Lo anterior motivó
a la industria a fabricar tecnologías que permitan realizar
exámenes de laboratorio al lado del paciente, las cuales
cumplen requisitos mínimos como tamaño, movilidad,
máxima automatización, capacidad de funcionar
con muestra directa y en poca cantidad, entre otros. A su vez,
esto llevó a los clínicos a solicitar a las administraciones
de hospitales la implementación de estas tecnologías
en sitios considerados críticos, como servicios de urgencias,
Unidades de Cuidados Intensivos, quirófanos y servicios
cardiovasculares, pese a que los mismos los ofrezca el laboratorio
clínico de la institución.
Siempre que se haga una solicitud de implementación de
pruebas al lado del paciente, la institución y el solicitante
deben responderse varias preguntas: ¿Mejorar la oportunidad
del resultado de dicha prueba, sí tiene un impacto real
en el resultado clínico y en la estancia? ¿Existe
evidencia que lo demuestre? ¿Por qué el laboratorio
clínico no puede responder a dicha demanda? ¿Bastaría
con reorganizar procesos, renovar tecnología y hacer
acuerdos de servicios con el personal asistencial? ¿Cuál
es el costo de la nueva tecnología frente al beneficio?
Además: ¿Quién va a realizar las pruebas?
¿Es clara la legislación del país para
permitir que profesionales distintos a los del laboratorio clínico
realicen exámenes? ¿Cómo se va a garantizar
el control de calidad de estas pruebas que están por
fuera del laboratorio clínico? ¿Cómo se
va a evitar la sobre-utilización de este servicio? ¿Qué
barreras se van a implementar para evitar incidentes y eventos
adversos, y así garantizar la seguridad del paciente?
¿Ante una situación de negligencia, impericia
o mala práctica, quién responde?
Pareciera que con esta avalancha de preguntas las cosas no pudieran
hacerse, pero en realidad se busca llamar la atención
sobre un tema que cogió ventaja sin que estemos lo suficientemente
preparados y el cual, según mi conocimiento, no está
bien reglamentado. |