DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 127 ABRIL DEL AÑO 2009    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

En los 200 años del natalicio de Darwin
La herencia del evolucionista
que quería ser clérigo
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
“Viajábamos a bordo del Beagle, buque de guerra inglés, en calidad de naturalistas, cuando nos impresionaron mucho ciertos hechos observados en la distribución de los seres orgánicos que habitan América del Sur, y en las relaciones geológicas existentes entre los actuales habitantes de aquel continente y sus antecesores. Estos hechos parecían arrojar luz sobre el origen de las especies”.
Así empieza la Introducción del libro cuyo título completo es “El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida”. Ese viaje de Charles Darwin (1809-1882), revolucionó la biología, la antropología, la filosofía y el pensamiento occidental. Los 1.250 ejemplares iniciales de la obra se agotaron el primer día, aquel 24 de noviembre de 1859, hace 150 años.
Nadie imaginó que ese muchacho que estudiaba para clérigo en la Facultad de Estudios Cristianos de la Universidad de Cambridge, más tarde diría: “Al considerar el origen de las especies, es totalmente comprensible que un naturalista, reflexionando sobre las afinidades mutuas de los seres orgánicos, sobre sus relaciones embriológicas, su distribución geográfica, sucesión geológica y otros hechos semejantes, llegue a la conclusión de que las especies no han sido creadas independientemente, sino que han descendido, como variedades, de otras especies”.
El creacionismo contraataca
Al cabo de 200 años, Darwin y sus discípulos ganan la partida en la palestra racional, pero los creacionistas cabalgan de nuevo a bordo del "creacionismo científico". En los años 20´s surgió en escuelas públicas de Estados Unidos, una cruzada derechista contra la enseñanza de la teoría de Darwin. Tennessee fue el primer Estado en prohibirla en 1925; otros estados reclamaron, hasta judicialmente, igualdad de enseñanza para ambas teorías, varios textos de biología calificaron lo de Darwin como “simple teoría”, otros negaron su validez científica, cuestionaron los métodos y sostuvieron por ejemplo, que no existe fósil alguno que muestre las formas transitorias entre diferentes tipos de vida.
Más atrevidos, otros creacionistas endilgaron al darwinismo la decadencia de la sociedad moderna, la promiscuidad, la anticoncepción, las perversiones, el aborto, la pornografía, y el auge del crimen. Sobre este fenómeno, el norteamericano Brian Book, profesor del Instituto de Biología de la Universidad de Antioquia, señaló: “En el debate histórico entre creacionismo y darwinismo, la discusión actual es un fenómeno en Estados Unidos, un síntoma del estado de su cultura y de religiones fundamentalistas que interpretan literalmente de la Biblia. Pero para un biólogo de hoy, es un debate ridículo, sin sentido, que terminó antes del final del siglo XIX. Un juez de Estados Unidos dijo hace poco sobre esta controversia, que el 'creacionismo científico' se debe básicamente a que la religión trata de oscurecer los hechos y pasar por encima de la ciencia. Muchos biólogos son cristianos y no tienen problema en seguir con su fe y con la teoría evolucionista; el problema es cuando se fuerza a dictar la cátedra de religión en nuestros colegios y universidades, como si fuera ciencia”.
La tropa creacionista pisa fuerte en Europa. En 2006, el viceministro de Educación de Polonia, Miroslaw Orzechowski, tildó la evolución de “mentira” y “error legitimado como verdad absoluta”, El predicador islámico turco Harun Yahya, publicó en 2006 su “Atlas de la Creación, que en 772 páginas intenta refutar el darwinismo, del cual duda 75% de los estudiantes turcos de secundaria. Las autoridades educativas de Francia consideran su libro más peligroso que el creacionismo anglosajón, las de Suiza también lo repudian, y la asociación Pro Génesis difunde allí el dogma creacionista. Lo El Estado federado de Hesse (Alemania) lo incorporó al pénsum de escuelas privadas, uno de cada 5 alemanes rechaza la teoría darwiniana, según Der Spiegel, y la Iglesia Ortodoxa Rusa apoyó demandas contra el Estado, a favor de la versión bíblica.
Con todo, el Consejo de Europa señaló que “la ciencia y la religión deben ser capaces de coexistir”. La iglesia Católica concilió en el asunto. El Papa Juan Pablo II en los 60 años de la Pontificia Academia de Ciencias, en 1996, dijo: "Quisiera recordar las intenciones de mi predecesor Pío XI, quien deseó rodearse de un selecto grupo de académicos, confiando en ellos para informar a la Santa Sede, con completa libertad, sobre los avances en investigación científica y de esta forma ayudarlo en sus reflexiones”. Y confió en que “seremos capaces de aprovechar los frutos de un diálogo confiable entre la iglesia y la ciencia". En este contexto, parecen de hoy estas palabras dichas por Darwin hace casi dos siglos: “Considerando la ferocidad con que he sido tratado por los ortodoxos, parece cómico que alguna vez pensara ser clérigo”.
Por la coexistencia pacífica
Libia Restrepo, historiadora y profesora de la Universidad Pontificia Bolivariana, sostuvo que “el evolucionismo ha sido despojado de los significados que le dio Darwin. Hoy se lo toma como perfeccionamiento, no como transformación o mutación: cómo las especies pasan por un proceso de selección natural, donde el más fuerte es el que sobrevive. La primera conmoción surge cuando muestra que los animales no fueron creados por Dios en el Paraíso de una vez y para siempre. Cuando se plantea toda esa taxonomía de las especies, desde el surgimiento de la botánica hasta la historia natural de hoy, una organización del mundo vivo en especies, clases, familias, órdenes, etc., hay que poner al hombre en algún lugar, pero al meterlo en una taxonomía, se le resta la parte de Adán creado de la tierra por un soplo divino, y se lo ve con los ojos de la racionalidad, talvez como primate, pero también como mamífero vertebrado que se puso de pie. ¿Dónde radica esa criatura de Dios? ¿En un cuadro con las demás especies? Es reconocer su origen animal y no divino; así empieza la disputa creacionistas vs. evolucionistas”.
“La fe es una luz que ha de percibirse con los ojos cerrados;
la razón es otra luz, que sólo se percibe con los ojos abiertos.
Hay dos maneras de ilustrarse: creyendo o raciocinando;
el primer procedimiento es más seguro y sencillo porque no
exige estudio ni pruebas. La fe es una creencia sentida,
la ciencia debe ser una creencia demostrada.
La fe exalta la imaginación; la verdadera ciencia ilustra
y fortifica el juicio. Donde comienza la fe acaba la ciencia, y...
cada uno puede ser dichoso a su manera”.
Olayo Díaz Giménez, científico español del siglo XIX.
Y anotó: “En esto, la ciencia no es fundamentalista, su razón de ser es la investigación constante; hace tiempo los científicos saben que en ciencia hay verdades con minúscula, transitorias, lo que no sucede con el fundamentalismo religioso, donde la verdad es única e inamovible, absoluta; pero cuando una teoría se vuelve verdad absoluta y fundamental deja de ser ciencia, deviene en teología o ideología científica. De hecho, el darwinismo tiene esta posibilidad, al generar la 'eugenesia': 'el bien nacer', (segunda mitad del siglo XIX y primera del XX), con efectos desastrosos, que pese a tener filiación en su teoría con el darwinismo, considera a partir de la sobrevida de las especies más fuertes, que la raza blanca es superior, la más adaptable, creativa e inteligente. Así, con humanos 'superiores', que logran procesos de adaptación a través de la inteligencia, asociados con el desarrollo tecnológico y con formas de gobierno que se suponen superiores, se abre incluso la posibilidad de eliminación de otras etnias humanas. Si uno habla desde la fe, es fácil ubicarse en el Génesis; en términos científicos, la antropología filosófica ayuda a comprender la ciencia como proceso que permite abarcar la naturaleza, desde otras perspectivas que no necesariamente tienen que reñir. Asimov, en su relato científico Los lagartos terribles, demuestra cómo el hombre evolucionó hasta convertirse en Homo Sapiens partiendo del tiranosaurio. A la luz de un conocimiento flexible, abierto, es posible pues, conciliar las dos formas explicativas”.
José Andrés Quintero, profesor de la Facultad de Teología, Filosofía y Humanidades de la misma universidad, se apoyó en Ernesto Sábato: “En Hombres en granate, él dice que un científico no toma nunca los resultados de sus investigaciones como verdades absolutas, pues desde el momento de divulgarlas, son susceptibles de discusión. En cambio, el 'cientista' deja sentadas conclusiones científicas, no como una verdad sino como 'la verdad'. Hay quienes oyen la palabra evolucionismo y se les paran los pelos de la nuca; yo, por ejemplo, he tenido estudiantes de humanismo que son ateos evangelizadores: para ellos, si no hay una prueba científica, Dios no existe y nadie debería creer en Él. Isaac Asimov, en su cuento ¿Cómo ocurrió? sitúa esa diferencia entre creacionismo y evolucionismo más que todo en formas de lenguaje o de escritura. No hay razón para que un positivista fundamentalista reclame a la Biblia el lenguaje de la explicación científica, pues en el momento de escribir el Génesis, por ejemplo, esa no era la mentalidad. La palabra mito, que entendemos como lo contrario a la verdad, es una noción equívoca, herencia del siglo XVIII. Mito tiene raíz en musa : lo inefable, lo que no se puede decir”.
Quintero citó el episodio de Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais: “El nacer de Gargantúa por la oreja de su madre, mientras ella come mondongo o sopa de callos, se explica en términos de 'si no crees en esto, hay que ponerle fe', así como Dionisos nace del muslo de Zeus, Afrodita de la cabeza de Zeus y Cristo camina sobre las aguas. Yo no podría asumir una posición radical ante lo uno o lo otro, son condiciones de lenguaje. El mismo lenguaje científico, como señala Wittgenstein, se basa también en la creencia, lo que se da por sentado como ley, como un universal que todo el mundo acepte sin discutirlo, es porque se le pone fe. Eso forma parte de la vulgarización de ciertos resultados científicos tomados como a prioris fundamentales, con pretensión de indiscutibles”.
Por su parte, el psicólogo Carlos Andrés Naranjo Sierra remarcó la vigencia de la selección natural: “No es gratuito que pensemos como pensamos y que actuemos como actuamos. En realidad, parte muy importante de las decisiones que tomamos todos los días, no sólo nosotros sino también otros animales, está guiada por algoritmos cerebrales de origen primitivo”... (...) El modelo darwiniano de la evolución vuelve hoy, a 200 años del natalicio de Darwin, a las ciencias humanas después de un largo período de olvido en el que se creían ya agotadas sus explicaciones e implicaciones, para tratar de aportar un nuevo punto de vista sobre el hombre y su mente”.
En gracia de discusión, así el mico y el hombre sean parientes más cercanos de lo que parecen, también lo son en cierta medida la fe y la razón. Y podemos concluir, con Olayo Díaz Giménez, científico español del siglo XIX: “La fe es una luz que ha de percibirse con los ojos cerrados; la razón es otra luz, que sólo se percibe con los ojos abiertos. Hay dos maneras de ilustrarse: creyendo o raciocinando; el primer procedimiento es más seguro y sencillo porque no exige estudio ni pruebas. La fe es una creencia sentida, la ciencia debe ser una creencia demostrada. La fe exalta la imaginación; la verdadera ciencia ilustra y fortifica el juicio. Donde comienza la fe acaba la ciencia, y... cada uno puede ser dichoso a su manera” .
 
Ocioso lector
El origen
de las especies

(fragmentos finales del libro de Darwin)
“Cuando considero a todos los seres no como creaciones especiales, sino como los descendentes directos de unos pocos seres que vivieron mucho antes de que se depositara el primer yacimiento del sistema cámbrico, se ennoblecen a mis ojos...”

“Como todas las formas orgánicas vivas son descendentes directos de las que vivieron mucho antes de la época cámbrica, podemos estar seguros de que la sucesión ordinaria por generación no se ha interrumpido ni una sola vez, y que ningún cataclismo ha asolado la Tierra entera. De ahí que podamos contemplar con cierta confianza un futuro seguro y de gran duración. Y como sea que la selección natural trabaja únicamente por y para el bien de cada ser, todos los dones corporales y mentales tenderán a avanzar hacia la perfección”.
“Es interesante contemplar un ribazo enmarañado, revestido de muchas plantas de muchas clases, con aves cantando en los matorrales, con varios insectos que revolotean en torno y con gusanos que se arrastran por entre la tierra húmeda; y reflexionar que estas formas primorosamente construidas, tan diferentes entre sí y que dependen unas de otras de manera tan compleja, han sido todas producidas por leyes que actúan en nuestro derredor... (...) Así, de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte, se sigue de modo natural el objeto más excelso que somos capaces de concebir, es decir, la producción de los animales superiores. Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diversas facultades, fue originariamente alentada por el Creador en unas pocas formas o en una sola; y que, mientras este planeta ha ido girando según la ley constante de la gravitación, a partir de un comienzo tan sencillo, se desarrollaron y están evolucionando infinitas formas, cada vez más bellas y maravillosas”.



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