MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 89  FEBRERO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Mozart,
los primeros 250 años de un niño prodigio
Hernando Guzmán Paniagua
Periodista elpulso@elhospital.org.co
“Todo está compuesto, sólo falta escribirlo”
Mozart
“Aún estoy vivo, y muy contento, por cierto”, decía Mozart en carta a su padre en 1770. Palabras que se repiten hoy, 250 años después de haber nacido el inmortal genio de Salzburgo, ese ser que escribió su primera obra a los cinco años, que transcribió el Miserere de Allegri con solo escucharlo en la Basílica de San Pedro en Roma y que quiso casarse con María Antonieta, la futura esposa de Luis XVI de Francia. Con más de 600 obras que representan la perfección musical en múltiples estilos, más que el paradigma universal de los músicos, Mozart aparece ante la posteridad como el creador de la belleza misma.
Pocos hechos y personajes concitan una celebración universal como los 250 años de Mozart. Suerte tuvo Cervantes de tocarle los 400 años de su Quijote en 2005, y aún le tocó compartir el inicio de la fiesta con el gran Amadeus. Todo el mundo occidental y hasta países ajenos a la tradición musical europea, se sumaron al Año Mozart. Austria, su tierra, es epicentro de la gloriosa efemérides, que incluye la representación de las 22 óperas en el Festival de Salzburgo, del 24 de julio al 31 de agosto, la apertura de la “Casa para Mozart” donde se representará “Las bodas de Fígaro”, restauración de lugares cercanos a su tumba, el tour “Los caminos de Mozart” que recorre toda la Europa que transitó el genio en carruajes tirados por caballos de posta, lo mismo que recitales y conciertos callejeros de música y literatura, exposiciones y la apertura de nuevos museos.
No hubo una sola persona que al acercarse a él, ver y comprobar sus singulares facultades, no se sintiese maravillado: reyes, emperadores, príncipes, nobles, músicos, pueblo y aún el mismo Papa, rindieron tributo al niño prodigio que fue Mozart.
Viena, la ciudad donde desarrolló Mozart gran parte de su actividad, convertirá en museo la casa donde escribió “Las bodas de Fígaro”. Del 27 de enero de este año hasta el 7 de enero de 2007, estará abierta la muestra “Viva Mozart” en el nuevo edificio del salzburgués Museo Carolino Augusteum. A los festejos concurrirán artistas de todos los pelambres y orígenes, incluso descendientes del Clan Mozartiano. Tan arrolladora es la rememoración de Mozart en Austria, que no faltó la paradoja: la provincia de Estiria reaccionó declarándose “Zona libre de Mozart” este año. En Caracas, la Orquesta Filarmónica Nacional de Venezuela dio un concierto gratuito el 15 de enero, que abrió con cantos indígenas y terminó con “Las Bodas”, mientras que la Biblioteca Británica exhibió partituras de dos conciertos para piano recién descubiertos.
En el XXII Festival de Música de Canarias, la Orquesta Sinfónica de Tenerife y la Filarmónica de Gran Canaria interpretan piezas del repertorio mozartiano. La Filarmónica de Ciudad de Méjico programó varios conciertos especiales y en Colombia la Sinfónica Nacional hace lo propio.
La Filarmónica de Medellín que dirige Alberto Correa, desarrolla desde el año pasado varios ciclos de conciertos dedicados al compositor. Ni qué decir de la extensa programación de Italia, Francia, Inglaterra, Alemania y el país Checo, entre otras naciones donde dejó su impronta el genio de Salzburgo. La producción discográfica con motivo de los 250 años es inconmensurable y en ella se destacan los “Warner Classics”, la obra completa en 90 discos con intérpretes de la talla de Daniel Barenboim, la Filarmónica de Berlín y la orquesta del Concertgebouw de Amsterdam de Nikolaus Harnoncourt. Harmonia Mundi publica su colección “Mozart 2006”, la Deutsche Gramophon sacará en octubre su “Mozart Collection” y en la parte literaria abundan las nuevas obras, entre ellas “Las mujeres de Mozart” de la escritora y directora orquestal Jane Glover.
El Efecto Mozart
Wolfgang Amadeus Mozart no se sentaba a componer, sino a transcribir páginas y páginas de música concebidas en su mente. “Todo está compuesto, solo falta escribirlo”, escribía en la última carta a su padre Leopoldo. Pocas horas le bastaron para reproducir el complejo Miserere de Allegri con su entramado de voces e instrumentos, después de oírlo en la Basílica de San Pedro. Además podía improvisar durante horas sobre cualquier tema musical. Una poderosa máquina cibernética como el cerebro de Mozart tenía que servir de modelo para el llamado “Efecto Mozart”, aprovechamiento sico-terapéutico de las consecuencias neurofisiológicas de su música. Apenas en gestación, su madre Ana María Pertl le proporcionó un ambiente de canciones y serenatas. En el vientre materno escuchó también el violín que tocaba admirablemente su padre. Tan maravilloso ejemplo de estimulación temprana permitió a Mozart escribir su Minueto y Trío para Teclado, a los seis años de edad.
Mozart en sus 250 años es paradigma de la libertad artística y espiritual.
El gran físico Albert Einstein es notable precursor del Efecto Mozart, al señalar: ”La apreciación de la buena ciencia y de la buena música demandan en parte procesos mentales similares”. Sus profesores testifican que Einstein mejoró su rendimiento académico merced a la utilización del violín como instrumento musico-terapéutico. El científico francés Alfred Tomatis parte de la premisa según la cual el oído es el primer sentido que se desarrolla en el nivel embrionario, conceptúa que la música preexiste al lenguaje y elabora en firme la teoría del Efecto Mozart al postular que “todo lo que vive, vibra”. Demostró que la música mozartiana hace emerger en nosotros el ritmo resultante de nuestras propias vibraciones básicas. Estudió la música en relación directa con el sistema nervioso, pues sale de un sistema nervioso emisor hacia un sistema receptor. En tal sentido, Tomatis plantea que el instrumento que mejor dominó Mozart fue el cuerpo humano, y que gracias al sistema neurovegetativo entramos en simpatía con el universo. Para el escritor e investigador pereirano Carlos Alberto Jiménez, “el Efecto Mozart se produce debido a los ritmos, melodías y frecuencias altas de su música, siendo sonidos altamente armónicos que metafóricamente actúan como un relato o un cuento de hadas, estimulando tanto el neo-córtex como el sistema límbico, permitiendo de esta forma que la persona que escuche la música vibre de una forma cognitiva y emotiva”.
“¿Para qué sirven el ruido ensordecedor y la alegría fugaces?
Mozart
Alfred Tomatis comprobó el Efecto Mozart al sanar a más de 100.000 pacientes con musico-terapia. En Munich logró normalizar los signos vitales de niños desahuciados, mediante la música de Mozart, y en un monasterio de Bretania sorprendió con sus experimentos con vacas que aumentaron su producción de leche escuchando las sinfonías del gran compositor. Más asombroso aún, en Canadá se pudo subir el crecimiento de las plantas con sólo ponerlas a “escuchar” las bellas melodías de Mozart.
Mozart, el eterno
El natalicio de Wolfgang Amadeus Mozart significa muchas lecciones a la vez. El tiempo, juez inexorable, consagró eternamente su arte imperecedero. Su maestría en el tratamiento de la ópera, del género galante, de la salmodia litúrgica, de la música masónica, de la polifonía italiana, del aria napolitana, del contrapunto barroco, del cántico popular alemán, de la forma sonata, del coral luterano, sus más de 46 sinfonías, 20 misas, 178 sonatas para piano, 22 conciertos para el mismo instrumento, seis para violín y sus 23 óperas, amén de cuartetos, divertimentos, serenatas y otras obras, son la mejor muestra de la excelsitud de la música. El niño prodigio de siempre, el eternamente joven Mozart, sigue diciéndole a la juventud de hoy como en una de sus cartas: “¿Para qué sirven el ruido ensordecedor y la alegría fugaces? ¡Son tan poco duraderos!”.
De contera, Mozart en sus 250 años es paradigma de la libertad artística y espiritual, virtudes llevadas hasta la irreverencia con el poder. Es ejemplo insigne del hombre siempre alegre aún en medio de la adversidad y del ser perpetuamente enamorado. En sus primeros 250 años de música, Mozart es un canto permanente a la vida.
 
Ocioso lector
Mozart y Beethoven

Ludwig Van Beethoven: meses o años para una buena sinfonía. Wolfgang Amadeus Mozart: uno de los campeones de velocidad pura; una semana, a veces menos, en la cama, en el coche tirado por caballos, jugando bolos o enamorando a alguna dama.
Mozart, segunda mitad del siglo XVIII. Beethoven, fines del XVIII y principios del XIX. Ambos llevan en sus venas la estirpe germánica, más próximo Mozart al ancestro austro - húngaro. Con mezcla de alemán y flamenco Beethoven.
Les pesa distinto la autoridad paterna. El niño Ludwig con un padre borracho y maltratador. Leopoldo Mozart, gruñón y rascapulgas, pero padre amoroso y protector. Ambos veían en sus hijos músicos iguales a ellos. El padre de Ludwig: “aprende la música para que te ganes la vida” .El de Wolfgang: “Sé un buen hijo y un buen violinista”. Ninguno tenía idea sobre la crianza de genios inmortales.
Mozart y Beethoven bebieron en Franz Joseph Haydn y otros insignes clásicos la sabiduría del lenguaje sinfónico y la perfección del contrapunto en los maestros Bach y Haendel. No desarrollaron esta técnica a la manera barroca: las exigencias de su época eran diferentes.
Para Emil Ludwig, mientras la música de Beethoven ascendía de las entrañas de la tierra y de la condición humana hacia el cielo, la de Mozart bajaba del mismo cielo a la esfera terrestre.
Beethoven, nueve sinfonías, amén de su reciclada décima. El fatídico número nueve lo marcó como a Schubert, Dvorak, Mahler y Bruckner. Mozart: al menos 42 sinfonías y sigue la cuenta.

Mozart y Beethoven: dos visionarios con tratamientos armónicos atrevidos y dos espíritus rebeldes distintos, pero consecuentes con las causas libertarias. Beethoven, más cerca del anarquista exaltado, a lo héroe romántico del siglo XIX, amigo por lo menos de grupos proclives a las ideas de la Revolución Francesa. Mozart se rió como quiso de reyes, clérigos y nobles y mostró sus veleidades antimonárquicas en los contactos con la masonería.
Tan autoritario Mozart como Beethoven. Amadeus, por ejemplo, plantó al príncipe arzobispo Jerónimo Coloredo y desobedeció al propio padre para liberar su ímpetu creador. Beethoven admira al Napoleón revolucionario y levantisco, pero odia al nuevo emperador que oprime a sus compatriotas.
Edades: Mozart, 250 años. Beethoven, ligeramente más joven: 236.
 

La novela “Angosta” de Héctor Abad Faciolince, ganó en Beijing el Premio a la Mejor Novela Extranjera de 2004 en castellano. Recrea la violencia, la exclusión y la desigualdad. Fue traducida al Mandarín.

El 5 de diciembre de 2005 murió Débora Arango en el municipio de Envigado (Antioquia), a los 98 años de edad. Pintora expresionista, pionera del desnudo en Colombia, artista irreverente, retratista de la violencia. ”Me pegué de mi brocha y me puse a pintar lo que me nacía”, decía ella.

El pasado 11 de enero, científicos, escritores, artistas y amigos le celebraron los 100 años de edad al químico suizo Albert Hofman, descubridor del LSD (iniciales alemanas de Dietilamida del Ácido Lisérgico), a quién se califica de “gran explorador de la conciencia humana” y de haber influenciado con su descubrimiento, la música, el arte, la moda y los estudios sobre la conciencia y las terapias siquiátricas.



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