MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 120  SEPTIEMBRE DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Informe para el sector salud

Medicamentos falsificados,
reto mundial
Francisco De Paula Gómez. M.D., E.S.P. - Presidente Ejecutivo AFIDRO - francdepaula@afidro.com - elpulso@elhospital.org.co

“La Organización Mundial de la Salud está realizando un llamado internacional para coordinar la lucha global contra una creciente epidemia que afecta a todo el planeta: la falsificación y contrabando de medicinas”. OMS, 2006.
Tan metidos en nuestros problemas cotidianos, tan preocupados con el financiamiento del Sistema General de Seguridad Social, tan concentrados en disponer de la mejor manera los exiguos recursos para la atención en salud, en fin, tan absortos en lo que creemos necesario en salud, que se nos coló un monstruo de mil cabezas y apenas nos dimos cuenta: el mercado ilegal, la falsificación y el contrabando de medicamentos.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, “aunque es difícil obtener cifras precisas, se calcula que los medicamentos falsificados representan más del 10% del mercado farmacéutico mundial. Si bien esta práctica existe en todas las regiones, los países en desarrollo son los que se llevan la peor parte, pues, según se estima, el 25% de los medicamentos que se consumen en ellos han sido falsificados. Se considera que en determinados países ese porcentaje alcanza hasta un 50%”, y, “en un estudio de la OMS sobre falsificación de medicamentos se señaló la presencia de este tipo de productos en 20 países entre enero de 1999 y octubre de 2000, y se llegó a la conclusión de que el 60% de los casos de falsificación correspondían a los países pobres y 40%, a países industrializados”.
Por su parte, la OPS ha dicho: “Para la Organización Panamericana de la Salud y otras agencias e instituciones mundiales de salud pública, gobiernos y la industria farmacéutica internacional, este es un preocupante fenómeno, creciente y epidémico, que demanda el concurso de todas las naciones para combatirlo eficazmente. En la Región de las Américas, el problema de los medicamentos falsificados es un asunto de extraordinaria gravedad”.
Situación en nuestro país
El caso de Colombia no es menos dramático, pues durante la última década y de manera persistente, nuestro país ha sido señalado por el Pharmaceutical Security Institute como uno de los 10 países donde más se producen y comercializan estos productos fraudulentos y donde más arrestos y operativos positivos se suceden. Mirándolo con un poco de tranquilidad, el dato no debería sorprender si recordamos que, infortunadamente la transgresión en nuestro país es endémica, que el narcotráfico, la delincuencia organizada, la piratería y carteles de cuanto crimen pueda uno imaginarse, aquí hace rato anidaron.
Lo que si sorprende, es que se encuentre uno por ahí a ciertos personajes del sector, escandalizados porque se dan a conocer estas impresionantes cifras y estos urgentes llamados de atención de los organismos multilaterales, o que se trate de aplacar la gravedad de la situación entregando datos e información incompleta o liviana. El primer paso para solucionar un problema, definitivamente es reconocer que existe para no evadirlo.
¿Qué es un medicamento falsificado? La OMS a través de su proyecto bandera contra la falsificación, IMPACT, define: "Un medicamento, que es deliberada y fraudulentamente etiquetado en lo que respecta a su identidad u origen. La falsificación puede aplicarse tanto a los productos de marca como a genéricos, pudiendo contener los productos falsificados ingredientes correctos o equivocados, sin ingredientes activos, con ingredientes activos insuficientes o con envases falsos" (http://www.who.int/impact/impactq-a/en/index.html). Y con semejante nivel de amplitud del espectro, podremos imaginarnos los efectos del problema.
(1) El primer y más severo afectado es el paciente, y tal y como lo plantea OMS, “en el mejor de los casos sufre el fracaso de su tratamiento o hace fármaco-resistencia”; desde allí, todo el espectro de complicaciones puede suceder, hasta llegar a la muerte misma en muchos casos. En Colombia se han encontrado productos falsificados que contenían los venenos más inesperados, que van desde sustancias inertes como el ladrillo molido y el cemento, “inofensivas” harinas, colorantes y azúcar, hasta tóxicos como etilenglicol y plaguicidas. Y no se salvan pacientes de ningún tipo, pues se han encontrado completas redes de falsificadores que distribuían medicamentos oncológicos, antiretrovirales y biológicos a importantes entidades de salud. ¿Cuántas personas han muerto por este despiadado negocio? Nadie sabe, como tampoco tenemos idea de la magnitud del problema relacionado con malos tratamientos y complicaciones.
En la legislatura pasada y luego
de dos intentos fallidos previos en el Congreso,
se logró la aprobación de la Ley 1220 de 2008
modificatoria del Código Penal, que incrementa
las penas para quienes corrompan, imiten
o falsifiquen medicamentos o los comercien,
pues aunque no se crea, estos
delitos eran excarcelables.
Los profesionales de la salud en su conjunto, las entidades hospitalarias y aseguradoras de salud, también sufren los rigores de este macabro comercio, pues la atención de muchos de sus pacientes se ve obstruida por falsos medicamentos que generan complicaciones médicas, que incrementan los costos de los tratamientos y que con seguridad en más de un caso pueden generar complicados procesos legales. Sobra decir que el Sistema General de Seguridad Social de Salud es afectado inexorablemente, al tener que incurrir en sobre-costos no cuantificados para atender complicaciones a muchos de sus afiliados.
Para todo el sector farmacéutico el impacto es mayúsculo. Los distribuidores al detal de medicamentos, droguerías y farmacias, los grandes distribuidores y la industria farmacéutica en su conjunto, ven cómo una importante porción de su mercado es devorado por mafias de traficantes a los que no les importa la vida de las personas.
Como se enfrenta
Para enfrentar la situación, a nivel global, se constituyó en febrero de 2006 el IMPACT (International Medical Products Anti-Counterfeiting Taskforce por su sigla inglesa) en el seno de la Organización Mundial de la Salud, cuyo propósito es construir y coordinar redes entre países para detener la producción, comercialización y venta de medicamentos falsificados en todo el mundo. IMPACT es una asociación compuesta por organizaciones internacionales, Organizaciones No Gubernamentales, organismos encargados de hacer cumplir, asociaciones de fabricantes de productos farmacéuticos y de drogas, y las autoridades reguladoras.
También en Colombia se han venido haciendo importantes esfuerzos para atacar este flagelo, los cuales son reconocidos a nivel latinoamericano. En la legislatura pasada y luego de dos intentos fallidos previos en el Congreso, se logró la aprobación de la Ley 1220 de 2008 modificatoria del Código Penal, que incrementa las penas para quienes corrompan, imiten o falsifiquen medicamentos o los comercien, pues aunque no se crea, estos delitos eran excarcelables; también esta ley incrementa penas para falsificadores de insumos médicos, licores y alimentos. Es un gran avance en la lucha contra los productos falsificados.
Pero como no hay dicha completa en este país del Corazón de Jesús, no faltó quien le colgara un “mico” a la Ley 1220 y le introdujera un aparte que deja efectos nulos para la aplicación de penas relacionadas con medicamentos fraudulentos, así: “Articulo 8°. Para efectos previstos en los artículos 372 y 373 del Código Penal, no se consideran sustancias médicas, medicamentos o productos farmacéuticos imitados, alterados, simulados o falsificados aquellos que habiendo obtenido registro sanitario otorgado por la autoridad competente son comercializadas por su titular o con su autorización...”. De manera, que ahora con este nuevo e inconstitucional articulito, parece que si un medicamento causa daño a un consumidor porque incumple normas establecidas en materia de seguridad, calidad y eficacia, no existiría posibilidad de castigar al titular del registro o al que está autorizado para comercializarlo, y así, tanto el debido reclamo de los ciudadanos como la subsecuente aplicación de penas por ese fraude a los causantes, se harían imposibles.
En conclusión, el reto frente a la falsificación de medicamentos es inmenso. Y es posible que hasta ahora apenas nos estuviéramos dando cuenta.
(1) Las palabras subrayadas en todas las definiciones presentadas entre comillas de este artículo, son fuera de texto.
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