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Reflexión
del mes
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Si
no defiendes nada,
caerás por cualquier cosa.
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| Robert Redford
(Estados Unidos, 1937). En el cine: actor, director, productor,
galán, mecenas. De talante rebelde. Con una amplia filmografía,
nominado al Oscar como mejor actor por El golpe, ganador de
una estatuilla por Gente corriente y nominado por la dirección
de Quiz Show, Redford recibió el Oscar Honorífico
por su carrera en 2002. |
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Formación
de especialistas
médicos: ¿solución a qué? |
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Juan
Guillermo Londoño Cardona Gineco-obstetra Coordinador
de Capacitaciones NACER/SSR Universidad de Antioquia, QF |
| La
educación superior no sólo debe proveer de competencias
sólidas para el mundo presente y futuro, sino contribuir
a la educación de ciudadanos éticos, comprometidos
con la construcción de la paz, la defensa de los derechos
humanos y los valores de la democracia (II Conferencia
Mundial de Educación Superior, París 2009). |
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Según estudios sobre recursos humanos en salud, Colombia
cuenta en la actualidad con 1,6 médicos por 1.000 habitantes,
los países desarrollados tienen 4,4 a 12,5 médicos
por 1.000 habitantes, y con base en estas cifra y un estudio
serio, el Centro de Proyectos para el Desarrollo (Cendex)
de la Universidad Javeriana, plantea que en 2011 nuestro país
tendrá un déficit de 25.780 especialistas médicos
y 7.153 enfermeras. Estas cifras despertaron preocupación
en el Ministerio de la Protección Social, por lo que
preguntó en 2010 a la Asociación Colombiana
de Facultades de Medicina (Ascofame) y las principales facultades
de Medicina del país, su pensamiento sobre la formación
de especialistas en los hospitales sin el concurso de las
universidades.
Ante semejante atrevimiento habría que preguntarse
si la solución a los problemas de salud del país
estaría en la formación de especialistas a granel
o se requiere una mirada más profunda a esta problemática.
Con la implementación de la Ley 100/93 que estableció
el Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) se
incrementó el aseguramiento y la cobertura de atención
en salud, y además entre 1980 y 2006 los graduados
en facultades de Medicina aumentaron 131%, y las facultades
de Medicina del país hoy son 56. Este incremento en
recurso humano en salud y de instituciones formadoras no fue
de la mano de la mejora de indicadores de salud pública.
En 2010 la principal preocupación del Ministerio no
fue precisamente la salud de los colombianos como consecuencia
del supuesto grave déficit de talento humano, sino
los altos salarios de los especialistas, lo oneroso
de las becas crédito otorgadas a algunos estudiantes
para su formación, y a los intermediarios de la salud
les preocupa la dificultad para enganchar mano de obra barata
para atender las demandas de la población.
En los años de vigencia de la ley de Seguridad Social,
el panorama de la profesión médica no puede
ser más preocupante: desempleo y subempleo en médicos
generales, sobreoferta en algunas especialidades, pérdida
de la autonomía médica, deterioro de condiciones
laborales como consecuencia de la tercerización en
contratación de los profesionales a través de
Cooperativas de Trabajo Asociado, todo lo cual llevó
a la pauperización de muchos profesionales médicos,
al punto que muchos no cuentan con seguridad social. Este
no es el panorama de un país con escasez de especialistas,
pues cuando hay déficit de talento humano, hay buenos
salarios, trabajo digno y multi-empleo.
Las principales características del SGSSS que en buena
parte fueron responsables de la emergencia social decretada
en 2009 por el anterior gobierno, son: un enfoque centrado
en la enfermedad, fraccionamiento de la atención, carencia
de diálogo de saberes y participación comunitaria,
gran estímulo a la intermediación costosa y
en muchos casos permeada por la corrupción, desarticulación
entre el sector académico y el sector salud. Además,
instituciones prestadoras cuyo único motor es la productividad
y la rentabilidad económica por encima de la calidad
de la atención, y subvaloración de la educación
médica, la investigación y la generación
del conocimiento.
Ante semejante panorama, la academia tiene que preguntarse:
¿Dónde hacer el énfasis en la formación
del talento humano: en el médico general, en el especialista
o en otro tipo de profesionales para la Atención Primaria
en Salud? Y, ¿cuál es su papel en la reorientación
del engendro creado por la Ley 100/93, si es que en Colombia
de verdad interesa la intermediación de la universidad?
En la formación del talento humano, la universidad
pública no puede perder el norte y recordar que su
misión no es la rentabilidad económica, que
debe anteponer la rentabilidad social a cualquier otra consideración,
que debe seguir siendo ese canal lícito de ascenso
social que la juventud colombiana tanto necesita y que su
pertinencia está en la formación de profesionales
idóneos y éticos comprometidos en la solución
de los grandes problemas sociales del país.
Para lograr lo anterior se requiere que la universidad reúna
lo mejor del talento humano, cuente con profesores altamente
calificados, excelencia en investigación, calidad de
la enseñanza, financiación pública y
privada, infraestructura física óptima, programas
de bienestar para el recurso humano y pertinencia social en
su misión, gobernabilidad y autonomía universitaria,
como requisitos fundamentales para cumplir su misión
a través de la calidad, la pertinencia, la eficiencia
y la responsabilidad social.
Como conclusión podríamos decir que formar especialistas
sin el concurso de la universidad, implicaría formarlos
sólo para el trabajo, y de paso, desconocer el concepto
de integralidad en la formación y la autonomía
universitaria, tan incómoda para muchos. La formación
de especialistas requiere programas de óptima calidad
con altos niveles de exigencia, donde las competencias humanas
estén en sano equilibrio con la formación científica
y técnica: ésta se debe hacer en hospitales
universitarios en convenio con universidades acreditadas.
Las universidades deben construir el modelo de hospital universitario
que el país requiere; convertir la evaluación
de sus programas e instituciones en una verdadera cultura;
enfatizar en la formación en las especialidades básicas
deficitarias que tiene Colombia; articular sus currículos
a los perfiles epidemiológicos del país; crear
programas de educación continua pertinentes como alternativas
a la recertificación de profesionales; recuperar el
acto médico como proceso humanizante, en el cual la
comunicación y la ética se conviertan en ejes
centrales del mismo; darle a las IPS universitarias el carácter
de centros de excelencia docente, en los cuales lo fundamental
sea la rentabilidad social por encima de la económica
y no persistir en centros de negocios como ha venido ocurriendo
hasta ahora; y por último, enfatizar en la formación
integral en la cual el humanismo y la formación científica
estén en sano equilibrio.
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Bioética
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Atropello a la dignidad
de la persona
humana por medios de comunicación
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| Ramón
Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
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Entre
los atributos y derechos de la persona humana, y como elemento
intrínseco de su cualidad de ser persona, encontramos
la intimidad, sin la cual no es posible el desarrollo y manifestación
de su personalidad, porque sin intimidad el ejercicio de la
libertad, valor indispensable para llevar a cabo el proyecto
existencial de cada sujeto-persona, es algo nulo, sin validez.
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Ambas, intimidad y libertad, son fundamentos esenciales de
la persona humana, que le permiten disponer de sí misma,
tomar decisiones que afirman ontológica y antropológicamente
el «Yo soy yo mismo», «Yo soy mi propia
realidad»,Yo soy mío, afirmaciones
que le exigen responder ética, legal y socialmente
por su decisión.
Todo desconocimiento de esta intimidad es un atropello a la
dignidad de la persona humana, tanto de quien sufre el ultraje
como de quien lo ejecuta. El ofensor mancha su propia dignidad
porque no se comporta como lo exige ontológica y antropológicamente
su condición de ser humano dotado de inteligencia
racional y lógica, y de una voluntad que le permite
orientar sus acciones. Este atropello es más grave
si proviene de quienes por su profesión recibieron
una preparación académica que los obliga a saber
qué decir, cómo decirlo, cuándo decirlo,
ante quién decirlo; qué callar, cuándo
callar y ante quién callar; en otras palabras, profesionales
que deben distinguir entre la misión de informar con
la verdad, pero también el deber de no convertir en
'chiva' la realidad que es motivo de noticia, aunque la 'chiva'
le represente ganancias económicas que lo convierten
en comerciante de seres humanos, en lo que hace unos siglos
la historia llamaba negreros, esclavistas.
Es preocupante y vergonzoso que entre los comunicadores o
periodistas haya quien olvide que su misión es tratar
de elevar el nivel moral y cultural de lo llamado masa
-Jaspers- para convertirlo, gracias a su noble misión
educativa, en pueblo -Jaspers-, es decir, en personas
capaces de distinguir entre lo que nos hace más y más
humanos, y dedique su quehacer en satisfacer la morbosa curiosidad
de un público que disfruta del dolor ajeno, que se
sacia con la destrucción del buen nombre de quienes
aparecen en dichas 'chivas', sin pensar siquiera cuánto
hay de exageración en lo publicado y cuántas
lágrimas se derraman por esta causa, lágrimas
de inocentes que ven convertida en piltrafa el nombre de los
suyos. De esta vergüenza participa la casa editorial
que para engrosar sus ingresos económicos, hace parte
del ignominioso comercio que venimos condenando.
La muerte de alguien no exime éticamente del respeto
por el buen nombre y la guarda de su intimidad. Nuestra constitución
vigente, la de 1991, afirma: «Artículo 21. Se
garantiza el derecho a la honra. La ley señalará
la forma de protección». «Artículo
74. [
] El secreto profesional es inviolable».
Y por secreto profesional, en todas las profesiones, se entiende
todo lo que una persona por razón de su profesión
u oficio conozca plena o parcialmente de la intimidad de otra
viva o muerta, es decir, de su manera de existir interior
y exteriormente, que es el núcleo verdadero de la intimidad
de la persona, viva o muerta.
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| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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