MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 269 FEBRERO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388
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Germán Velásquez durante más de 20 años se desempeñó como director del Programa de Medicamentos en la Organización Mundial de la Salud, lo que lo hace una de las personas que más conocen del tema en el mundo. Su defensa férrea del derecho de los países pobres a acceder a todos los medicamentos, fue la causa de un fuerte enfrentamiento con la industria farmacéutica, que terminaría con su salida de la OMS. Doctor honoris causa de varias universidades, hoy vive en Ginebra, Suiza, donde a través de la organización Centro Sur, conformada por 54 países, continua abogando por un acceso justo a los medicamentos.
El doctor Velásquez afirma que de no existir patentes para las vacunas contra la Covid-19 se aumentaría sustancialmente el acceso para los países en vías de desarrollo, que representan tres cuartas partes de la población mundial, pero además, que la investigación también sería más rápida en la medida en que se compartirían resultados en lugar de invertir sumas astronómicas de dinero público en las fases iniciales de los diferentes proyectos. De ahí que para él, las patentes vienen operando en la pandemia como una barrera de acceso, lo cual de todas formas no es un fenómeno nuevo.
En entrevista con EL PULSO el doctor Velásquez habló sobre el mecanismo de Covax, el cual considera errado desde el comienzo:
“Ante la pandemia hay que estar aprendiendo, adaptándose e innovando, estas son las características de lo que está pasando a nivel país, de organizaciones e individuos, adaptarse en la vida cotidiana, aprender y tratar de innovar, y hay cosas que vamos a aprender con un costo exagerado que no tendríamos por qué haberlo hecho así. Hace seis meses cuando se planteó el proyecto Covax, sugerido por la fundación de Belinda y Bill Gates, GAVI y la OMS, se dijo que en un escenario ideal, se distribuiría la vacuna en el mundo entero de manera equitativa para el 20 por ciento de la población en cada país, pero desde ese momento dijimos que esto no funcionaría porque se necesitaba que se hiciera obligatorio y el Covax es solo una recomendación y al final cada país haría lo que deseara, y eso es lo que se está viendo. Se están violando las normas a las cuales se comprometieron, y los países compran vacunas por su cuenta, y lo que se planteaba como un riesgo del nacionalismo de las vacunas se está cumpliendo”.
El doctor Velásquez colocó varios ejemplos: “la UE compró 400 millones de dosis a Pfizer y el 11 de enero hizo un pedido complementario de 200 millones, con lo que se tienen 600 millones de dosis de una sola de las vacunas, pero la población europea es de es 400 millones, o sea que ya tienen vacunas para el 100 % de su población, con lo que ya violaron el mecanismo de Covax, y es vergonzoso, y es peor que anuncien que los remanentes que les queden los darán a los países en desarrollo, o sea las migajas de la torta, porque cuando se hablaba de equidad mundial en el acceso se hablaba de justicia social y no de limosna”. El doctor Velásquez recordó que en su momento el secretario de ONU señaló que la vacuna era un bien público mundial, pero “resultó ser un bien comercial que se negocia con las leyes de la oferta y la demanda, y ahí juega y gana quien tiene más dinero para comprar, y a la ética desaparece”.
Pero para el doctor Velásquez el tema de las vacunas no se limita al fracaso del Covax, y en la entrevista con EL PULSO manifestó su preocupación por la eficacia que esta podría tener: “hay dudas serias sobre las vacunas que han entrado al mercado. Lo primero es que se necesita una solución que sea de varios años, pero si pensamos en lo que dijo el secretario de salud de Inglaterra, Matt Hancock, que lo más probable es que tengamos que revacunar cada seis meses, querría decir que con la actual capacidad de producción se vacunarán los países industrializados, y se seguirán vacunando cada seis meses durante los próximos años, y si epidemiológicamente hay que vacunar al 70 % de la población, solo alcanzaremos a ese porcentaje en los países más desarrollados”.
Un elemento nuevo, señala el doctor Velásquez, habría aparecido en el manejo de la vacuna contra la Covid: “en los últimos 30 años el debate de los medicamentos se encontraba radicalizado en dos fuerzas contradictorias y difíciles de compaginar, los actores sanitarios y la OMS por un lado, y el interés comercial de la industria farmacéutica privada que produce y vende con un objetivo de lucro; hoy hay un tercer actor que puede ser más potente y es el político, porque los políticos de cada país van a ser juzgados por la forma en que gestionen la vacuna, y como existe una afectación a las economías nacionales como consecuencia de la pandemia, los mandatarios están utilizando la vacunación con fines políticos más que sanitarios, y es por eso que acaparan para decirle a sus poblaciones: yo acabo de comprar más vacunas y hacer proselitismo político, esto está pasando en muchos países”.
Y agrega un peligro más: “Hay algo que está pasando y que muy probablemente sucederá en Colombia; si la vacuna se va a vender con la oferta y demanda, es posible que algunas élites importen directamente vacunas para inmunizar a su élite. Si llega un privado y ofrece más de lo que paga un gobierno se las va a vender, y como los contratos son confidenciales se podrá llegar a esto muy fácil”.
Ante la pregunta de si el acceso a la vacunación podría mejorar con la entrada de nuevas opciones de vacunas, el doctor Velásquez señaló: “hay muchos factores que se escapan; algo muy positivo es que el gobierno chino desde el comienzo anunció que la vacuna sería compartida y no se patentaría, pero su capacidad de producción es limitada y vamos a tener que esperar que ellos vacunen a toda su población, y en este caso la cooperación china va a demorarse; algo similar pasa con Rusia que la compartirá primero con sus aliados y amigos políticos. Ahora es positivo que haya muchas vacunas, pero se sigue en el juego de la oferta y demanda, se abre la posibilidad de que quienes tienen capacidad de compra puedan ir a una farmacia y adquirirla pero cabe preguntarse cómo será ese proceso, le preguntarán si quiere la china, la rusa, de la india, etc., y se corre el riesgo de que el ciudadano normal tome elecciones que no debe hacer él, sino las autoridades sanitarias que tienen los elementos para decidir a quién se le da cual tipo de vacuna porque muy probablemente habrá vacunas más adecuadas para la tercera edad, o para gente con comorbilidades, y eso no se le puede dejar al individuo ni a la oferta y la demanda. Pero obviamente la gente pobre solo va a recibir la que les manden sin posibilidad de elección”.
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