MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 275 AGOSTO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388
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Tras la coyuntura que se ha vivido a causa de la pandemia, comienza a ser necesario dar una mirada que dé cuenta sobre qué ha pasado con los servicios de salud no solo en Colombia, sino en el mundo, contrastar opiniones de expertos, sus acuerdos, sus aportes y revisar cuáles son los retos y las maneras más efectivas y humanas para reorganizar la atención en salud.
En julio, la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, reunió a tres expertos en el Seminario Global, donde abordaron cómo reorganizar los servicios de la salud en el mundo pospandemia, los participantes, Luis Alberto Martínez Saldarriaga, director de AESA; Lidia Giovanella, Investigadora Senior de la Escuela de Salud Pública Fundación Oswaldo Cruz, María del Rocío Sáenz Madrigal, exministra de salud de Costa Rica, Docente de la Facultad de Medicina Universidad de Costa Rica.
Escuchar sus intervenciones marca un alto en camino, dado que en sus exposiciones los términos de atención primaria, atención integral, promoción, prevención, acceso, cobertura, vulnerabilidades económicas, epidemiológicas, clínicas y hasta sociales, fueron claves para darse cuenta que más que reorganizar los servicios de salud, es necesario que estos términos dejen de ser paisaje y abandonen esa forma de muletilla que han adquirido, pero que poco se ponen en práctica.
En palabras del doctor Martínez, “el impacto de la pandemia no ha sido igual para todas las personas, dado que se puede identificar tres vulnerabilidades: clínica, social y epidemiológica”, la clínica se relaciona directamente con cuestiones de edad, comorbilidades y características individuales; en cuanto a la social, se refiere a todo aquello que genera una desprotección material y emocional de las comunidades, privación total o parcial de estructuras públicas y comunitarias, el no reconocimiento de derechos de igualdad, economía, laboral, migraciones, género, entre otros determinantes estructurales de desigualdades. Y, por último, la vulnerabilidad epidemiológica, que consiste en tener mayor exposición a la infección del COVID-19 y al retraso del diagnóstico.
Por su parte la investigadora Ligia Giovanella, centrada en la experiencia de Brasil con el Sistema Único de Salud –SUS- relata que el país con sus profundas desigualdades deja en evidencia que el modelo brasilero también ha sufrido golpes en su enfoque, provocando afectaciones a la población más vulnerable. “La desigualdad mata; en Brasil las tasas de mortalidad por COVID-19 son más altas entre las poblaciones de bajos ingresos y entre los negros”, comenta Giovanella.
Estos acuerdos entre los exponentes dejan claro que, en definitiva, esta crisis humanitaria global si bien ha puesto al mundo de cabeza, los más afectados han sido las personas más vulnerables, siendo la población que más necesidad tiene de que el camino esté “lo más derecho posible”, que la atención primaria en salud sea equitativa y se le haga un rastreo con lupa, como en el caso del Sistema de Salud Costarricense, del que habló la doctora Rocío Sáenz. Y es que tal y como lo afirma: “la atención primaria no es solo para alimentar estadísticas, esta información es útil, las personas van viendo oportunidades de mejora del uso de la información”.
A propósito de las estadísticas, Sáenz comentó que en Costa Rica existe un modelo de más 10 años para digitalizar y velar por la continuidad en salud, compuesto por tres elementos claves; el censo a la comunidad para conocer sus condiciones de vida, las asignaciones de cuáles redes tienen geográficamente acceso y el expediente único en salud. “El sistema de Costa Rica es particular porque responde a un contexto histórico y social, tenemos un Ministerio de Salud que dirige y conduce políticas sanitarias y un único sistema prestador de servicios de salud que es la Caja Costarricense de Seguro Social”.
Conocer las necesidades universales, abre un camino de ayuda: “urge solidaridad internacional y regional”, afirmó Luis Alberto Martínez; cuando hacía referencia al tema de vacunación contra el COVID-19, clave para la recuperación y que requiere acciones colectivas, no solo del sistema, sino de los encargados de monitorear en cada país el modo de operación de la atención en salud, y finalmente de todos, para que lo esencial para el ser humano: la salud; no se vuelva invisible a los ojos del mundo entero.
El doctor Martínez también señaló en cuanto a la vacunación que, “América Latina y el Caribe no alcanzarán la inmunidad de rebaño durante el 2021 y que el fuerte acaparamiento internacional por el acceso a las vacunas afecta negativamente a la región, generando desigualdades entre los países”. Y acá, evidentemente vuelve a entrar la palabra “desigualdad”, debido a la falta de acceso a nivel global y regional, por logística de distribución, disponibilidad de insumos críticos y cobertura de los sistemas de salud.
En definitiva, el rol de la salud primaria es esencial, por ende: “es necesario hacer cambios de fondo en los sistemas de salud, aumentar el gasto público, mejorar la estructura y equipamiento, los gobiernos descentralizados y mejorar también la organización integrada e integral”, expresó Lidia Giovanella.
La docente, Rocío Sáenz, al hablar de los retos en salud pospandemia, llamó la atención sobre cuál sería la “metáfora” de la transformación del Sistema de Salud Costarricense y la APS: “es una lectura retrospectiva, pero a la vez proyectiva de qué es lo que nos ha enseñado la atención primaria”, y es que para fortalecer la gestión comunitaria, la red hospitalaria, mejorar y fortalecer los recursos, es necesario que el sistema de salud se mueva igual entre lo individual y lo colectivo, a través de tres ideas claves que plantea Sáez, “la APS ayuda a construir autonomía a través de las identidades de las personas, también desde la perspectiva de la participación que lleva a un compromiso saludable, y los cuidados que es donde vienen a entrar las acciones.
Por el lado de las directrices mencionadas por la doctora Giovanelli, está la financiación para ampliar la inversión pública, incrementar la infraestructura de provisión, reducir la prestación privada del SUS, garantizar la incorporación de nuevas camas hospitalarias, coordinar la gobernanza entre los estados federales, avanzar en la construcción efectiva de redes regionalizadas integradas e integrales de atención, fortalecer la vigilancia en salud; adicionalmente, la investigadora, habló de un reto elemental y global: “ampliar las acciones ofertadas en la APS por las secuelas del COVID-19, para que haya incorporación de nuevos profesionales de distintas especialidades de la salud”.
Antes de mencionar los retos en salud pospandemia para Colombia, Luis Alberto Martínez recordó los viejos paradigmas, versus los nuevos; cuando antes, en palabras de Martínez, el éxito se medía por la capacidad de aumentar el número de camas, ahora depende del aumento de la cobertura y la capacidad de mantener a las personas sanas; y a propósito trajo a colación el fenómeno del radar, donde el paciente aparece, es tratado, luego le dan de alta y finalmente, desaparece del radar.
Ahora no debería ser así, sino al contrario, cambiar el modelo de atención por uno centrado en las personas, que sea promocional, preventivo, que tenga un enfoque familiar, integral, ambulatorio, participativo, intersectorial y de calidad que permita a los pacientes sentirse protegidos y acompañados en su proceso, a través de modelos asistenciales, gobernanzas, estrategias, organización y gestión; “el COVID-19 nos debe motivar a tejer redes humanas solidarias como un imperativo ético”, expresó Martínez.
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