MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 92   MAYO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Un gran salto atrás en
los posgrados médico-quirúrgicos

Sarita Palacio Garcés - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
Mediante el decreto 1001 de abril 3/06 que organiza la oferta de posgrados, el Ministerio de Educación en su artículo 20 eliminó algunas reglamentaciones y condiciones previas para la oferta académica de programas de especializaciones médicas y quirúrgicas, al derogar el decreto 916/01 y el artículo 2 del decreto 1665/02; éste último artículo derogado, establecía que “los programas de especializaciones médicas y quirúrgicas sólo podrán ser ofrecidos por una institución de educación superior que cuente con programa de pregrado en medicina, con por lo menos una cohorte de egresados y con registro calificado, de acuerdo con lo establecido en el decreto 917 del 22 mayo de 2001”.
La eliminación de esta condición previa genera graves implicaciones para el desarrollo de la enseñanza de la medicina en el país, por lo que la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina -Ascofame- solicitó la intervención de los ministerios de la Protección Social y de Educación y del Congreso de la República sobre el particular; según política definida por el Consejo Directivo de Ascofame, la apertura de especialidades médico-quirúrgicas únicamente puede crearse en facultades con pregrado completo. El director de la Asociación, doctor Ricardo Rozo, afirmó que “la ejecución de éste decreto implica dejar sin piso la educación de la medicina en Colombia y abrir las puertas para que instituciones sin la autoridad necesaria en materia de salud, formen a quienes en el futuro tendrán en sus manos la vida de las personas”.
Rechazo unánime a la informalización de la especialización médica
Tampoco se hicieron esperar otros pronunciamientos que se apoyan en la necesidad de formar médicos de calidad para tener mejores condiciones de vida y de salud en la posteridad, y en sesgar un poco la oferta de programas de enseñanza en salud para frenar la sobre-oferta laboral. El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, doctor Elmer Gaviria, afirmó: “Derogar el artículo 2 del decreto 1665/02 significa un retroceso y un impacto muy grande desde la formación, porque en primera instancia deja abierta la posibilidad de que cualquier institución, EPS, IPS e incluso asociaciones de profesionales, puedan formar en el futuro los especialistas, no digamos que de tipo integral, sino sencillamente personas capacitadas para desarrollar una técnica”.
El decano de la Facultad de Medicina de la Universidad El Bosque, doctor Hernando Matiz, plantea como indispensable la necesidad de que una universidad o institución formadora en educación en salud, tenga cierta madurez para enfrentarse a la enseñanza de posgrados: “El artículo 2 del decreto 1665/02 era una posibilidad de que las facultades de medicina adquirieran una buena experiencia para posteriormente iniciar sus posgrados; eso en cierta medida había frenado la proliferación indiscriminada de posgrados”. Y aclaró: “Ahora, eventualmente, podrían ofrecer múltiples instituciones la formación, pero no la experiencia que dan los sitios de rotación”; por ello, a partir de su análisis individual y de la interlocución con decanos de diversas facultades de medicina del país, el doctor Matiz concluyó: “El nuevo decreto lo consideramos un mico, un mico que ya firmó la actual ministra de educación, un mico que el gobierno se dejó meter”.
El doctor Jaime Arturo Gómez, vicedecano de Medicina de la Universidad de Antioquia, apoya la intención de rebatir éste decreto, entendiéndolo como un retroceso considerable en educación superior: “Implica de alguna manera la informalización de la especialización médica, porque ya no se requiere pasar por una institución con estudios universitarios sino que cualquier entidad puede hacer la formación; así, el carácter formador de la universidad va perdiendo relevancia. Vale entonces la analogía: hablábamos antes de universidades de garaje, ahora tendremos que hablar de especialidades de garaje”.
“Hablábamos antes de universidades de garaje, ahora vamos a tener que hablar de especialidades de garaje”
Por su parte, el rector de la Universidad CES, doctor José María Maya, concibe el decreto como otro cualquiera en esencia, pero ve el “gran mico” en su artículo 20, que deroga el artículo 2 del decreto 1665/02: “Este decreto no fue hecho para los posgrados médico-quirúrgicos sino para otro tipo de posgrados. Pareciera entonces que la derogatoria del artículo dos tuviera un interés particular, es decir, que beneficiara a algún programa de medicina que aún no tiene su primera cohorte, que aún no tiene sus primeros egresados, para que pueda hacer sus especializaciones, lo cual no tiene sentido y deja un sinsabor”.
El doctor Luis Ángel Villar, decano de la Facultad de Salud de la Universidad Industrial de Santander, fue categórico: “El que el Ejecutivo dé vía libre a la posibilidad de que instituciones diferentes a universidades calificadas ofrezcan programas de especialidades médico -quirúrgicas, es contrario a toda lógica académica y sólo favorece los intereses y el crecimiento monopólico del capital financiero en la salud, representado en las EPS, que ahora no solo contratarán con su propia red de servicios sino que además formará su propio recurso humano, bajo el interés de aumentar su tasa de ganancia y en desmedro del profesionalismo médico. Se trata de un paso más en el proceso iniciado con la Ley 100 orientado a favorecer a quienes hoy dominan el negocio de la salud y, de nuevo, continúa los efectos negativos que tiene para la sociedad el que el Estado haga entrega de áreas estratégicas para su desarrollo a los intereses del capital financiero. La decisión amerita el rechazo unánime y enérgico de todos quienes nos dedicamos a la preparación de nuevas generaciones de profesionales de la salud de alta calidad".
Los decanos de las facultades de medicina consultados coinciden en que el decreto cuestionado aprovisionará el camino para el crecimiento descontrolado de oferta en programas de especialización, ocasionando sobre-oferta de especialistas con claras incidencias en materia laboral y replicando la problemática que ya se da en pregrado. El doctor Elmer Gaviria señaló: “La educación en salud se convirtió en un negocio; Venezuela cuenta con 9 facultades de medicina, mientras Colombia tiene alrededor de 54, el 70% de ellas privadas, con desproporción creciente frente a lo público; en Medellín hay 7 facultades: estamos sencillamente ante la comercialización de la educación en salud”.
Senado solicitó derogatoria
En debate de unas 5 horas en la Comisión Séptima del Senado, el senador Bernardo Alejandro Guerra Hoyos solicitó la derogatoria del artículo 20 del decreto 1001, porque permite que cualquier especialización médico-quirúrgica se pueda realizar en una universidad o institución que no tenga facultad de medicina: “Eso es totalmente ilógico, porque riñe con la seriedad de la profesión y atenta contra las buenas prácticas de la medicina". El parlamentario declaró a El Pulso: “Estamos frente a un fenómeno de evidente envergadura para el país. La educación en salud está directamente ligada a la calidad de vida de los ciudadanos colombianos, en tanto es la formación de las manos que en la posteridad velarán por las condiciones de vida del pueblo. Por ello son muy preocupantes situaciones como ésta, donde la ministra de Educación firma un decreto que permite de manera indiscriminada la prestación del servicio de educación en salud en especialización”. El senador reiteró su llamado acerca de la vigilancia de la educación superior, y en mayor medida en áreas como ésta, en las que además de los cartones de profesionalización está en juego la atención de la vida de millones de pacientes, porque más que un favorecimiento de la libre competencia en situaciones de libre mercado de servicios, es la vigilancia del servicio de la educación en salud, es decir, la proyección del servicio de salud nacional, que así las cosas “camina en la cuerda floja”.
“Hoy tenemos EPS y hasta escuelas de comercio con facultades de medicina, y, ¿quién ejerce el control para que estos programas garanticen un ejercicio idóneo en la formación del recurso humano en salud?”
Además, con base en la autorización a la Fundación Universitaria Sanitas para preparar su propio recurso humano, afirmó que no es ético que una EPS cree su propia universidad, cuando su esencia es la atención en salud y no el campo académico: "Esta es otra integración vertical EPS-IPS, a la cual se le han sumado otros servicios”. El congresista también reiteró su solicitud de que se agilice la investigación iniciada hace 4 años contra la Corporación Universitaria Remington y replanteó tanto al ministerio de la Protección Social como al de Educación, que den a conocer las medidas adelantadas para evitar la proliferación de ofertas al por mayor de programas para especializaciones, sin ningún control de calidad por parte de los entes que deben ejercerlo.
Colofón
Para finalizar, son válidos los planteamientos del doctor Juan Guillermo Londoño, jefe de Gineco-obstetricia de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia: “Hasta la fecha, los posgrados son ofrecidos con 14 condiciones mínimas de calidad, entre las cuales se destacan aspectos curriculares, organización de actividades por créditos académicos, selección y evaluación de estudiantes y personal académico, investigación, medios educativos, infraestructura, autoevaluación, bienestar universitario y recursos financieros, etc. Las universidades públicas se han comprometido con una política de calidad para sus posgrados, muchos de los cuales desarrollan la autoevaluación como una cultura, y algunos de estos programas están en trámite para adquirir acreditación internacional; el único propósito es entregar a la sociedad profesionales idóneos comprometidos con la solución de los problemas del país. Ahora el Ministerio de Educación desconoce la idoneidad, experiencia, competencia y hasta la autonomía universitarias: con el decreto 1001 se autoriza a otras instituciones para ofrecer posgrados médico-quirúrgicos. La pregunta que resulta es: ¿A quién quiere favorecer el Ministerio de Educación? ¿A las EPS y ARS? Es muy posible que como consecuencia de la última evaluación realizada a estas entidades, en la cual la gran mayoría fueron calificadas como deficientes y muy deficientes, el Ministerio de Educación como premio las autorice a ofrecer programas de posgrado para que redondeen el negocio de la salud instaurado en 1993. No será extraño entonces que a partir de ahora, cualquier institución diferente a las universidades pueda vender programas de posgrado médico-quirúrgicos, pues en nuestro sistema de seguridad social, prima la rentabilidad económica sobre la calidad de la salud y la vida de sus habitantes. Hoy tenemos EPS y hasta escuelas de comercio con facultades de medicina, y, ¿quién ejerce el control para que estos programas garanticen un ejercicio idóneo en la formación del recurso humano en salud?”.
 
 
 

 



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