MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 335 AGOSTO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
Cuando un hombre cumple 50 años comienza a enfrentarse a un riesgo que aumenta con el paso del tiempo: desarrollar cáncer de próstata. Esta patología se produce cuando las células de esta glándula crecen de manera anormal y descontrolada, formando un tumor que puede causar dificultad para orinar, presencia de sangre en la orina o el semen y dolor al orinar o eyacular.
En Colombia, uno de cada tres hombres podría desarrollar esta enfermedad, de acuerdo con estimaciones del Ministerio de Salud. Este cáncer es el más frecuente entre la población masculina y la segunda causa de muerte por cáncer en los hombres.
Hasta el 28 de febrero de 2025, la Cuenta de Alto Costo en Colombia informó más de 71.000 casos prevalentes de cáncer de próstata, de los cuales aproximadamente el 22 % fueron diagnosticados en estadio IV, es decir, en una fase avanzada de la enfermedad en la que las células cancerosas se diseminan a sitios distantes a través de los vasos linfáticos y sanguíneos con la capacidad de invadir otros órganos.
A la particularidad de que el cáncer de próstata es silencioso en sus etapas iniciales y no genera mayores alertas por sus síntomas, justo cuando detectarlo a tiempo es clave para su curación, se suma un agravante: un tabú sociocultural.
Históricamente, este cáncer se tamizó mediante el tacto rectal, un procedimiento que muchos hombres asocian con una estigmatización de su masculinidad, lo que hace que prefieran postergar una consulta preventiva y acudir al médico solo cuando la enfermedad ya presenta síntomas.
Una de las maneras de hacerle frente a esta realidad, es promover el uso del análisis de sangre del antígeno prostático específico (PSA) que muchos hombres desconocen. Este examen es una herramienta fundamental para la detección temprana del cáncer de próstata y el diagnóstico oportuno, sin dejar de lado el tacto rectal que puede seguir siendo necesario durante la consulta con el urólogo para complementar la evaluación y conocer mejor el estado de esta glándula.
Sin embargo, el tabú para acudir oportunamente a la atención médica no es el único enemigo de esta patología. Conceptos como que la tamización debe ser hecha por especialistas, las demoras en la asignación de citas con médicos generales, luego con especialistas y los trámites administrativos para la autorización de exámenes como biopsias y resonancias magnéticas, inciden en que el diagnóstico sea tardío en una enfermedad en la que el tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Para David Ruiz Londoño, urólogo oncólogo de la Clínica Medellín el acceso al tratamiento sigue siendo asimétrico e inequitativo. “Una vez diagnosticado el paciente, se debería asegurar que no existan interrupciones en el esquema terapéutico (entre cirugía y tratamientos hormonales) derivadas de cambios de contratación entre EPS e IPS”. Además, en un sistema de salud golpeado financieramente, destacó que se requiere fortalecer nodos subregionales de atención inicial y seguimiento oncológico, dado que es más costoefectivo trasladar un urólogo oncólogo a una subregión después de tener los pacientes adecuadamente estudiados por las rutas de atención, que desplazar a los pacientes.
En esta enfermedad, la parte física es apenas la punta del iceberg. Si bien el diagnóstico de cáncer implica un cambio en la dinámica de vida que genera incertidumbre, en el cáncer de próstata existe la probabilidad de que los hombres presenten algunos efectos secundarios como incontinencia urinaria, disfunción eréctil o pérdida de la libido, lo que significa un reto aún mayor en su vida sexual que puede ser interpretado como una amenaza a su masculinidad.
En esa línea, Marina Orbe, psicóloga clínica y terapeuta de pareja, afirmó que la ansiedad, depresión, miedo y estrés son los efectos psicológicos más visibles, pero también se pueden registrar cambios en la autoestima y la vida sexual.
Ruiz Londoño coincide en que este cáncer genera un impacto psicosocial profundo y agrega que el sistema de salud colombiano es eminentemente biologicista y centrado en el órgano, pero deja desatendido el bienestar integral. “La atención en psicología, psiquiatría y rehabilitación es frecuentemente fragmentada, tardía o requiere de trámites adicionales que desaniman al paciente. En la mayoría de los casos, este soporte integral termina dependiendo del gasto de bolsillo o del esfuerzo de centros especializados individuales”, afirmó.
Recientemente el Instituto Nacional de Cancerología (INC) anunció un hito en la atención oncológica al implementar, por primera vez en Colombia, la braquiterapia de próstata de alta tasa con planificación y ajuste en tiempo real, una modalidad de radioterapia que posiciona al país a la altura de centros de referencia internacional.
Los esquemas tradicionales que pueden tardar hasta siete horas, ahora con esta técnica se reducen a cerca de dos horas y media, lo que permite la atención de dos o tres pacientes en un mismo día, frente a uno solo con esquemas convencionales. Esto representa una optimización no solo en el uso de quirófanos, equipos hospitalarios y talento humano, sino en costos y en capacidad de atención.
Entre las condiciones que propician este cáncer y que pueden ser modificables se encuentran el alto consumo de carnes rojas y productos lácteos, sedentarismo, obesidad, consumo frecuente de alcohol y la exposición a contaminantes químicos.
Un llamado claro a la prevención, basado en hábitos de vida saludables y acompañado de la desmitificación de los procesos de tamizaje para la detección temprana, es la ruta para que miles de hombres gocen de una mejor calidad de vida en la vejez.
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