de palabra donde se escuchen y expresen las diferentes ideas,
sentimientos y pensamientos, promoviendo el entendimiento y
la integración de aspectos no comprendidos por uno u
otros, dentro de esta relación de mutua convivencia.
Para lograr este espacio, el moderador debe asumir un papel
similar al del médico con su paciente, con respeto e
imparcialidad. Así, promoviendo una alianza de trabajo
basada en la confidencialidad. Nunca olvidemos lo vivido y no
permitamos que unos cuantos pretendan cambiar lo que no hemos
podido encontrar pero continuamos buscando: la paz . |
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