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Colombia:
agua dulce de secretos patógenos
Omaira
Arbeláez Echeverri - Periodista elpulso@elhospital.org.co |
"Con
demasiada frecuencia vemos que los servicios fallan en su llegada
a los pobres. Este fracaso puede ser menos grave que una crisis
financiera, pero no cabe duda de que sus efectos son continuos
y profundos"
James Wolfensohn, presidente del Banco
Mundial (BM) |
Una mirada tímida a los antiguos imperios descubriría
la relación entre el poder y el agua potable, una mirada
suspicaz la uniría a la estrategia militar y económica,
desde los asirios hasta los romanos. Senaquerib, rey de Asiria
(700 a.C), hizo de Nínive, a orillas del Tigris, una
gran capital con el acueducto que le construyó y su ejemplo
lo siguió su |
enemigo, Ezequías, rey de Judá, en el 715 a.C.
para llevar agua a su amada Jerusalén, pero nadie disfrutó
y padeció tanto en el mundo antiguo del significado del
poder y del agua como los romanos, a quienes sus largos y modernos
acueductos subterráneos y superficiales los hicieron
famosos, poderosos y también vulnerables. No en vano,
a estos últimos, los vencieron los bárbaros cortándoles
el suministro de agua a su gran capital y eso que contaban con
once acueductos para alimentar a Roma, que alimentaban 1.212
fuentes para el uso ciudadano, 937 baños públicos
y 11 aristocráticas termas imperiales.
Ahora se predice que en el 2025 se presentará una gran
crisis mundial por la falta de agua potable y que este factor
se convertirá en otro elemento de guerra, según
los oscuros oráculos futuristas del presente, a los cuales
se unen desde los fenómenos climáticos, la contaminación
ambiental y la falta de protección de los recursos naturales,
la falta de inversión social en el sector, la corrupción
administrativa y las luchas por el control de las fuentes de
agua entre países fronterizos. |
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"Aunque los servicios
públicos suelen presentar problemas, es un error concluir
que el gobierno debería dejarlos de lado y traspasar
todo a manos del sector privado" Banco Mundial,
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América Latina parece sentirse a salvo de estas confrontaciones
por contar con el 26% de los recursos hídricos del planeta
para su población que sólo alcanza el 6% mundial
y Colombia, a su vez, se sienten insuperable, aunque una década
atrás fuese la primera Nación con estos recursos
en el mundo y ahora está bajando escalones que algunos
calculan en 4, 5 ó 6, según diferentes estudios
internacionales, pero que de todas formas no la bajan de los
primeros diez lugares.
Según Carlos A. Fernández-Jáuregui, Hidrólogo
Regional de la UNESCO, en su artículo sobre "El
agua como fuente de conflictos: repaso de los focos de conflictos
en el mundo": "El 90% de la población mundial
será vulnerable en el 2025, y el 50% altamente vulnerable,
destacando China y Oriente Medio", y asegura que el aprovechamiento
anual de agua crecerá a 5.000 km3 en el 2025, lo que
supone un incremento del 35%, cuando era de 3.700 km3 en 1995
y acotando a ello que según algunos investigadores, "el
uso del agua en el 2025 se incrementará entre un 15%
y un 35% en los países desarrollados y entre un 200%
y 300% en los que están en vías de desarrollo
(Shiklomanov, 1998)", lo que obviamente involucra a Colombia
por estar entre ellos y la obliga a mover sus cartas para que
los prestidigitadores no le auguren un seco futuro.
Colombia tras la lupa
Por ahora, la mayor preocupación es aumentar la cobertura
con los servicios de acueducto, agua potable y saneamiento básico,
que a su vez debe ser complementado con un adecuado alcantarillado,
tratamiento de aguas servidas, disposición final de las
basuras y medidas de protección ecoambientales, afincadas
con una amplia educación comunitaria en salud, higiene,
ecología y, por supuesto, fiscalización pública
sobre el funcionamiento, los costos, cobertura y la calidad
de estos servicios.
La evaluación realizada por la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la
Salud (OPS) en el año 2000, revela que para entonces
Colombia suministraba al 83.60% de su población el servicio
de acueducto con agua potable, desinfectada en los sistemas
urbanos, mientras sólo trataba el 10.80% de las aguas
residuales de sus alcantarillados. La meta que se trazó
el gobierno nacional para el 2002 fue una cobertura en acueductos
del 96% en la zona urbana y del 48.8% en la rural y de 86% en
alcantarillado en las ciudades y 30.4% en los campos.
Hoy, si miramos los archivos del 2003 de la OMS, observamos
que en el capítulo de Colombia aparecen son las cifras
del 2000, pero con otros valores: 94.8% de cobertura del acueducto,
según datos de la Superintendencia de Servicios Públicos
Domiciliarios, con la precisión en el mismo documento
de la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de Profamilia,
año 2000, que establece que un 96.5% los habitantes tiene
conexión al acueducto en las ciudades y un 27.3% de la
población rural y van más atrás, al año
1998, con datos del Ministerio de Salud que asegura un 70% de
agua de buena calidad en los suministros del acueducto.
Diferencias entre 83.6%, 94.8% y 96.5% para el mismo año,
2000, en las coberturas del servicio público de acueducto,
es algo que pone a pensar a cualquiera, y verificarlas sería
una proeza aún mayor teniendo en cuenta que hay más
de 2.300 empresas que prestan el servicio en los 1.091 municipios
del país, donde se supone habitan cerca de 44 millones
de colombianos, un 71.8% en la zona urbana y 28.2% en la rural,
más cuando al revisar las páginas de la evaluación
de Colombia por la OMS se afirma que "el país no
proporcionó la información" en los siguientes
rubros: estructura funcional del sector, inversiones y contribuciones
en materia de abastecimiento de agua potable -urbano y rural-,
ni en saneamiento urbano ni rural en los mismos campos, aunque
en el total de los recursos aparecen inversiones en el sector
por miles de dólares: US$465.600,00 en total, de los
cuales corresponden a recursos externos US$86,100, es decir
18.49%, y a recursos nacionales US$379,500.00, equivalentes
al 81.51% (http:// www.cepisopsms.org/ eswww/eva2000/colombia/
informe.html).
La plata y el agua
El Departamento Nacional de Planeación estipula que las
Metas de Coberturas del Plan de Desarrollo 1999-2002 en materia
de acueducto son del 96.02% en la zona urbana y del 48.80% en
la rural y en alcantarillado de 85.97% en la zona urbana y 30.40%
en la rural. El gobierno nacional destinó a este plan
recursos por $4.3 billones de pesos de 1998, equivalentes a
3 billones de dólares del mismo año, distribuidos
en dos grandes rubros: "transformación y ajuste
institucional e inversiones en acueducto y alcantarillado".
Explican que "las inversiones como rubro principal han
sido apropiadas en forma independiente a acueductos en el 56%
y a alcantarillados en el 44%; estas a su vez, han sido desagregadas
por tipología municipal en grandes ciudades, capitales
de departamento y municipios mayores de 100.000 habitantes,
municipios menores de 100.000 habitantes y zonas rurales del
país".
La realidad es que los servicios de acueductos pueden significar
gran comodidad en los hogares, pero no siempre seguridad en
el consumo del agua, porque en la misma se pueden
ocultar más de 20 patógenos que pueden producir
desde una diarrea aguda hasta cólera, hepatitis A y B,
tifoidea, paratifoidea y leptospirosis, y eso sin contar los
efectos en humanos de los desechos tóxicos de minas y
fábricas que pueden contener desde plomo hasta cianuro
y mercurio.
Así que tener agua en casa, no significa contar con agua
potable. En el mundo mueren 25.000 personas diariamente por
enfermedades relacionadas con el agua, aunque según datos
del hidrólogo de la Unesco, el agua se destina "75%
para la agricultura, un 22% para industria y minería,
y sólo un 4% para el consumo doméstico en las
ciudades" ¿Qué tal que fuera más
?
Datos de la OPS-OMS en Centroamérica revelan que los
hidrocidios han causado más muertes en la región
que los conflictos armados: sólo en el istmo ha cobrado
6 millones de vidas en los últimos 30 años, de
los cuales 5 millones de las víctimas fueron niños
menores de 5 años.
En el informe de evaluación de la OMS no se dispone de
cifras sobre muertes por diarrea en Colombia, sin embargo, datos
de la OPS de 1999 revelan que la esperanza de vida al nacer
es de 67 años, la tasa de mortalidad en menores de 5
años es de 34 niños por cada 1.000 y la incidencia
de enfermedades diarreicas en menores de 5 años es de
27 episodios al año. En el 2000 el Dane reportó
entre sus novedades, la defunción de 1.038 niños
menores de 5 años por enfermedades infecciosas intestinales,
en un marco total de estadísticas en las cuales figuraban
11.743 muertes infantiles causadas por infecciones respiratorias
agudas, diarreas y desnutrición.
Guerras y chamanes
Mientras algunos esperan la guerra del agua para el 2025, los
colombianos que nadan en la abundancia del recurso hídrico
ya saben de estas batallas
los problemas por la falta
de una buena calidad del agua potable llevan a más de
mil niños a la tumba; los costos del acueducto dejan
heridos los bolsillos de los colombianos que en un 59.8% están
bajo los índices nacionales de pobreza; agonizan de sed
los pobladores de los barrios populares de Cúcuta o Barranquilla
a la espera del suministro del líquido por horas o algunos
días a la semana; y soportan con resignación de
trinchera los cortes en el servicio en Cali, donde un aguacero,
la turbiedad en las aguas del río Cauca, la falta de
mantenimiento de los ductos y hasta la propia basura arrojada
por los ciudadanos a los caños, obliga a suspender el
fluido.
Hay otras guerras futuristas, que en Colombia ya se viven, las
ecológicas: la contaminación de las aguas que
alimentan los acueductos del país causadas por los "bombardeos"
de herbicidas en las fumigaciones aéreas de los cultivos
ilícitos, atentados dinamiteros con derrames de petróleo
crudo, la dispersión de venenos y plaguicidas en el agro
y los vertimientos industriales y mineros que dejan sin oxígeno
hasta el más caudaloso de los ríos. Para la muestra:
el río Bogotá, según lo afirma Mario Jaramillo
en su artículo Colombia y la burocracia ambiental: "El
recuento de bacterias fecales del Río Bogotá,
en el centro de Colombia, es de 7.3 millones. El límite
para el agua potable es 100. Le sobran, pues, 7'299.900 bacterias".
Lo cierto es que la contaminación del río Bogotá
se convirtió en una amenaza para la población,
en especial para la de Sibaté, Cundinamarca, donde la
represa del Muña construida para aprovechar sus aguas
por la Empresa de Energía de Bogotá (EEB) creó
un gran conflicto: los peces desaparecieron, el oxígeno
quedó en cero y surgieron enfermedades de la piel, parasitosis,
laringitis, faringitis, hongos, y comenzaron a pulular zancudos,
insectos y roedores. El pasado 2 de septiembre, el periódico
El Tiempo publicó la buena noticia para los 33.000 habitantes
de Sibaté: la Corte Constitucional ordenó a la
EEB descontaminar el embalse, así que tendrá que
invertir $11.000 millones en su limpieza. Una batalla ganada.
Por eso, cuando muchos creen que la crisis del agua iniciará
en Asia y el Medio Oriente hasta extenderse y convertirse en
la Tercera Guerra Mundial, los colombianos no se estremecen
porque la viven aquí, en la intimidad de su vientre,
sentados en el baño, deshidratados en las clínicas,
agobiados por su contaminación, por su alto costo, su
turbiedad o su carencia en casa. En la calle, afuera, los empleadores
y quienes tienen la buena suerte de tener trabajo hacen su aporte
mensual y solidario a la salud de los más pobres; en
el palacio de gobierno se propone reducir la tasa de mortalidad
infantil en dos terceras partes y un 25 % las muertes por diarrea;
y en la tribuna pública el defensor del Pueblo (E), Darío
Mejía, levantó su voz para denunciar en El Tiempo
(septiembre 21 de 2003) que en Colombia 17 millones de personas
no tienen ninguna protección en salud, a pesar del billón
de pesos aportado por trabajadores y patrones para brindar salud
a 2.5 millones de desprotegidos en Colombia por 3 años,
pero que está siendo usado -sin bendición legal-
para crecer las arcas en el Ministerio de Hacienda que "congela
recursos" y en el Ministerio de Salud que los "ahorra"
mientras en silencio e impotencia la gente vive su propia guerra. |

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