MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 61 OCTUBRE DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

INFORME PARA EL SECTOR SALUD

Participación del sector salud en proyectos que lo regulan
Francisco de Paula Gómez Director Ejecutivo de la Cámara Sectorial de Salud ANDI fgomez@andi.com.co

En medio de intensas discusiones y airados debates se encuentran dos propuestas de gran importancia para el sector salud, como lo son el proyecto de ley 017 sobre recursos humanos de salud -con su contrapropuesta el proyecto de ley 033-, y el anunciado proyecto de decreto sobre transplantes.
No examinaré aquí las mencionadas propuestas ni sus pro o sus contra: más bien intentaremos hacer un breve análisis acerca del impacto negativo que pudiera tener y que tendría en el futuro, la escasa participación de los diferentes estamentos médicos, científicos y gremiales especializados en la discusión previa de éstos y otros temas de salud.
La Constitución Política colombiana dice así en su primer artículo: “Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general.” No queda duda alguna que la Asamblea Constituyente de 1991 de manera inequívoca plasma en la Constitución la vocación democrática de este país y señala, entre otras cosas, que somos una nación participativa y pluralista.”

Por su parte, la Ley 100 de 1993 plantea sus principios generales en el primer capítulo, señalando como uno de ellos, la participación: “PARTICIPACION. Es la intervención de la comunidad a través de los beneficiarios de la seguridad social en la organización, control, gestión y fiscalización de las instituciones y del sistema en su conjunto.”
Partiendo del hecho de que el Sistema General de Seguridad Social en Salud está inserto dentro de una democracia y que la participación es uno de sus principios, no debe quedar duda alguna acerca de la legitimidad que tienen las asociaciones científicas, la academia de medicina, las asociaciones médicas, las asociaciones de profesionales de la salud y demás, en conocer, proponer, debatir, concertar y participar en la toma de decisiones que les competen de manera extensa. Igualmente, también les asiste el derecho de poder opinar acerca de temas técnicos que por su gran especificidad, en muchos casos solo ellos conocen profundamente.
Es evidente que la vertical reacción que han generado estos proyectos y el avanzado estado de desarrollo en el que se han conocido las propuestas, muestra que no se consultó suficientemente algunos aspectos de vital importancia y que no se han llevado a cabo debates lo suficientemente amplios que conduzcan a la toma de una cabal decisión. Se entiende claro, que los debates y las discusiones no pueden durar toda la vida y que en ellos participan toda clase de intereses buenos -y “no tan buenos”-, y que el gobierno está allí para eso, para gobernar. Sin embargo, es conveniente llamar la atención sobre el necesario establecimiento de un mecanismo de consultas por parte del Ministerio de la Pro-tección Social, el que seguramente en un principio retrasará tal vez un poco su vertiginosa agenda de trabajo, pero que con seguridad una vez establecido y socializado, sería de gran ayuda para la ejecución efectiva de las políticas del Estado.

No debe quedar duda alguna acerca de la legitimidad que tienen las asociaciones científicas, la academia de medicina, las asociaciones médicas, las asociaciones de profesionales de la salud y demás, en conocer, proponer, debatir, concertar y participar en la toma de decisiones que les competen de manera extensa. Igualmente, también les asiste el derecho de poder opinar acerca de temas técnicos que por su gran especificidad, en muchos casos solo ellos conocen profundamente.
Se debe entender que la participación debe ser “ex ante”, o sea que debe permitir el esbozo de ideas, propuestas y proyectos por parte del ente ministerial ante la comunidad médico-científica con el ánimo de consultarle, de proponerle y debatir, para finalmente decidir por parte del gobierno -claro está-. Proponer “participación” cuando las decisiones ya están tomadas, solo lleva a sentimientos de impotencia y de desconfianza, a enfrentamientos y a choques que hacen más difícil el ya tortuoso camino en que se ha convertido la conducción de la Seguridad Social en Salud.
Existen algunos estamentos creados ya sea por la reforma de salud o por la misma democracia, que deben aprovecharse precisamente para hacer esos debates y esas consultas previas, pues tengo la certeza que cuando los temas se ilustran, se consultan, se discuten con los diferentes entes representativos de la sociedad, llámense agremiaciones, asociaciones, sindicatos, ligas, etc., y se tiene la firme convicción de tomar la mejor decisión, una vez tomada ésta, ya no causa sorpresas ni perspicacias y más bien en numerosos casos, se cuenta con el apoyo de muchos de ellos.
También es cierto que el poder estudiar en conjunto un tema determinado con la presencia de varios puntos de vista enriquece lo estudiado; precisamente esa pluralidad le permitiría al gobierno tener la certeza de haber revisado la mayor cantidad posible de variables parar lograr un mayor acierto en la toma de sus decisiones, desechando la influencia de intereses y pareceres particulares.
El Consejo Nacional de Seguridad Social en Salud (CNSSS) como organismo rector del Sistema General de Seguridad Social en Salud, debiera ser el foro natural para discutir previamente una propuesta de política de transplantes, una propuesta de política para el recurso humano de la salud o cualquier otra política de salud. Infortunadamente el Consejo no se reúne, en evidente contravía de mandatos legales; ello delata la imposibilidad que tienen para acercarse al gobierno una buena parte de representantes y de instituciones democráticas y plurales, e igualmente se coloca el Ministerio a sí mismo una barrera que no le permite tener un diálogo fluido y permanente con los diferentes estamentos del sector.
Debido a que las democracias y la participación ciudadana conllevan cada vez un mayor grado de perfeccionamiento, es de esperarse que una sociedad como la colombiana -al igual que su sector salud- no renuncien a esa capacidad de concertación que le otorgaron la Constitución y la Ley 100; por tanto, si se insiste en cerrar al sector las puertas de participación en el CNSSS, me temo que éste busque alternativas para lograr ser escuchado, ya sea ante el Congreso de la República, ante otras instancias del ejecutivo, ante los medios de información, etc., donde operan otras lógicas y donde es más difícil mantener control.
Es importante entender que la participación es un aspecto fundamental dentro del Sistema General de Seguridad Social en Salud, y que corresponde a la sociedad y a sus instituciones civiles demandarla, y al Estado promoverla y facilitarla.
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