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El vapeo transforma el consumo de nicotina y plantea nuevos retos en salud pública

Autor
Por: Luciana Mesa Muñoz
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El cigarrillo deja rastro: en la ropa, en las manos, en los espacios. El vapeador, en cambio, apenas permanece. La nube aparece y se disuelve en segundos. Esa diferencia ha incidido en la forma en que se percibe el consumo de nicotina.

El tabaquismo fue un problema evidente en espacios públicos y privados durante años. Hoy no necesariamente lo es. El consumo no ha desaparecido, pero ha cambiado de forma, de escenario y de percepción social.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que “el tabaquismo es una de las mayores amenazas para la salud pública que ha enfrentado el mundo”. En Colombia, esto se traduce en cerca de 35.000 muertes al año asociadas al consumo de tabaco.

Durante mucho tiempo, el tabaquismo se abordó como una decisión individual. Sin embargo, la evidencia en salud pública ha mostrado que está influido por condiciones sociales, económicas y culturales, y que sus efectos alcanzan también a quienes están expuestos de manera pasiva.

Las políticas globales han respondido a este enfoque. El Convenio Marco para el Control del Tabaco, promovido por la OMS, implementó acciones como advertencias sanitarias, limitaciones a la publicidad y aumento de impuestos.

En este contexto, el mercado tabacalero ha demostrado su capacidad de adaptación. Los cigarrillos electrónicos se han convertido en una opción de transición, un método para disminuir riesgos o una alternativa, especialmente entre la población joven, y conviven con los cigarrillos tradicionales.

Vapear no genera el mismo rechazo inmediato que el cigarrillo. Los dispositivos son discretos y se integran a dinámicas sociales donde el consumo pasa desapercibido. En muchos casos, no se percibe como un comportamiento de riesgo.

Diversos estudios han señalado que adolescentes y adultos jóvenes tienden a subestimar los efectos del vapeo. A diferencia del cigarrillo, cuya relación con enfermedades está ampliamente documentada, el vapeo se encuentra en un escenario de mayor incertidumbre. El Estudio de la Replicación de la Hipótesis de “Puerta de Entrada”, realizado por la organización Tobacco Control, con apoyo de la OMS en 2025, plantea que “el vapeo está consistentemente asociado con empezar a fumar cigarrillo después”.

La nicotina sigue siendo un componente central, con capacidad adictiva, y los dispositivos electrónicos contienen otras sustancias cuyo impacto continúa en estudio.

Algunas investigaciones han señalado la participación de industrias vinculadas históricamente al tabaco en el desarrollo y promoción de estos productos, según informes de la Organización Mundial de la Salud. Desde ciertos enfoques académicos, esta relación se ha analizado en el marco del “biomercado”, donde la salud también se configura como un campo de consumo.

En Colombia, esta discusión ha avanzado en el ámbito normativo. La Ley 2354 de 2024 amplió la regulación para incluir los dispositivos electrónicos de nicotina, con restricciones en publicidad, acceso y consumo en espacios cerrados.

En este contexto, durante la XI Conferencia de las Partes del Convenio Marco de la OMS (COP11), Colombia señaló que “el control del tabaco debe ir más allá de la reducción del consumo”. Asimismo, advirtió que el discurso de “reducción de daños” “no puede emplearse para justificar la promoción de dispositivos electrónicos ni para reemplazar las medidas de protección de la salud pública”.

La Sociedad Estadounidense contra el Cáncer advierte que, aunque los cigarrillos electrónicos no contienen tabaco, sí incluyen nicotina y otras sustancias. Según la entidad, “el aerosol que sale de un cigarrillo electrónico no es vapor de agua y puede ser perjudicial. El aerosol del cigarrillo electrónico puede contener nicotina y otras sustancias adictivas que pueden causar enfermedades pulmonares, enfermedades cardiacas y cáncer”. Además, señala que la nicotina puede afectar el desarrollo cerebral en adolescentes y generar riesgos durante el embarazo, como nacimientos prematuros. Estos dispositivos también contienen compuestos como propilenglicol y glicerina vegetal, asociados con irritación pulmonar.

En Colombia, datos compartidos en el informe Primeros datos de la enfermedad asociada al vapeo en Colombia indican que entre 2000 y 2022 se registraron 59 muertes y 245 casos de enfermedad relacionados con el uso de estos dispositivos. En este contexto, la especialista Lucía Viola, de la Fundación Neumológica Colombiana, afirmó a un medio nacional: “Inhalar nicotina y aerosoles químicos a diario, en una etapa en la que los pulmones aún están en desarrollo, es una puerta directa a enfermedades respiratorias graves. Como médicos, no podemos minimizar lo que ya está ocurriendo: estamos viendo casos de daño pulmonar severo en jóvenes que creen que el vapeo no deja huella”.

El tabaquismo no ha desaparecido. Ha adoptado nuevas formas y dinámicas. En este contexto, la salud pública enfrenta el reto de comprender y abordar un fenómeno en transformación.


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Autor

Andrea Ochoa Restrepo

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