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El autocuidado: entre la información y la acción

Autor
Por: Yenny Escobar Álvarez
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El autocuidado se ha convertido en uno de los temas más relevantes cuando hablamos de bienestar y calidad de vida. Cada vez es más común escuchar recomendaciones sobre alimentación saludable, actividad física, descanso, manejo del estrés y bienestar emocional. El autocuidado ha cobrado una importancia creciente, no solo como una responsabilidad individual, sino como un compromiso compartido entre las personas, las organizaciones y la sociedad. Sin embargo, aún existe una brecha muy importante entre el conocer y el hacer.

La Organización Mundial de la Salud define el autocuidado como la capacidad que tienen las personas, las familias y las comunidades para promover la salud, prevenir las enfermedades, mantener la salud y hacer frente a las enfermedades y discapacidades, con o sin el apoyo de un profesional de la salud. La definición de este concepto demuestra que el autocuidado no solo depende de las acciones de una persona, sino también del contexto en el que las personas viven y trabajan.

En línea con lo anterior, UNICEF indica que existen dos tipos de autocuidado: el individual, que comprende las conductas que realiza una persona por sí misma, al ser consciente de sus necesidades y de la importancia de dedicar tiempo a satisfacerlas; y el autocuidado colectivo, que se considera una extensión del autocuidado individual hacia los demás, pues consiste en acciones planeadas y desarrolladas de manera cooperativa entre los miembros de una comunidad o grupo de interés que comparten un espacio físico, social, afectivo y solidario. Entre estas actividades se encuentran el autocuidado físico, emocional, cognitivo, social y espiritual.

Usualmente, las personas suelen plantearse metas como tomar agua, dormir bien, mantener una alimentación balanceada, realizar actividad física y descansar lo suficiente. Todas estas acciones hacen parte del autocuidado cotidiano. Sin embargo, muchas veces se desconoce que el estrés derivado de las jornadas laborales, las malas posturas prolongadas, la congestión del tráfico, las responsabilidades familiares, la ansiedad, el estrés no controlado y el agotamiento físico y mental hacen que esos propósitos no sean suficientes para mantener un equilibrio frente a las exigencias del día a día.

Dina Alejandra Aricapa López, profesional en Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo, con más de nueve años de experiencia laboral, afirma que las principales barreras para mantener una adecuada ergonomía laboral están relacionadas con el tiempo, entendido desde la productividad. Explica que las pausas activas no suelen ser una prioridad porque se perciben como una disminución del tiempo productivo. Además, señala que, en muchas ocasiones, no se dispone de los recursos adecuados para adquirir insumos que favorezcan una buena ergonomía. Añade que no solo es importante destinar tiempo a las pausas activas, sino también llegar a acuerdos con el empleador sobre los tiempos de desplazamiento e implementar, dentro del cronograma mensual, acciones complementarias como capacitaciones, talleres y salidas pedagógicas.

Esta situación evidencia que, en muchas ocasiones, el autocuidado no puede entenderse únicamente como una responsabilidad individual. Se vuelve complejo pedirle a una persona que priorice su bienestar cuando vive en entornos que limitan el acceso a opciones saludables. No basta con informar sobre hábitos beneficiosos; también es necesario generar y adecuar espacios que permitan ponerlos en práctica.

El autocuidado es mucho más que una serie de hábitos saludables; es una decisión que influye directamente en la salud y, por ende, en la calidad de vida. Aunque cada vez existe un mayor acceso a la información sobre alimentación, actividad física, salud mental, prevención y promoción, persiste un desafío fundamental: convertir ese conocimiento en acciones cotidianas que permitan vivir de manera más saludable.

En este contexto, Manuela Ángel Torres, profesional en Enfermería de la Universidad Pontificia Bolivariana, señala que el autocuidado va mucho más allá de mantener hábitos saludables. También implica construir relaciones sanas, aprender a manejar el estrés y las emociones, cuidar la salud mental y emocional y establecer límites cuando sea necesario. Asimismo, afirma que es muy importante contar con espacios para desarrollar actividades de ocio que permitan mantener la tranquilidad y el equilibrio. La ausencia de este equilibrio puede generar estrés, agotamiento físico y mental, dificultades para concentrarse, cambios en el estado de ánimo e, incluso, afectar las relaciones interpersonales.

En ese mismo sentido, el autocuidado es una necesidad y no un lujo, dado que una persona que se encuentra bien está en mejores condiciones para cuidar de manera responsable a los demás.

Con relación a esto, recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el cuidado como un derecho humano autónomo, una decisión que reconoce que todas las personas tienen derecho no solo a cuidar y ser cuidadas sino también a contar con las condiciones necesarias para cuidar de sí mismas.

Los beneficios del autocuidado: salud y bienestar

Según el Instituto de Salud Mental y Bienestar, entre los beneficios del autocuidado se encuentran el fortalecimiento de la autoestima, una mayor capacidad de adaptación, el desarrollo de respuestas más efectivas para afrontar situaciones de estrés, una actitud más optimista, mayor productividad y una mejor calidad de vida. Por ello, es importante construir un plan de acción que promueva y mantenga la salud física y emocional, basado en cuatro elementos: tomar conciencia, fortalecer el discernimiento, establecer una estrategia de acción y contar con una red de apoyo.

Existen muchas formas de autocuidado, y cada una depende de los gustos, las necesidades y los intereses de cada persona. La salud no depende únicamente de la atención médica que recibimos cuando aparece una enfermedad; también se construye a partir de las decisiones que tomamos cada día. El autocuidado representa una de las herramientas más efectivas para prevenir enfermedades, fortalecer el organismo, cuidar la salud mental y promover una mejor calidad de vida. Adoptar hábitos saludables, reconocer las señales del cuerpo, asistir a los controles médicos y priorizar el bienestar físico y emocional son acciones que contribuyen a mantener una buena salud y a reducir el riesgo de múltiples enfermedades.


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Andrea Ochoa Restrepo

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