Cada
vez se habla con más insistencia sobre la importancia
de realizar la práctica médica con base en la
evidencia científica, lo que en otras palabras equivale
a practicar la Medicina Basada en la Evidencia o la Medicina
Basada en Pruebas, como la han denominado sus promotores.
Se podría decir que la práctica de la medicina
con base en evidencias tiene sus orígenes en Francia,
a mediados del siglo XIX, cuando los doctores Pierre Charles
Alexander Louis, Bichot y Magendie, promueven lo que denominaron
la "Médicine d' Observation", la cual planteaba
que los médicos no debían basar el manejo de sus
pacientes solo en la experiencia personal sino que debían
tener en cuenta los resultados de trabajos experimentales cuantificables.
Muchos años después, los médicos David
Sackett, Archibald Cochrane, Iain Chalmers, R. Brian Inés,
Gordon H. Guyatt T. y Peter Tuqwell, surgen como los verdaderos
promotores de esta nueva forma de abordar la atención
médica. En 1992 el Grupo de Trabajo en Medicina Basada
en la Evidencia de la Universidad McMaster en Ontario (Canadá),
hizo la publicación en la revista JAMA, del artículo
Evidence-based medicine. A new approach to teaching the practice
of medicine, liderado por el Dr. Sackett, a quien se considera
como el principal promotor de este movimiento.
Sackett definió en 1996 la Medicina Basada en la Evidencia
como el uso consciente, juicioso y explícito de
las mejores pruebas disponibles, donde el centro de atención
es el paciente individual con sus derechos, principios y preferencias.
Se trata entonces de integrar la competencia personal, es decir
la experiencia clínica, con las mejores pruebas disponibles.
Tal vez en esas sencillas palabras está la clave para
usar adecuadamente el concepto, pues es necesario mirarlo con
cuidado y darle su justa dimensión. En primer lugar,
no hay evidencia para todo y cuando la hay no siempre es la
mejor, bien sea porque no está basada en ensayos clínicos
controlados, o porque a pesar de ser así, la magnitud
y la precisión de la evidencia no son tan contundentes.
Aún existiendo la evidencia, es difícil que llegue
oportunamente a los médicos; a manera de ejemplo, en
un artículo publicado en JAMA en 2001, se plantea que
un internista necesitaría leer en promedio 20 artículos
diarios, todos los días del año, para estar actualizado.
Se plantea que sólo hay evidencia disponible para un
bajo porcentaje de las actuaciones médicas, lo que lleva
en muchos casos a proponer estándares de actuación
acompañados de la frase No hay suficiente evidencia
científica..., de alguna manera desconociendo que
hay otras fuentes de conocimiento disponibles y necesarias.
No se puede olvidar que la práctica de la medicina debe
estar basada en un adecuado juicio y capacidad de apreciación
del clínico, soportado por una formación sólida
y disciplinada, y por supuesto complementada con la mejor evidencia
disponible. Pero la Medicina Basada en la Evidencia no puede
convertirse en una receta para aplicar a todos los pacientes,
sino que por el contrario debe ser una ayuda para el análisis
y manejo de cada paciente de manera individual.
Es muy importante que a los médicos en formación
se les enseñe a discernir entre lo que dice el profesor
y lo que dice la evidencia científica, pero en ausencia
de ésta, tiene un gran valor lo que aquel con su experiencia
y buen juicio ha practicado durante años, así
no haya publicado su experiencia. Por eso la frase jocosa y
tal vez hasta tendenciosa de que muchos médicos no practican
la medicina basada en la evidencia sino la medicina basada en
la eminencia tiene su verdadero valor. Nuestros
maestros, nuestros profesores, nuestros tutores, seguirán
siendo una invaluable fuente de conocimiento 6
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