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Mozart,
los primeros 250 años
de un niño prodigio
Hernando
Guzmán Paniagua
Periodista elpulso@elhospital.org.co |
Todo
está compuesto, sólo falta escribirlo
Mozart |
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Aún
estoy vivo, y muy contento, por cierto, decía
Mozart en carta a su padre en 1770. Palabras que se repiten
hoy, 250 años después de haber nacido el inmortal
genio de Salzburgo, ese ser que escribió su primera
obra a los cinco años, que transcribió el Miserere
de Allegri con solo escucharlo en la Basílica de San
Pedro en Roma y que quiso casarse con María Antonieta,
la futura esposa de Luis XVI de Francia. Con más de
600 obras que representan la perfección musical en
múltiples estilos, más que el paradigma universal
de los músicos, Mozart aparece ante la posteridad como
el creador de la belleza misma.
Pocos hechos y personajes concitan una celebración
universal como los 250 años de Mozart. Suerte tuvo
Cervantes de tocarle los 400 años de su Quijote en
2005, y aún le tocó compartir el inicio de la
fiesta con el gran Amadeus. Todo el mundo occidental y hasta
países ajenos a la tradición musical europea,
se sumaron al Año Mozart. Austria, su tierra, es epicentro
de la gloriosa efemérides, que incluye la representación
de las 22 óperas en el Festival de Salzburgo, del 24
de julio al 31 de agosto, la apertura de la Casa para
Mozart donde se representará Las bodas
de Fígaro, restauración de lugares cercanos
a su tumba, el tour Los caminos de Mozart que
recorre toda la Europa que transitó el genio en carruajes
tirados por caballos de posta, lo mismo que recitales y conciertos
callejeros de música y literatura, exposiciones y la
apertura de nuevos museos.
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No hubo una sola persona
que al acercarse a él, ver y comprobar sus singulares
facultades, no se sintiese maravillado: reyes, emperadores,
príncipes, nobles, músicos, pueblo y aún
el mismo Papa, rindieron tributo al niño prodigio que
fue Mozart.
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Viena, la ciudad
donde desarrolló Mozart gran parte de su actividad,
convertirá en museo la casa donde escribió Las
bodas de Fígaro. Del 27 de enero de este año
hasta el 7 de enero de 2007, estará abierta la muestra
Viva Mozart en el nuevo edificio del salzburgués
Museo Carolino Augusteum. A los festejos concurrirán
artistas de todos los pelambres y orígenes, incluso
descendientes del Clan Mozartiano. Tan arrolladora es la rememoración
de Mozart en Austria, que no faltó la paradoja: la
provincia de Estiria reaccionó declarándose
Zona libre de Mozart este año. En Caracas,
la Orquesta Filarmónica Nacional de Venezuela dio un
concierto gratuito el 15 de enero, que abrió con cantos
indígenas y terminó con Las Bodas,
mientras que la Biblioteca Británica exhibió
partituras de dos conciertos para piano recién descubiertos.
En el XXII Festival de Música de Canarias, la Orquesta
Sinfónica de Tenerife y la Filarmónica de Gran
Canaria interpretan piezas del repertorio mozartiano. La Filarmónica
de Ciudad de Méjico programó varios conciertos
especiales y en Colombia la Sinfónica Nacional hace
lo propio.

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La Filarmónica
de Medellín que dirige Alberto Correa, desarrolla desde
el año pasado varios ciclos de conciertos dedicados
al compositor. Ni qué decir de la extensa programación
de Italia, Francia, Inglaterra, Alemania y el país
Checo, entre otras naciones donde dejó su impronta
el genio de Salzburgo. La producción discográfica
con motivo de los 250 años es inconmensurable y en
ella se destacan los Warner Classics, la obra
completa en 90 discos con intérpretes de la talla de
Daniel Barenboim, la Filarmónica de Berlín y
la orquesta del Concertgebouw de Amsterdam de Nikolaus Harnoncourt.
Harmonia Mundi publica su colección Mozart 2006,
la Deutsche Gramophon sacará en octubre su Mozart
Collection y en la parte literaria abundan las nuevas
obras, entre ellas Las mujeres de Mozart de la
escritora y directora orquestal Jane Glover.
El Efecto Mozart
Wolfgang Amadeus Mozart no
se sentaba a componer, sino a transcribir páginas y
páginas de música concebidas en su mente. Todo
está compuesto, solo falta escribirlo, escribía
en la última carta a su padre Leopoldo. Pocas horas
le bastaron para reproducir el complejo Miserere de Allegri
con su entramado de voces e instrumentos, después de
oírlo en la Basílica de San Pedro. Además
podía improvisar durante horas sobre cualquier tema
musical. Una poderosa máquina cibernética como
el cerebro de Mozart tenía que servir de modelo para
el llamado Efecto Mozart, aprovechamiento sico-terapéutico
de las consecuencias neurofisiológicas de su música.
Apenas en gestación, su madre Ana María Pertl
le proporcionó un ambiente de canciones y serenatas.
En el vientre materno escuchó también el violín
que tocaba admirablemente su padre. Tan maravilloso ejemplo
de estimulación temprana permitió a Mozart escribir
su Minueto y Trío para Teclado, a los seis años
de edad.
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Mozart en sus 250
años es paradigma de la libertad artística
y espiritual.
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El gran físico
Albert Einstein es notable precursor del Efecto Mozart, al
señalar: La apreciación de la buena ciencia
y de la buena música demandan en parte procesos mentales
similares. Sus profesores testifican que Einstein mejoró
su rendimiento académico merced a la utilización
del violín como instrumento musico-terapéutico.
El científico francés Alfred Tomatis parte de
la premisa según la cual el oído es el primer
sentido que se desarrolla en el nivel embrionario, conceptúa
que la música preexiste al lenguaje y elabora en firme
la teoría del Efecto Mozart al postular que todo
lo que vive, vibra. Demostró que la música
mozartiana hace emerger en nosotros el ritmo resultante de
nuestras propias vibraciones básicas. Estudió
la música en relación directa con el sistema
nervioso, pues sale de un sistema nervioso emisor hacia un
sistema receptor. En tal sentido, Tomatis plantea que el instrumento
que mejor dominó Mozart fue el cuerpo humano, y que
gracias al sistema neurovegetativo entramos en simpatía
con el universo. Para el escritor e investigador pereirano
Carlos Alberto Jiménez, el Efecto Mozart se produce
debido a los ritmos, melodías y frecuencias altas de
su música, siendo sonidos altamente armónicos
que metafóricamente actúan como un relato o
un cuento de hadas, estimulando tanto el neo-córtex
como el sistema límbico, permitiendo de esta forma
que la persona que escuche la música vibre de una forma
cognitiva y emotiva.
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¿Para
qué sirven el ruido ensordecedor y la alegría
fugaces?
Mozart
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Alfred Tomatis comprobó
el Efecto Mozart al sanar a más de 100.000 pacientes
con musico-terapia. En Munich logró normalizar los
signos vitales de niños desahuciados, mediante la música
de Mozart, y en un monasterio de Bretania sorprendió
con sus experimentos con vacas que aumentaron su producción
de leche escuchando las sinfonías del gran compositor.
Más asombroso aún, en Canadá se pudo
subir el crecimiento de las plantas con sólo ponerlas
a escuchar las bellas melodías de Mozart.
Mozart, el eterno
El natalicio de Wolfgang Amadeus
Mozart significa muchas lecciones a la vez. El tiempo, juez
inexorable, consagró eternamente su arte imperecedero.
Su maestría en el tratamiento de la ópera, del
género galante, de la salmodia litúrgica, de
la música masónica, de la polifonía italiana,
del aria napolitana, del contrapunto barroco, del cántico
popular alemán, de la forma sonata, del coral luterano,
sus más de 46 sinfonías, 20 misas, 178 sonatas
para piano, 22 conciertos para el mismo instrumento, seis
para violín y sus 23 óperas, amén de
cuartetos, divertimentos, serenatas y otras obras, son la
mejor muestra de la excelsitud de la música. El niño
prodigio de siempre, el eternamente joven Mozart, sigue diciéndole
a la juventud de hoy como en una de sus cartas: ¿Para
qué sirven el ruido ensordecedor y la alegría
fugaces? ¡Son tan poco duraderos!.
De contera, Mozart en sus 250 años es paradigma de
la libertad artística y espiritual, virtudes llevadas
hasta la irreverencia con el poder. Es ejemplo insigne del
hombre siempre alegre aún en medio de la adversidad
y del ser perpetuamente enamorado. En sus primeros 250 años
de música, Mozart es un canto permanente a la vida.
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| Ocioso
lector
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Mozart y Beethoven |
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Ludwig Van Beethoven: meses o años
para una buena sinfonía. Wolfgang Amadeus Mozart: uno
de los campeones de velocidad pura; una semana, a veces menos,
en la cama, en el coche tirado por caballos, jugando bolos
o enamorando a alguna dama.
Mozart, segunda mitad del siglo XVIII. Beethoven, fines del
XVIII y principios del XIX. Ambos llevan en sus venas la estirpe
germánica, más próximo Mozart al ancestro
austro - húngaro. Con mezcla de alemán y flamenco
Beethoven.
Les pesa distinto la autoridad paterna. El niño Ludwig
con un padre borracho y maltratador. Leopoldo Mozart, gruñón
y rascapulgas, pero padre amoroso y protector. Ambos veían
en sus hijos músicos iguales a ellos. El padre de Ludwig:
aprende la música para que te ganes la vida
.El de Wolfgang: Sé un buen hijo y un buen violinista.
Ninguno tenía idea sobre la crianza de genios inmortales.
Mozart y Beethoven bebieron
en Franz Joseph Haydn y otros insignes clásicos la
sabiduría del lenguaje sinfónico y la perfección
del contrapunto en los maestros Bach y Haendel. No desarrollaron
esta técnica a la manera barroca: las exigencias de
su época eran diferentes.
Para Emil Ludwig, mientras la música de Beethoven ascendía
de las entrañas de la tierra y de la condición
humana hacia el cielo, la de Mozart bajaba del mismo cielo
a la esfera terrestre.
Beethoven, nueve sinfonías, amén de su reciclada
décima. El fatídico número nueve lo marcó
como a Schubert, Dvorak, Mahler y Bruckner. Mozart: al menos
42 sinfonías y sigue la cuenta.
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Mozart
y Beethoven: dos visionarios con tratamientos armónicos
atrevidos y dos espíritus rebeldes distintos, pero consecuentes
con las causas libertarias. Beethoven, más cerca del
anarquista exaltado, a lo héroe romántico del
siglo XIX, amigo por lo menos de grupos proclives a las ideas
de la Revolución Francesa. Mozart se rió como
quiso de reyes, clérigos y nobles y mostró sus
veleidades antimonárquicas en los contactos con la masonería.
Tan autoritario Mozart como Beethoven. Amadeus, por ejemplo,
plantó al príncipe arzobispo Jerónimo Coloredo
y desobedeció al propio padre para liberar su ímpetu
creador. Beethoven admira al Napoleón revolucionario
y levantisco, pero odia al nuevo emperador que oprime a sus
compatriotas.
Edades: Mozart, 250 años. Beethoven, ligeramente más
joven: 236. |
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La novela Angosta
de Héctor Abad Faciolince, ganó en Beijing el
Premio a la Mejor Novela Extranjera de 2004 en castellano.
Recrea la violencia, la exclusión y la desigualdad.
Fue traducida al Mandarín.

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El
5 de diciembre de 2005 murió Débora Arango en
el municipio de Envigado (Antioquia), a los 98 años de
edad. Pintora expresionista, pionera del desnudo en Colombia,
artista irreverente, retratista de la violencia. Me pegué
de mi brocha y me puse a pintar lo que me nacía,
decía ella.
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El pasado
11 de enero, científicos, escritores, artistas y amigos
le celebraron los 100 años de edad al químico
suizo Albert Hofman, descubridor del LSD (iniciales alemanas
de Dietilamida del Ácido Lisérgico), a quién
se califica de gran explorador de la conciencia humana
y de haber influenciado con su descubrimiento, la música,
el arte, la moda y los estudios sobre la conciencia y las
terapias siquiátricas.
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