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No
entiendo qué droga me mandó el doctor, mi
EPS no la tiene, esta cápsula cuesta cuatro
veces más que otra que cura lo mismo , la
pastilla que me dieron me dejó peor. Quejas como
éstas se oyen cuando es peor el remedio que la
enfermedad. El drama del uso inadecuado de medicamentos
es global: uno de dos pacientes del mundo tiene fallas al tomarlos,
dos de tres antibióticos se usan sin prescripción
en muchos países y sólo en Estados Unidos mueren
entre 44.000 y 100.000 mil personas al año por errores
médicos.
En Colombia la situación no es muy distinta. Las fallas
de medicación generan dos de cada mil muertes en hospitales,
entre 8 y 10% de las admisiones y entre 10 y 15% de las consultas
en urgencias urbanas. Un país santanderista con leyes
para todo, mal que bien, cuenta ya con un amplio marco regulatorio
para el servicio farmacéutico: el decreto 2200 de 2005,
que después de dos aplazamientos regirá a partir
de junio próximo. Reglamenta la actividad en lo técnico,
científico y administrativo. Propicia estilos de vida
saludable, privilegia los genéricos sobre los costosos
específicos de marca, amplía las funciones del
químico farmacéutico y del regente de farmacia
en el sistema de salud, extrema los controles al uso de fármacos
y armoniza la normatividad existente. ¿Qué tan
bueno, bonito y barato es? Esto opinan los estamentos involucrados.
¿Y los sobrecostos?
El director del Hospital Universitario San Vicente de
Paúl de Medellín, doctor Julio Ernesto Toro Restrepo,
en carta al ministro de la Protección Social, Diego Palacio,
señaló: Este condicionamiento en el modelo
de gestión, sumado al incremento en los costos que generará
el poner en funcionamiento el sistema de unidosis, hace que
no sean aceptables para las Instituciones Prestadoras de Servicios
de Salud (IPS) estos planteamientos pues se hace inviable el
funcionamiento, a no ser que los sobrecostos generados por la
norma los asuma el Sistema General de Seguridad Social en Salud
a través de algún mecanismo de compensación
o por transferencia vía tarifas en los precios de los
medicamentos a las aseguradoras.
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Este condicionamiento
al modelo de gestión más los sobrecostos
que implica, hacen inviable el funcionamiento de las IPS,
a no ser que los sobrecostos los asuma el Sistema de Seguridad
Social en Salud.
Doctor Julio Ernesto Toro.
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Luis
Guillermo Restrepo, creador del 2200
El doctor Luis Guillermo Restrepo, ex-asesor del Invima,
es padre del decreto 2200. Por su honestidad científica
renunció como negociador en la Mesa de medicamentos del
Tratado de Libre Comercio -TLC-. El estimó: El
2200 pide un esfuerzo de todas las entidades para adecuarse
a sus exigencias; la ganancia neta con el uso adecuado de los
medicamentos será muy grande, pero necesita seguimiento
y un modelo de gestión. Varios problemas prácticos
los resolvimos ya en las reuniones de los sectores involucrados
y pasamos las recomendaciones al Ministerio de la Protección
Social. Anotó: La profesionalización
del servicio no implica superposición de las funciones
de los químicos y de los regentes de farmacia sino complementariedad,
junto con los auxiliares de farmacias, droguistas y expendedores.
El Día Mundial de la Salud a fines de abril próximo
se dedicará al talento humano, con una agenda para que
estas profesiones se integren sin que haya esos corto-circuitos.
Frente al TLC señaló el doctor Restrepo: Se
necesita apoyo a la política farmacéutica nacional,
centrada en el acceso a los medicamentos, en su uso adecuado
y en el aseguramiento de la calidad. Los químicos farmacéuticos
son buenos, pero están dedicados a tareas donde no desarrollan
plenamente sus competencias en farmacia clínica y farmacología.
Es el momento en que ellos y los regentes de farmacia tendrán
que demostrar su real compromiso con esas tareas asistenciales;
ese es su reto.
Optimismo en la academia
La directora del Centro de la Ciencia y la Investigación
Farmacéutica (Cecif) de Medellín, Luz Elena Castrillón,
conceptuó sobre el decreto 2200: Es extraordinario.
Estamos retardados en su aplicación y responde a una
necesidad sentida de los usuarios. Resuelve problemas graves
de las clínicas por falta de químicos farmacéuticos
para el diseño de políticas farmacológicas.
Pase lo que pasare con el TLC, me parece viable porque obliga
a comprar las drogas a casas farmacéuticas reconocidas.
Ojalá los médicos no reciban prebendas de los
laboratorios extranjeros y el Invima cumpla su función
de farmacovigilancia.
Amanda Inés Gallón, decana de Química Farmacéutica
en la Universidad de Antioquia, opinó: El decreto
le hace mucha falta al país, porque al médico
le es difícil saber si los fármacos cumplen los
estándares de calidad. Corrige abusos y frena la manipulación
de las multinacionales. En nuestro medio donde sólo sirven
los productos de marca y el acceso a ellos está limitado
por los precios, la formulación de genéricos es
vital. No obstante, Colombia carece de medios coercitivos
para el control: Las IPS, hospitales y farmacias sólo
serán competitivos por el uso racional de los medicamentos.
Por ello, propuso también comités fármaco-terapéuticos
al servicio de los médicos y que el sistema de salud
suministre los fármacos que hacen beneficio y no los
que hacen daño.
¿Quién tuvo la culpa?
Y el imperio, ¿qué?
El 2200 contempla más de 60 normas sólo
para dueños de droguerías y farmacias. Una de
ellas dice que serán visitados por personal de control
para saber cuánto venden. Para la Asociación Colombiana
de Droguistas, Asocoldro, esto es un irrespeto al libre
desarrollo del trabajo. Según estudio epidemiológico
de la Secretaría de Salud de Bogotá, sólo
47% de los droguistas devuelve los medicamentos vencidos al
proveedor. Se supone que el 53% restante pierde dinero por tal
concepto. Por las fallas de medicación unos echan la
culpa a los distribuidores y otros a los médicos por
ser quienes formulan. Todos aceptan la norma de anexar la fórmula
en la historia clínica del paciente.
La presidenta ejecutiva de la Asociación de Laboratorios
Farmacéuticos de Investigación (AFIDRO), María
Claudia García, declaró: La reglamentación
del servicio farmacéutico en cuanto al respeto de la
fórmula médica es valioso para la salud del pueblo
colombiano y mantiene al médico como autoridad competente,
norma que no es nueva pero no se venía cumpliendo.
Sobre una posible incompatibilidad con el TLC, dijo: Damos
un parte de seguridad a los colombianos: el TLC no incrementará
los precios de los medicamentos ni saldrán los genéricos
del mercado. Hay un sistema de patentes desde 1991 y otro de
protección de datos desde 2002; la tendencia creciente
de participación del mercado de genéricos se mantiene
porque las disposiciones del TLC no son retroactivas.
A su turno, la presidenta gremial de Afidro, Margarita Villate,
afirmó: Contrario a lo que se dice a veces, la
industria farmacéutica de investigación no está
en contra de los genéricos, puesto que varias compañías
afiliadas al gremio los producen en todo el mundo. Esto
hace pensar cuál sería la postura si esa producción
multinacional de fármacos no fuese su aliada.
El asesor científico de la Asociación de Industrias
Farmacéuticas Colombianas (Asinfar), Hernán Jaramillo,
puso el dedo en la llaga: El decreto es lo ideal pero
lo imposible; pasamos de 20 años sin legislación
a la máxima normatividad, sin gradualidad. Da facultades
al regente de farmacia para ser director técnico de establecimientos
sin ser profesional como el químico farmacéutico.
Además, asigna la atención farmacéutica
en todos los niveles hospitalarios a los químicos, cosa
imposible pues no hay suficientes profesionales ni se necesitan
en todas partes. Como si fuera poco, le crea responsabilidades
administrativas exageradas a los químicos en los hospitales.
Respecto del TLC, el doctor Hernán Jaramillo estimó:
Es evidente que los precios de los medicamentos se van
a disparar, no se podrá competir con el producto extranjero.
La polémica será tan larga como el decreto 2200.
Ojalá resuelva una situación parecida a la del
siglo XVI, cuando el gran Paracelso decía: El verdadero
médico no se jacta de su habilidad ni alaba sus medicinas,
ni procura monopolizar el derecho de explotar al enfermo, pues
sabe que la obra ha de alabar al maestro y no el maestro a la
obra. |
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