MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 261 JUNIO DEL AÑO 2020 ISNN 0124-4388
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En el mundo el manejo de la pandemia del Covid-19 se ha caracterizado, como era de esperar, por el acatamiento de las directrices emanadas desde la Organización Mundial de la Salud, aunque con variaciones en el nivel de aplicación, la gradualidad, o incluso los tiempos y los tratamientos utilizados. Sin embargo se han dado diferencias entre las naciones que han producido mejores o peores resultados en cada territorio, medidos estos ya sea en el número de contagiados o de muertes. El análisis de estos resultados debe considerarse también más allá de las medidas en sí mismas, y presente las condiciones socioeconómicas, culturales, e incluso políticas de cada región.
Observar lo que ha sucedido en algunas naciones durante estos seis meses de pandemia, puede dar a los países pautas para sus estrategias nacionales de respuesta no solo ahora frente al caso puntual del Covid-19, sino hacia el futuro, porque la primera conclusión que se puede sacar, es que no somos inmunes a una catástrofe sanitaria global y que por el contrario somos frágiles ante ellas.
Con una velocidad de propagación vertiginosa y gran letalidad, España se convirtió en ejemplo del impacto devastador que puede tener el Covid-19 e infortunadamente en un caso de estudio para observar cuales condiciones agravaron los efectos de la pandemia en un país que a finales de 2019 había sido clasificado como poseedor de uno de los mejores sistemas de salud del mundo, situación que no fue una salvaguarda, ya que como señaló el doctor Bruce Aylward, director de la misión de la OMS en China: “cualquier sistema de salud, por sólido que sea, puede colapsar cuando se multiplican exponencialmente los enfermos que requieren hospitalización o cuidados médicos”.
El médico salubrista español, Javier Segura del Pozo, ha señalado en varios papers las que podrían ser las causas de lo sucedido en su país. Lo primero es que al sistema de salud la pandemia lo cogió agotado después de años de recortes y privatizaciones y sacó a la luz las debilidades del sistema sanitario, pero también del socioeconómico y político. Señala el doctor Segura: “en las últimas dos décadas, especialmente desde 2010, hemos visto una reducción en el número de camas y personal en nuestros hospitales, además del recorte significativo en el presupuesto dedicado a la atención primaria y la difusión de formas precarias de contratación para el personal de atención médica. Los recursos públicos se han desviado para financiar la salud privada” y agrega: “estamos experimentando con un modelo de atención centrado exclusivamente en el paciente y la enfermedad, en lugar de la comunidad. En las últimas décadas, hemos sido testigos de un debilitamiento progresivo del modelo de atención primaria y salud comunitaria”.
El primer ministro británico Boris Johnson fue el primer caso de un mandatario del primer mundo que con sus medidas llevó al país a un alto nivel de contagio. La estrategia inicial consistía en no poner muchas barreras a la propagación del virus, sin embargo solo faltaron unas semanas para que desde el 21 de marzo, el país diera un giro total, cerrara fronteras, restaurantes, pubs, y el mismo Johnson hablara del distanciamiento social como estrategia, mucho después de que las universidades a motu proprio se pasaran a las clases virtuales.
Lo laxas de las medidas iniciales tuvieron como fundamento la misma argumentación que aplicó Suecia, buscar una inmunidad colectiva de la población dejando que el virus se propagara sin muchas barreras. Sir Patrick Vallance, principal asesor científico de Johnson había pronosticado que el 60% de la población debía enfermase para alcanzar un buen grado de inmunidad. El gran problema de la estrategia es que a pesar de la lógica del concepto, la “inmunidad de rebaño” se ha demostrado en programas de vacunación, pero ante una pandemia era más un experimento que podía costar miles de vidas.
La ventaja más destacada de Vietnam para contener el coronavirus es su unidad política; un estado de partido único donde ejército y todas las instituciones obedecen de manera organizada le permitieron al gobierno tomar decisiones muy rápidas, a lo que se le debe sumar una cultura de vigilancia ciudadana, donde los vecinos informan cuando observan comportamientos que se consideren anormales, y que en este caso sirvió para ampliar los cercos epidemiológicos. Una medida curiosa para nuestro medio, fue la decisión del gobierno de castigar policivamente y con multas a quienes difundieran noticias falsas sobre el Covid-19 en las redes sociales. Otras acciones fueron cerrar fronteras desde el primer día de febrero, cuando casi ningún país lo había hecho, y colocar en cuarentena a quienes habían llegado de manera reciente, así se compensó la falta de dineros para aplicar pruebas masivas. Se mantuvieron las vacaciones escolares, y se ordenó una cuarentena de 21 días en la provincia de Vinh Phuc, al norte de Hanoi, debido a la presencia allí de trabajadores provenientes de Wuhan, foco de la pandemia.
En la región de Toscana, punto = de la pandemia en Italia, el poblado de Véneto marcó la diferencia al apartarse en lo que al inicio fueron las recomendaciones de la OMS. Andrea Crisanti, de la Universidad de Padova, habla de lo que fue el primer del Covid-19 en territorio europeo: “en Véneto el virus brotó con violencia, pero tras una serie de medidas, que otros territorios no adoptaron a tiempo, se logró su retirada. La primera de las medidas fue aplicar test a toda la población, algo más de 3.500 habitantes; se aislaron todos los positivos incluyendo los asintomáticos, logrando que la enfermedad frenara en seco. Lo más interesante de la estrategia se encuentra en que cuando los contagiados asintomáticos fueron aislados el porcentaje de enfermos cayó del 3,2% al 0,3%. , pero además, los asintomáticos luego de 10 días de asilamiento fueron testeados de nuevo y más de la mitad dieron negativo.
Otra diferencia en el manejo dado en Véneto consiste en que se evitó la hospitalización de todos los pacientes con síntomas para mantenerlos alejados, partiendo de la idea de que el virus es muy peligroso en ambientes cerrados, por lo cual se también se extendieron las medidas de protección para los ascensores. Otra medida fue recomendar el uso de mascarillas cuando la OMS descalificaba esta práctica, aunque semanas después revirtió la recomendación.
A solo 180 kilómetros de la costa de China, y con uno de los flujos de visitantes más alto de Asia, Taiwán logró contener la presencia del Covid-19 gracias a la velocidad en su reacción, por lo menos así lo afirma su presidenta Tsai Ing-wen, quien desde el 31 de diciembre de 2019 decidió suspender los vuelos internacionales, declarar la cuarentena a quienes llegaban y aplicar la tecnología para vigilar su cumplimiento. Pero el país ha estado en el centro de las discusiones por otras razones, El Centro de Control de Enfermedades de Taiwán tuvo conocimiento del Covid-19 desde temprano, e incluso avisó a la OMS para pedir más información desde los primeros días de enero, cuando en el mundo no se hablaba de pandemias. En enero estableció un centro de mando para coordinar las acciones aplicando la experiencia adquirida en el manejo del brote de SarsCov2 en 2003.
Con el surgimiento del primer caso el 21 de enero, controlar el contagio a los 23 millones de habitantes de la isla fue la tarea primordial, se hizo obligatorio el uso de mascarillas en lugares y transportes públicos, y para garantizar su disponibilidad se cerraron las exportaciones de este tipo de insumos, aunque una vez cubierta a satisfacción la demanda nacional, se comenzaron a donar a otras naciones. Un estudio publicado en la revista Journal of the American Medical Association (JAMA) destaca que “Taiwán aprendió de su experiencia con el SarsCov2 en 2003 y estableció un mecanismo de respuesta de salud pública para permitir una reacción rápida en futuras crisis. Equipos de funcionarios bien adestrados y con experiencia se dieron cuenta rápidamente de la crisis”.
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