MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 61 OCTUBRE DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Colombia: agua dulce de secretos patógenos
Omaira Arbeláez Echeverri - Periodista elpulso@elhospital.org.co
"Con demasiada frecuencia vemos que los servicios fallan en su llegada a los pobres. Este fracaso puede ser menos grave que una crisis financiera, pero no cabe duda de que sus efectos son continuos y profundos"
James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial (BM)
Una mirada tímida a los antiguos imperios descubriría la relación entre el poder y el agua potable, una mirada suspicaz la uniría a la estrategia militar y económica, desde los asirios hasta los romanos. Senaquerib, rey de Asiria (700 a.C), hizo de Nínive, a orillas del Tigris, una gran capital con el acueducto que le construyó y su ejemplo lo siguió su
enemigo, Ezequías, rey de Judá, en el 715 a.C. para llevar agua a su amada Jerusalén, pero nadie disfrutó y padeció tanto en el mundo antiguo del significado del poder y del agua como los romanos, a quienes sus largos y modernos acueductos subterráneos y superficiales los hicieron famosos, poderosos y también vulnerables. No en vano, a estos últimos, los vencieron los bárbaros cortándoles el suministro de agua a su gran capital y eso que contaban con once acueductos para alimentar a Roma, que alimentaban 1.212 fuentes para el uso ciudadano, 937 baños públicos y 11 aristocráticas termas imperiales.
Ahora se predice que en el 2025 se presentará una gran crisis mundial por la falta de agua potable y que este factor se convertirá en otro elemento de guerra, según los oscuros oráculos futuristas del presente, a los cuales se unen desde los fenómenos climáticos, la contaminación ambiental y la falta de protección de los recursos naturales, la falta de inversión social en el sector, la corrupción administrativa y las luchas por el control de las fuentes de agua entre países fronterizos.
"Aunque los servicios públicos suelen presentar problemas, es un error concluir que el gobierno debería dejarlos de lado y traspasar todo a manos del sector privado" Banco Mundial,

América Latina parece sentirse a salvo de estas confrontaciones por contar con el 26% de los recursos hídricos del planeta para su población que sólo alcanza el 6% mundial y Colombia, a su vez, se sienten insuperable, aunque una década atrás fuese la primera Nación con estos recursos en el mundo y ahora está bajando escalones que algunos calculan en 4, 5 ó 6, según diferentes estudios internacionales, pero que de todas formas no la bajan de los primeros diez lugares.
Según Carlos A. Fernández-Jáuregui, Hidrólogo Regional de la UNESCO, en su artículo sobre "El agua como fuente de conflictos: repaso de los focos de conflictos en el mundo": "El 90% de la población mundial será vulnerable en el 2025, y el 50% altamente vulnerable, destacando China y Oriente Medio", y asegura que el aprovechamiento anual de agua crecerá a 5.000 km3 en el 2025, lo que supone un incremento del 35%, cuando era de 3.700 km3 en 1995 y acotando a ello que según algunos investigadores, "el uso del agua en el 2025 se incrementará entre un 15% y un 35% en los países desarrollados y entre un 200% y 300% en los que están en vías de desarrollo (Shiklomanov, 1998)", lo que obviamente involucra a Colombia por estar entre ellos y la obliga a mover sus cartas para que los prestidigitadores no le auguren un seco futuro.
Colombia tras la lupa
Por ahora, la mayor preocupación es aumentar la cobertura con los servicios de acueducto, agua potable y saneamiento básico, que a su vez debe ser complementado con un adecuado alcantarillado, tratamiento de aguas servidas, disposición final de las basuras y medidas de protección ecoambientales, afincadas con una amplia educación comunitaria en salud, higiene, ecología y, por supuesto, fiscalización pública sobre el funcionamiento, los costos, cobertura y la calidad de estos servicios.
La evaluación realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el año 2000, revela que para entonces Colombia suministraba al 83.60% de su población el servicio de acueducto con agua potable, desinfectada en los sistemas urbanos, mientras sólo trataba el 10.80% de las aguas residuales de sus alcantarillados. La meta que se trazó el gobierno nacional para el 2002 fue una cobertura en acueductos del 96% en la zona urbana y del 48.8% en la rural y de 86% en alcantarillado en las ciudades y 30.4% en los campos.
Hoy, si miramos los archivos del 2003 de la OMS, observamos que en el capítulo de Colombia aparecen son las cifras del 2000, pero con otros valores: 94.8% de cobertura del acueducto, según datos de la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios, con la precisión en el mismo documento de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de Profamilia, año 2000, que establece que un 96.5% los habitantes tiene conexión al acueducto en las ciudades y un 27.3% de la población rural y van más atrás, al año 1998, con datos del Ministerio de Salud que asegura un 70% de agua de buena calidad en los suministros del acueducto.
Diferencias entre 83.6%, 94.8% y 96.5% para el mismo año, 2000, en las coberturas del servicio público de acueducto, es algo que pone a pensar a cualquiera, y verificarlas sería una proeza aún mayor teniendo en cuenta que hay más de 2.300 empresas que prestan el servicio en los 1.091 municipios del país, donde se supone habitan cerca de 44 millones de colombianos, un 71.8% en la zona urbana y 28.2% en la rural, más cuando al revisar las páginas de la evaluación de Colombia por la OMS se afirma que "el país no proporcionó la información" en los siguientes rubros: estructura funcional del sector, inversiones y contribuciones en materia de abastecimiento de agua potable -urbano y rural-, ni en saneamiento urbano ni rural en los mismos campos, aunque en el total de los recursos aparecen inversiones en el sector por miles de dólares: US$465.600,00 en total, de los cuales corresponden a recursos externos US$86,100, es decir 18.49%, y a recursos nacionales US$379,500.00, equivalentes al 81.51% (http:// www.cepisopsms.org/ eswww/eva2000/colombia/ informe.html).
La plata y el agua…
El Departamento Nacional de Planeación estipula que las Metas de Coberturas del Plan de Desarrollo 1999-2002 en materia de acueducto son del 96.02% en la zona urbana y del 48.80% en la rural y en alcantarillado de 85.97% en la zona urbana y 30.40% en la rural. El gobierno nacional destinó a este plan recursos por $4.3 billones de pesos de 1998, equivalentes a 3 billones de dólares del mismo año, distribuidos en dos grandes rubros: "transformación y ajuste institucional e inversiones en acueducto y alcantarillado". Explican que "las inversiones como rubro principal han sido apropiadas en forma independiente a acueductos en el 56% y a alcantarillados en el 44%; estas a su vez, han sido desagregadas por tipología municipal en grandes ciudades, capitales de departamento y municipios mayores de 100.000 habitantes, municipios menores de 100.000 habitantes y zonas rurales del país".
La realidad es que los servicios de acueductos pueden significar gran comodidad en los hogares, pero no siempre seguridad en el consumo del agua, porque en la misma se pueden
ocultar más de 20 patógenos que pueden producir desde una diarrea aguda hasta cólera, hepatitis A y B, tifoidea, paratifoidea y leptospirosis, y eso sin contar los efectos en humanos de los desechos tóxicos de minas y fábricas que pueden contener desde plomo hasta cianuro y mercurio.
Así que tener agua en casa, no significa contar con agua potable. En el mundo mueren 25.000 personas diariamente por enfermedades relacionadas con el agua, aunque según datos del hidrólogo de la Unesco, el agua se destina "75% para la agricultura, un 22% para industria y minería, y sólo un 4% para el consumo doméstico en las ciudades" ¿Qué tal que fuera más…? Datos de la OPS-OMS en Centroamérica revelan que los hidrocidios han causado más muertes en la región que los conflictos armados: sólo en el istmo ha cobrado 6 millones de vidas en los últimos 30 años, de los cuales 5 millones de las víctimas fueron niños menores de 5 años.
En el informe de evaluación de la OMS no se dispone de cifras sobre muertes por diarrea en Colombia, sin embargo, datos de la OPS de 1999 revelan que la esperanza de vida al nacer es de 67 años, la tasa de mortalidad en menores de 5 años es de 34 niños por cada 1.000 y la incidencia de enfermedades diarreicas en menores de 5 años es de 27 episodios al año. En el 2000 el Dane reportó entre sus novedades, la defunción de 1.038 niños menores de 5 años por enfermedades infecciosas intestinales, en un marco total de estadísticas en las cuales figuraban 11.743 muertes infantiles causadas por infecciones respiratorias agudas, diarreas y desnutrición.
Guerras y chamanes
Mientras algunos esperan la guerra del agua para el 2025, los colombianos que nadan en la abundancia del recurso hídrico ya saben de estas batallas… los problemas por la falta de una buena calidad del agua potable llevan a más de mil niños a la tumba; los costos del acueducto dejan heridos los bolsillos de los colombianos que en un 59.8% están bajo los índices nacionales de pobreza; agonizan de sed los pobladores de los barrios populares de Cúcuta o Barranquilla a la espera del suministro del líquido por horas o algunos días a la semana; y soportan con resignación de trinchera los cortes en el servicio en Cali, donde un aguacero, la turbiedad en las aguas del río Cauca, la falta de mantenimiento de los ductos y hasta la propia basura arrojada por los ciudadanos a los caños, obliga a suspender el fluido.
Hay otras guerras futuristas, que en Colombia ya se viven, las ecológicas: la contaminación de las aguas que alimentan los acueductos del país causadas por los "bombardeos" de herbicidas en las fumigaciones aéreas de los cultivos ilícitos, atentados dinamiteros con derrames de petróleo crudo, la dispersión de venenos y plaguicidas en el agro y los vertimientos industriales y mineros que dejan sin oxígeno hasta el más caudaloso de los ríos. Para la muestra: el río Bogotá, según lo afirma Mario Jaramillo en su artículo Colombia y la burocracia ambiental: "El recuento de bacterias fecales del Río Bogotá, en el centro de Colombia, es de 7.3 millones. El límite para el agua potable es 100. Le sobran, pues, 7'299.900 bacterias".
Lo cierto es que la contaminación del río Bogotá se convirtió en una amenaza para la población, en especial para la de Sibaté, Cundinamarca, donde la represa del Muña construida para aprovechar sus aguas por la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) creó un gran conflicto: los peces desaparecieron, el oxígeno quedó en cero y surgieron enfermedades de la piel, parasitosis, laringitis, faringitis, hongos, y comenzaron a pulular zancudos, insectos y roedores. El pasado 2 de septiembre, el periódico El Tiempo publicó la buena noticia para los 33.000 habitantes de Sibaté: la Corte Constitucional ordenó a la EEB descontaminar el embalse, así que tendrá que invertir $11.000 millones en su limpieza. Una batalla ganada.
Por eso, cuando muchos creen que la crisis del agua iniciará en Asia y el Medio Oriente hasta extenderse y convertirse en la Tercera Guerra Mundial, los colombianos no se estremecen porque la viven aquí, en la intimidad de su vientre, sentados en el baño, deshidratados en las clínicas, agobiados por su contaminación, por su alto costo, su turbiedad o su carencia en casa. En la calle, afuera, los empleadores y quienes tienen la buena suerte de tener trabajo hacen su aporte mensual y solidario a la salud de los más pobres; en el palacio de gobierno se propone reducir la tasa de mortalidad infantil en dos terceras partes y un 25 % las muertes por diarrea; y en la tribuna pública el defensor del Pueblo (E), Darío Mejía, levantó su voz para denunciar en El Tiempo (septiembre 21 de 2003) que en Colombia 17 millones de personas no tienen ninguna protección en salud, a pesar del billón de pesos aportado por trabajadores y patrones para brindar salud a 2.5 millones de desprotegidos en Colombia por 3 años, pero que está siendo usado -sin bendición legal- para crecer las arcas en el Ministerio de Hacienda que "congela recursos" y en el Ministerio de Salud que los "ahorra"… mientras en silencio e impotencia la gente vive su propia guerra.
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