MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 254 NOVIEMBRE DEL AÑO 2019 ISNN 0124-4388
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Desde hace aproximadamente 315.000 años tenemos evidencia de la existencia de los homínidos, estos tienen claras diferencias en la estructura corporal entre ambos sexos, particularmente en el homo sapiens el macho es de mayor estatura y peso, los caracteres sexuales primarios y secundarios son bastante marcados.
El comportamiento moderno data de hace unos 160.000 años, donde los hombres salen en manada a cazar animales y las mujeres permanecen en campamentos nómadas cuidando las crías. Posteriormente existe un cambio organizacional y se pasa de ser cazadores - recolectores y comienza la etapa de agricultura y ganadería. Los nuevos asentamientos dan origen a las ciudades, donde el varón asume roles políticos, económicos y sociales diferentes a los de la mujer que se encarga del núcleo familiar y labores domésticas, la crianza y el cuidado de los enfermos. Durante milenios se consideró el papel femenino secundario, propiedad inicial de los padres y posteriormente de los maridos, todo esto respaldado por la moral religiosa y del estado.
Después de la revolución francesa se inicia en el mundo el desmonte de la esclavitud y de las clases sociales; es a mediados del siglo XX que las mujeres adquieren el derecho al voto y a la academia. En los últimos 70 años el rol femenino adquiere vital importancia dentro de las organizaciones, ganando terreno en la fuerza laboral, en el plano estratégico, político y también en el religioso, moviéndose lenta pero seguramente como el viento, entrando en cada rincón con un poder creador y transformador.
Lamentablemente aún no es contundente el liderazgo de la mujer dentro de las organizaciones; tan solo el 1% de las empresas son dirigidas por estas, y las que logran cargos importantes solo obtienen el 70% de la remuneración económica masculina. En Colombia las mujeres representan el 40% de la fuerza laboral y el 30% dentro de los cargos estatales, en el sector salud ellas ocupan el 77% de los asistenciales (médicos y enfermeras), pero tan solo 8% de los directivos.
En Colombia según datos del Ministerio de tecnologías y comunicaciones, la participación de hombres en la industria en 2015 era del 61 %, y la de las mujeres sólo del 39 %. De las 2.230 becas académicas otorgadas en 2016, el 76 % fueron para hombres y el 24 % para mujeres.
En el sistema de salud es pilar fundamental la participación directiva de las mujeres, la experiencia ha demostrado su conocimiento del medio empresarial, las necesidades integrales de la población y los diferenciales con la competencia, esos “pequeños detalles”.
En cuanto a planeación estratégica lo femenino sopla en diferentes direcciones, las directoras poseen una visión integral, son capaces de amalgamar la sostenibilidad financiera, con la calidad de los servicios, estimulando la innovación, investigación y educación continua. Particularmente se preocupan por la responsabilidad social y el eje misional, conserva su sentido de cuidado, preservación de la vida.
Las mujeres son líderes innatas, no necesitan el título de un cargo gerencial, dueñas de muchas situaciones, no les interesa la competencia masculina, ni tampoco la depredación ni la caza, son verdaderas estrategas en la supervivencia. Tienen recursos psicológicos extraordinarios, autoconscientes en todas las circunstancias, mucho más tolerantes que los varones, racionales con gran desarrollo de inteligencia emocional. Son seguras y definitivas a la hora de tomar decisiones, nunca negocian sus valores éticos; creen en la equidad, motivan, transmiten empatía, generan confianza, sensación de bienestar y satisfacción laboral.
Ellas poseen habilidades comunicativas excepcionales, gran capacidad de escucha y de relacionamiento. Creen en el poder transformacional, lo que el ojo masculino no ve a simple vista, ella lo concibe en su mente y en el corazón, y se pone en marcha. Es gestora de cambios, adapta la organización a las adversidades del medio y aún más, influye y transforma su contexto social. Es capaz de afrontar simultáneamente muchos cambios, complejos y a gran velocidad, logrando una percepción positiva de estos y una importante significación.
Son facilitadoras de una visión colectiva, promueven la adaptación, potencian la diversidad personal y generan contextos creativos. Ellas realmente son vientre creador de grandes transformaciones. Su grado de influencia es superior, su verdadero poder está en su capacidad potencial de crear, son estrategas naturales en el juego político. Estos atributos generan confianza y respuesta personal y organizacional positiva para la adaptación, para la supervivencia, para la evolución, para la vida.
Hombres y mujeres debemos trabajar conjuntamente, cada uno aportando a la organización desde sus fortalezas biológicas, psíquicas, profesionales y personales; miradas complementarias que fecunden y gesten adaptación y cambios perdurables es la nueva cultura transformacional.
Indudablemente la participación femenina en el sector salud crece vertiginosamente, debemos preocuparnos por retener su talento humano y promocionarlas a roles directivos y compatibilizar su rol por medio de flexibilidad laboral. Permitamos que su espíritu sople sobre cada uno de los miembros de nuestra organización y renueve y reengendre nuestro sector salud.
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