MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 335 AGOSTO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
La planificación familiar es mucho más que decidir si se quiere o no tener hijos. Constituye un derecho fundamental en salud sexual y reproductiva que permite a las personas tomar decisiones informadas sobre su cuerpo, prevenir riesgos para la salud y construir su proyecto de vida de acuerdo con sus expectativas y circunstancias. Aunque Colombia ha logrado avances en el acceso a métodos anticonceptivos y a servicios especializados, aún persisten barreras relacionadas con la desinformación, las inequidades en el acceso y las demoras en la atención que limitan el ejercicio pleno de este derecho.
El uso adecuado de métodos anticonceptivos contribuye a prevenir embarazos no planeados, disminuir el riesgo de infecciones de transmisión sexual y reducir la necesidad de recurrir a abortos inseguros, con los beneficios que ello representa para la salud física y mental de las personas. Así lo señala el Ministerio de Salud y Protección Social.
Para el médico Nelson Dávila Velázquez, la educación sobre planificación familiar debe comenzar desde la adolescencia, una etapa en la que se consolidan hábitos, proyectos y decisiones que pueden tener impacto durante toda la vida. “La planificación familiar es un derecho reproductivo que debe enseñarse desde edades tempranas para que las personas comprendan la importancia del autocuidado y puedan tomar decisiones informadas sobre su salud sexual y reproductiva”, explica.
La Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDS) 2025 evidencia la importancia de abordar este tema oportunamente. Según el Ministerio de Salud, las mujeres en Colombia inician su vida sexual, en promedio, a los 16,5 años, mientras que los hombres lo hacen a una edad similar e incluso menor.
La encuesta también muestra un incremento en el uso de métodos anticonceptivos modernos. El 78,5 % de las mujeres entre los 15 y los 49 años reportó haber utilizado algún método anticonceptivo en algún momento de su vida. En contraste, la participación masculina continúa siendo limitada: solo el 10,6 % de los hombres encuestados manifestó participar activamente en la planificación familiar, principalmente mediante la esterilización y el uso del preservativo.
Los resultados evidencian además que la elección del método anticonceptivo cambia a lo largo de la vida. Entre los 15 y los 29 años predominan los implantes subdérmicos, mientras que entre los 30 y los 40 años aumenta la preferencia por la esterilización. La edad, las condiciones de salud, el contexto social y la situación económica son factores determinantes en esta decisión.
La importancia de la consejería profesional
Elegir un método anticonceptivo no debería ser una decisión basada únicamente en la preferencia personal. Requiere acompañamiento profesional para identificar la alternativa más adecuada según las condiciones de cada individuo.
La profesional en Enfermería Ana María Ríos explica que, durante la consulta, se evalúan aspectos como la edad, los antecedentes médicos, los hábitos de vida, la exposición a factores de riesgo y la facilidad para cumplir con el tratamiento. El objetivo es encontrar un método que sea seguro, efectivo y compatible con las necesidades del paciente.
Desde la perspectiva médica, el doctor Dávila añade que la valoración clínica permite identificar patologías o comorbilidades que podrían contraindicar alalgunos anticonceptivos. Asimismo, considerar el contexto socioeconómico facilita recomendar opciones que favorezcan la continuidad del tratamiento y el acceso oportuno.
A pesar de los avances, el acceso a los servicios de planificación familiar continúa enfrentando importantes desafíos.
Entre las principales dificultades identificadas por los profesionales consultados se encuentran las demoras en la asignación de citas, la escasez de talento humano, las barreras económicas y la persistencia de mitos y tabúes alrededor de la anticoncepción. Estas situaciones pueden retrasar decisiones fundamentales relacionadas con la salud sexual y reproductiva y limitar el acceso oportuno a la atención.
Los especialistas coinciden en que fortalecer los programas de educación e información es una de las principales estrategias para superar estas barreras. Brindar información clara, basada en evidencia y adaptada a cada etapa de la vida permite que las personas tomen decisiones informadas y contribuye a desmontar prejuicios que todavía existen sobre la planificación familiar.
Promover la planificación familiar no es una tarea exclusiva de los servicios de salud. También involucra al Estado, las instituciones de salud, el sistema educativo, las familias y la sociedad en general.
Garantizar información confiable, consejería profesional y acceso oportuno a métodos anticonceptivos fortalece la autonomía de las personas para decidir sobre su salud reproductiva y favorece la construcción de proyectos de vida acordes con sus expectativas.
En definitiva, planificar también es cuidar. Es proteger la salud, ejercer un derecho y prevenir situaciones que pueden afectar el bienestar individual y colectivo. Más que una decisión privada, la planificación familiar representa una estrategia de salud pública que requiere información, acompañamiento y acceso equitativo para que todas las personas puedan tomar decisiones libres, responsables e informadas.
Las estrategias de salud sexual y reproductiva no pueden aplicarse de manera uniforme en todo el país. Las condiciones educativas, sociales, familiares y culturales de cada territorio influyen en el acceso a información, servicios de planificación familiar y métodos anticonceptivos.
Por ello, la prevención requiere enfoques adaptados a las características de cada comunidad, especialmente en territorios rurales y poblaciones con mayores barreras educativas o de acceso a los servicios de salud. No se trata únicamente de ampliar la oferta institucional, sino de garantizar que la información sea comprensible, pertinente y culturalmente adecuada.
La educación sexual y reproductiva desde edades tempranas resulta fundamental para fortalecer el autocuidado, prevenir embarazos no planeados y facilitar decisiones informadas. Este enfoque también exige reconocer las particularidades de adolescentes, familias y comunidades, evitando estrategias homogéneas para realidades territoriales diferentes.
Así, las brechas en salud sexual y reproductiva no pueden explicarse únicamente por la disponibilidad de servicios. También están relacionadas con las condiciones sociales, educativas y culturales que determinan cómo las personas reciben información, toman decisiones y acceden a la atención.
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