MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 114  MARZO DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Persiste estado de cosas
inconstitucional para los desplazados
Yuly Atehortúa Mira - Periodista - elpulso@elhospital.org.co

Cuatro millones de personas bien podrían ocupar el territorio de Medellín o Bogotá. Según informes recién presentados a la Corte Constitucional, ese número de mujeres, hombres y niños desplazados, llegaron a su situación más crítica por falta de alimentos, trabajo, salud, vivienda y tierra donde volver a empezar. Después de 4 años de la Sentencia 025, persiste el estado de cosas inconstitucional.
Imagínese por un momento que un día cualquiera llegaran a su casa y le ordenaran salir de inmediato con su familia. Dejar las cosas por las que tanto ha luchado, el trabajo con el que se da la vida que puede, el carro, los amigos o… lo matan.
Imagínese que después de vagar por meses, tocar puertas apremiado por ese vacío doloroso en el estómago que anuncia hambre, llegue a un lugar en el que quizás podría quedarse y empezar de nuevo. Y lo vuelvan a sacar, con sueños y todo. Imagínese que un día mire para atrás y en esas hayan pasado 5, 10 años de su vida, y no tenga nada…
No es muy reconfortante verse dentro de ese escenario. Para los 4 millones de personas desplazadas por el conflicto armado interno y que intentan sobrevivir en Colombia, es simplemente su realidad. Ellos, a diferencia de usted o yo, la vienen resistiendo a diario y quién sabe hasta cuando: el pasado 4 de febrero, la Encuesta Nacional de Verificación encargada por la Comisión de Seguimiento a la Política Pública sobre el Desplazamiento al Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional, y presentada a la Corte Constitucional, concluyó que las condiciones de vida de los desplazados atravesaban por una situación “crítica”, en derechos tan cruciales para la vida como la alimentación, la salud, la vivienda y los ingresos.

El informe mostraba lo que ya sabemos pero no alcanzamos a imaginar: casi 4 millones de niños, mujeres y hombres están muriendo de hambre porque no tienen qué comer ni con qué comprar, o de enfermedades asociadas al hacinamiento por compartir casa con una o más familias y dormir con mínimo 3 personas en cada cuarto. Y no cuentan con empleos dignos que les den los recursos necesarios para darle vuelta a la hoja; de hecho, la mayoría de las mujeres (33,9%), ocupadas como empleadas domésticas, y la mayoría de los hombres (20,2%), como jornaleros, apenas pueden sostener familias de hasta 5 personas. Las mujeres, que son cabezas del 45.2% del total de hogares desplazados, tienen una tasa mayor de desempleo del 13,4% frente al 6,8% de los hombres.
Además, solo un 23,9% de la población ocupada trabaja jornadas legales (40 a 48 hr/sem) mientras el 50,7% tiene que trabajar más de 60 horas semanales. De ellos, sólo el 11,1% está afiliado a una ARP, el 12,4% a una EPS y el 9,3% a Pensiones, mientras que apenas el 1% de los independientes tienen seguridad social.
Como si fuera poco, el Informe a la Corte revela que “es crítico también el grado de realización de derechos como la atención inmediata en salud, la ayuda humanitaria de emergencia, la protección de bienes abandonados y la reparación, para la cual además existe un alto grado de desconocimiento”. Paralelo a esta Encuesta, el gobierno también entregó su informe sobre el tema a la Corte Constitucional, para rendirle cuentas sobre los avances gubernamentales en el cumplimiento de los derechos violados a los colombianos desplazados, luego que el alto tribunal emitiera la Sentencia 025 de 2004 en la cual declaró un estado de cosas inconstitucional en la situación del desplazamiento.
Sin tierras no puede haber retorno
A una semana de presentarse el informe del gobierno a la Corte, en el que argumentaba que el Estado no tenía recursos para brindar solución de vivienda a todas las familias desplazadas, se conoció la intención del ministro de Hacienda, Andrés Felipe Arias, de entregar 17.000 hectáreas del lote Carimagua en el Meta, a inversionistas privados con fines de explotación. Como esas tierras fueron destinadas a 500 familias desplazadas en un fallo judicial en 2005, tuvo que intervenir el Defensor del Pueblo afirmando que sólo los desplazados podían habitarlas.
Este caso muestra como la política estatal de tierras en relación con los desplazados -solo se entrega lotes a quienes tengan capacidad para producir- es evidentemente violatoria de los derechos humanos, aún incluso después de suscribir la Carta de Derechos de los Desplazados, en la que afirma que son sujetos de especial protección por el Estado.
Para Marco Romero, presidente de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (Codhes), con tales argumentos se descarta prácticamente a todos los desplazados, que en un 98% están en condiciones de pobreza. Para él, “es absolutamente contraproducente la doctrina del ministro Arias, porque va contra cualquier posibilidad de que los desplazados alguna vez tengan un proyecto productivo”. Pero además, la ausencia de tierras se constituye en el principal impedimento para que los desplazados retornen a sus lugares de origen; en muchas ocasiones, los desplazados consiguen la cooperación internacional, los gobiernos locales apoyan los proyectos productivos, pero la obstaculización del proyecto siempre es la obtención de la tierra.

 
Algunos resultados de la Encuesta
La Encuesta evaluó la situación de desplazamiento entre 1999 y 2007. De 6.600 hogares consultados, el 45,5% atribuye el desplazamiento a amenazas directas, el 17% a asesinatos, y el 10,7% a combates, especialmente en zonas rurales.
El 37% de la población desplazada (según el gobierno 2.3 millones de personas y más de 4 millones según Codhes), señala como presunto autor responsable del desplazamiento a los paramilitares, el 29,8% a las Farc y el 3,0% al Eln.
Hay un impacto étnico del desplazamiento: 3,7% de la población se autoreconoce como indígena y un 21,2% como negra o afrocolombiana.
Un 54,3% de la población desplazada es menor de 20 años.
El 45,2% de las personas en edad laboral está ocupada y un 4,8% desocupada, lo que implica una tasa de desempleo del 9,6% (vs. ocupación del 53,9% y desempleo del 11,0% para la población colombiana a noviembre de 2007). El 34,2% de los ocupados trabaja como obrero, el 13,8% como empleado doméstico, el 13,2% como jornalero, el 37,4% como independiente, y el 1,3% como trabajador sin remuneración.
 
Volver… ¿Cómo?
Un impedimento anexo es la seguridad: no existen condiciones para volver a las tierras. Según la Encuesta, un 69,2% de la población no desea o no puede retornar por la persistencia de las causas que motivaron su salida forzada, el 76,4% desea permanecer en el lugar actual, el 9,4% reubicarse o salir del país, y solo el 3,1% retornar (aunque el gobierno afirma que se han dado 500.000 retornos, no informó de las condiciones en que se hicieron). “En general la gran mayoría de desplazados encuestados prefiere quedarse en las ciudades, porque no cree que hayan cambiado las condiciones de seguridad en la región y no hay proyectos productivos que soporten el retorno”, sostuvo Romero.
La Corporación Viva la Ciudadanía es consecuente en que la continuidad del desplazamiento en muchas regiones evidencia fallas en la política de seguridad, poco efectiva en materia de derechos humanos y Derecho Internacional Humanitario. Por otra parte, para Romero, el gobierno refuerza su discurso con el desconocimiento de la obligación de reparar a los desplazados, mientras promueve un proyecto de reparación administrativa, presentado a instancias de la Comisión de Reparación y Reconciliación, para reparar a las víctimas del conflicto y de minas antipersonales antes que ocurra una demanda judicial, pero que no incluye a los desplazados.
En otras palabras: no hay tierras, no hay condiciones y tampoco hay recursos para los desplazados. O por lo menos eso asegura el gobierno.
El Codhes reconoce que el gobierno Uribe ha asignado más recursos que cualquier otro por obra de la Sentencia 025, que le exigió incluir un plan financiero en el Plan de Desarrollo. No obstante, las destinaciones no se compadecen con las necesidades: hay 500.000 familias y más del 50% carecen de una casa digna, mientras el gobierno proyecta entregar 40.000 subsidios de vivienda en los próximos 4 años. Además, los recursos asignados a desplazados, se recortan de los destinados a población pobre: esta redistribución por lo bajo solo trae más exclusión y mayores necesidades insatisfechas.
Según Romero, es urgente un mayor esfuerzo del gobierno para obtener los recursos que se necesitan vía distribución del ingreso, teniendo en cuenta que el gobierno dice que la economía está creciendo al 7% y que la capacidad tributaria y de recaudo aumentó. “En 2007 se ordenó al Fosyga desembolsar $1.2 billones de recursos invertidos en TES, hay recursos del ICBF invertidos en TES. Eso prueba que el tema no es recursos, sino falta de voluntad política y de una decisión de actuar como Estado de Derecho”, concluyó.
Avances…pocos
En general muchos datos del informe estatal y del contrainforme de las ONG coincidieron. El gobierno reconoció ante la Corte que los temas en que hay más atraso para el cumplimiento de la Sentencia 025 son los relacionados con vivienda, tierra y fuente de ingresos para generar proyectos productivos, variables de las que precisamente depende la situación socioeconómica de las personas. De hecho, los informes arrojan datos de 98% de personas por debajo de línea de pobreza y 78% bajo la línea de indigencia.
Se mostraron avances en el acceso a la salud, con mayor la afiliación al régimen subsidiado, pero se detectó un altísimo número de casos de desnutrición infantil, muchos sin recibir tratamiento médico, y casos de personas con discapacidad física o mental en 17.5% de los hogares, atribuidos a minas antipersona y acciones de violencia que generan traumas físicos y psicológicos.
En educación mejoró el acceso, el 82% de desplazados están en el sistema educativo, pero la Encuesta reveló el “entorno de discriminación que tienen que vivir niños y niñas en situación de desplazamiento”, así como elevadas tasas de extraedad y deserción.
Persiste estado de cosas inconstitucional
A partir de la sentencia T-025, la Corte Constitucional ordenó al gobierno garantizar el cumplimiento de los derechos negados a la población desplazada, adoptar indicadores de obligatorio cumplimiento y presentar informes sobre sus acciones al respecto. La Comisión de Seguimiento a la Política Pública sobre Desplazamiento fue designada para verificar si se cumplen o no los indicadores.
Si bien la Corte Constitucional reconoce temas en los que hay avance, anunció que si hay incumplimiento del Estado se pueden dar incidentes de desacato en el alto gobierno. “A raíz de la sentencia 025, la Corte hizo audiencias de evaluación en 2006 y 2007, y en ellas dio otras fórmulas para el cumplimiento, pero ya estamos en etapa de cierre porque si el estado de cosas inconstitucional se vuelve permanente, no tienen sentido estas figuras. Si el gobierno argumenta que los problemas son tan complejos y estructurales que no se puede cumplir, hay que interponer incidentes de desacato”, sostuvo Romero.
 
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