MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 90   MARZO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Reglamentan el servicio farmacéutico:
¿...y santo remedio?
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista elpulso@elhospital.org.co
“No entiendo qué droga me mandó el doctor”, “mi EPS no la tiene”, “esta cápsula cuesta cuatro veces más que otra que cura lo mismo “, “la pastilla que me dieron me dejó peor”. Quejas como éstas se oyen cuando “es peor el remedio que la enfermedad”. El drama del uso inadecuado de medicamentos es global: uno de dos pacientes del mundo tiene fallas al tomarlos, dos de tres antibióticos se usan sin prescripción en muchos países y sólo en Estados Unidos mueren entre 44.000 y 100.000 mil personas al año por errores médicos.
En Colombia la situación no es muy distinta. Las fallas de medicación generan dos de cada mil muertes en hospitales, entre 8 y 10% de las admisiones y entre 10 y 15% de las consultas en urgencias urbanas. Un país santanderista con leyes para todo, mal que bien, cuenta ya con un amplio marco regulatorio para el servicio farmacéutico: el decreto 2200 de 2005, que después de dos aplazamientos regirá a partir de junio próximo. Reglamenta la actividad en lo técnico, científico y administrativo. Propicia estilos de vida saludable, privilegia los genéricos sobre los costosos específicos de marca, amplía las funciones del químico farmacéutico y del regente de farmacia en el sistema de salud, extrema los controles al uso de fármacos y armoniza la normatividad existente. ¿Qué tan bueno, bonito y barato es? Esto opinan los estamentos involucrados.
¿Y los sobrecostos?
El director del Hospital Universitario San Vicente de Paúl de Medellín, doctor Julio Ernesto Toro Restrepo, en carta al ministro de la Protección Social, Diego Palacio, señaló: “Este condicionamiento en el modelo de gestión, sumado al incremento en los costos que generará el poner en funcionamiento el sistema de unidosis, hace que no sean aceptables para las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS) estos planteamientos pues se hace inviable el funcionamiento, a no ser que los sobrecostos generados por la norma los asuma el Sistema General de Seguridad Social en Salud a través de algún mecanismo de compensación o por transferencia vía tarifas en los precios de los medicamentos a las aseguradoras”.
“Este condicionamiento al modelo de gestión más los sobrecostos que implica, hacen inviable el funcionamiento de las IPS, a no ser que los sobrecostos los asuma el Sistema de Seguridad Social en Salud”.
Doctor Julio Ernesto Toro.”
Luis Guillermo Restrepo, creador del 2200
El doctor Luis Guillermo Restrepo, ex-asesor del Invima, es padre del decreto 2200. Por su honestidad científica renunció como negociador en la Mesa de medicamentos del Tratado de Libre Comercio -TLC-. El estimó: “El 2200 pide un esfuerzo de todas las entidades para adecuarse a sus exigencias; la ganancia neta con el uso adecuado de los medicamentos será muy grande, pero necesita seguimiento y un modelo de gestión. Varios problemas prácticos los resolvimos ya en las reuniones de los sectores involucrados y pasamos las recomendaciones al Ministerio de la Protección Social”. Anotó: “La profesionalización del servicio no implica superposición de las funciones de los químicos y de los regentes de farmacia sino complementariedad, junto con los auxiliares de farmacias, droguistas y expendedores. El Día Mundial de la Salud a fines de abril próximo se dedicará al talento humano, con una agenda para que estas profesiones se integren sin que haya esos corto-circuitos”.
Frente al TLC señaló el doctor Restrepo: ”Se necesita apoyo a la política farmacéutica nacional, centrada en el acceso a los medicamentos, en su uso adecuado y en el aseguramiento de la calidad. Los químicos farmacéuticos son buenos, pero están dedicados a tareas donde no desarrollan plenamente sus competencias en farmacia clínica y farmacología. Es el momento en que ellos y los regentes de farmacia tendrán que demostrar su real compromiso con esas tareas asistenciales; ese es su reto”.
Optimismo en la academia
La directora del Centro de la Ciencia y la Investigación Farmacéutica (Cecif) de Medellín, Luz Elena Castrillón, conceptuó sobre el decreto 2200: “Es extraordinario. Estamos retardados en su aplicación y responde a una necesidad sentida de los usuarios. Resuelve problemas graves de las clínicas por falta de químicos farmacéuticos para el diseño de políticas farmacológicas. Pase lo que pasare con el TLC, me parece viable porque obliga a comprar las drogas a casas farmacéuticas reconocidas. Ojalá los médicos no reciban prebendas de los laboratorios extranjeros y el Invima cumpla su función de farmacovigilancia”.
Amanda Inés Gallón, decana de Química Farmacéutica en la Universidad de Antioquia, opinó: “El decreto le hace mucha falta al país, porque al médico le es difícil saber si los fármacos cumplen los estándares de calidad. Corrige abusos y frena la manipulación de las multinacionales. En nuestro medio donde sólo sirven los productos de marca y el acceso a ellos está limitado por los precios, la formulación de genéricos es vital”. No obstante, Colombia carece de medios coercitivos para el control: Las IPS, hospitales y farmacias sólo serán competitivos por el uso racional de los medicamentos. Por ello, propuso también comités fármaco-terapéuticos al servicio de los médicos y que el sistema de salud suministre los fármacos que hacen beneficio y no los que hacen daño.
¿Quién tuvo la culpa? Y el imperio, ¿qué?
El 2200 contempla más de 60 normas sólo para dueños de droguerías y farmacias. Una de ellas dice que serán visitados por personal de control para saber cuánto venden. Para la Asociación Colombiana de Droguistas, Asocoldro, “esto es un irrespeto al libre desarrollo del trabajo”. Según estudio epidemiológico de la Secretaría de Salud de Bogotá, sólo 47% de los droguistas devuelve los medicamentos vencidos al proveedor. Se supone que el 53% restante pierde dinero por tal concepto. Por las fallas de medicación unos echan la culpa a los distribuidores y otros a los médicos por ser quienes formulan. Todos aceptan la norma de anexar la fórmula en la historia clínica del paciente.
La presidenta ejecutiva de la Asociación de Laboratorios Farmacéuticos de Investigación (AFIDRO), María Claudia García, declaró: “La reglamentación del servicio farmacéutico en cuanto al respeto de la fórmula médica es valioso para la salud del pueblo colombiano y mantiene al médico como autoridad competente, norma que no es nueva pero no se venía cumpliendo”. Sobre una posible incompatibilidad con el TLC, dijo: “Damos un parte de seguridad a los colombianos: el TLC no incrementará los precios de los medicamentos ni saldrán los genéricos del mercado. Hay un sistema de patentes desde 1991 y otro de protección de datos desde 2002; la tendencia creciente de participación del mercado de genéricos se mantiene porque las disposiciones del TLC no son retroactivas”. A su turno, la presidenta gremial de Afidro, Margarita Villate, afirmó: “Contrario a lo que se dice a veces, la industria farmacéutica de investigación no está en contra de los genéricos, puesto que varias compañías afiliadas al gremio los producen en todo el mundo”. Esto hace pensar cuál sería la postura si esa producción multinacional de fármacos no fuese su aliada.
El asesor científico de la Asociación de Industrias Farmacéuticas Colombianas (Asinfar), Hernán Jaramillo, puso el dedo en la llaga: ”El decreto es lo ideal pero lo imposible; pasamos de 20 años sin legislación a la máxima normatividad, sin gradualidad. Da facultades al regente de farmacia para ser director técnico de establecimientos sin ser profesional como el químico farmacéutico. Además, asigna la atención farmacéutica en todos los niveles hospitalarios a los químicos, cosa imposible pues no hay suficientes profesionales ni se necesitan en todas partes. Como si fuera poco, le crea responsabilidades administrativas exageradas a los químicos en los hospitales”. Respecto del TLC, el doctor Hernán Jaramillo estimó: ”Es evidente que los precios de los medicamentos se van a disparar, no se podrá competir con el producto extranjero”.
La polémica será tan larga como el decreto 2200. Ojalá resuelva una situación parecida a la del siglo XVI, cuando el gran Paracelso decía: “El verdadero médico no se jacta de su habilidad ni alaba sus medicinas, ni procura monopolizar el derecho de explotar al enfermo, pues sabe que la obra ha de alabar al maestro y no el maestro a la obra”.
 
 
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