MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 189  JUNIO DEL AÑO 2014    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Propuestas de soluciones a crisis
mundial en salud y medicamentos

Juan Carlos Arboleda Z - Periodistas - elpulso@elhospital.org.co
Como en muchos renglones de la economía globalizada, los Estados fueron relegados a ser espectadores inermes ante el poderío de los conglomerados financieros, dificultando con obstáculos legales-comerciales la toma de medidas efectivas para controlar la producción y el precio de los medicamentos.
Sin embargo, el doctor Ibis Sánchez-Serrano señala que los Estados tienen el rol de garantizar la salud de los ciudadanos pero con sustentabilidad, y para lograrlo se deben crear políticas que garanticen un mejor estado de la salud de las personas con campañas y acciones fuertes de prevención, y buscando accesibilidad a los medicamentos: “Cubrirlo todo no es factible; por eso hay que crear un sistema de conciencia del ciudadano por su salud, de educación hacia la salud, pero proporcionar la infraestructura, el acceso a los médicos y a los medicamentos. No es solo prescribir sino generar los incentivos para que la población tenga un estado de salud con monitoreo: eso forma parte de la salud”.
Y frente al papel de los Estados como reguladores del mercado farmacéutico, dijo: “Actualmente la mayoría de países latinoamericanos somos importadores y consumidores de medicamentos creados en Estados Unidos y Europa; si no producimos, tenemos que importar o no consumir, eso es lo que hacemos a nivel farmacéutico. Países como Brasil aplican una estrategia válida, pero lo más importante sería desarrollar patentes generadas con los recursos del mismo país sin violar las patentes de otros en necesidades que no sean de vida o muerte; hay que crear productos, desarrollar ideas internas”.
La luz al final del túnel
Aunque el panorama no parece el más alentador para quienes manejan los sistemas de salud y pretenden solucionar las crisis, para el doctor Sánchez sí hay alternativas: “La salida es articular actores para buscar convergencias de conocimiento, información e intereses; hay que encontrar formas de capitalizar lo que se tiene, centrándose en que las necesidades sean satisfechas con innovación. Esto se logra de una forma lógica, no puede ser de manera improvisada; entonces desde un punto de vista económico, lógico y nacional se pueden hacer cambios, pero con una alineación de intereses previa, con soluciones focalizadas en las necesidades y personas que participan de todo el proceso”.
En otras palabras, la propuesta es crear sistemas propios de producción de medicamentos basados en la información y el conocimiento existente, entendiendo el funcionamiento de la industria farmacéutica y sus implicaciones en la sociedad, sin descartar la ayuda de la misma industria: “El asunto es político, hay que plantearle a la industria una contraprestación a cambio de lo que se llevan de nuestros mercados, como soluciones propias a nuestras necesidades. Por ejemplo: tenemos problemas con Chagas, capaciten a nuestros investigadores o donen un centro de investigaciones; sé que la respuesta será positiva porque he conversado con casas farmacéuticas al respecto y tienen el interés, pero a los países latinoamericanos les falta iniciativa, además de carencias en infraestructura, y por eso estos apoyos terminan en regiones como Asia”.
El problema grande es que no invierten
en innovación, en investigación y desarrollo, en la
activación de una industria farmacéutica propia utilizando
los recursos y el talento nacional; si eso no se logra,
podrán invertir todo el dinero del mundo en una
reforma de salud y se fracasará”.
Dr. Ibis Sánchez
¿Por qué razón se interesarían las farmacéuticas en apoyar iniciativas que pueden ser su competencia? Las respuestas del doctor Sánchez son varias. La primera, es cuestión de imagen: dado su deterioro, la industria de medicamentos apoya propuestas en países en desarrollo para limpiar su maltratada fama; una segunda razón es el poco peso que puede tener para sus finanzas la producción de medicinas para patologías en mercados poco grandes, por ejemplo: ¿Qué significan 100 millones de dólares en ventas de un potencial producto contra la leishmaniasis, frente al resto de ventas por billones de dólares?
Y una tercera razón es que apoyando investigaciones en otras áreas, poco atractivas financieramente, se genera conocimiento aplicable para otras patologías: “La industria farmacéutica trabaja con base en innovación y conocimiento, entonces es posible que medicinas para Chagas no generen recursos importantes, pero mecanismos encontrados para su tratamiento pueden ser útiles para otras enfermedades; ahí es donde hay que convencerlos de buscar tratamientos para Chagas, porque puede descubrirse una proteína que tenga aplicación en otros tratamientos. Hay que abrir esas posibilidades”.
Y si las opciones son reales, el quid está en el interés político: “En Colombia se pueden buscar esos caminos de acercamiento, pero el gobierno debe dirigir las negociaciones y mostrar a las empresas farmacéuticas que ellas obtienen ganancias con los colombianos; además, poner limitaciones al precio de venta de los desarrollos generados, para que para los países generadores del avance o los latinoamericanos en forma solidaria, puedan acceder a los nuevos productos. Hay muchas formas de negociar, el problema está en la ignorancia en muchos países de cómo funciona la industria farmacéutica y su potencial”.
Para el doctor Sánchez, todas las reformas a los sistemas de salud, incluyendo la ObamaCare y la que se adelanta en Colombia están condenadas al fracaso, porque están mal enfocadas: “Si el problema es financiero, como vimos, y el centro son los medicamentos, ese es el punto a resolver; si éstos no son cada vez más económicos y accesibles, seguros y eficaces, es por falta de voluntad para llevarlos a esas instancias. Este tema tiene que entrar como una inyección en el cerebro de los políticos, para pasar de importar medicamentos y tecnología -cuando deberíamos desarrollarlos nosotros mismos-, a hacer inversión fuerte en investigación y transformar el problema en un activo para la salud e incluso para la economía nacional. ¿De qué sirven mejores hospitales y más médicos si el fondo del problema de la salud no lo entendemos? Las enfermedades, cómo tratarlas y curarlas, es una realidad siempre presente. El problema grande del que no se dan cuenta es que no invierten en innovación, en investigación y desarrollo, en la activación de una industria farmacéutica propia utilizando los recursos y el talento nacional; si eso no se logra, podrán invertir todo el dinero del mundo en una reforma de salud y se fracasará” .
 
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